Thursday, June 30, 2011

Quinquennial Report


Last month, this blog quietly crossed the five year mark. I have debated whether or not to have a post about it, and decided to do it, keeping self-indulgence to a minimum by writing to the extent possible, about you, the reader of the blog, rather than about its author or any pretense of accomplishment for having sustained it for five years.

It turns out, you're out there, readers of the Super Martyrio blog!, and I wanted to thank you for your readership, and I especially want to thank the few of you who follow this blog. I encourage any reader who wishes to do so to become a follower of the blog and I promise not to hound you or share your information, etc. It would just be nice to know who you are. Along the same lines, I want to urge you to drop me a line now and then--in the comments section at the end of each blog entry--anything that strikes you as significant. Of course, I hope it's nice and civil, but dissent, constructive criticism and useful suggestions for topics are all welcome. If you really want to help us out, you might email an entry you like, post it to social media, etc. Whatever you can do to help will be appreciated.

Who you are: The chart above shows the volume of people viewing this blog for the last two years. If you knock out the three big spikes (Oct. 2010, Mar. 2011, and this month), you can see that the trend is steady growth. By the way, the three peaks were times when we were cited in Tim's El Salvador Blog. Thank you Tim, and Tim's readers, for visiting this blog. (Stop by, anytime!) Most of you are located in the United States, but I am glad to report that El Salvador is the second largest audience, though it lags way behind the USA. Canada, England and Spain are also significant. More recently, the readership has gotten more happily diverse -- for example, this week, I am happy to greet readers from France, Germany, Spain, Austria and even Malaysia. Wikipedia, Google, and Tim's Blog are the largest traffic sources for the blog.

The most popular post on the blog so far is the entry on the four pastoral letters of Archbishop Romero. Even though readers in officially English speaking countries vastly outnumber readers in Spanish speaking countries, the popularity of this entry in Spanish tells me that many people in the U.S. (an official English speaking country) must be reading my Spanish entries, too. Of course, it also tells me that people are interested in Archbishop Romero's teachings, because that is what his pastoral letters are all about. It also tells me that people entering that as a search term in a search engine, are finding this blog. All of those things are reassuring, because the principal motivation for doing this blog is to be a resource and offer that information to anyone who is interested.

Thank you and warm regards!

Monday, June 27, 2011

MONS. ROMERO Y LA VIDA MORAL


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En la película “Salvador” (1986), de Oliver Stone, James Wood hace el papel de un periodista norteamericano que se va a confesar con Mons. Romero, y le admite haber cometido “muchos pecados carnales”, abusando de drogas y alcohol, y de ser un aprovechado. Después de recibir lo que él percibe como una penitencia leve del arzobispo, el periodista se retira del confesional, insistiendo, “Bueno, todavía puedo tomar, y fumar marihuana de vez en cuando, ¿verdad?” El prelado blando de la película puede dejar la impresión de que Mons. Romero era laxo en temas de la moralidad personal para exigir más con el pecado “estructural” o la injusticia “social”. Pero en realidad, Mons. Romero insistía en la equivalencia de la injusticia social y el hedonismo, y denunciaba en iguales términos a los dos.

Sus pronunciamientos sobre el tema no fueron para nada ambiguos: “¡No adulterarás! ¡No fornicarás!” (Homilía del 18 de marzo de 1979) Probablemente estas reprimendas de Mons. Romero nunca adquirirán la misma fama que otras de sus frases más conocidas, pero será auto evidente que las caracterizaba la misma firmeza y convicción. “Queridos hermanos, puede llover fuego sobre esta Sodoma”, advertía. Arremetía en contra de “las aberraciones de aquellos que abusan de los placeres sexuales: el evitar los hijos, la homosexualidad, las relaciones prematrimoniales, el aborto, la prostitución”. (Hom. 6/11/1977.) Con firmeza absoluta se pronunció: “sólo en el matrimonio puede haber la relación sexual de un hombre con una mujer”, añadiendo que, “Dios prohíbe terminantemente toda relación fuera del matrimonio entre hombre y mujer”. (Hom. 18/3/1979, supra.)

Mons. Romero fue tan firme en condenar el hedonismo como en condenar al injusticia social porque veía las dos cosas como síntomas del mismo mal: el capricho del hombre por buscar la felicidad lejos de Dios. Preguntaba, “¿qué es el pecado? ... el pecado es irrespeto a lo que Dios quiere; y entonces el hombre que quiere buscar su felicidad fuera de Dios, o contra Dios, pone su felicidad en las creaturas, en el dinero, en el poder político, en la carne, en la lujuria, en un amor adulterino” (Hom. 24/7/0977). El hedonismo es “únicamente poner un uso de funciones corporales al servicio del placer, del egoísmo”, predicaba Monseñor (Hom. 6/11/1977), y tal como es cierto con la injusticia social, en todas estas materias, Dios exige conversión:

¿Qué quiere Dios del capital, al hombre que le da dinero, haciendas y cosas? Que se convierta; quiere decir, que sepa darle a las cosas creadas por Dios el destino que Dios le dio a las cosas, qué son siempre de Dios el bienestar de todos, el compartir con todos la felicidad ... ¿Qué quiere Dios de la intimidad, de la relación conyugal? La procreación. Si el hombre maliciosamente interrumpe la procreación con medios artificiales, está bloqueando la voluntad de Dios. Tiene que convertirse.
(Hom. 21/8/1977.)

Partiendo desde el criterio de que tanto el libertinaje como la injusticia se alejan de la voluntad de Dios, Mons. Romero aseveró que “hay otros ídolos más vergonzantes que los que se acaban de mencionar, y son el ídolo del placer, el ídolo del sexo, el ídolo de los vicios”. (Hom. 4/11/1979.)  Igual que Mons. Romero tildaba al exceso de acumulación de riquezas como una idolatría que la Iglesia tenía que desenmascarar, Mons. Romero también señala otros falsos dioses que hacen competencia con el Dios verdadero en El Salvador: “es el Dios de El Salvador que se ve amenazado ante falsas idolatrías: idolatría del dinero, idolatría del poder, idolatría de la lujuria, idolatría del placer. Cuántas idolatrías amenazan a nuestra civilización”. (Hom. 23/7/1978.) Idolatrías hedonistas que son dañinas: “Cuando se endiosan esos valores tan relativos y se absolutizan por encima de todo, lo que perece es lo tierno y santo del amor, la fidelidad, el matrimonio”. (Hom. 7/10/1979.) Mons. Romero les aplica la misma evaluación con que valora la injusticia social—diciendo que el “Hombre Nuevo” (del lenguaje de la declaración de los obispos de Medellín) debe purificarse del hedonismo: Cristo “ha enseñado a abandonar el anterior modo de vivir, del hombre viejo corrompido por los deseos de placer, el hombre viejo que no es el Espíritu”. (Hom. 5/8/1979.) La justicia social es posible cuando el hombre deja de ser un “hombre carnal” y pasa a ser un “hombre espiritual”. (Hom. 12/8/1979.)

Para Mons. Romero, el hedonismo es tan serio como la injusticia social porque puede llevar a la muerte: “El aborto, crimen abominable, también es matar”. (Hom. 18/3/1979.) Para Mons. Romero, esto es opresión: “En su forma institucionalizada mata el ejército, mata el que secuestra, mata también la madre que manda a abortarse. Todos estos son crímenes que claman al cielo”. (Hom. 28/12/1977.) Como lo explica él: “Si sentimos la represión porque nos matan a jóvenes y gente que ya es grande, lo mismo es quitar la vida en las entrañas de la mujer: es hombre como el profesor que es asesinado, como el Ministro de Educación que es asesinado; también el niño en las entrañas es un hombre que por el aborto es asesinado”. (Hom. 17/6/1979.) Mons. Romero asocia el hedonismo con la misma persecución de la Iglesia: “La persecución viene de los pecadores ... les duele a los que fomentan el aborto que la Iglesia no esté con el aborto; también le duele a quien usa medios anticonceptivos artificiales que la Iglesia ... diga que no es lícito mutilar las fuentes de la vida”, y “La Iglesia es perseguida, tiene que ser perseguida, si es defensora de los derechos de Dios y de la dignidad humana”. (Hom. 29/5/1977.)

Condenar el hedonismo es parte de la “misión profética de la Iglesia”, la cual “es difícil, pero es necesaria”. (Ibid.) Es parte de la denuncia de la Iglesia: “En esta palabra del evangelio, hermanos, no solo denunciamos la injusticia, sino también las inmoralidades”. (Hom. 2/10/1977.) La denuncia está motivada por el deseo de orientar el pueblo hacia Dios: “Cuando la Iglesia denuncia el pecado, es para decirle a los hombres: no pongan su embeleso en las cosas de la tierra, elévense, promuévanse a las cosas del cielo, gánense con las riquezas de la tierra la amistad de Dios, manejando estas cosas conforme a la voluntad de Dios”. (Hom. 8/12/1977.) La iglesia está dispuesta a entrar a la política para denunciar el libertinaje de la misma manera que orienta sobre la doctrina social: “Si la Iglesia toca aspectos políticos es desde su competencia de revelación de Dios para decirle a la política lo que no está bueno, lo que es pecado, y ella tiene el deber de señalar” los aspectos de la moralidad privada; “tiene derecho, porque es guardiana de la Ley de Dios y de la naturaleza”. (Hom. 2/7/1978.) Esto “no es meterse en política sino predicar, desde su competencia evangélica, el reclamo de Dios a la humanidad”. (Ibid.)

Igual que fue firme en su postura de denuncia ante la injusticia social, Mons. Romero insistió que la Iglesia debe ser firme en defender la vida sana. “La moral de la vida que comienza en las entrañas de una mujer, la fidelidad del matrimonio, son antiguos y son nuevos. Y la Iglesia tiene que defenderlos aun cuando por eso tenga que perder los aplausos y tenga que sufrir los ataques del público” general. (Hom. 7/1/1979.)

POST DATUM


En una homilía durante su reciente viaje a San Marino, el Papa Benedicto XVI advirtió contra los “modelos hedonísticos que ofuscan la mente y amenazan con anular toda moralidad”. El Pontífice aseveró que se están exaltando las cosas del mundo y descuidando las cosas espirituales: “se ha empezado a sustituir la fe y los valores cristianos por presuntas riquezas, que se revelan, al final, inconsistentes e incapaces de sostener la gran promesa de lo verdadero, del bien, de lo bello y justo”, aseguró. “En el mundo hay mal, egoísmo, maldad”, dijo el Papa, pero Dios “quiere manifestar su amor todavía de manera más profunda y sorprendente propiamente frente al pecador para ofrecer siempre la posibilidad de la conversión y del perdón”.

Thursday, June 23, 2011

THE EUCHARISTIC ADORATION OF ÓSCAR ROMERO


The wire dispatches reporting Archbishop Romero’s assassination during Mass highlighted the fact that, “The Mass is the central act of worship in the Catholic Church and Christ is believed to be present during the sacrament of Communion, or the Holy Eucharist, which is consecrated during Mass.” (ASSOCIATED PRESS, Archbishop Assassinated, March 25, 1980.) Archbishop Romero’s martyrdom at the beginning of the Eucharistic liturgy was poignant given his devotion to the Eucharist. (See, William T. CAVANAUGH, Dying for the Eucharist or Being Killed by It: Romero’s Challenge to First-World Christians, THEOLOGY TODAY, July 2001.) He had regularly observed a “Holy Hour” of Eucharistic adoration in the Hospital Chapel where he was killed, “which he did with a lot of fervor, eloquence and profundity,” according to Sister Luz Isabel Cueva, who was the Superior of the nuns who ran the Hospital. (Las hermanas del Hospitalito recuerdan a Monseñor [The Sisters of Hospitalito Remember Monseñor], Carta a las Iglesias, Year XX, Nº.443-444, February 1-29, 2000.)

Inviting the faithful to join the Eucharistic adoration, Archbishop Romero explained its spiritual and dogmatic importance: “we are able to make an act of faith before the real presence of Christ in the Eucharist and offer our prayers for the great needs of our families, our nation, and the Church.” (January 1, 1978 Homily.) For Archbishop Romero, the act of faith was deeply intertwined with another important Christian virtue: “At the same time we are able to perform an act of charity; one that is referred to in the Catechism as an act of mercy—namely, we are able to visit the sick and participate in a work that is not simply a name but rather a reality—that is, we are able to participate in this work of Divine Providence.” (Ibid.) Sister Luz Isabel recalled that, after or before the Holy Hour, Romero would go visit the patients and he would say to them, “You are the Suffering Christ and your bed is the Cross.” (Cartas, supra.)

Throughout his priestly life, Óscar Romero maintained a devout commitment to the sacramental and interior life of the soul, which he coupled with external action in solidarity. For example, while he was a priest in the San Miguel province of El Salvador,
[h]e visited the countryside and the city jails. He organized catechism classes and first communions. He promoted the Legion of Mary, the Knights of the Holy Sepulcher, Alcoholics Anonymous, Catholic Action, the Cursillos de Cristiandad, the Apostleship of Prayer, the Guardians of the Blessed Sacrament, the Holy Rosary Association, the Third Order of St. Francis, and the diocesan branch of Caritas, which distributes food to the poor. He saw to it that Caritas also taught the people about nutrition. “He was always concerned with the whole person's welfare,” said a woman who worked with him for years in various activities in San Miguel.
(James R. BROCKMAN, S.J., Oscar Romero: A Life, Orbis, New York, 1999, p. 40.)

In the earliest years of his priesthood, Óscar Romero understood that his faith needed to generate impacts in the worldly life of his parishioners to be authentic. “We have grown accustomed to seeing religion as a thing of the sacristy and processions and scapulars,” he lamented three years into his priestly life: “we have not been taught that religion is life ... because it encompasses every human sentiment and is capable of solving all the problems of history.” (O.A. Romero, Para el Centenario del Seminario [For the Seminary’s Centennial], CHAPARRASTIQUE No. 1554, pgs.. 1 & 4, January 19, 1945, available here—in Spanish.)

Therefore, Archbishop Romero’s Eucharistic adoration at the Divine Providence Chapel married the two aspects of his ministry—faith and charity. “We celebrate,” he proclaimed: “the faith that has brought us here together ... [E]ither standing as a sign of respect or on knee as a sign of adoration, [the faithful] affirm that before their eyes, under the appearance of bread and wine is the body and the blood of Christ, truly, really and substantially present.” (June 17, 1979 Homily.) The Eucharist symbolizes, he preached, sacrifice and Communion. “The nourishment that Christ gives us is love ... It is like the family setting where a mother, even though poor, breaks the bread and shares this one bread with her children who are seated around the family table of unity.” (Id.)

POSTSCRIPT

On June 20-24, 2011, the Salesian Pontifical University in Rome is hosting an academic conference on Eucharistic adoration, focusing on the rediscovery of the practice. According to press reports surrounding the conference, Eucharistic adoration was seen as a teaching tool to reaffirm the doctrine of the “real presence” of Christ in the Eucharist, as Archbishop Romero preached, and John Paul II’s final encyclical, Ecclesia de Eucharistia (2003), and Pope Benedict XVI’s teachings, have encouraged a return to the practice.

Thursday, June 16, 2011

PIRONIO


Algunos han propuesto que Óscar Romero experimentó una “conversión” después del asesinato de su amigo el P. Rutilio Grande en 1977. Los cables diplomáticos de la embajada estadounidense argumentan un giro radical en Mons. Romero después del golpe de estado en 1979. No obstante las posibles viras estratégicas de momentos como esos, proponemos una fecha del cambio más radical en la interioridad de Mons. Romero que antedata todas estas—agosto y septiembre de 1972. Fue entonces que Romero asistió un retiro espiritual en Antigua, Guatemala, presentado por el argentino Mons. Eduardo Pironio; un ejercicio espiritual que cambió la vida de Romero y de muchos de los que estuvieron allí presentes, que incluyeron el mártir guatemalteco Juan Gerardi; el protagónico nicaragüense Miguel Obando y Bravo; y los progresistas salvadoreños Luis Chávez y González, el mismo Romero, y Arturo Rivera y Damas (foto).

Mons. Romero caracterizó el encuentro como “un verdadero cenáculo de Pentecostés centroamericano”. (O.A. Romero, Noticias de Monseñor Romero, Desde el Mes de Reflexión, DIARIO DE ORIENTE N°. 30822, págs. 1 y 4, 5 de septiembre de 1972, disponible aquí.) Mons. Pironio ofreció el mismo programa como el retiro papal de Semana Santa en el Vaticano en 1974. (Card. O.A. RODRÍGUEZ Maradiaga, SDB, “Monseñor Romero: Un Obispo para el Tercer Milenio”, Serie de discursos Mons. Romero de la Universidad de Notre Dame, 19 de marzo, 2002.) Ya siendo arzobispo, Mons. Romero confesó haberse respaldado en el prelado argentino para fundamentar sus lineamientos pastorales: “que conste que yo estudio la teología de la liberación a través de estos teólogos sólidos, como es el Cardenal Pironio ... hombre de la plena confianza del Papa”. (Homilía del 24 de Julio de 1977.)

Fue de la presentación de Mons. Pironio en Antigua que Mons. Romero derivó la frase “Iglesia de la Pascua”, con la que tituló su primera Carta Pastoral de abril 1977. (Rodríguez, Op. Cit.) En el programa del retiro, Mons. Pironio había declarado, “La expresión ‘Iglesia de la Pascua’ lo resum[e] todo: una iglesia de la cruz y la esperanza, de la pobreza y la contemplación, de la profecía y el servicio”. (E. PIRONIO, Vogliamo vedere Gesù: Meditazioni sulla Chiesa, Edizioni Paoline, 1978.) Continuaba Pironio, “La Iglesia de la pascua no es precisamente una Iglesia ‘triunfalista’ o ‘del poder’. Todo lo contrario. Una Iglesia pascual es ante todo una Iglesia del anonadamiento y la crucifixión, la pobreza, la persecución y la muerte”. (PIRONIO, Op. Cit.) Estas ideas son notables en la pastoral de Mons. Romero (“No nos avergonzarnos nunca de decir 'La Iglesia de los pobres'.”).

Mons. Romero grabó sus impresiones del retiro de Antigua en 1972 en una nota para un periódico de la Iglesia. “El retiro espiritual que nos predicó desde la primera noche, Monseñor Pironio”, reportó el entonces obispo auxiliar, “nos situó precisamente en esta ‘hora’ de nuestra historia que como ‘la hora’ de Jesús,” esa hora era, “una hora de cruz pascual, de dolorosas esperanzas, que reclama de los pastores actuales un gran silencio de oración, abierto a la Palabra de Dios, una gran pobreza de espíritu que es disponibilidad de diálogo y de servicio”. DIARIO DE ORIENTE, Op. Cit. Media década después, Mons.  Romero recordó esas propias palabras en su primera carta pastoral, en la que profundizó sobre la hora difícil en que asumió su cargo: “‘Hora –diría el Cardenal Pironio- de cruz y de esperanza, de posibilidades y riesgos, de responsabilidad y compromiso’; hora, sobre todo, de mucha oración y contemplación para interpretar, desde el mismo corazón de Dios, estas señales de nuestro tiempo para saber prestar el servicio que como Iglesia debemos a estos justos anhelos de nuestros hermanos”. (O.A. Romero, Primera Carta Pastoral, IGLESIA DE LA PASCUA, abril 1977.)

Aparte de las enseñanzas del retiro, Mons. Romero también se acopló a otras formulaciones de Pironio:
  • Pironio dijo que, “el único camino de un cambio verdadero pasa siempre por el corazón de las bienaventuranzas del evangelio” y Mons. Romero tituló una de sus últimas homilías, “La pobreza de las bienaventuranzas, fuerza de la verdadera liberación”.
  • Pironio hablaba de que la “dimensión … religiosa de la Iglesia” incluye “la reivindicación cristiana de la justicia” y Mons. Romero dio un famoso discurso sobre la “La Dimensión política de la fe”.
  • Mons. Romero fue constante en su admiración del prelado, llamándolo un “buen intérprete de Medellín” en 1971, y un “gran promotor de la auténtica liberación de América Latina” en 1977
Mons. Romero recibió la orientación al principio de la década de los 70, y al final de la década confirió con el prelado argentino, a quien consideraba un amigo, y quien había sido elevado a cardenal y puesto a cargo de la Sagrada Congregación para Religiosos en el Vaticano. El Card. Pironio confirmó y validó el empeño de Mons. Romero por poner en práctica los principios de Antigua. “¡Animo Romero!”, le dijo con entusiasmo, “lo peor que puedes hacer es desanimarte”. La confirmación fue un esmero para Monseñor: “me fui, dejándome en el corazón una nueva fortaleza de mi viaje a Roma”. Su Diario, 9 de mayo de 1979.

El proceso de beatificación del Card. Eduardo Francisco Pironio se inició el 23 de junio de 2006.

Tuesday, June 14, 2011

THE ROMERO FILES

While a recently leaked diplomatic cable from the U.S. Embassy in El Salvador sheds light on the prior Salvadoran government’s machinations to enlist the Vatican’s assistance to discourage international investigations of Archbishop Romero’s assassination, historic embassy cables reveal U.S. intelligence insights on Archbishop Romero himself. A dozen cables obtained by George Washington University and posted on its National Security Archive show that the U.S. State Department believed that Archbishop Romero, at first, “played a critical and most constructive role on behalf of moderation and peaceful reforms,” but the Embassy had soured on Archbishop Romero by January 1980, when diplomats began to perceive that the Archbishop was giving up on the Junta that came to power in a reformist 1979 coup in favor of a popular uprising.  The Carter Administration reassessed its views at the time of Romero's death in March 1980.

In 1979 and 1980, several U.S. Embassy cables analyzed Romero’s sermons with attention that would make a theology student blush. For example, an October 11, 1979 cable entitled “The Archbishop and the Military,” was entirely devoted to analyzing Romero’s October 7, 1979 sermon. Similarly, a December 17, 1979 cable entitled “Archbishop Strongly Urges Agrarian Reform,” focused on Romero’s December 16, 1979 sermon (a sampling: “Archbishop Romero devoted approximately half hour of ... homily to strong endorsement of agrarian reform, stating that he was speaking not as technician, but as pastor to his flock. He quoted Second Vatican Council at length in support of agrarian reform and quoted Pope John Paul II to effect that over all private property lies a social mortgage”). By the time the Embassy reported on Romero’s March 23, 1980 sermon (“Stop the Repression!”), the reports had grown decidedly ambivalent, even airing the views of Romero’s detractors: “A police station was allegedly attacked from a church, a priest was accused of subversive activities, Radio Havana stated that the Archbishop supported insurrection ... the armed forces accused the Archbishop of refusing to help a policeman who was tortured inside a church.

In a draft Jan. 1980 letter to Pope John Paul II, the Embassy had concluded that, “Impatient with the pace of progress of the moderate Revolutionary Governing Junta led by the Christian Democratic Party and reformist military officers, and increasingly convinced of an eventual victory by the extreme left, the Archbishop has strongly criticized the Junta and leaned toward support for the extreme left.” The draft letter, however, admitted “frequent and frank dialogue with Archbishop Romero and his Jesuit advisors” and, when Archbishop Romero wrote to President Carter in February, calling for a halt to U.S. military aid to El Salvador, Secretary of State Cyrus Vance’s response offered a conciliatory tone. “The great moral authority of the Church,” he wrote, “and your uncompromising defense of human rights and dedication to non-violence convince me that our shared values can be the basis of a cooperative effort in search of peaceful solutions.”

After Archbishop Romero was killed, the Carter Administration praised his work. “Archbishop Romero spoke for the poor of El Salvador,” a White House statement said, “where their voices had been ignored for too long. He spoke for change and for social justice, which his nation so desperately needs. Terrorism cannot silence the message of compassion of the Archbishop. It cannot and should not intimidate those who seek social justice and democracy.”

Friday, June 10, 2011

MONS. ROMERO EN WIKILEAKS


Un cable diplomático publicado por el Periódico EL FARO en colaboración con el sitio WIKILEAKS revela que el gobierno de El Salvador durante la administración del Presidente Antonio Saca quiso presionar al Vaticano para que apoyara el esfuerzo del gobierno salvadoreño de evitar que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) investigara el asesinato de Mons. Romero. El Presidente Saca, un ex monaguillo del arzobispo mártir, exhortó en varias ocasiones la no-politización de la causa de canonización Romero, sin embargo, la estrategia señalada en el cable revelado demuestra que el gobierno de Saca quiso promover la canonización para impulsar su política de mantener vigente la amnistía por los crímenes de la guerra civil, la mayoría de cuales es atribuida a su bando político.

El cable de la embajada estadounidense en El Salvador a Washington, titulado “GOES [Gobierno de El Salvador] preocupado que el Caso Romero en la CIDH pueda socavar la amnistía: Considera retiro de la Corte de Derechos Humanos”, data de septiembre del 2007, el mismo año en que el gobierno de El Salvador, después de un encuentro con Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador y el Centro de Justicia y el Derecho Internacional, prometió intervenir ante el Vaticano a favor de la canonización de Mons. Romero. El cable informa que, “El GOES está considerando un acercamiento al Vaticano para buscar la ayuda de la Santa Sede para suprimir el caso de la CIDH sin descarrilar la beatificación de Romero”. Ese mismo año, el gobierno también intentó negociar con el Arzobispado de Mons. Fernando Sáenz Lacalle para resolver la queja de Tutela Legal de manera simbólica, sin molestar la amnistía vigente desde que fue establecida por el gobierno de Alfredo Cristiani (del mismo partido de Saca, fundado por el Mayor Roberto D’Aubuisson, nombrado como el actor intelectual del crimen) en 1993.

Las maniobras del gobierno aparecen contradecir la política del Presidente Saca, reiterada en numerosas ocasiones, que la figura y la causa de canonización de Mons. Romero no deben ser usadas para fines políticos. Y la Iglesia, que suele regañar las manipulaciones de la izquierda, debería evitar dejar la impresión de que no objeta a estas manipulaciones desde la derecha.

Tuesday, May 31, 2011

THE PEACEMAKER
A Spanish court’s indictment of 20 Salvadoran military officers for the 1989 murders of six Jesuit priests, and their housekeepers, posits a thought-provoking theory for the assassination of Archbishop Romero, as well. In a 77-page ruling, Judge Eloy Velasco Núñez proposes that Archbishop Romero’s assassins were motivated to kill him primarily because of his role as a peace-maker. If established, the theory could influence Archbishop Romero’s beatification cause, which requires Romero’s champions to prove that the Archbishop was killed “in hatred of the Faith.” For the past thirty years, the hypothesis has been that the aspect of the “Faith” Romero’s killers “hated” was social justice. But the analysis has been mired in internecine theological entanglements, regarding religious/secular distinctions. If the aspect of the “Faith” that Romero’s killers “hated” was peace, then the prickly doctrinal controversies may be avoided.

Judge Velasco sets forth that the enemies of Archbishop Romero, like the enemies of the Jesuits, were hardliners committed to an “all-out war” or a “total war” approach to the insurgency. The prospect of a negotiated settlement was unacceptable to them because it would not further their objective as military officers, which was, “To keep themselves in power.” The indictment (Spanish) summarizes:

The Church’s role as a mediator seeking to end the bloody civil war earned it the enmity of the far right. The death of Archbishop Oscar Romero, killed by a military-civilian death squad in 1980 illustrates the establishment of an unsettling pattern that recalls that of the assassinations of the Jesuits: before issuing the death threats, the intensity of the same grew in proportion to the prospects for success of the negotiation. Finally, Archbishop Romero was assassinated.
The indictment also points out that at least one of the death threats sent to Archbishop Romero contained flagrant Nazi sentiments/references:

The Swastika, the symbol of Communism’s bitter enemy, is our emblem. We have armed ourselves in response to the traitorous attacks in our country and now we begin to eradicate the cancerous lesions. You, Monseñor, top the list of a group of priests that will at any moment receive thirty projectiles to the face and chest. –The Phalanx.
A profound paradigm shift in the central thesis of the canonization cause is unlikely. If anything, the new theory expands a theme that was already present in the Church’s thinking, as when Blessed Pope John Paul II said that, in El Salvador, “the Church has played a decisive role in favor of the resumption of dialogue and pacification, paying a very high price in blood, above all among its shepherds, among whom, Archbishop Oscar Arnulfo Romero, assassinated in 1980, is widely venerated.” (General Audience, February 14, 1996—in Italian; emphasis added.)

Tuesday, May 24, 2011

MONS. ROMERO y MARÍA LÓPEZ VIGIL
La primera audiencia del Papa Juan Pablo II con Mons. Romero, sostenida el lunes 7 de mayo de 1979, ha sido pintada como un encuentro conflictivo. Esta impresión surge desde el relato de María López Vigil, según ella cuenta, a base de una conversación que ella sostuvo con el mismo Mons. Romero, el 11 de mayo de 1979—apenas cuatro días después del hecho. Sin embargo, una comparación del relato de María López Vigil en su libro publicado en 1993, difiere en importantes aspectos, de la versión contada por Mons. Romero en su propio diario el mismo día de la audiencia. (Diálogo entre monseñor Óscar Arnulfo Romero y el Papa Juan Pablo II, "Testimonio" de María López Vigil, autora del libro PIEZAS PARA UN RETRATO, UCA Editores, San Salvador 1993; Diario de Mons. Óscar Arnulfo Romero, mayo de 1979.)

Las diferencias entre los relatos de Mons. Romero y María López Vigil comienzan desde las circunstancias que llevaron a la audiencia. Según López Vigil, Mons. Romero tiene que “mendigar” la audiencia cuando el Papa sale por la Plaza de San Pedro: “Monseñor Romero ha madrugado para lograr ponerse en primera fila. Y cuando el Papa pasa saludando, le agarra la mano y no se la suelta”. En el relato de López Vigil, Mons. Romero “reclama con la autoridad de los mendigos” al Papa: “Santo Padre: soy el Arzobispo de San Salvador y le suplico que me conceda una audiencia”. Pero en el Diario de Mons. Romero, el asunto es diferente: es el Papa el que propone la reunión privada. Mons. Romero cuenta que el Papa lo invitó a Mons. Romero y a 40 otros obispos allí presentes a dar una bendición compartida desde la tarima Papal, y después los saludó uno por uno: “Al estrecharle la mano y pedirle una bendición para la Arquidiócesis de San Salvador, él me dijo que tendríamos que platicar en privado”.

Las diferencias continúan—y se magnifican—el día de la audiencia. En la narración de López Vigil, cuando Mons. Romero se presenta ante el Papa con varios informes gruesos, el pontífice reacciona con evidente desagrado. Escribe López Vigil: “No toca un papel el Papa. Ni roza el cartapacio. Tampoco pregunta nada. Sólo se queja”. Entonces, López Vigil atribuye estas palabras al Papa: “¡Ya les he dicho que no vengan cargados con tantos papeles! Aquí no tenemos tiempo para estar leyendo tanta cosa”. Es una escena fuerte la que describe López Vigil, pero de fuerte también podríamos caracterizar la diferencia en el relato de Mons. Romero. Nos ha dicho López Vigil que el Papa no preguntaba nada. Mons. Romero describe una escena distinta: “Comenzó a preguntarme por la situación del país”. El Papa de López Vigil resulta desinteresado y resiste la revisión de los documentos. El Papa de Mons. Romero es acomodaticio y revisa todo lo presentado: “Un gesto que me quedó grabado para siempre es la atención con que Juan Pablo II escucha”, recordaba Mons. Romero. (Homilía del 13 de mayo de 1979.). “Cuando terminaban sus frases y yo comenzaba a hablar, él se ponía todo [en] atención, hasta físicamente se inclinaba para escuchar, como para comprender”. (Ibid.) “Le invité atentamente a que siguiéramos el memorandum que llevaba escrito, a lo cual él accedió gustoso. Comenzamos a leer y yo le iba sacando los documentos” (Su Diario). Y cuando el Papa de López Vigil contesta con una exclamación de enojo, el Papa de Mons. Romero responde con una sonrisa: “Cuando saqué el folder de las informaciones extranjeras sobre la situación del país se sonrió viendo que era un volumen muy grueso y que no habría tiempo de ver”.

López Vigil escribe un relato en cual Mons. Romero le habla al Papa conmovido sobre el asesinato del P. Octavio Ortiz y el Papa le resta importancia al tema (“- Tan cruelmente que nos lo mataron y diciendo que era un guerrillero... -hace memoria el arzobispo. - ¿Y acaso no lo era? -contesta frío el Pontífice”.) Es interesante que tal relato no consta en absoluto en el Diario de Mons. Romero, quien se limita a contar que entrego el informe: “Le dí también un folder con el retrato del Padre Octavio, muerto, y con mucha información sobre ese asesinato ... Yo le aclaré y él me dió la razón de que hay circunstancias, le cité, por ejemplo, el caso del Padre Octavio, en que se tiene que ser muy concreto porque la injusticia, el atropello ha sido muy concreto”. Y después de toda la descripción que parece coincidir muy poco con la de Mons. Romero, López Vigil nos deja con una frase que puede tipificar la aptitud del Papa de la versión de López Vigil: “¡No exagere, señor arzobispo!” Mons. Romero, sin embargo, se queda con otra frase de aquella audiencia: “[E]n el fondo recordé que había recomendado ‘audacia y valor, pero al mismo tiempo, mesurada por una prudencia y un equilibrio necesario’.”

Según López Vigil, “Todo esto me lo contó Monseñor Romero casi llorando el día 11 de mayo de 1979, en Madrid, cuando regresaba apresuradamente a su país, consternado por las noticias sobre una matanza en la Catedral de San Salvador”. En una entrevista, López Vigil cuenta de que, “Lo vi en un estado de ‘shock’. La primera cosa que él dijo fue, ‘Ayúdeme a entender porqué he sido tratado por el Santo Padre de la manera que me trató’.” (Transcripción del programa televisivo, John Paul II: The Millennial Pope [Juan Pablo II: El Papa Milenio], PBS, 28 de septiembre de 1999.) Según el Diario de Mons. Romero, el 11 de mayo de 1979 en Madrid, “Me comuniqué con el Padre Pedro, de los pasionistas, quien vino junto con María [López Vigil], la escritora que escribe en Vida Nueva [esta descripción confirma que es López Vigil], y que hizo un bonito reportaje”. No menciona haber hablado con ella sobre la reunión con el Papa. Además, Mons. Romero confiesa que hasta ese día ni siquiera conocía a la Sra. López Vigil: “Tuve mucho gusto de conocerla y de saludar al Padre Pedro Ferradas y compartir con ellos muchos recuerdos e impresiones de nuestra vida en El Salvador”. Si Mons. Romero tuvo la conversación con López Vigil que ella describe, y que supuestamente constituye la base de sus aseveraciones sobre la audiencia de Mons. Romero con el Papa, resulta una interesante omisión por Mons. Romero el no mencionarlo en su Diario.

Antecedentes:

La Adhesión de Mons. Romero a Juan Pablo II

La Identidad Generacional entre Mons. Romero y Juan Pablo II (en inglés)

Tuesday, May 17, 2011

NEW ROMERO WRITINGS ONLINE

How would you like to be a fly on the wall at a meeting on the Latin American Church’s prophetic ministry featuring such leading lights as Archbishop Óscar Romero; the Guatemalan human rights martyr Bishop Juan Gerardi; the legendary Salvadoran progressives, Archbishop Luis Chávez y González and Archbishop Arturo Rivera y Damas; Nicaragua’s individual rights advocate, Cardinal Miguel Obando y Bravo; and Argentina’s master of the social doctrine, Cardinal Eduardo Pironio?

Just such a meeting occurred in August 1972 in Antigua, Guatemala, and Archbishop Romero described the event, held long before the hours of trial for these clerics, as “the Cenacle of a Central American Pentecost.” (O.A. ROMERO, Noticias de Monseñor Romero [Msgr. Romero’s Report], DIARIO DE ORIENTE, Vol. 30822, Sept. 5, 1972, available here-Spanish.) The article was recently published by the San Salvador Archdiocese’ canonization office—one of over six hundred such articles recently published for the first time on the Internet on the canonization office web site.

The materials that have been published were among the writings submitted to the Congregation for the Causes of Saints as part of Archbishop Romero’s canonization file, and likely are being reviewed by the Congregation for the Doctrine of the Faith, which currently retains the file. Super Martyrio is reviewing the materials and will provide continuing overview and analysis of their contents here.

The materials consist of articles and commentaries by Archbishop Romero published in Semanario Chaparrastique (Jan. 1945-Sept. 1967); Diario de Oriente (Jan. 1968-Oct. 1976); La Prensa Gráfica (Jun. 1969-Aug. 1972); Semanario El Apostol (Sept. 1975-Nov. 1976); and Semanario Orientación (May 1971-Dec. 1978). The materials have not yet been translated to English and the collection is not text searchable in its current format, but it nonetheless constitutes a treasure trove for students of Romero.

Other Romero materials already online include Romero’s sermons from his brief ministry as Archbishop of San Salvador in English and Spanish, Romero’s pastoral letters in English and Spanish, Romero’s diary from the San Salvador years in Spanish, and, most recently, Romero’s photographs, which shed significant light on his outlook and sensibilities. This most recent addition from the collection of articles throw open the gates into four decades of Romero’s priesthood and episcopal career.

Monday, May 09, 2011

EL BUEN PASTOR

Los Grandes Sermones de Mons. Romero


El Evangelio nos dice que las ovejas prefieren al Buen Pastor más que a pastores malos: “las ovejas oyen su voz ... y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, antes huirán de él: porque no conocen la voz de los extraños”. (Juan 10:3-5.)  Hablando con estudiantes en abril de 1978, Mons. Romero confesó que los salvadoreños veían al arzobispo de San Salvador con ojos polarizados: “Para unos, es el causante de todos los males, como un monstruo de maldad”, les admitió. Pero, “para otros, gracias a Dios, para el pueblo sencillo, sobre todo, soy el pastor”, les dijo con satisfacción: “y cómo quisiera que ustedes hubieran sido testigos de la acogida que dan a mi palabra, a mi presencia sobre todo en los pueblos humildes”. (Su Diario, martes 11 de abril de 1978.) Una semana después, Mons. Romero predicó en el Domingo del Buen Pastor el significado de lo que significa ser “el pastor” de un pueblo oprimido, en condiciones de convulsión social. (Lea el texto de esta homilía acá y en inglés acá.)

Cristo también nos dice, “Yo soy el buen pastor que da la vida por las ovejas”. (Juan 10:15.) El Papa Juan Pablo II exhorta de que, inspirando desde Cristo, el Buen Pastor, “la figura ideal del obispo con la que la Iglesia sigue contando es la del pastor que, configurado con Cristo en la santidad de vida, se entrega generosamente por la Iglesia que se le ha encomendado ...” (Exhortación postsinodal PASTORES GREGIS.) Según un discurso presentado este año por el Cardenal Peter Turkson, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, en la Universidad de Notre Dame, Mons. Romero es el modelo del “Buen Pastor” al que el evangelio se refiere, cuando Mons. Romero predica la Homilía del Buen Pastor de hace treinta y tres años. (Peter TURKSON, Archbishop Romero as Preacher and Teacher [Mons. Romero como predicador y maestro], Discurso anual ‘Romero Days’ de la Universidad de Notre Dame, 31 de marzo del 2011.)

De hecho, Mons. Romero se aferró a la alegoría del Buen Pastor para justificar el accionar de su ministerio. Con su parábola Cristo busca que los fariseos y los escribas “aprendan a ser como Él que es el Buen Pastor y para que su Iglesia sea lo que tiene que ser: una casa de la misericordia del Señor, donde los pecadores no encuentren el reproche, la excomunión, la dureza; sino la acogida, el abrazo de Nuestro Señor que los llama para el perdón”, predica Mons. Romero. La aplicabilidad de esta palabra a la situación que Mons. Romero enfrentaba en 1978 es dramática. La pasada Semana Santa había traído un fuerte enfrentamiento entre las fuerzas de seguridad del estado (llamadas Organización Democrática Nacionalista, alias ORDEN) y un sindicato (llamado Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños, alias FECCAS) en un pueblo llamado San Pedro Perulapán. Seis miembros de FECCAS habían sido asesinados y otros treinta y ocho desaparecidos. (Daniel H. LEVINE, Religion and political conflict in Latin America [Conflicto religioso y político en la América Latina], The University of North Carolina Press, 1986, pág. 70.) Activistas del Bloque Popular Revolucionario habían tomado la Catedral Metropolitana y Mons. Romero tenía que celebrar su misa dominical en un santuario aledaño, poniendo a prueba el principio de que la Iglesia debe ser una “donde los pecadores no encuentren el reproche ... sino la acogida”, etc. Esta situación llevo a Mons. Romero a meditar y desarrollar la posición de la Iglesia ante la actividad de organización de las organizaciones populares. (LEVINE, Op. Cit.)

En primer lugar, Mons. Romero lamentó el enfrentamiento: “uno de los pecados más grandes es éste, hermanos, que a mí me duele tanto”, dijo él, “que el sistema actual de nuestra Patria ha logrado el enfrentamiento de los campesinos”. Pasó a decir, explicando: “La misma hambre que angustia al hombre del Bloque, es la misma hambre que angustia también al hombre de ORDEN”. Por eso, expone Mons. Romero, “cuando miro policías cuidando a campesinos, campesinos cuidando a campesinos, ORDEN enfrentándose con el Bloque; digo yo: "¡qué satánico ha tenido, que ser este sistema que ha logrado aprovechar el hambre de los hombres!; ganarse el pan aunque sea persiguiendo, enemistándose, dividiéndose, cuando pertenecen a la misma pobreza"!”

Mons. Romero califica como una “calumnia” y una “tendencia satánica” el querer hacer equivaler el mensaje de los militantes que ocupaban la Catedral con el mensaje de la Iglesia. Mons. Romero deseaba, “desde una perspectiva cristiana, de Buen Samaritano ... ayudar a todo necesitado, de cualquier color que sea”, pero insistiendo en “mantener y hacer mantener entre sus adeptos el respeto a la autonomía de la Iglesia y que de ninguna manera fueran a utilizarla para sus fines”. (Su Diario, 12 de abril.) “Que esto quede muy claro”, predicó en su Homilía, “porque la Iglesia no puede identificarse con ningún partido político ni con ninguna organización de carácter político, social, cooperativo. La Iglesia no tiene sistemas”, dijo, “la Iglesia no tiene métodos, la Iglesia sólo tiene inspiración cristiana, una obligación de caridad que la urge a acompañar a quienes sufren las injusticias y ayudar también a las reivindicaciones justas del pueblo”. Para poner punto final al tema, declaró: “yo no soy director de ninguna organización política. Yo no soy, ni mis sacerdotes deben de ser, líderes de estos grupos”.

Y así como Cristo dice que el Buen Pastor invita a las ovejas a entrar por la puerta principal del corral, Mons. Romero deja claro que su acercamiento es la de la vía oficial de la Iglesia. “El verdadero obispo, el verdadero párroco, el Papa auténtico y único, es aquel que haya entrado por la puerta que es Cristo”, declara Monseñor. “El día en que yo no esté ya en comunión”, se pronuncia, “¡Dios me libre!—yo sería un cismático, ya sería un ladrón, un asesino, un bandido como son los párrocos que usurpan iglesias”.

En medio de la creciente de división en la sociedad y en la Iglesia, Mons. Romero ofrece la imagen del Buen Pastor que llama a las ovejas al portal: “Yo les invito a que esta mañana despertemos en nuestros corazones la magnanimidad, la alegría de quien todo lo espera”, interpela Mons. Romero. “Yo los invito a todos, y quién me diera poder insistir en el corazón de los que gobiernan, de los que dirigen con su capital y su dinero los destinos de nuestra Patria. Lo mismo que los campesinos”, continúa diciendo, “los pobres, los obreros, los marginados, que unos y otros dijéramos: no hay redención si no nos viene de Cristo. Y humildes, unos y otros, cayéramos, en vez de odiarnos, amándonos y esperando de Cristo el Buen Pastor que conduzca este pueblo; sólo Él lo puede conducir, no hay otro conductor de nuestro pueblo”.

En su discurso sobre Mons. Romero y el Buen Pastor, el Cardenal Turkson, oriundo de la República de Ghana, y que por ende conoce personalmente las dificultades de la Iglesia en el Tercer Mundo, concluyó diciendo, “Para mí, al acercarme a Mons. Romero y al meditar su sermón sobre el buen pastor, me siento alentado en mi papel como presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz y como un colaborador cercano del Santo Padre. Romero,” dice el Card. Turkson, “era un buen pastor que orientó desde adelante y desde atrás, que oró y reflexionó y enseñó, que lamentó y denunció y dialogó, que alentó al débil e interpeló a los poderosos. Él me ha dado mucho para llevar conmigo de regreso a Roma”. (TURKSON, Op. Cit.)

POSTDATUM:

En una reflexión oficial de la Arquidiócesis de San Salvador, el Pbro. Carlos M. Chavarría Lemus escribió: «... conmemoraremos el 31º aniversario del asesinato de nuestro arzobispo Oscar Arnulfo Romero. Pero el motivo de la celebración no es el horrendo crimen, sino que, la luz del ejemplo de fe que nos ha dejado a todos los salvadoreños, una fe que lo llevo a entregar su vida por la Iglesia. Recordaremos al buen pastor que guio al rebaño por “las cañadas oscuras” y que no abandono a sus ovejas ante las amenazas de los lobos.»  Y en una nota de prensa, un vaticanista llamó al cardenal Turkson un candidato a ser un próximo papa...

Antecedentes:

El Sermón de San Salvador (Inglés)

La Primera Homilía del Arzobispo Romero

Septem Sermonis Ad Pauperis (Serie en inglés y español)

Tuesday, May 03, 2011

BEHIND THE SCENES AT THE BEATIFICATION


In the world of beatifications, John Paul II’s recognition as a “blessed over the weekend was the only show in town. It was the main event. Pick your own cliché! Oscar Romero cropped up in some of the grumbling about John Paul’s beatification but, as usual, these discussions tended not to show much profundity of analysis or shed particular insight. (This Italian piece slamming the Catholic canonization process misleadingly implies that Opus Dei guards the San Salvador Cathedral and bars access to Archbishop Romero’s grave!) You had to look deeper—and with a knowing eye—to glean a valid insight.

In Rome for John Paul’s beatification were many official delegations, including Salvadoran Foreign Minister Hugo Martínez. In addition to making the usual diplomatic rounds with the Vatican Secretary of State and Italian officials, the Foreign Minister paid a call on Msgr. Vincenzo Paglia, the Postulator of Archbishop Romero’s Canonization Cause, to get a status report on the progress of the beatification. The Foreign Ministry reported that Bishop Paglia delivered an assessment that the process has attained “a good level of advancement.” Interestingly, Paglia told Martínez that the process is with the Congregation for the Doctrine of the Faith—meaning, that the Church is still studying questions of Archbishop Romero’s doctrinal fidelity to Church teaching. Reassuringly, the Postulator told the Foreign Minister that the Congregation has found no fault with Archbishop Romero’s orthodoxy to date and that, when the CDF’s review is concluded, the process will be remanded to the Congregation for the Causes of Saints for the “final stage” of the approval process.

Also in Rome for John Paul’s beatification are four Salvadoran bishops, including the Archbishop of San Salvador, Msgr. José Luis Escobar Alas, and his auxiliary, Msgr. Gregorio Rosa Chávez, it was reported. Although their visit is low key and unofficial in character (it is not an ad limina visit), one can be sure that four bishops traveling thousands of miles to their spiritual headquarters will not limit their activities to taking in the tourist sites, and very likely will be meeting with Vatican officials, including those in charge of Romeros’ canonization (especially, at a time when the topic is in the air). Among the issues likely to be discussed in those meetings is, whether the Salvadoran Church and Salvadoran society has reached sufficient unity to receive the news of Romero’s beatification with joy and to draw the appropriate inspiration. Reportedly, the Salvadoran bishops had been working on a declaration of unity to submit to the Vatican, and they may even be delivering it in Rome this week.

Foreign Minister Martínez issued a statement intended to address such concerns, declaring that “Archbishop Romero is a figure of universal character, who does not belong to any particular sector, but to the world.” Martínez highlighted that John Paul himself said words to that effect when he visited Romero’s grave, putting the Salvadoran martyr on the path to canonization. Martínez also recalled that the Salvadoran State had accepted responsibility for its part in the assassination—all of which should help Vatican officials to proclaim Romero’s death a “martyrdom” under canon law.

In the decidedly “unofficial” side of canonization news, a freewheeling assortment of liberal theologians made an “Ecumenical Appeal” for the recognition on May 1 (the same day as John Paul’s beatification) that Archbishop Romero has been canonized “by the poor.” The appeal originated with the German branch of the “We Are Church” movement, which promotes women and gays in the priesthood, among other “progressive reforms,” and has been endorsed by signatories from 16 countries and 50 organizations, including the Swiss theologian Hans Küng, the French bishop Jacques Gaillot, and the Brazilian bishop Luís Flávio Cappio, OFM, as well as a smattering of theologians from various denominations. The “Appeal” seems to have been made with very short notice—it was announced on April 27 and called for ecumenical “recognition” of Romero’s sainthood on May 1st. Worse yet, given its due date, the Appeal may seem more like an anti-John Paul provocation than a legitimate pro-Oscar Romero act, and its ill-defined parameters may stop it from being a workable plan. Nevertheless, this latest salvo is another step in the ecumenical acceptance of Romero’s saintliness, which includes the Anglican Church’s recognition of Romero’s “Feast Day” in its liturgical calendar.

Photo: Salvadoran Foreign Minister Hugo Martínez (right) discusses Archbishop Romero's beatification process with Msgr. Vincenzo Paglia, the postulator of the cause.

Friday, April 29, 2011

FILIAL ADHESIÓN” A JUAN PABLO II


Durante su dramática visita en tiempos de guerra a El Salvador, el Papa Juan Pablo II homenajeó públicamente a Mons. Romero como “un Pastor celoso y venerado, arzobispo de esta grey” que trabajó para que “cesara la violencia y se restableciera la paz”. (Santa Misa en el “Metro Centro” de San Salvador, 6 de marzo de 1983.) El elogio hubiera agradado profundamente a Mons. Romero, quien había declarado días antes de su martirio, “Hermanos, la gloria más grande de un pastor es vivir en comunión con el Papa”. Tres años antes de que Juan Pablo se arrodillara ante su Tumba, Romero había declarado, “Para mí, es el secreto de la verdad y de la eficacia de mi predicación estar en comunión con el Papa”. (Homilía del 2 de marzo de 1980.)

La Comunión con el Papa se remontaba a la primera misa de Romero como sacerdote en El Salvador, ofrecida en enero de 1944 por la “protección constante de tu servidor el Romano Pontífice”. (James BROCKMAN, Romero: A Life [Romero: Una vida]. Nueva York: Orbis Books, 1989, pág. 39). Cuando Juan Pablo II fue elegido en octubre de 1978, Mons. Romero le envió un telegrama para felicitarlo. El secretario del papa respondió, “el Santo Padre ha recibido con profunda complacencia esta delicada prueba de filial cercanía”, transmitiendo “su paternal bendición para cada miembro” de la arquidiócesis, la cual Mons. Romero comunicó en su homilía. (Hom. 12 de nov. de 1978.) Cuando Juan Pablo II cumplió el primer aniversario de su pontificado, Mons. Romero de nuevo envió un telegrama juramentando su voto de fidelidad: “Nuestra Arquidiócesis renueva sentimientos filial adhesión”. (Hom. 21 de oct. de 1979.)

La “filial adhesión” que expresó Mons. Romero no era un voto vacío, sino una identificación profunda con la Cátedra de Pedro, ya que Mons. Romero consideraba el papel protagónico de su arquidiócesis como una extensión del papel expandido de la Iglesia de Juan Pablo II. Mons. Romero elogió la “actitud maravillosa del Papa Juan Pablo II”. (Hom. 16 de dic. de 1979.) Mons. Romero presentó a Juan Pablo como un papa comprometido y destacó, “su participación en la Conferencia de Obispos de América Latina, su visita a la ONU, sus mensajes a los gobernantes del mundo en que abogó por la paz, por los derechos humanos, por los desposeídos”. (Hom. 23 de dic. de 1979.) Bajo Juan Pablo, Mons. Romero analizaba, es que “la Iglesia asumió un papel mucho más activo en la solución de los grandes problemas latinoamericanos”, en lugares tal como “Nicaragua y en El Salvador, donde los Arzobispos se pronunciaron abiertamente contra los regímenes autoritarios de esos países”. (16/12/1979, ibid.)

Mons. Romero se apegaba incondicionalmente al discurso de Juan Pablo: “Cuando escuchábamos al Papa Juan Pablo II en Puebla”, declaraba él, “me pareció escuchar la síntesis más hermosa del contenido de la fe”. (Hom. 22 de abr. de 1979.) Mons. Romero adoptó el “esquema” de Juan Pablo sobre la Doctrina Social, “cuando Él invitaba a los Obispos, maestros de la fe, a predicar la verdad sobre Cristo, la verdad sobre la Iglesia y la verdad sobre el hombre”. (Ibid.) El mismo Cardenal Ratzinger, ahora Papa Benedicto XVI, ha señalado el mismo discurso de Juan Pablo en Puebla como “la base de la verdadera liberación”. (Instrucción sobre algunos aspectos de la «Teología de la liberación».) Mons. Romero se alegró en reconocer de que Juan Pablo, “apoya la lucha por la justicia social, el amor a los pobres”. (Hom. 9 de marzo de 1980.) También reconocía el carisma especial del papa: “Si conmovió tanto Juan Pablo II en su viaje a México, es porque, ante todo, quiso aparecer como el amigo”. (Hom. 20 de mayo de 1979.) Mons. Romero reconoció el don especial del papa Wojtyla: “un amigo en medio de amigos: el Papa”. (Ibid.)

Todo esto no quiere negar de que hubieron momentos difíciles y que pusieron bajo prueba a la fidelidad fraternal de estos dos grandes hombres. Mons. Romero calificó tales momentos como, “una confrontación de criterios como cuando Pablo iba a Jerusalén a hablar con Pedro”. (Hom. 10 de feb. de 1980.) Pero Mons. Romero insistía que el mensaje del papa, “no fue una regañada para mí como algunos dicen”. (Ibid.) “Un gesto que me quedó grabado para siempre es la atención con que Juan Pablo II escucha”, recordaba Mons. Romero. (Hom. 13 de mayo de 1979.). “Cuando terminaban sus frases y yo comenzaba a hablar, él se ponía todo [en] atención, hasta físicamente se inclinaba para escuchar, como para comprender”. (Ibid.) Aún en la franqueza de Su Diario, Mons. Romero describe un encuentro en que la humanidad de Juan Pablo despeja la dificultad de la hora: “El Papa sentí que estaba muy de acuerdo en todo lo que yo le decía y, al terminar, me dió un abrazo muy fraternal y me dijo que rezaba todos los días por El Salvador”. (Su Diario, 30 de ene. 1980.)

Después de su última reunión con Juan Pablo, Mons. Romero escribió en su diario: “Yo he sentido aquí la confirmación y la fuerza de Dios para mi pobre Ministerio”. (Ibid.)

Antecedentes:

Pronunciamientos de Juan Pablo y Benedicto sobre Mons. Romero

Tuesday, April 26, 2011

ARCHBISHOP ROMERO ON
LIBERATION THEOLOGIES

If Archbishop Romero had been around when Cardinal Ratzinger issued his famous Instruction on certain aspects of the Theology of Liberation in 1984, he would have sided with the Prefect of the Congregation for the Doctrine of the Faith (and future Pope) and would have (gently) prodded Latin American theologians to heed the admonition, according to inferences in Romero’s preaching and writings which show Romero attempting to steer the currents of Liberation Theology towards the Church’s authorized social doctrine for at least a decade.

The evidence shows that Romero’s views on Liberation Theology were fixed in the early 1970s, and that he did not change those views. As Bishop, Romero wrote about Liberation Theology in the Santiago de Maria Diocesan newspaper in the early 1970s. “The most profound social revolution,” is not political change, he wrote, but, “the serious, supernatural, interior reform of a Christian.” (O. A. Romero, La Más Profunda Revolución Social [The Most Profound Social Revolution], DIARIO DE ORIENTE, No. 30867 – p. 1, August 28, 1973.) The following year, Bishop Romero wrote that he had found two Latin American theologians who shared his views on Liberation Theology and that he wished to highlight “what is positive about an authentic Liberation Theology and also the serious reservations regarding a mistaken understanding of the same.” (O. A. Romero, De Acuerdo con una Teología de Liberación bien Intencionada [In Agreement with a Well-Intended Liberation Theology], DIARIO DE ORIENTE, No. 30905 – p. 1, June 18, 1974.) Romero did not add much to his theological understanding of Liberation Theology, later on. An investigation by Romero biographer Jesus Delgado, S.J., concluded that Romero did not read books about Liberation Theology that he received as gifts while he was archbishop, and ranked Liberation Theology at the bottom of the topics of interest which Romero studied then. (Jesús DELGADO, “La cultura de monseñor Romero,” [Archbishop Romero’s Culture] in Óscar Romero un Obispo entre la guerra fría y la revolución, Editorial San Pablo, Madrid, 2003.)

Romero’s sources for his understanding of Liberation Theology were mainstream sources approved by the Church. Romero identified Pope Paul VI as the “man who continually illuminates my thinking regarding these aspects,” and pointed out the Pontiff’s orthodox orientations. (Archbishop Romero’s November 19, 1978 Sermon.) Pope Benedict XVI has proclaimed that, “In the notion of development, understood in human and Christian terms, [Paul VI] identified the heart of the Christian social message.” (CARITAS IN VERITATE, 13.) Romero declared: “Let it be known that I study Liberation Theology through solid theologians, such as Cardinal [Eduardo] Pironio, who currently is the prefect of one of the Pope’s congregations, a man who enjoys the full confidence of the Pope.” (July 24, 1977 Sermon (Spanish).) In addition to the Pope and Cardinal Pironio, Romero’s papers also reveal other writers who influenced Romero’s views of Liberation Theology, including the Opus Dei theologian José María Casciaro, the Franciscan friar Buenaventura Kloppenburg, and the CELAM missionary Segundo Galilea. (DIARIO DE ORIENTE, Supra. Conversely, Romero’s sermons never cite or refer to Liberation Theologians such as Leonardo Boff, Gustavo Gutiérrez, Manuel Pérez or Carlos Mugica.)

Romero knew that a correction to Liberation Theology was coming. “The president of CELAM, the Brazilian Cardinal [Aloísio] Lorscheider,” Romero announced, “has said that in the meeting at Puebla there will be some very profound revisions of the Christological doctrine as well as revisions in Liberation Theology.” (July 23, 1978 Sermon.) Like Cardinal Pironio, Cardinal Lorscheider also was a good friend of Archbishop Romero’s—the only cardinal known to have stayed with him at the cancer hospital grounds where Romero lived as archbishop. Romero referred to the called-for reform in his final pastoral letter, when he cited John Paul’s exhortation against politicization that “could make a theology of liberation ambiguous.” (O. A. Romero, The Church's Mission amid the National Crisis: Fourth Pastoral Letter of Archbishop Romero, Feast of the Transfiguration, August 6, 1979.) Strikingly, Romero’s pastoral letter goes on to cite the same passage from Pope Paul VI’s EVANGELII NUNTIANDI that he had cited in a 1976 sermon that has been referenced as proof of Romero’s hostility to Liberation Theology before he was archbishop.

In that 1976 Sermon, Romero had preached, “The liberation of Christ and of His Church is not reduced to the dimension of a purely temporal project. It does not reduce its objectives to an anthropocentric perspective: to a material well-being or to initiatives of a political or social, economic or cultural order, only.” (August 6, 1976 Sermon.) He added sternly, “Much less can it be a liberation that supports or is supported by violence.” (Id.) This is the same message Romero was preaching near the end of his term as archbishop: “as we have said a thousand times, true liberation does not simply consist of better salaries, lower prices, or a change in government—these are temporal liberation ...” (November 18, 1979 Sermon.) And, of course, Romero always repudiated hatred and violence: “Liberation that is achieved through revolutions of hatred and violence that destroy the lives of others and represses the dignity of others is not true liberation. True liberators,” he preached, “do violence to themselves just as Christ did violence to himself … These are the true liberators that our country desires, liberators with humble hearts, hearts that shine with the characteristic love of Christians.” (March 23, 1978 Sermon.)

In correcting Liberation Theologians, Archbishop Romero doubtlessly would have been pastoral and collegial—as he was in various sermons in which he cautioned against Liberation Theology’s overly secular and Marxist bent. He grew to admire and know many of them personally and he appreciated their genuine commitment to the poor (which Cardinal Ratzinger acknowledged, too). But, Archbishop Romero would have cared too much to look the other way. “There are no greater slaves than those who rebel against God’s law,” Archbishop Romero preached. (March 18, 1979 Sermon.) “The freedom that God offers has a path that must be followed: the law of God.” (Id.)

Photo: Archbishop Romero with Frs. Ignacio Ellacuría and Segundo Montes, Spanish Jesuits linked to Liberation Theology in El Salvador.  Both were assassinated during the UCA Massacre of 1989.  The tear in the photo is damage to the original print.

Wednesday, April 20, 2011

¿QUO VADIS, ROMERO?

Haciendo un balance de Semana Santa de las meditaciones que venimos haciendo en este blog ya por cinco años, se puede resumir diciendo que hemos venido desarrollando una nueva forma de ver a Mons. Romero que es a la vez más equilibrada y también más radicalmente comprometida con la verdad personal y con la realidad histórica. (¡Bueno, esto ha sido nuestro afán y rogamos a Dios que hayamos logrado alcanzar alguna parte de ese gran reto!) De hecho, ha implicado una verdadera revolución en la forma de verlo.

La lectura más o menos universalmente aceptada de Mons. Romero hasta hoy había sido que él era un clérigo conservador que se convirtió en un profeta radical después de que su mejor amigo fuera asesinado. La radicalidad que se le atribuye varía desde un seguimiento de las corrientes de la Teología de Liberación, hasta acusaciones de simpatías con el marxismo y, en las versiones más truculentas, de agitación a la violencia, insurrección, etc. La idea central tiene su atractivo y ha ganado amplia aceptación: Romero, se dice, experimento una “conversión”. Pero nadie ha cuestionado a fondo o sometido a prueba este modelo de Romero, preguntando: ¿cómo fue esa conversión?, ¿cuándo se dio?, y precisamente ¿en qué forma se desarrolló? O sea, si en concreto hubo una “conversión”, ¿cuál fue su alcance y definición? Nadie lo ha descrito, nadie lo ha examinado críticamente, presentando el “antes” y “después” del pensamiento de Romero y señalando los puntos de ruptura. Lo más sorprendente es que el propio Romero no lo hace, y parece raro que como pastor, si él tenía nuevas luces que lo guiaban en su pastoral, no hizo una declaración de su epifanía para nuestra orientación. Al contrario, insiste que no hubo conversión. (James BROCKMAN, Romero : A Life [Romero: Una vida]. Nueva York: Orbis Books, 1989, pág. 128).

Todo esto exige una revisión de la vida de Romero para tener una visión de su persona que haga este escrutinio y desarrolle a base de eso un nuevo modelo que tome en cuenta no solo las homilías de su arzobispado (todo mundo se conforma en analizar solo eso), sino también otros elementos que han estado surgiendo últimamente como son: los apuntes de sus años en el seminario, las notas de prensa que él escribió como sacerdote y como obispo, las fotos que él tomó que ahora son parte de una importante exhibición en San Salvador, su carta pastoral como Obispo de Santiago de María, su homilía nacional de 1976, etc. Se debe hacer un balance de todo esto y después una medición de este balance en contraste y comparación a su diario, sus homilías como arzobispo ... y ver cuál es la verdadera trayectoria de su pensamiento: si es ruptura o continuación. Al practicar este análisis, estamos convencidos de que existe más de continuidad que de cambio radical de postura, en la teología y el pensamiento de Mons. Romero. Es decir, al examinar sus criterios a través de los años, nos damos cuenta de que los principios se mantienen, pero el grado o intensidad de su aplicación varía según la evolución de las circunstancias que lo rodean. Esto corresponde exactamente con lo que el mismo Romero describe como su proceso: “Lo que ocurre en mi vida sacerdotal, yo lo he tratado de explicar como una evolución”, insiste. (BROCKMAN, Op. cit.) “Si daba la impresión de ser más ‘discreto’ y ‘espiritual’, era porque yo creía sinceramente que así respondía al Evangelio, ya que las circunstancias de mi ministerio no habían sido tan exigentes de una fortaleza pastoral que, sinceramente, yo creo que se me pidió en las circunstancias en que llegue a ser arzobispo”. (Ibid.)

El modelo evolutivo que el mismo Mons. Romero propone responde efectivamente a los elementos que debemos tomar en cuenta, incluyendo:
  • al seminarista Romero que nos dice en diciembre de 1941, “Los pobres son la encarnación de Cristo. A través de los andrajos, de los ojos oscuros, de la hediondez de las llagas, de las risas de los trastornados... el alma caritativa descubre y adora a Cristo”. (J. Delgado, "Romero, Un joven aspirante a la santidad", ORIENTACIÓN, Vol. LV Nº 5463, 25 de marzo del 2007.)
  • al padre Romero que denuncia en de marzo de 1945 a “los ricos injustos [que se olvidan] de aquel Dios que no es aceptador de personas cuando reclama la justicia”. (O.A.R., "Un santo antiguo prototipo del hombre moderno", CHAPARRASTIQUE No. 1562, Págs. 1 y 4, 16 de marzo de 1945.)
  • al fotógrafo Romero quien, “con su lente él realiza fotos de niños, de enfermos, de presos”, que demuestran que “él desde muy joven tiene una sensibilidad muy especial por el pueblo que no la tiene cualquier sacerdote”. (Eric Lemus, En fotos: Monseñor Romero inédito, BBC Mundo, 29 de marzo del 2011.)
  • al obispo Romero quien en su primera carta pastoral de 1975 en Santiago de María condena “la injusta desigualdad social y económica y política en que viven nuestros hermanos” ("El Espíritu Santo en la Iglesia”, Primera Carta Pastoral de Mons. Oscar A. Romero, Obispo de Santiago de María, mayo de 1975.)
  • al obispo Romero quien en su primera homilía nacional en 1976 predica sobre la “liberación” (O.A. Romero, "El Divino Salvador: Quién es, Cómo es su Liberación, Cómo llega hasta nosotros su Obra", DIARIO DE ORIENTE, Nos. 31001, 31005, 31006, 31007, 31008, 31009, agosto-octubre 1976).

 Con esta perspectiva integral, es difícil hablar de ruptura y conversión; y resulta necesario considerar una evolución que hace posible identificar los elementos que existían al principio y seguir los rastros hasta el final. Por ejemplo, cuando Romero dice en 1952, “La iglesia va al campesino, generosamente para amarlo, para elevarlo y hacerlos sentir su grandeza de hijo de Dios y rey de la creación” (O.A.R., "La Iglesia va al campesino", CHAPARRASTIQUE No. 1946 Pág. 1, 12 de diciembre de 1952.), nos damos cuenta que esto equivale exactamente con lo que predica en 1979, “urjan sus derechos teniendo en cuenta que tanto Uds., como los patronos son personas humanas, hijos de Dios” (Homilía del 1º de mayo de 1979). Cuando Romero declara en 1950 que un mandatario injusto “no es digno de obediencia y el ciudadano debe obedecer primero a Dios” (O.A. Romero, "La Colaboración de la Iglesia", Semanario CHAPARRASTIQUE No. 1838, Págs. 1 y 4, 22 de septiembre de 1950), esto equivale a su insistencia en 1980 de que, “Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla; Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado” (Hom. 23/3/1980).  Etc.

De hecho, la única ruptura que cabe mentar es el quiebre que estamos marcando con la Teología de la Liberación. Resulta innecesaria tomarla en cuenta para explicar la “conversión” de Romero cuando se establece de que no hubo tal conversión de manera repentina o dramática. Es más, la opción preferencial por los pobres en Romero, se remonta a sus años en el seminario y antedata al surgimiento de esa corriente de los intelectuales católicos en los años 60. El pensamiento social de Romero estuvo nutrido por las cartas de los papas; y su identificación con los pobres surge naturalmente de sus estudios y prácticas ascéticas. Con el reconocimiento de la importancia de estos otros elementos, la Teología de la Liberación pierde trascendencia. Romero estaba al tanto de ella, y escribió sobre sus tendencias en los años 70. Pero el estudio formal de la Teología de la Liberación tuvo más relevancia para informar al clero que apoyó a Romero que al propio arzobispo. Su prerrogativa fue, “‘Sentir con la Iglesia’, que concretamente significa apego incondicional a la Jerarquía”. (O.A.R., 'Aggiornamento', CHAPARRASTIQUE No. 2981, Pág. 1, 15 de enero de 1965.)

Monday, April 18, 2011

THE SAN SALVADOR SERMON


In August 1976, Óscar A. Romero was invited to preach the sermon for the Feast of the Transfiguration, the national patronal feast of El Salvador. At the time, Romero was the Bishop of Santiago de María in rural eastern El Salvador and the sermon would provide an opportunity to speak at the San Salvador Cathedral for the largest celebration in Salvadoran life. The sermon would have been broadcast over the radio, giving the obscure bishop the largest audience of his life. And—given the fact that Romero was appointed Archbishop within a few months—it proved a star-making turn.  (This is an analysis of a recently published sermon which has only come on line within the last days.)

Bishop Romero used the chance to preach about the liberation inherent in the salvific message of Christ. Speaking gently, Romero reminded his audience that, because the Feast of the Transfiguration harkens to the founding of the country, the celebration was like the evocation of a “cradle song.” Revisiting that history, said Romero, was an opportunity to “face up to the question of whether our religious and national life is being constructed according to the solid coordinates” of Christian teaching. (O.A. Romero, El Divino Salvador: Quién es, Cómo es su Liberación, Cómo llega hasta nosotros su Obra [The Divine Savior: Who He is, what His liberation consists of, how His work reaches us], reprinted in DIARIO DE ORIENTE, Nos. 31001, 31005, 31006, 31007, 31008, 31009, August-October 1976, available here.) Romero then recalled that Pope Paul VI, meeting in Ordinary General Assembly with the Synod of Bishops in 1974, had acknowledged “the voice of the millions of sons and daughters of the Church” in the Third World who groan under the burden of “famine, chronic disease, illiteracy, poverty, injustices in international relations and especially in commercial exchanges, situations of economic and cultural neo-colonialism sometimes as cruel as the old political colonialism.” (EVANGELII NUNTIANDI, 30) The Church, Romero proclaimed, had a duty to attend to their “complete liberation.”

As he would as archbishop, Bishop Romero proposed the Divine Savior—the Transfigured Jesus—as the model of that liberation. “We do not have to go like beggars to atheist sources or to ones without a sense of Transcendence for our concept of Liberation,” Romero said. “Starting from our national origins,” he said, “God has favored us with His true message. It is there, in the innermost part of our faith and of our authentic national spiritual identity, where we find the light and the strength that the Divine Savior offers us for the effective liberation, promotion and transformation of our country.” And as the Pope and the bishops called for a “complete liberation,” Romero preached, “The liberation of Christ and of His Church, does not reduce itself to a merely temporal endeavor. Its objectives are not reduced to an anthropocentric perspective, to a material well-being, or to initiatives of a political, social, economic or cultural order.” Then he cautioned, “Much less can it be a liberation justified upon or which justifies violence.”

Instead, “complete liberation” includes these things (material well being, initiatives of a political, social, economic or cultural order) but goes beyond them. The Liberation of Christ and His Church “is a liberation that encompasses humanity in its entirety, in all its dimensions,” Romero declared, “and that includes being open to the Absolute, which is God.” Speaking in generalities, but without ambiguity, Romero said that the Church stands shoulder to shoulder with others who practice the acts of temporal liberation, adding its own contributions in the field of spirituality: “When it joins those who work for liberation,” Romero said, “the Church does not limit its action to the religious field, disassociating itself from the temporal problems of Mankind; instead, it reaffirms the primacy of its spiritual vocation.” The Church, he said, “does not substitute the proclamation of the Kingdom of God for the announcement of human liberations,” but its best contribution is to convert hearts. “The Church agrees,” he said, “that it is necessary to change existing structures for ones that are more just and more humane.” But, the Church is convinced, he added, that the new ones would revert to being unjust and inhumane if there was not true the profound conversion at the spiritual level that the Church is concerned with.

The sermon was a decisive, albeit conservative, pronouncement that revealed Romero’s evolving pastoral compass, attentive to the reality of his country and of his Church.

Background:

Romero's 'Transfiguration Theology' (Spanish)

Romero's final Transfiguration sermon (Spanish)

Criticism of Jon Sobrino in '76 Sermon