Tuesday, May 24, 2011

MONS. ROMERO y MARÍA LÓPEZ VIGIL
La primera audiencia del Papa Juan Pablo II con Mons. Romero, sostenida el lunes 7 de mayo de 1979, ha sido pintada como un encuentro conflictivo. Esta impresión surge desde el relato de María López Vigil, según ella cuenta, a base de una conversación que ella sostuvo con el mismo Mons. Romero, el 11 de mayo de 1979—apenas cuatro días después del hecho. Sin embargo, una comparación del relato de María López Vigil en su libro publicado en 1993, difiere en importantes aspectos, de la versión contada por Mons. Romero en su propio diario el mismo día de la audiencia. (Diálogo entre monseñor Óscar Arnulfo Romero y el Papa Juan Pablo II, "Testimonio" de María López Vigil, autora del libro PIEZAS PARA UN RETRATO, UCA Editores, San Salvador 1993; Diario de Mons. Óscar Arnulfo Romero, mayo de 1979.)

Las diferencias entre los relatos de Mons. Romero y María López Vigil comienzan desde las circunstancias que llevaron a la audiencia. Según López Vigil, Mons. Romero tiene que “mendigar” la audiencia cuando el Papa sale por la Plaza de San Pedro: “Monseñor Romero ha madrugado para lograr ponerse en primera fila. Y cuando el Papa pasa saludando, le agarra la mano y no se la suelta”. En el relato de López Vigil, Mons. Romero “reclama con la autoridad de los mendigos” al Papa: “Santo Padre: soy el Arzobispo de San Salvador y le suplico que me conceda una audiencia”. Pero en el Diario de Mons. Romero, el asunto es diferente: es el Papa el que propone la reunión privada. Mons. Romero cuenta que el Papa lo invitó a Mons. Romero y a 40 otros obispos allí presentes a dar una bendición compartida desde la tarima Papal, y después los saludó uno por uno: “Al estrecharle la mano y pedirle una bendición para la Arquidiócesis de San Salvador, él me dijo que tendríamos que platicar en privado”.

Las diferencias continúan—y se magnifican—el día de la audiencia. En la narración de López Vigil, cuando Mons. Romero se presenta ante el Papa con varios informes gruesos, el pontífice reacciona con evidente desagrado. Escribe López Vigil: “No toca un papel el Papa. Ni roza el cartapacio. Tampoco pregunta nada. Sólo se queja”. Entonces, López Vigil atribuye estas palabras al Papa: “¡Ya les he dicho que no vengan cargados con tantos papeles! Aquí no tenemos tiempo para estar leyendo tanta cosa”. Es una escena fuerte la que describe López Vigil, pero de fuerte también podríamos caracterizar la diferencia en el relato de Mons. Romero. Nos ha dicho López Vigil que el Papa no preguntaba nada. Mons. Romero describe una escena distinta: “Comenzó a preguntarme por la situación del país”. El Papa de López Vigil resulta desinteresado y resiste la revisión de los documentos. El Papa de Mons. Romero es acomodaticio y revisa todo lo presentado: “Un gesto que me quedó grabado para siempre es la atención con que Juan Pablo II escucha”, recordaba Mons. Romero. (Homilía del 13 de mayo de 1979.). “Cuando terminaban sus frases y yo comenzaba a hablar, él se ponía todo [en] atención, hasta físicamente se inclinaba para escuchar, como para comprender”. (Ibid.) “Le invité atentamente a que siguiéramos el memorandum que llevaba escrito, a lo cual él accedió gustoso. Comenzamos a leer y yo le iba sacando los documentos” (Su Diario). Y cuando el Papa de López Vigil contesta con una exclamación de enojo, el Papa de Mons. Romero responde con una sonrisa: “Cuando saqué el folder de las informaciones extranjeras sobre la situación del país se sonrió viendo que era un volumen muy grueso y que no habría tiempo de ver”.

López Vigil escribe un relato en cual Mons. Romero le habla al Papa conmovido sobre el asesinato del P. Octavio Ortiz y el Papa le resta importancia al tema (“- Tan cruelmente que nos lo mataron y diciendo que era un guerrillero... -hace memoria el arzobispo. - ¿Y acaso no lo era? -contesta frío el Pontífice”.) Es interesante que tal relato no consta en absoluto en el Diario de Mons. Romero, quien se limita a contar que entrego el informe: “Le dí también un folder con el retrato del Padre Octavio, muerto, y con mucha información sobre ese asesinato ... Yo le aclaré y él me dió la razón de que hay circunstancias, le cité, por ejemplo, el caso del Padre Octavio, en que se tiene que ser muy concreto porque la injusticia, el atropello ha sido muy concreto”. Y después de toda la descripción que parece coincidir muy poco con la de Mons. Romero, López Vigil nos deja con una frase que puede tipificar la aptitud del Papa de la versión de López Vigil: “¡No exagere, señor arzobispo!” Mons. Romero, sin embargo, se queda con otra frase de aquella audiencia: “[E]n el fondo recordé que había recomendado ‘audacia y valor, pero al mismo tiempo, mesurada por una prudencia y un equilibrio necesario’.”

Según López Vigil, “Todo esto me lo contó Monseñor Romero casi llorando el día 11 de mayo de 1979, en Madrid, cuando regresaba apresuradamente a su país, consternado por las noticias sobre una matanza en la Catedral de San Salvador”. En una entrevista, López Vigil cuenta de que, “Lo vi en un estado de ‘shock’. La primera cosa que él dijo fue, ‘Ayúdeme a entender porqué he sido tratado por el Santo Padre de la manera que me trató’.” (Transcripción del programa televisivo, John Paul II: The Millennial Pope [Juan Pablo II: El Papa Milenio], PBS, 28 de septiembre de 1999.) Según el Diario de Mons. Romero, el 11 de mayo de 1979 en Madrid, “Me comuniqué con el Padre Pedro, de los pasionistas, quien vino junto con María [López Vigil], la escritora que escribe en Vida Nueva [esta descripción confirma que es López Vigil], y que hizo un bonito reportaje”. No menciona haber hablado con ella sobre la reunión con el Papa. Además, Mons. Romero confiesa que hasta ese día ni siquiera conocía a la Sra. López Vigil: “Tuve mucho gusto de conocerla y de saludar al Padre Pedro Ferradas y compartir con ellos muchos recuerdos e impresiones de nuestra vida en El Salvador”. Si Mons. Romero tuvo la conversación con López Vigil que ella describe, y que supuestamente constituye la base de sus aseveraciones sobre la audiencia de Mons. Romero con el Papa, resulta una interesante omisión por Mons. Romero el no mencionarlo en su Diario.

Antecedentes:

La Adhesión de Mons. Romero a Juan Pablo II

La Identidad Generacional entre Mons. Romero y Juan Pablo II (en inglés)

Tuesday, May 17, 2011

NEW ROMERO WRITINGS ONLINE

How would you like to be a fly on the wall at a meeting on the Latin American Church’s prophetic ministry featuring such leading lights as Archbishop Óscar Romero; the Guatemalan human rights martyr Bishop Juan Gerardi; the legendary Salvadoran progressives, Archbishop Luis Chávez y González and Archbishop Arturo Rivera y Damas; Nicaragua’s individual rights advocate, Cardinal Miguel Obando y Bravo; and Argentina’s master of the social doctrine, Cardinal Eduardo Pironio?

Just such a meeting occurred in August 1972 in Antigua, Guatemala, and Archbishop Romero described the event, held long before the hours of trial for these clerics, as “the Cenacle of a Central American Pentecost.” (O.A. ROMERO, Noticias de Monseñor Romero [Msgr. Romero’s Report], DIARIO DE ORIENTE, Vol. 30822, Sept. 5, 1972, available here-Spanish.) The article was recently published by the San Salvador Archdiocese’ canonization office—one of over six hundred such articles recently published for the first time on the Internet on the canonization office web site.

The materials that have been published were among the writings submitted to the Congregation for the Causes of Saints as part of Archbishop Romero’s canonization file, and likely are being reviewed by the Congregation for the Doctrine of the Faith, which currently retains the file. Super Martyrio is reviewing the materials and will provide continuing overview and analysis of their contents here.

The materials consist of articles and commentaries by Archbishop Romero published in Semanario Chaparrastique (Jan. 1945-Sept. 1967); Diario de Oriente (Jan. 1968-Oct. 1976); La Prensa Gráfica (Jun. 1969-Aug. 1972); Semanario El Apostol (Sept. 1975-Nov. 1976); and Semanario Orientación (May 1971-Dec. 1978). The materials have not yet been translated to English and the collection is not text searchable in its current format, but it nonetheless constitutes a treasure trove for students of Romero.

Other Romero materials already online include Romero’s sermons from his brief ministry as Archbishop of San Salvador in English and Spanish, Romero’s pastoral letters in English and Spanish, Romero’s diary from the San Salvador years in Spanish, and, most recently, Romero’s photographs, which shed significant light on his outlook and sensibilities. This most recent addition from the collection of articles throw open the gates into four decades of Romero’s priesthood and episcopal career.

Monday, May 09, 2011

EL BUEN PASTOR

Los Grandes Sermones de Mons. Romero


El Evangelio nos dice que las ovejas prefieren al Buen Pastor más que a pastores malos: “las ovejas oyen su voz ... y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, antes huirán de él: porque no conocen la voz de los extraños”. (Juan 10:3-5.)  Hablando con estudiantes en abril de 1978, Mons. Romero confesó que los salvadoreños veían al arzobispo de San Salvador con ojos polarizados: “Para unos, es el causante de todos los males, como un monstruo de maldad”, les admitió. Pero, “para otros, gracias a Dios, para el pueblo sencillo, sobre todo, soy el pastor”, les dijo con satisfacción: “y cómo quisiera que ustedes hubieran sido testigos de la acogida que dan a mi palabra, a mi presencia sobre todo en los pueblos humildes”. (Su Diario, martes 11 de abril de 1978.) Una semana después, Mons. Romero predicó en el Domingo del Buen Pastor el significado de lo que significa ser “el pastor” de un pueblo oprimido, en condiciones de convulsión social. (Lea el texto de esta homilía acá y en inglés acá.)

Cristo también nos dice, “Yo soy el buen pastor que da la vida por las ovejas”. (Juan 10:15.) El Papa Juan Pablo II exhorta de que, inspirando desde Cristo, el Buen Pastor, “la figura ideal del obispo con la que la Iglesia sigue contando es la del pastor que, configurado con Cristo en la santidad de vida, se entrega generosamente por la Iglesia que se le ha encomendado ...” (Exhortación postsinodal PASTORES GREGIS.) Según un discurso presentado este año por el Cardenal Peter Turkson, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, en la Universidad de Notre Dame, Mons. Romero es el modelo del “Buen Pastor” al que el evangelio se refiere, cuando Mons. Romero predica la Homilía del Buen Pastor de hace treinta y tres años. (Peter TURKSON, Archbishop Romero as Preacher and Teacher [Mons. Romero como predicador y maestro], Discurso anual ‘Romero Days’ de la Universidad de Notre Dame, 31 de marzo del 2011.)

De hecho, Mons. Romero se aferró a la alegoría del Buen Pastor para justificar el accionar de su ministerio. Con su parábola Cristo busca que los fariseos y los escribas “aprendan a ser como Él que es el Buen Pastor y para que su Iglesia sea lo que tiene que ser: una casa de la misericordia del Señor, donde los pecadores no encuentren el reproche, la excomunión, la dureza; sino la acogida, el abrazo de Nuestro Señor que los llama para el perdón”, predica Mons. Romero. La aplicabilidad de esta palabra a la situación que Mons. Romero enfrentaba en 1978 es dramática. La pasada Semana Santa había traído un fuerte enfrentamiento entre las fuerzas de seguridad del estado (llamadas Organización Democrática Nacionalista, alias ORDEN) y un sindicato (llamado Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños, alias FECCAS) en un pueblo llamado San Pedro Perulapán. Seis miembros de FECCAS habían sido asesinados y otros treinta y ocho desaparecidos. (Daniel H. LEVINE, Religion and political conflict in Latin America [Conflicto religioso y político en la América Latina], The University of North Carolina Press, 1986, pág. 70.) Activistas del Bloque Popular Revolucionario habían tomado la Catedral Metropolitana y Mons. Romero tenía que celebrar su misa dominical en un santuario aledaño, poniendo a prueba el principio de que la Iglesia debe ser una “donde los pecadores no encuentren el reproche ... sino la acogida”, etc. Esta situación llevo a Mons. Romero a meditar y desarrollar la posición de la Iglesia ante la actividad de organización de las organizaciones populares. (LEVINE, Op. Cit.)

En primer lugar, Mons. Romero lamentó el enfrentamiento: “uno de los pecados más grandes es éste, hermanos, que a mí me duele tanto”, dijo él, “que el sistema actual de nuestra Patria ha logrado el enfrentamiento de los campesinos”. Pasó a decir, explicando: “La misma hambre que angustia al hombre del Bloque, es la misma hambre que angustia también al hombre de ORDEN”. Por eso, expone Mons. Romero, “cuando miro policías cuidando a campesinos, campesinos cuidando a campesinos, ORDEN enfrentándose con el Bloque; digo yo: "¡qué satánico ha tenido, que ser este sistema que ha logrado aprovechar el hambre de los hombres!; ganarse el pan aunque sea persiguiendo, enemistándose, dividiéndose, cuando pertenecen a la misma pobreza"!”

Mons. Romero califica como una “calumnia” y una “tendencia satánica” el querer hacer equivaler el mensaje de los militantes que ocupaban la Catedral con el mensaje de la Iglesia. Mons. Romero deseaba, “desde una perspectiva cristiana, de Buen Samaritano ... ayudar a todo necesitado, de cualquier color que sea”, pero insistiendo en “mantener y hacer mantener entre sus adeptos el respeto a la autonomía de la Iglesia y que de ninguna manera fueran a utilizarla para sus fines”. (Su Diario, 12 de abril.) “Que esto quede muy claro”, predicó en su Homilía, “porque la Iglesia no puede identificarse con ningún partido político ni con ninguna organización de carácter político, social, cooperativo. La Iglesia no tiene sistemas”, dijo, “la Iglesia no tiene métodos, la Iglesia sólo tiene inspiración cristiana, una obligación de caridad que la urge a acompañar a quienes sufren las injusticias y ayudar también a las reivindicaciones justas del pueblo”. Para poner punto final al tema, declaró: “yo no soy director de ninguna organización política. Yo no soy, ni mis sacerdotes deben de ser, líderes de estos grupos”.

Y así como Cristo dice que el Buen Pastor invita a las ovejas a entrar por la puerta principal del corral, Mons. Romero deja claro que su acercamiento es la de la vía oficial de la Iglesia. “El verdadero obispo, el verdadero párroco, el Papa auténtico y único, es aquel que haya entrado por la puerta que es Cristo”, declara Monseñor. “El día en que yo no esté ya en comunión”, se pronuncia, “¡Dios me libre!—yo sería un cismático, ya sería un ladrón, un asesino, un bandido como son los párrocos que usurpan iglesias”.

En medio de la creciente de división en la sociedad y en la Iglesia, Mons. Romero ofrece la imagen del Buen Pastor que llama a las ovejas al portal: “Yo les invito a que esta mañana despertemos en nuestros corazones la magnanimidad, la alegría de quien todo lo espera”, interpela Mons. Romero. “Yo los invito a todos, y quién me diera poder insistir en el corazón de los que gobiernan, de los que dirigen con su capital y su dinero los destinos de nuestra Patria. Lo mismo que los campesinos”, continúa diciendo, “los pobres, los obreros, los marginados, que unos y otros dijéramos: no hay redención si no nos viene de Cristo. Y humildes, unos y otros, cayéramos, en vez de odiarnos, amándonos y esperando de Cristo el Buen Pastor que conduzca este pueblo; sólo Él lo puede conducir, no hay otro conductor de nuestro pueblo”.

En su discurso sobre Mons. Romero y el Buen Pastor, el Cardenal Turkson, oriundo de la República de Ghana, y que por ende conoce personalmente las dificultades de la Iglesia en el Tercer Mundo, concluyó diciendo, “Para mí, al acercarme a Mons. Romero y al meditar su sermón sobre el buen pastor, me siento alentado en mi papel como presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz y como un colaborador cercano del Santo Padre. Romero,” dice el Card. Turkson, “era un buen pastor que orientó desde adelante y desde atrás, que oró y reflexionó y enseñó, que lamentó y denunció y dialogó, que alentó al débil e interpeló a los poderosos. Él me ha dado mucho para llevar conmigo de regreso a Roma”. (TURKSON, Op. Cit.)

POSTDATUM:

En una reflexión oficial de la Arquidiócesis de San Salvador, el Pbro. Carlos M. Chavarría Lemus escribió: «... conmemoraremos el 31º aniversario del asesinato de nuestro arzobispo Oscar Arnulfo Romero. Pero el motivo de la celebración no es el horrendo crimen, sino que, la luz del ejemplo de fe que nos ha dejado a todos los salvadoreños, una fe que lo llevo a entregar su vida por la Iglesia. Recordaremos al buen pastor que guio al rebaño por “las cañadas oscuras” y que no abandono a sus ovejas ante las amenazas de los lobos.»  Y en una nota de prensa, un vaticanista llamó al cardenal Turkson un candidato a ser un próximo papa...

Antecedentes:

El Sermón de San Salvador (Inglés)

La Primera Homilía del Arzobispo Romero

Septem Sermonis Ad Pauperis (Serie en inglés y español)

Tuesday, May 03, 2011

BEHIND THE SCENES AT THE BEATIFICATION


In the world of beatifications, John Paul II’s recognition as a “blessed over the weekend was the only show in town. It was the main event. Pick your own cliché! Oscar Romero cropped up in some of the grumbling about John Paul’s beatification but, as usual, these discussions tended not to show much profundity of analysis or shed particular insight. (This Italian piece slamming the Catholic canonization process misleadingly implies that Opus Dei guards the San Salvador Cathedral and bars access to Archbishop Romero’s grave!) You had to look deeper—and with a knowing eye—to glean a valid insight.

In Rome for John Paul’s beatification were many official delegations, including Salvadoran Foreign Minister Hugo Martínez. In addition to making the usual diplomatic rounds with the Vatican Secretary of State and Italian officials, the Foreign Minister paid a call on Msgr. Vincenzo Paglia, the Postulator of Archbishop Romero’s Canonization Cause, to get a status report on the progress of the beatification. The Foreign Ministry reported that Bishop Paglia delivered an assessment that the process has attained “a good level of advancement.” Interestingly, Paglia told Martínez that the process is with the Congregation for the Doctrine of the Faith—meaning, that the Church is still studying questions of Archbishop Romero’s doctrinal fidelity to Church teaching. Reassuringly, the Postulator told the Foreign Minister that the Congregation has found no fault with Archbishop Romero’s orthodoxy to date and that, when the CDF’s review is concluded, the process will be remanded to the Congregation for the Causes of Saints for the “final stage” of the approval process.

Also in Rome for John Paul’s beatification are four Salvadoran bishops, including the Archbishop of San Salvador, Msgr. José Luis Escobar Alas, and his auxiliary, Msgr. Gregorio Rosa Chávez, it was reported. Although their visit is low key and unofficial in character (it is not an ad limina visit), one can be sure that four bishops traveling thousands of miles to their spiritual headquarters will not limit their activities to taking in the tourist sites, and very likely will be meeting with Vatican officials, including those in charge of Romeros’ canonization (especially, at a time when the topic is in the air). Among the issues likely to be discussed in those meetings is, whether the Salvadoran Church and Salvadoran society has reached sufficient unity to receive the news of Romero’s beatification with joy and to draw the appropriate inspiration. Reportedly, the Salvadoran bishops had been working on a declaration of unity to submit to the Vatican, and they may even be delivering it in Rome this week.

Foreign Minister Martínez issued a statement intended to address such concerns, declaring that “Archbishop Romero is a figure of universal character, who does not belong to any particular sector, but to the world.” Martínez highlighted that John Paul himself said words to that effect when he visited Romero’s grave, putting the Salvadoran martyr on the path to canonization. Martínez also recalled that the Salvadoran State had accepted responsibility for its part in the assassination—all of which should help Vatican officials to proclaim Romero’s death a “martyrdom” under canon law.

In the decidedly “unofficial” side of canonization news, a freewheeling assortment of liberal theologians made an “Ecumenical Appeal” for the recognition on May 1 (the same day as John Paul’s beatification) that Archbishop Romero has been canonized “by the poor.” The appeal originated with the German branch of the “We Are Church” movement, which promotes women and gays in the priesthood, among other “progressive reforms,” and has been endorsed by signatories from 16 countries and 50 organizations, including the Swiss theologian Hans Küng, the French bishop Jacques Gaillot, and the Brazilian bishop Luís Flávio Cappio, OFM, as well as a smattering of theologians from various denominations. The “Appeal” seems to have been made with very short notice—it was announced on April 27 and called for ecumenical “recognition” of Romero’s sainthood on May 1st. Worse yet, given its due date, the Appeal may seem more like an anti-John Paul provocation than a legitimate pro-Oscar Romero act, and its ill-defined parameters may stop it from being a workable plan. Nevertheless, this latest salvo is another step in the ecumenical acceptance of Romero’s saintliness, which includes the Anglican Church’s recognition of Romero’s “Feast Day” in its liturgical calendar.

Photo: Salvadoran Foreign Minister Hugo Martínez (right) discusses Archbishop Romero's beatification process with Msgr. Vincenzo Paglia, the postulator of the cause.

Friday, April 29, 2011

FILIAL ADHESIÓN” A JUAN PABLO II


Durante su dramática visita en tiempos de guerra a El Salvador, el Papa Juan Pablo II homenajeó públicamente a Mons. Romero como “un Pastor celoso y venerado, arzobispo de esta grey” que trabajó para que “cesara la violencia y se restableciera la paz”. (Santa Misa en el “Metro Centro” de San Salvador, 6 de marzo de 1983.) El elogio hubiera agradado profundamente a Mons. Romero, quien había declarado días antes de su martirio, “Hermanos, la gloria más grande de un pastor es vivir en comunión con el Papa”. Tres años antes de que Juan Pablo se arrodillara ante su Tumba, Romero había declarado, “Para mí, es el secreto de la verdad y de la eficacia de mi predicación estar en comunión con el Papa”. (Homilía del 2 de marzo de 1980.)

La Comunión con el Papa se remontaba a la primera misa de Romero como sacerdote en El Salvador, ofrecida en enero de 1944 por la “protección constante de tu servidor el Romano Pontífice”. (James BROCKMAN, Romero: A Life [Romero: Una vida]. Nueva York: Orbis Books, 1989, pág. 39). Cuando Juan Pablo II fue elegido en octubre de 1978, Mons. Romero le envió un telegrama para felicitarlo. El secretario del papa respondió, “el Santo Padre ha recibido con profunda complacencia esta delicada prueba de filial cercanía”, transmitiendo “su paternal bendición para cada miembro” de la arquidiócesis, la cual Mons. Romero comunicó en su homilía. (Hom. 12 de nov. de 1978.) Cuando Juan Pablo II cumplió el primer aniversario de su pontificado, Mons. Romero de nuevo envió un telegrama juramentando su voto de fidelidad: “Nuestra Arquidiócesis renueva sentimientos filial adhesión”. (Hom. 21 de oct. de 1979.)

La “filial adhesión” que expresó Mons. Romero no era un voto vacío, sino una identificación profunda con la Cátedra de Pedro, ya que Mons. Romero consideraba el papel protagónico de su arquidiócesis como una extensión del papel expandido de la Iglesia de Juan Pablo II. Mons. Romero elogió la “actitud maravillosa del Papa Juan Pablo II”. (Hom. 16 de dic. de 1979.) Mons. Romero presentó a Juan Pablo como un papa comprometido y destacó, “su participación en la Conferencia de Obispos de América Latina, su visita a la ONU, sus mensajes a los gobernantes del mundo en que abogó por la paz, por los derechos humanos, por los desposeídos”. (Hom. 23 de dic. de 1979.) Bajo Juan Pablo, Mons. Romero analizaba, es que “la Iglesia asumió un papel mucho más activo en la solución de los grandes problemas latinoamericanos”, en lugares tal como “Nicaragua y en El Salvador, donde los Arzobispos se pronunciaron abiertamente contra los regímenes autoritarios de esos países”. (16/12/1979, ibid.)

Mons. Romero se apegaba incondicionalmente al discurso de Juan Pablo: “Cuando escuchábamos al Papa Juan Pablo II en Puebla”, declaraba él, “me pareció escuchar la síntesis más hermosa del contenido de la fe”. (Hom. 22 de abr. de 1979.) Mons. Romero adoptó el “esquema” de Juan Pablo sobre la Doctrina Social, “cuando Él invitaba a los Obispos, maestros de la fe, a predicar la verdad sobre Cristo, la verdad sobre la Iglesia y la verdad sobre el hombre”. (Ibid.) El mismo Cardenal Ratzinger, ahora Papa Benedicto XVI, ha señalado el mismo discurso de Juan Pablo en Puebla como “la base de la verdadera liberación”. (Instrucción sobre algunos aspectos de la «Teología de la liberación».) Mons. Romero se alegró en reconocer de que Juan Pablo, “apoya la lucha por la justicia social, el amor a los pobres”. (Hom. 9 de marzo de 1980.) También reconocía el carisma especial del papa: “Si conmovió tanto Juan Pablo II en su viaje a México, es porque, ante todo, quiso aparecer como el amigo”. (Hom. 20 de mayo de 1979.) Mons. Romero reconoció el don especial del papa Wojtyla: “un amigo en medio de amigos: el Papa”. (Ibid.)

Todo esto no quiere negar de que hubieron momentos difíciles y que pusieron bajo prueba a la fidelidad fraternal de estos dos grandes hombres. Mons. Romero calificó tales momentos como, “una confrontación de criterios como cuando Pablo iba a Jerusalén a hablar con Pedro”. (Hom. 10 de feb. de 1980.) Pero Mons. Romero insistía que el mensaje del papa, “no fue una regañada para mí como algunos dicen”. (Ibid.) “Un gesto que me quedó grabado para siempre es la atención con que Juan Pablo II escucha”, recordaba Mons. Romero. (Hom. 13 de mayo de 1979.). “Cuando terminaban sus frases y yo comenzaba a hablar, él se ponía todo [en] atención, hasta físicamente se inclinaba para escuchar, como para comprender”. (Ibid.) Aún en la franqueza de Su Diario, Mons. Romero describe un encuentro en que la humanidad de Juan Pablo despeja la dificultad de la hora: “El Papa sentí que estaba muy de acuerdo en todo lo que yo le decía y, al terminar, me dió un abrazo muy fraternal y me dijo que rezaba todos los días por El Salvador”. (Su Diario, 30 de ene. 1980.)

Después de su última reunión con Juan Pablo, Mons. Romero escribió en su diario: “Yo he sentido aquí la confirmación y la fuerza de Dios para mi pobre Ministerio”. (Ibid.)

Antecedentes:

Pronunciamientos de Juan Pablo y Benedicto sobre Mons. Romero

Tuesday, April 26, 2011

ARCHBISHOP ROMERO ON
LIBERATION THEOLOGIES

If Archbishop Romero had been around when Cardinal Ratzinger issued his famous Instruction on certain aspects of the Theology of Liberation in 1984, he would have sided with the Prefect of the Congregation for the Doctrine of the Faith (and future Pope) and would have (gently) prodded Latin American theologians to heed the admonition, according to inferences in Romero’s preaching and writings which show Romero attempting to steer the currents of Liberation Theology towards the Church’s authorized social doctrine for at least a decade.

The evidence shows that Romero’s views on Liberation Theology were fixed in the early 1970s, and that he did not change those views. As Bishop, Romero wrote about Liberation Theology in the Santiago de Maria Diocesan newspaper in the early 1970s. “The most profound social revolution,” is not political change, he wrote, but, “the serious, supernatural, interior reform of a Christian.” (O. A. Romero, La Más Profunda Revolución Social [The Most Profound Social Revolution], DIARIO DE ORIENTE, No. 30867 – p. 1, August 28, 1973.) The following year, Bishop Romero wrote that he had found two Latin American theologians who shared his views on Liberation Theology and that he wished to highlight “what is positive about an authentic Liberation Theology and also the serious reservations regarding a mistaken understanding of the same.” (O. A. Romero, De Acuerdo con una Teología de Liberación bien Intencionada [In Agreement with a Well-Intended Liberation Theology], DIARIO DE ORIENTE, No. 30905 – p. 1, June 18, 1974.) Romero did not add much to his theological understanding of Liberation Theology, later on. An investigation by Romero biographer Jesus Delgado, S.J., concluded that Romero did not read books about Liberation Theology that he received as gifts while he was archbishop, and ranked Liberation Theology at the bottom of the topics of interest which Romero studied then. (Jesús DELGADO, “La cultura de monseñor Romero,” [Archbishop Romero’s Culture] in Óscar Romero un Obispo entre la guerra fría y la revolución, Editorial San Pablo, Madrid, 2003.)

Romero’s sources for his understanding of Liberation Theology were mainstream sources approved by the Church. Romero identified Pope Paul VI as the “man who continually illuminates my thinking regarding these aspects,” and pointed out the Pontiff’s orthodox orientations. (Archbishop Romero’s November 19, 1978 Sermon.) Pope Benedict XVI has proclaimed that, “In the notion of development, understood in human and Christian terms, [Paul VI] identified the heart of the Christian social message.” (CARITAS IN VERITATE, 13.) Romero declared: “Let it be known that I study Liberation Theology through solid theologians, such as Cardinal [Eduardo] Pironio, who currently is the prefect of one of the Pope’s congregations, a man who enjoys the full confidence of the Pope.” (July 24, 1977 Sermon (Spanish).) In addition to the Pope and Cardinal Pironio, Romero’s papers also reveal other writers who influenced Romero’s views of Liberation Theology, including the Opus Dei theologian José María Casciaro, the Franciscan friar Buenaventura Kloppenburg, and the CELAM missionary Segundo Galilea. (DIARIO DE ORIENTE, Supra. Conversely, Romero’s sermons never cite or refer to Liberation Theologians such as Leonardo Boff, Gustavo Gutiérrez, Manuel Pérez or Carlos Mugica.)

Romero knew that a correction to Liberation Theology was coming. “The president of CELAM, the Brazilian Cardinal [Aloísio] Lorscheider,” Romero announced, “has said that in the meeting at Puebla there will be some very profound revisions of the Christological doctrine as well as revisions in Liberation Theology.” (July 23, 1978 Sermon.) Like Cardinal Pironio, Cardinal Lorscheider also was a good friend of Archbishop Romero’s—the only cardinal known to have stayed with him at the cancer hospital grounds where Romero lived as archbishop. Romero referred to the called-for reform in his final pastoral letter, when he cited John Paul’s exhortation against politicization that “could make a theology of liberation ambiguous.” (O. A. Romero, The Church's Mission amid the National Crisis: Fourth Pastoral Letter of Archbishop Romero, Feast of the Transfiguration, August 6, 1979.) Strikingly, Romero’s pastoral letter goes on to cite the same passage from Pope Paul VI’s EVANGELII NUNTIANDI that he had cited in a 1976 sermon that has been referenced as proof of Romero’s hostility to Liberation Theology before he was archbishop.

In that 1976 Sermon, Romero had preached, “The liberation of Christ and of His Church is not reduced to the dimension of a purely temporal project. It does not reduce its objectives to an anthropocentric perspective: to a material well-being or to initiatives of a political or social, economic or cultural order, only.” (August 6, 1976 Sermon.) He added sternly, “Much less can it be a liberation that supports or is supported by violence.” (Id.) This is the same message Romero was preaching near the end of his term as archbishop: “as we have said a thousand times, true liberation does not simply consist of better salaries, lower prices, or a change in government—these are temporal liberation ...” (November 18, 1979 Sermon.) And, of course, Romero always repudiated hatred and violence: “Liberation that is achieved through revolutions of hatred and violence that destroy the lives of others and represses the dignity of others is not true liberation. True liberators,” he preached, “do violence to themselves just as Christ did violence to himself … These are the true liberators that our country desires, liberators with humble hearts, hearts that shine with the characteristic love of Christians.” (March 23, 1978 Sermon.)

In correcting Liberation Theologians, Archbishop Romero doubtlessly would have been pastoral and collegial—as he was in various sermons in which he cautioned against Liberation Theology’s overly secular and Marxist bent. He grew to admire and know many of them personally and he appreciated their genuine commitment to the poor (which Cardinal Ratzinger acknowledged, too). But, Archbishop Romero would have cared too much to look the other way. “There are no greater slaves than those who rebel against God’s law,” Archbishop Romero preached. (March 18, 1979 Sermon.) “The freedom that God offers has a path that must be followed: the law of God.” (Id.)

Photo: Archbishop Romero with Frs. Ignacio Ellacuría and Segundo Montes, Spanish Jesuits linked to Liberation Theology in El Salvador.  Both were assassinated during the UCA Massacre of 1989.  The tear in the photo is damage to the original print.

Wednesday, April 20, 2011

¿QUO VADIS, ROMERO?

Haciendo un balance de Semana Santa de las meditaciones que venimos haciendo en este blog ya por cinco años, se puede resumir diciendo que hemos venido desarrollando una nueva forma de ver a Mons. Romero que es a la vez más equilibrada y también más radicalmente comprometida con la verdad personal y con la realidad histórica. (¡Bueno, esto ha sido nuestro afán y rogamos a Dios que hayamos logrado alcanzar alguna parte de ese gran reto!) De hecho, ha implicado una verdadera revolución en la forma de verlo.

La lectura más o menos universalmente aceptada de Mons. Romero hasta hoy había sido que él era un clérigo conservador que se convirtió en un profeta radical después de que su mejor amigo fuera asesinado. La radicalidad que se le atribuye varía desde un seguimiento de las corrientes de la Teología de Liberación, hasta acusaciones de simpatías con el marxismo y, en las versiones más truculentas, de agitación a la violencia, insurrección, etc. La idea central tiene su atractivo y ha ganado amplia aceptación: Romero, se dice, experimento una “conversión”. Pero nadie ha cuestionado a fondo o sometido a prueba este modelo de Romero, preguntando: ¿cómo fue esa conversión?, ¿cuándo se dio?, y precisamente ¿en qué forma se desarrolló? O sea, si en concreto hubo una “conversión”, ¿cuál fue su alcance y definición? Nadie lo ha descrito, nadie lo ha examinado críticamente, presentando el “antes” y “después” del pensamiento de Romero y señalando los puntos de ruptura. Lo más sorprendente es que el propio Romero no lo hace, y parece raro que como pastor, si él tenía nuevas luces que lo guiaban en su pastoral, no hizo una declaración de su epifanía para nuestra orientación. Al contrario, insiste que no hubo conversión. (James BROCKMAN, Romero : A Life [Romero: Una vida]. Nueva York: Orbis Books, 1989, pág. 128).

Todo esto exige una revisión de la vida de Romero para tener una visión de su persona que haga este escrutinio y desarrolle a base de eso un nuevo modelo que tome en cuenta no solo las homilías de su arzobispado (todo mundo se conforma en analizar solo eso), sino también otros elementos que han estado surgiendo últimamente como son: los apuntes de sus años en el seminario, las notas de prensa que él escribió como sacerdote y como obispo, las fotos que él tomó que ahora son parte de una importante exhibición en San Salvador, su carta pastoral como Obispo de Santiago de María, su homilía nacional de 1976, etc. Se debe hacer un balance de todo esto y después una medición de este balance en contraste y comparación a su diario, sus homilías como arzobispo ... y ver cuál es la verdadera trayectoria de su pensamiento: si es ruptura o continuación. Al practicar este análisis, estamos convencidos de que existe más de continuidad que de cambio radical de postura, en la teología y el pensamiento de Mons. Romero. Es decir, al examinar sus criterios a través de los años, nos damos cuenta de que los principios se mantienen, pero el grado o intensidad de su aplicación varía según la evolución de las circunstancias que lo rodean. Esto corresponde exactamente con lo que el mismo Romero describe como su proceso: “Lo que ocurre en mi vida sacerdotal, yo lo he tratado de explicar como una evolución”, insiste. (BROCKMAN, Op. cit.) “Si daba la impresión de ser más ‘discreto’ y ‘espiritual’, era porque yo creía sinceramente que así respondía al Evangelio, ya que las circunstancias de mi ministerio no habían sido tan exigentes de una fortaleza pastoral que, sinceramente, yo creo que se me pidió en las circunstancias en que llegue a ser arzobispo”. (Ibid.)

El modelo evolutivo que el mismo Mons. Romero propone responde efectivamente a los elementos que debemos tomar en cuenta, incluyendo:
  • al seminarista Romero que nos dice en diciembre de 1941, “Los pobres son la encarnación de Cristo. A través de los andrajos, de los ojos oscuros, de la hediondez de las llagas, de las risas de los trastornados... el alma caritativa descubre y adora a Cristo”. (J. Delgado, "Romero, Un joven aspirante a la santidad", ORIENTACIÓN, Vol. LV Nº 5463, 25 de marzo del 2007.)
  • al padre Romero que denuncia en de marzo de 1945 a “los ricos injustos [que se olvidan] de aquel Dios que no es aceptador de personas cuando reclama la justicia”. (O.A.R., "Un santo antiguo prototipo del hombre moderno", CHAPARRASTIQUE No. 1562, Págs. 1 y 4, 16 de marzo de 1945.)
  • al fotógrafo Romero quien, “con su lente él realiza fotos de niños, de enfermos, de presos”, que demuestran que “él desde muy joven tiene una sensibilidad muy especial por el pueblo que no la tiene cualquier sacerdote”. (Eric Lemus, En fotos: Monseñor Romero inédito, BBC Mundo, 29 de marzo del 2011.)
  • al obispo Romero quien en su primera carta pastoral de 1975 en Santiago de María condena “la injusta desigualdad social y económica y política en que viven nuestros hermanos” ("El Espíritu Santo en la Iglesia”, Primera Carta Pastoral de Mons. Oscar A. Romero, Obispo de Santiago de María, mayo de 1975.)
  • al obispo Romero quien en su primera homilía nacional en 1976 predica sobre la “liberación” (O.A. Romero, "El Divino Salvador: Quién es, Cómo es su Liberación, Cómo llega hasta nosotros su Obra", DIARIO DE ORIENTE, Nos. 31001, 31005, 31006, 31007, 31008, 31009, agosto-octubre 1976).

 Con esta perspectiva integral, es difícil hablar de ruptura y conversión; y resulta necesario considerar una evolución que hace posible identificar los elementos que existían al principio y seguir los rastros hasta el final. Por ejemplo, cuando Romero dice en 1952, “La iglesia va al campesino, generosamente para amarlo, para elevarlo y hacerlos sentir su grandeza de hijo de Dios y rey de la creación” (O.A.R., "La Iglesia va al campesino", CHAPARRASTIQUE No. 1946 Pág. 1, 12 de diciembre de 1952.), nos damos cuenta que esto equivale exactamente con lo que predica en 1979, “urjan sus derechos teniendo en cuenta que tanto Uds., como los patronos son personas humanas, hijos de Dios” (Homilía del 1º de mayo de 1979). Cuando Romero declara en 1950 que un mandatario injusto “no es digno de obediencia y el ciudadano debe obedecer primero a Dios” (O.A. Romero, "La Colaboración de la Iglesia", Semanario CHAPARRASTIQUE No. 1838, Págs. 1 y 4, 22 de septiembre de 1950), esto equivale a su insistencia en 1980 de que, “Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla; Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado” (Hom. 23/3/1980).  Etc.

De hecho, la única ruptura que cabe mentar es el quiebre que estamos marcando con la Teología de la Liberación. Resulta innecesaria tomarla en cuenta para explicar la “conversión” de Romero cuando se establece de que no hubo tal conversión de manera repentina o dramática. Es más, la opción preferencial por los pobres en Romero, se remonta a sus años en el seminario y antedata al surgimiento de esa corriente de los intelectuales católicos en los años 60. El pensamiento social de Romero estuvo nutrido por las cartas de los papas; y su identificación con los pobres surge naturalmente de sus estudios y prácticas ascéticas. Con el reconocimiento de la importancia de estos otros elementos, la Teología de la Liberación pierde trascendencia. Romero estaba al tanto de ella, y escribió sobre sus tendencias en los años 70. Pero el estudio formal de la Teología de la Liberación tuvo más relevancia para informar al clero que apoyó a Romero que al propio arzobispo. Su prerrogativa fue, “‘Sentir con la Iglesia’, que concretamente significa apego incondicional a la Jerarquía”. (O.A.R., 'Aggiornamento', CHAPARRASTIQUE No. 2981, Pág. 1, 15 de enero de 1965.)

Monday, April 18, 2011

THE SAN SALVADOR SERMON


In August 1976, Óscar A. Romero was invited to preach the sermon for the Feast of the Transfiguration, the national patronal feast of El Salvador. At the time, Romero was the Bishop of Santiago de María in rural eastern El Salvador and the sermon would provide an opportunity to speak at the San Salvador Cathedral for the largest celebration in Salvadoran life. The sermon would have been broadcast over the radio, giving the obscure bishop the largest audience of his life. And—given the fact that Romero was appointed Archbishop within a few months—it proved a star-making turn.  (This is an analysis of a recently published sermon which has only come on line within the last days.)

Bishop Romero used the chance to preach about the liberation inherent in the salvific message of Christ. Speaking gently, Romero reminded his audience that, because the Feast of the Transfiguration harkens to the founding of the country, the celebration was like the evocation of a “cradle song.” Revisiting that history, said Romero, was an opportunity to “face up to the question of whether our religious and national life is being constructed according to the solid coordinates” of Christian teaching. (O.A. Romero, El Divino Salvador: Quién es, Cómo es su Liberación, Cómo llega hasta nosotros su Obra [The Divine Savior: Who He is, what His liberation consists of, how His work reaches us], reprinted in DIARIO DE ORIENTE, Nos. 31001, 31005, 31006, 31007, 31008, 31009, August-October 1976, available here.) Romero then recalled that Pope Paul VI, meeting in Ordinary General Assembly with the Synod of Bishops in 1974, had acknowledged “the voice of the millions of sons and daughters of the Church” in the Third World who groan under the burden of “famine, chronic disease, illiteracy, poverty, injustices in international relations and especially in commercial exchanges, situations of economic and cultural neo-colonialism sometimes as cruel as the old political colonialism.” (EVANGELII NUNTIANDI, 30) The Church, Romero proclaimed, had a duty to attend to their “complete liberation.”

As he would as archbishop, Bishop Romero proposed the Divine Savior—the Transfigured Jesus—as the model of that liberation. “We do not have to go like beggars to atheist sources or to ones without a sense of Transcendence for our concept of Liberation,” Romero said. “Starting from our national origins,” he said, “God has favored us with His true message. It is there, in the innermost part of our faith and of our authentic national spiritual identity, where we find the light and the strength that the Divine Savior offers us for the effective liberation, promotion and transformation of our country.” And as the Pope and the bishops called for a “complete liberation,” Romero preached, “The liberation of Christ and of His Church, does not reduce itself to a merely temporal endeavor. Its objectives are not reduced to an anthropocentric perspective, to a material well-being, or to initiatives of a political, social, economic or cultural order.” Then he cautioned, “Much less can it be a liberation justified upon or which justifies violence.”

Instead, “complete liberation” includes these things (material well being, initiatives of a political, social, economic or cultural order) but goes beyond them. The Liberation of Christ and His Church “is a liberation that encompasses humanity in its entirety, in all its dimensions,” Romero declared, “and that includes being open to the Absolute, which is God.” Speaking in generalities, but without ambiguity, Romero said that the Church stands shoulder to shoulder with others who practice the acts of temporal liberation, adding its own contributions in the field of spirituality: “When it joins those who work for liberation,” Romero said, “the Church does not limit its action to the religious field, disassociating itself from the temporal problems of Mankind; instead, it reaffirms the primacy of its spiritual vocation.” The Church, he said, “does not substitute the proclamation of the Kingdom of God for the announcement of human liberations,” but its best contribution is to convert hearts. “The Church agrees,” he said, “that it is necessary to change existing structures for ones that are more just and more humane.” But, the Church is convinced, he added, that the new ones would revert to being unjust and inhumane if there was not true the profound conversion at the spiritual level that the Church is concerned with.

The sermon was a decisive, albeit conservative, pronouncement that revealed Romero’s evolving pastoral compass, attentive to the reality of his country and of his Church.

Background:

Romero's 'Transfiguration Theology' (Spanish)

Romero's final Transfiguration sermon (Spanish)

Criticism of Jon Sobrino in '76 Sermon

Wednesday, April 13, 2011

EL REVOLUCIONARIO DE DIOS *

Óscar Arnulfo Romero escribió que, “la Iglesia es la más auténtica revolucionaria de la historia”. (* “El Revolucionario de Dios” es el nombre de un antiguo sitio web sobre Mons. Romero.) La Iglesia, dijo Romero, predica obediencia siempre y cuando un mandatario sea justo, pero, “una vez salidos de ese cauce, el mandatario ya no es digno de obediencia y el ciudadano debe obedecer primero a Dios”, dijo Romero. Y advirtió: “en este caso la historia no conoce rebeldía ni revolución más valiente que la resistencia de la Iglesia...auténtica revolución de 20 siglos con incomodables páginas de sangre y persecución”. Escribió esto en el año 1950. (O.A. Romero, La Colaboración de la Iglesia, Semanario CHAPARRASTIQUE No. 1838, Págs. 1 y 4, 22 de septiembre de 1950. Los varios artículos citados están disponibles aquí.)

Así como una nueva exposición fotográfica está robusteciendo nuestro entendimiento de la “voz y mirada” de Óscar Romero y su sensibilidad por los pobres y marginados antes de llegar al arzobispado, las ponencias del Padre Romero publicadas en el semanario pastoral de la diócesis de San Miguel nos revelan a un sacerdote que va desarrollando su concientización social al pie de las notas de la Iglesia del Concilio. Es necesario hacer tres acertamientos en este sentido: Primero, el P. Romero no hace “la cuestión social” (como así él lo llama) un punto predominante, pero sí se refiere al tema en términos sorprendentemente parecidos al lenguaje de su predicación profética en San Salvador. Segundo, el P. Romero, como un buen novicio, no se aparta demasiado de la postura de sus superiores, los papas y los obispos. De hecho, el joven sacerdote nos da una increíble pista sobre su filosofía pastoral cuando nos indica, “lo mejor es vivir hoy más que nunca aquel clásico axioma: ‘Sentir con la Iglesia’, que concretamente significa apego incondicional a la Jerarquía”. (O.A.R., 'Aggiornamento', CHAPARRASTIQUE No. 2981, Pág. 1, 15 de enero de 1965.) Finalmente, el P. Romero habla desde una lectura fuertemente anti-comunista, como era la tendencia prevalente de esa época.

Haciendo hacia un lado estas modalidades de expresión que obedecen al contexto y a la coyuntura histórica de un dado momento, es muy notable el mensaje esencial que transmite el P. Romero. Desde sus primeras notas, Romero insiste que una religión que se limita a la interioridad espiritual y no impacta la realidad externa cotidiana de los fieles es una creencia que resulta, al final de cuentas, demasiado truncada. “Es que nos hemos acostumbrado a ver la religión como una cosa de sacristía y procesiones y escapularios”, escribe el P. Romero apenas tres años después de su ordenación sacerdotal: “no se nos ha enseñado que la religión es vida … que es engrandecimiento del ciudadano porque templa su voluntad, porque da a su cerebro un sistema que apoya en lo inmutable ... porque es comprensiva de todos los sentimientos humanos y capaz de solucionar todos los problemas de la historia”. (O.A.R., Para el Centenario del Seminario, CHAPARRASTIQUE No. 1554, Págs. 1 y 4, 19 de enero de 1945.)

Como lo haría al ser arzobispo, Romero analiza “la cuestión social” como una deficiencia en los valores espirituales: “la rebelde negación de lo sobrenatural ha llevado a los ricos injustos a olvidarse de aquel Dios que no es aceptador de personas cuando reclama la justicia”, insiste Romero. (O.A.R., Un santo antiguo prototipo del hombre moderno, CHAPARRASTIQUE No. 1562, Págs. 1 y 4, 16 de marzo de 1945.) Romero es contundente en reconocer y condenar las transgresiones de ‘los ricos injustos’: hay un sector que “lleva al campo un sentido de superioridad tan marcado que casi se diría que vivimos de nuevo la era de los amos y los esclavos”, dice Romero. “De esa desestima proceden las inicuas explotaciones y escándalos”. Y los ricos se dan lujos, denuncia Romero, “mientras el pobre cortador, mal pagado, duerme sin ilusiones, bajo el ajeno cafetal para digerir la grosera tortilla con frijoles- único sustento que para él tiene el patrón en toda la temporada”. (O.A.R., La Iglesia va al campesino, CHAPARRASTIQUE No. 1946 Pág. 1, 12 de diciembre de 1952.)

Aunque no se conocía en ese tiempo la frase “opción preferencial por los pobres”, el P. Romero deja claro su preferencia. “La iglesia va al campesino, generosamente para amarlo, para elevarlo y hacerlos sentir su grandeza de hijo de Dios y rey de la creación”, escribe el joven sacerdote. (Ibid.) Pero el P. Romero no se limita en acoger a los pobres, sino que pronuncia una fuerte condena de sus abusadores: “no poner mano de hierro a los abusos de los acaudalados y dejar en la misma miseria a la mayoría de los pobres y obreros es cometer una injusticia en la legislación”, asevera. (O.A.R., Justicia en la Constitución, CHAPARRASTIQUE No. No. 1819, Pág. 1, 12 de mayo de 1950.) Los “excesos en recta doctrina no se llamarían leyes sino violencias, y no hay obligación de obedecerlas en conciencia”, escribe Romero en palabras que nos hacen pensar de su última homilía (“Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla ...”). Finaliza diciendo, “la justicia no pide favores sino derechos”. (Ibid.)

Finalmente, Romero defiende, aún en esta época en que nadie lo podría tildar de “marxista”, las enseñanzas de la Iglesia contra acusaciones de ser comunista. “Como era de esperarse, la reciente Encíclica de Pablo VI que enfoca decididamente el auténtico progresos de los pueblos y fustiga la injusticia social a elevación internacional, tenía que encontrar muy diversas reacciones”, escribe Romero. (O.A.R., La ‘Populorum Progressio’, CHAPARRASTIQUE No. 3093, Pág. 3, 21 de abril de 1967.) “Del sector capitalista surgió inmediatamente el calificativo de marxista para la ideología de la ‘Populorum Progressio’,” escribe Romero. “Marxismo y capitalismo son dos extremos que han originado inmensos males económicos sociales”, analiza. “No podía el Papa buscar solución de un auténtico progreso de pueblos en ninguno de los dos sistemas”. Y Romero es franco en aceptar el atractivo del comunismo. “El comunismo aboga por una sociedad sin clases, justa y pacífica; el cristianismo también”, admite. (O.A.R., Marxismo y cristianismo, CHAPARRASTIQUE No. 2021, Pág. 1, 16 de julio de 1954.) “El comunismo tiene el sentido de las masas populares; el cristianismo también”. Sin embargo, Romero no los ve en equivalencia: “lo que los diferencia radicalmente es que esos mismos ideales se buscan por caminos muy diferentes; el comunismo pretende construir esa nueva civilización con sus solas fuerzas humanas ... Mientras que el cristianismo sostiene que es imposible ese nuevo orden sin contar con la justicia y la caridad de Cristo instaladas en las almas”. (Ibid.)

Para Romero, Cristo fue siempre el elemento imprescindible en la batalla contra la injusticia: “sin Cristo se destruirán ciertas injusticias, pero se entronizarán otras peores”. (Ibid.)

Sunday, April 10, 2011

The Secret Life of Óscar Romero


A few months before he was felled by an assassin’s bullet, Msgr. Óscar Arnulfo Romero entrusted his friend Mrs. Santos Delmi Campos de Cabrera a veritable treasure: a box containing some 400 slides of photographs of and by Archbishop Romero throughout his life. Thirty years later, the Museum of the Word and Image of San Salvador (MUPI, for its Spanish initials) has mounted an exhibit featuring fifty of the photographs. (Super Martyrio will occasionally run photographs from the collection if they are appropriate to the topic of a particular post but will not, out of respect for the exhibit, post them en masse. You may find selected galleries of the pictures here and here and here.) The images provide a glimpse into the hitherto unknown life of Óscar Romero and already seem bound to shatter many of the misconceptions and over-simplifications about Romero. Basically, they reveal that he wasn’t a square, nor was he cold hearted, as legend has it, only awakening to the plight of his country’s peasants during the last three years of his life.

There is a sort of hypothesis,” says Carlos Henríquez Consalvi, “that Monseñor Romero undergoes a sort of conversion in the last years of his life, that only then does he have a preferential option for the poor.” Henríquez Consalvi is the director of MUPI. “Nevertheless, these photographs show that it is not true, because from very early on he has a very special sensibility for the people, that not every priest is going to have.” (Eric Lemus, En fotos: Monseñor Romero inédito [In Photos: The Unpublished Archbishop Romero], BBC World, March 29, 2011.) Istead, the MUPI photos taken by Romero show a peasant woman bathing a naked baby using a recycled tin can. Another picture shows a toddler in blue overalls standing off center against a glossy, newly painted, red wall. A peasant woman riding a mare is shot from a moving car. Boys playing ball are frozen in time—one of them, flying through the air.

Surprisingly, Romero had an eye for photography. “In Romero the photographer, I notice something very important,” says Henríquez Consalvi: “no picture is poorly taken. If you go through them, you see that the framing is perfect; the light is perfect; no shot is wasted,” he argues. (Lemus, Id.) “He would turn the camera when the image was vertical. And he always looked for the human touch: the smile of the children, the faces of the patients in the hospitals.” (Id.) This was, after all, the priest who had written in his notes as a seminarian: “The poor are the incarnation of Christ. Through their tattered clothing, their dark gazes, their festering sores, the laughter of the mentally ill ... the charitable soul discovers and venerates Christ.” (J. Delgado, Romero, Un joven aspirante a la santidad [Romero, a young aspirant to saintliness], ORIENTACIÓN, Vol. LV Nº 5463, March 25, 2007.) These photographs teach the sermon that Romero would later preach to us using words: They show the “faces of landless peasants mistreated and killed by the forces of power, faces of laborers arbitrarily dismissed and without a living wage for their families, faces of the elderly, faces of outcasts, faces of slum dwellers, faces of poor children who from infancy begin to feel the cruel sting of social injustice.” (March 2, 1980 Homily.)

Apart from the fact that Romero turned his camera on children, on the sick, and on the inmates of the prisons he visited, he also took pictures of everyday events such as the construction of the San Salvador Cathedral (that he would later lord over) and the arrival of the San Salvador zoo’s elephant (which finally died last year). The pictures of Romero are equally revealing. One sometimes gets the impression from Romero biographies that Father Romero was not comfortable in his own skin. He is depicted as aloof, and bookish. He is described as a perfectionist who was hard on himself and on others. He sought counseling to cope with stress and was poor at making friends, alienating the rest of the clergy while he was in San Salvador. But, the pictures reveal a priest who appears happy and who is usually surrounded by friends and parishioners. The strict cleric is seen in civilian clothing (suit and tie, though). We meet Romero the tourist: at the Vatican, at the Trevi Fountain in Rome, at the Bridge of Sighs in Venice, and on a ship sailing toward the sunset. These photos help us to celebrate the life of Óscar Romero, even as we always remember and revere his martyrdom. The images give life to Romero’s words after assuming the archbishopric in 1977: “my life does not belong to me, but rather belongs to you.” (August 21, 1977 Homily.)

Sunday, April 03, 2011

LA COSECHA DE OTRO ANIVERSARIO



El 31° aniversario del asesinato de Mons. Romero ha traído avances significativos en la de-politización de la figura del mártir. Tanto los gestos reconocidos como fueron la visita del Presidente Barack Obama a la Tumba de Mons. Romero y la Declaración del Secretario General de la ONU Ban ki-Moon en homenaje a Mons. Romero, como también los acontecimientos menos apreciados como ha sido el crecimiento de la conmemoración del aniversario en países como la India, donde este año hubieron grandes conmemoraciones, han significado logros increíbles en la figura del mártir. A la par de todo esto va la estatura de Mons. Romero como un héroe cada vez más universal y menos polémico o controvertido.

Cuando el dirigente de ARENA Mario Valenti criticó la visita del Presidente Obama a la tumba de Mons. Romero diciendo que no todos en El Salvador apoyan su canonización, y que Obama debería visitar también la tumba de Roberto d'Aubuisson, nadie de la derecha salió a respaldar su punto de vista. El ex canciller de la República y ex precandidato presidencial de ARENA, Francisco Laínez, se apartó de la opinión de Valenti en una entrevista. Los editorialistas golpearon fuertemente tales opiniones divisivas. “Es aquí, en su propia tierra”, opinó la editorial de EL FARO, “donde se obstaculiza su ascenso a la santidad por grupos radicales de ultraderecha que continúan negando su legado, con el fin de evitar que, con el reconocimiento universal de su vida, se hable inevitablemente de su muerte, perpetrada por grupos paramilitares encabezados por el fundador de ARENA y el hijo del ex presidente Molina, y financiados por grandes empresarios salvadoreños, cuyas acciones continúan impunes”. (Editorial, La trascendencia de Monseñor, EL FARO, 28 de Marzo de 2011.)

Más revelador es el hecho de que los periódicos derechistas se sumaron a la unidad alrededor de Romero. “ARENA se sigue equivocando con grandilocuencia al mostrarse reacia a admitir, clara y honrosamente, la indiscutible dimensión ética de Monseñor Romero”, escribió el ex-director de CONCULTURA del partido de derecha y director de la Cámara de Comercio en un periódico derechista. (Federico Hernández Aguilar, Monseñor Romero y los miserables, EL DIARIO DE HOY, 29 de Marzo de 2011.) Otra opinión en el mismo periódico ultra-conservador ese mismo día comentaba la visita del Presidente Obama a la Tumba de Romero—lejos de insistir que debió haber visitado la tumba de d'Aubuisson—diciendo: “Nuevamente tiene que ser un extranjero el que nos enseñe el respeto y la admiración por un líder como lo fue Monseñor Romero. Y no cualquier extranjero, nada menos que el Presidente de la potencia más grande del mundo”. (Juan Valiente, La otra agenda de los Obama, EL DIARIO DE HOY, 29 de Marzo de 2011.) El gesto de Obama era “invitación a defender a los más débiles, a los injustamente perseguidos, a los históricamente desprotegidos”, reza el editorial. “La búsqueda de la justicia social y del respeto a los derechos humanos son signos de una democracia”. (Ibid.)

Aunque algunos activistas de izquierda entonaron una nota desafinada, la corriente dominante impuso un tono unificador. Un estudioso de las homilías de Mons. Romero declaró un mes antes de su propia muerte en vísperas de este aniversario de que, “Romero no es que sea progresista ... No es un Casaldáliga, pero a la vez va mucho más allá que un progresista. Los deja atrás a todos. Es una mezcla de lo antiguo con lo nuevo. Eso es lo que lo hace auténtico”. (Entrevista con Miguel Cavada, compilador obra de Mons. Romero, EL FARO, 23 de Marzo de 2011.) El embajador de El Salvador por el gobierno efemenelista ante el gobierno Sandinista de Nicaragua fue aún más directo al insistir de que Romero “[e]ra un ortodoxo que señaló de forma radical las causas de los sufrimientos que aquejaban a su gente”. (Juan José Figueroa Tenas, La estatura universal de Romero, DIARIO COLATINO, 24 de Marzo de 2011.)

Estas han sido algunas de las cosechas del 31° aniversario de Mons. Romero.

Wednesday, March 30, 2011

UN NUOVO CONCETTO DI OSCAR ROMERO

Ogni anniversario di Mons. Romero ci dà nuove comprensioni circa la sua persona. Questo anniversario passato non è stato differente. In primo luogo, la visita dal Presidente Obama alla Tomba ha presentato una figura di Romero più universale, e meno ideologica.

I commentatori ora situano Romero oltre alla politica. «Non è che Romero è un progressista» – scrive un erudito di Romero - «Non è un [vescovo brasiliano Pedro] Casaldaliga. È molto più di un progressista: Li lascia tutti dietro. È una miscela dell'antico e del nuovo». (Miguel Cavada, «Romero deja atrás a todos: la mezcla de lo antiguo con lo nuevo lo hace auténtico», El Faro [San Salvador], 30 marzo 2011.) Alcuni commentatori sono stati ancor più diretti. L'ambasciatore salvadoregno in Nicaragua dichiara: «[Romero] era un ortodosso chi ha indicato le cause della sofferenza del suo popolo in un modo radicale». (Juan José Figueroa Tenas, «La estatura universal de Romero», Diario Co Latino [San Salvador], 24 marzo 2011.)

L'anno scorso---dopo il trentesimo anniversario---abbiamo celebrato il Romero che conosciamo, o il Romero che pensiamo che conosciamo. Infatti, lo avevamo ridotto ad una versione bidimensionale di sè. Questo anno, eravamo più disposti a vederlo con nuovi occhi. Questo anno, il Romero che vediamo è più intero. Vediamo più dell'uomo. Non solo la sua denuncia ed il suo martirio, ma il resto della sua vita, anche.

Questo anno, un'esposizione delle fotografie sta mostrandoci una nuova dimensione della vita di Romero. Vediamo un giovane Romero che sembra felice ed equilibrato. Non è un malcontento o un antisociale. Sembra felice fra la gente, fra i bambini. Il più sorprendente, ha una dimensione artistica -- ha preso alcune delle fotografie. Sembra che un'altra parte di Romero sia anche risorto.

Altre note in Italiano in questo blog:

Perché beatificare lui
Romero e i Papi: Giovanni Paolo I
Romero e i Papi: Benedetto XV
Obama visita tomba di Romero
Il padre Rutilio Grande

Saturday, March 26, 2011

AFTER OBAMA (THE DELUGE)

He came, he saw ... he lit a candle. President Barack Obama, at his own initiative, visited the tomb of Archbishop Romero during his brief stop in El Salvador—the only outing outside of his official cortege, save for a visit to the U.S. Embassy—leaving behind a wake of snarled traffic and many unanswered questions. The one we will concern ourselves with here, is: Does Obama’s visit help or hurt the canonization cause, or even matter at all? For additional discussion, please see the post mortem in Tim’s El Salvador Blog.

The short answer is that Obama’s visit does not hurt, and that it does, in fact help, but only indirectly, Romero’s canonization cause. It does not hurt, despite the fact that the visit was a political act by a political leader, and we have been told for years that the “politicization” of Archbishop Romero has been impeding the progress of the canonization drive. Here, we must note the extreme care and discretion with which the President’s visit was handled. Obama did not (to the chagrin of the activists) go down to Romero’s Tomb to give a speech or otherwise make a big political statement. In fact (to the disappointment of the journalists present), Obama did not make a statement at all. He went to the Crypt, accompanied by the current archbishop, and lit a candle at Romero’s grave. The approach was delicate and respectful: the scene was not even broadcast live (to the frustration of television audiences). And, to the extent that Obama’s visit had political content at all, the message was reconciliation and overcoming the division and conflict of the past. For that reason, Obama’s visit does not hurt at all.

While Obama’s visit definitely did not hurt, it also did not help directly. That is, the fact that the President of the United States visits a would-be saint’s grave does not add weight to any of the considerations being deliberated in the Vatican to determine whether or not he is a saint. There is no credit for having friends in high places and, while the President of the United States may be “the most powerful man on earth,” he should not and does not wield authority over a religious process like a canonization cause. But this does not mean that Obama’s visit will not help at all. In fact, it should help in two important respects.

First, Obama’s visit is a high profile event: as Archbishop Escobar said, a “world event,” which can shape the world image of Archbishop Óscar Romero. The visit by a President of the United States strengthens and bolsters the idea that Archbishop Romero is being transformed into—or has already become—a universal figure, as opposed to a partisan figure that is attractive only to a narrow ideological sector. Secondly, and perhaps more importantly, Obama’s visit can help assure that the impression becomes the reality, and that Romero is accepted by a broad segment of the society, including the various political factions; and that the Left accedes to this process and stops using him as a proprietary symbol.

Obama’s visit provides a template of how this can be accomplished. Obama showed the Left that you can literally go down to Romero’s grave and bow your head and light a candle and that, even though you don’t shout slogans and have a sit-in, that act is symbolic enough that it will send an unmistakable signal of solidarity and empathy with Romero’s cause. On the other hand, it also showed the Right that there is a necessity to acknowledge the past, to pay respects to the victims, and to begin to celebrate the heroes who stood against repression and abuse. If the visit leads to some conversion—or, at least, some conversation—then it will do much needed good.

Thursday, March 24, 2011

SEPTEM SERMONES AD PAUPEREM 7
««Anterior | Siguiente»»

«Como Cristo...»
[Índice]

Google Translate
 
El 24 de marzo de 1980, “Monseñor Romero había amanecido con su sotana blanca”. (Jesús DELGADO Acevedo, Oscar A. Romero—Biografía, Ediciones Paulinas, Madrid, España, 1986.—Esta es una serie sobre las siete últimas homilías de Mons. Romero: Lea el texto de esta homilía en español acá y en inglés acá; escuche el audio acá.) Al ver que vestía su sotana de paseo, las monjas le preguntaron a donde iría y él les contestó, “A donde yo voy ustedes no pueden ir”. (Ibid.)

Las actividades de aquel día lo llevarían a la playa para una convivencia de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz (mejor conocido como “Opus Dei”), a una “misa entre campesinos, en una humilde iglesia consagrada a la Virgen de Lourdes en el cantón Calle Real, ubicado en el área rural del municipio de Delgado, a mitad de camino entre San Salvador y Apopa”, y finalmente a hacer su último examen de conciencia ante su confesor el P. Segundo Azcue, S.J., en Santa Tecla. (José Miguel CEJAS, Los últimos días de Óscar Romero, ConElPapa.com; Roberto VALENCIA, El amigo de Monseñor Romero, La Prensa Gráfica, 20 de marzo de 2011; James BROCKMAN, Romero: A Life [Romero, una vida]. Nueva York: Orbis Books, 1999, pág. 243.) El último compromiso que Mons. Romero tenía aquel lunes fue publicado en un aviso en el periódico que decía que la familia de la Sra. Sara Meardi de Pinto, fallecida un año atrás, “le invitan a la Santa Misa que oficiará el Señor Arzobispo de San Salvador, en la Iglesia del Hospital de la Divina Providencia ... a las 18 horas de este día”. (Carlos DADA, Así matamos a Monseñor Romero, El Faro, 22 de Marzo de 2010.) La Misa era íntima y sencilla, uniendo a la familia de la difunta y a algunas de las monjas del Hospitalito. (BROCKMAN, Op. cit., pág. 244.)

La lectura era del Evangelio de San Juan 12, 23-26: “si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, produce mucho fruto”. (Ibid.) A esta, Mons. Romero agregó una lectura del Vaticano II que reza, “La figura de este mundo, afeada por el pecado, pasa, pero Dios nos enseña que nos prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia, y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebasar todos los anhelos de paz que surgen en el corazón humano”. («GAUDIUM ET SPES», 39.) El fragmento recordaba lo que Mons. Romero había predicado durante las exequias del P. Octavio Ortiz Luna el año anterior: “la figura de este mundo pasa y sólo queda la alegría de haber usado este mundo para haber impulsado allí el reino de Dios”. (Homilía 21/1/1979.) El P. Octavio era uno de seis de sus sacerdotes asesinados que Mons. Romero había tenido que enterrar en los tres años de su arzobispado. (Los otros eran Rutilio Grande y Alfonso Navarro en 1977; Ernesto Barrera en 1978; y Rafael Palacios y Alirio Napoleón Macías en 1979.) “Pasarán por la figura del mundo todos los boatos, todos los triunfos, todos los capitalismos egoístas, todos los falsos éxitos de la vida”, había predicado: “lo que no pasa es el amor ... En la tarde de tu vida te juzgarán por el amor”. (Ibid.)

Ahora en la tarde de su propia vida, Mons. Romero habló del amor de la difunta por cuya alma se ofrecía la misa. “Recordamos pues”, dijo, “con agradecimiento, a esta mujer generosa que supo comprender las inquietudes y esfuerzos de su hijo y de todos aquellos que trabajan por un mundo mejor, y supo también poner su parte de granito de trigo en el sufrimiento”. Sus palabras recordaban una homilía al principio de su arzobispado sobre el martirio, que el Evangelio llama el “amor más grande” (Juan 15:13): “tener espíritu de martirio, es dar en el deber, en el silencio, en la oración, en el cumplimiento honesto del deber; en ese silencio de la vida cotidiana, ir dando la vida, como la da la madre que sin aspavientos, con la sencillez del martirio maternal da a luz, da de mamar, hace crecer, cuida con cariño a su hijo”. (Hom. 15/5/1977.)

Mons. Romero habló de la importancia de dar al trabajo social, tan necesario en aquella hora, una dimensión de trascendencia para hacerlo más duradero y valioso, “pues todo esto está redundando ahora, en esplendores de una corona que ha de ser la recompensa de todos los que trabajan así, regando verdades, justicia, amor, bondades en la tierra y no se queda aquí, sino que purificado por el espíritu de Dios”. Esto cuadraba con las últimas palabras que había pronunciado el día anterior en su misa dominical, en la que decía que su prédica no estaba preocupada solamente con una dimensión política, terrenal, sino con “la trascendencia que mira ante todo a Dios y sólo de Dios deriva su esperanza y su fuerza”. (Hom. 23/3/1980.)

La vida de Mons. Romero tuvo ciertos paralelismos con la vida de Cristo: ambos viven existencias relativamente anónimas, aprendices de carpintería, que culminan en ministerios públicos de tres años que son eminentemente destacados. Los dos entran en sus ministerios proféticos presagiados por un profeta asesor (Juan el Bautista, Rutilio Grande). Los dos son mal entendidos y perseguidos por sus predicaciones, que son interpretadas por los poderes temporales como una intervención subversiva en la política. Cristo reflexiona sobre su sacrificio en Getsemaní y Mons. Romero ora en su último retiro en Santa Tecla. Los dos superan sus dudas. Como Cristo, Mons. Romero estaba marcado para la muerte. (“Todo el tiempo en que Jesús está hablando, yo no puedo imaginarme que no va a ser matado … Si estás siguiendo la vida de Jesús de día a día, te debes estar diciendo, ‘Alguien va a matar a este hombre’,” John Dominic Crossan, FRONTLINE, “From Jesus to Christ” [De Jesús a Cristo], PBS, 1998, Primera Parte, Capitulo 4) Los periodistas y observadores extranjeros presentían y comentaban el destino de Mons. Romero: “Todos los que reportábamos sabíamos que sería asesinado”, asegura uno de ellos. (Christopher DICKEY, When Death Came For the Archbishop [Cuando la muerte llegó para el arzobispo], NEWSWEEK, 24 de marzo de 2010.)

Como Cristo, Mons. Romero enfrentó el momento de su Sacrificio con serenidad: Mons. Romero espió a los asesinos posicionándose a la entrada de la Capilla y al francotirador apuntándole con su rifle. Así lo confirman manchas en sus vestimentos indicativas “de una efusión repentina y profusa” debido a que “en los segundos anteriores a su muerte, Mons. Romero, habiendo visto a su asesino, sudó como una reacción natural al ‘shock’ y la anticipación de lo que estaba a punto de suceder”. (Stonyhurst Curator returns to San Salvador, ROMERONEWS, edición no. 3, enero del 2009.) “Que este cuerpo inmolado y esta Sangre Sacrificada por los hombres nos alimente también para dar nuestro cuerpo y nuestra sangre al sufrimiento y al dolor”, dijo, preparando la Eucaristía, “como Cristo—no para sí, sino para dar cosechas de justicia y de paz a nuestro pueblo”. El amigo de Mons. Romero, Mons. Ricardo Urioste también sostiene que Mons. Romero vio a sus asesinos en los segundos antes del disparo (Comentario de Mons. Urioste en la Celebración Ecuménica del Vigésimo Aniversario del Martirio de Mons. Romero en Catedral Metropolitana, 24 de marzo del 2000), algo que es lógico dado que Divina Providencia es una Capilla pequeña. Sin desmayarse ante a la muerte, Mons. Romero concluyo su oración con serenidad: “Unámonos pues, íntimamente en fe y esperanza a este momento de oración por Doña Sarita—y por nosotros”. En ese momento, estalló el disparo.

Mons. Romero había cumplido la “promesa” de sus notas en su ordenación sacerdotal de 1942:

Por tu Sagrado Corazón yo prometo darme todo por tu gloria y por las almas. Quiero morir así, en medio del trabajo; fatigado del camino, rendido, cansado... me acordaré de tus fatigas y hasta ellas serán precio de redención, desde hoy te las ofrezco. Señor Jesús, por tu Corazón y por las almas: promitto [prometo].
(Jesús DELGADO Acevedo, Romero, Un joven aspirante a la santidad, ORIENTACIÓN, Vol. LV Nº 5463, 25 de marzo del 2007.)

Tuesday, March 22, 2011

OBAMA

U.S. President Barack H. Obama visits the Tomb of Archbishop Óscar A. Romero in the Crypt of the San Salvador Metropolitan Cathedral on Tuesday, March 22, 2011, two days before the 31st anniversary of Archbishop Romero's assassination. • El Presidente de Estados Unidos Barack H. Obama visita la Tumba de Monseñor Óscar A. Romero en la Cripta de la Catedral Metropolitana de San Salvador el martes 22 de marzo del 2011, dos días antes del 31° aniversario del asesinato de Mons. Romero. • Il Presidente degli Stati Uniti Barack H. Obama visita la tomba dell'arcivescovo Óscar A. Romero nella cripta della cattedrale metropolitana di San Salvador il martedì 22 marzo 2011, due giorni prima del trentunesimo anniversario dell'assassinio di Mons. Romero.

[THIS WEEKEND: Complete analysis of the Obama visit.]