Wednesday, November 21, 2012

EL ESCAPULARIO DE MONS. ROMERO

 
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Mons. Romero murió vistiendo un escapulario de la Virgen del Carmen, en una capilla de un hospital operado por monjas carmelitas, del cual había sido capellán y benefactor por varios años, y tras su martirio ha sido asumido a las entrañas de la “familia carmelita”, que conserva su retrato en la sala de conferencias de su Curia General, y el Superior General de la Orden alaba su memoria.  (Sitio web de la Orden.)  La orden también ha interiorizado el mensaje que el obispo mártir les dirigió en una visita pastoral a la Iglesia del Carmen de Santa Tecla en 1977 (Foto).  (Este es una ponencia en la serie sobre los grandes sermones de Mons. Romero. Leer el texto de la homilía en español aquí, en inglés aquí, y oír la grabación de la homilía aquí.)

El contexto de aquel sermón del sábado 16 de julio de 1977, como el de tantas homilías de Mons. Romero, fue dramático.   Era todavía el arzobispo nuevo, pero su trayectoria había sido tumultuosa.  En marzo había sido asesinado el P. Grande; en abril había estrenado su primera carta pastoral «La Iglesia de la Pascua», en mayo había rezado misas fúnebres para un canciller asesinado y otro sacerdote (el P. Navarro).  Ahora, Mons. Romero procuraba regresar a lo espiritual.  El domingo anterior, por ejemplo, había predicado una homilía titulada «LaInterioridad», y el siguiente día su homilía dominical llevaría el titulo «LaOración».  Es decir, Mons. Romero intentaba pivotar hacia una línea tradicional.  En este empeño, nos dice su biógrafo, Mons. Romero era “como el dueño de casa de la parábola evangélica, que saca cosas nuevas y viejas de su tesoro”.  Mons. Romero pretendió sintetizar la tradición con la renovación del Concilio Vaticano II: “Romero combina lo nuevo y lo viejo, tomando la piedad sencilla de la gente devota como un punto de partida y los lleva a una comprensión más profunda y más culta de la Escritura y las enseñanzas de la iglesia”.  (BROCKMAN, Romero: A Life [Romero, una vida]. Nueva York: Orbis Books, 1999, pág. 75.)  Este era el objetivo de la homilía carmelita.

Mons. Romero abre su homilía con un punto de urgencia—las homilías de Mons. Romero, no por ser espirituales se volvían teóricas o abstractas.  Recuenta la historia de San Simón, a quien la Virgen le presenta el Escapulario del Carmen según la leyenda, y nos recuerda que ante una persecución de los carmelitas, San Simón le pidió a la virgen un signo de protección y Ella le dio el Escapulario.  Por eso les digo, hermanos”, dice monseñor, “en esta hora de 1977, que todos conocemos como una hora de persecución a la Iglesia; con sus sacerdotes asesinados, expulsados, torturados”, la Iglesia salvadoreña también “levanta los ojos a la Virgen y le pide una señal de protección”.  Mons. Romero alza una plegaria en especial por los jesuitas, cuyos miembros habían estado en el blanco del “parte de guerra no. 6” de la célula terrorista de ultra derecha Unión Guerrera Blanca.  (Cabe mentar que después de esta “oración de súplica” por Mons. Romero por una “una señal de protección” a su Iglesia, no hubo otro asesinato de sacerdote por el resto del año ni por la mayor parte del año siguiente.)

En el resto de su homilía, Mons. Romero nos habla del Escapulario como un signo de protección en esta vida y en la próxima, pero también como un signo de compromiso espiritual.  Si el santo Escapulario es un mensaje de la eternidad, un mensaje de lo escatológico, del más allá”, declaró el profeta salvadoreño,  el Escapulario también es un mensaje del más acá”.  Esas palabras como que resumen todo el argumento con una elocuencia devastadora: “el escapulario es también un reclamo de esta tierra, del cumplimiento de los deberes en este mundo”, dice monseñor.  Y cuando la Iglesia reclama una sociedad más justa, unas riquezas mejor distribuidas, una política más respetuosa de los derechos humanos, la Iglesia no se está metiendo en política, ni se está haciendo marxista-comunista”, insiste.  La Iglesia está diciéndoles a los hombres lo mismo que el Escapulario: sólo se salvará aquel que sepa manejar las cosas de la tierra con el corazón de Dios”.

Otra forma de entender el poder del Escapulario es desde del punto de vista de lo que significa la salvación, explica monseñor.  Desde esta óptica, no debemos malentender la promesa de protección del Escapulario.  No está ofreciendo meramente la salvación del alma, desprendida de la salvación integral que quiere Dios.  No vas a salvar tu alma sola; es que el Concilio dice: no basta salvar el alma. Es [necesario] salvar al hombre; alma y cuerpo, corazón, inteligencia, voluntad”.  La salvación integral también busca no solo salvar al hombre en el sentido individual pero también salvar a toda su humanidad: “Es todo un mundo, decía Pío XII, el que hay que salvar de lo salvaje para hacerlo humano, y de humano, divino”.  Tampoco es el Escapulario un talismán que se puede poner un feligrés para evadir sus obligaciones como cristiano.  Un carmelita que llevara el Escapulario” presumiendo que tiene una garantía de salvación que lo libera de la obligación de hacer el bien, advierte Romero, “no se salvará”.  El que quiera apartarse de la obligación y del compromiso que el Escapulario implica se lo está arrancando: “Cuántos pecadores que se confiaron así temerariamente a la hora de morir se arrancaron el Escapulario y murieron sin el Santo Escapulario”. 

En su Mensaje a los Carmelitas, el Beato Papa Juan Pablo II confirmó el mensaje de Mons. Romero en su humilde homilía.  Quien se reviste del escapulario”, dijo el papa, experimenta el “compromiso diario de revestirse interiormente de Jesucristo y de manifestarlo vivo en sí para el bien de la Iglesia y de toda la humanidad”, como la Virgen.  Así pues, son dos las verdades evocadas en el signo del escapulario”, explicó el santo padre.  Por una parte, la protección continua de la Virgen santísima”,  y por otra parte “la certeza de que la devoción a ella no puede limitarse a oraciones y homenajes en su honor en algunas circunstancias, sino que debe constituir un ‘hábito’, es decir, una orientación permanente de la conducta cristiana, impregnada de oración y de vida interior, mediante la práctica frecuente de los sacramentos y la práctica concreta de las obras de misericordia espirituales y corporales”.

Las palabras del pontífice hacen eco del mensaje de Mons. Romero:El Escapulario de la Virgen, pues, no puede apartarse del Evangelio de Cristo, y la Virgen no puede decir una cosa distinta de la que dice la doctrina de la Iglesia, porque la Virgen es un miembro de la Iglesia, Madre de la Iglesia, y no tolerará nada que se predique o se haga contra la Iglesia”.

Este es el contenido que los carmelitas han recogido de la prédica de Mons. Romero.  Es un mensaje que les asegura que su Escapulario no es un amuleto de la superstición, sino una pieza de devoción que le recuerda a la orden carmelita y a todos los fieles la vigencia y actualidad de la misión de servicio que la Iglesia lleva al mundo actual.  Los carmelitas, como otras órdenes, se han esmerado por hacer actual su misión espiritual.  El sacerdote carmelita John Welch, en sus apuntes espirituales, profundiza sobre la línea pastoral, la espiritualidad y el martirio de Mons. Romero como un reflejo de la espiritualidad carmelita en el sentido del servicio que requiere el mundo actual.  «Seasons of the Heart» (“Estaciones del Corazón”), WELCH, O.Carm.

Si la Virgen hablara a un Simón Stock de 1977 al darle el Escapulario”, subrayó Mons. Romero, “le diría: Todo aquel que lleva el escapulario tiene que ser un hombre que ya vive su salvación en esta tierra … desarrolla[ndo] sus capacidades humanas para el bien de los demás”.

Thursday, November 15, 2012

THE MARTYRS PROJECT

 
 
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The first single from The Project’s album “Martyrs Prayers is a heartfelt tribute to Archbishop Óscar Romero called simply, “Romero.”  The unique and inspired album pays tribute to martyrs ancient and new from various Christian denominations.  In addition to Romero, whose tribute song also appears in Spanish and Portuguese (the only martyr so honored among those selected), the album features songs about Saints Thomas Becket, Ignatius of Antioch, the martyred Pope Clement, Carpus of Pergamum, Quirinus of Neuss, Sadoth of Seleucia, the orthodox Maria Skobtsova and the Lutheran Dietrich Bonhoeffer. 
The selections reflect the diversity of the contributing artists who include Roman Catholics and Evangelicals, Methodists and Anglicans as well as varying political persuasions.  The result is an honest, earnest and authentic vision that strikes a fitting balance between celebrating the inspiration that martyrs give to us, while sounding an appropriately wistful, melancholy note, acknowledging the inevitable lamentation for what humans can do to the best among us.   The album’s promotional materials focus on the provocative question, “What would you die for?”—a question the album’s music seeks to address.  The special edition CD that debuted this month includes a wealth of information in liner notes, biographies and resource materials.  The Rev. Taylor Burton-Edwards, Director of Worship Resources for the United Methodist Church, has said that the artists’ work presents “the challenge and the opportunity... to dwell in all the riches of prayer, music, art and the drama of liturgy and ritual itself of the entire church in every place, riches all ours to learn from and to share.”

The video for the Romero tribute piece features Michael Glen Bell playing acoustic guitar and singing the lyrics adapted by Bell and Duane W.H. Arnold from Romero’s own words.  The lyrics are taken from remarks attributed to Romero by the Guatemalan journalist José Calderón Salazar, who interviewed him on March 11, 1980 for the Mexican newspaper Excelsior, just two weeks before his death.  By this time, Romero had come to terms with the fact that he would likely be killed because of his role denouncing atrocities and a pastoral line that some saw as provocative or partisan—accusations that Romero energetically rejected, insisting that he was only following the Gospel to its necessary end.  Some of that tension is captured in the song and its music video—directed and edited by Owen Thomas.  The video cuts back and forth between the peaceful footage of Bell playing the soulful but strident ballad in a bare chapel, reminiscent of the Divine Providence Chapel where Romero was killed, and stock footage of the Salvadoran upheaval (rendered in black and white), including images of Romero and Romero’s funeral.  The tension mounts as the song’s intensity quietly rises over its repetitive refrain:
Let my blood be a seed of freedom/Let my blood be a seed.
Mr. Arnold, who may be seen as the driving force behind the tribute, is familiar with the Romero story and the Salvadoran war, and authored a book called “Prayers of the Martyrs,” which nourishes the spirit, if not the actual content of the album.  My wife, Janet, for a number of years was VP of a Jesuit institution,” Arnold told Super Martyrio.  She made trips to El Salvador and UCA and, for several years, took part in the vigils/protests at SOA at Ft. Benning.”  This grounding in the real world only seems to heighten the song’s credibility in its spiritual aspirations: there is nothing manipulative or partisan about its message or tone.  We hope by this CD to give greater exposure to Romero and the martyrs within that wider audience of evangelicals, Anglicans and Roman Catholics—especially those who are younger and have no living memory of the events of 1980,” Mr. Arnold said.

He has made a splendid foray for a noble cause.

See also:
Other Romero inspired art
Controversial mural in San Salvador

Tuesday, November 13, 2012

«SANGRE y SUDOR»

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Las reliquias de Mons. Romero conservadas en Hospitalito de la Divina Providencia en San Salvador dan constancia de su martirio y nos recuerdan su predicación de que entrar en el sacerdocio de Jesucristo implica asumir «estola de sangre» y «casulla de dolor».  (Homilía del 21 de enero de 1979.)  Las reliquias también nos hablan de su santidad, y de la fe de sus seguidores.  En un reciente discurso presentado en tres ciudades británicas, Jan Graffius, una experta en la conservación de objetos sagrados que ha trabajado para preservar los vestimentos de Mons. Romero en el Hospitalito, habló sobre su labor.

La catedrática, del colegio Stonyhurst de Lancashire, Inglaterra (fund. 1593), describe en gran detalle la condición actual de los vestimentos litúrgicos que monseñor vestía aquel 24 de marzo de 1980, cuando fue asesinado (ver Foto), y lo que estos nos dicen sobre los detalles dramáticos de su muerte.  Graffius cuenta como, al llegar al Hospitalito, encontró la sotana y la casulla de Mons. Romero colgadas en una misma percha para ser exhibidas en la forma que eran vestidas una prenda sobre la otra.  Sin embargo, esta forma de colgar los vestimentos, en un mostrador improvisado que dejaba ventilar el aire, no era lo más idóneo para conservar las prendas, ya que el abastecimiento de oxigeno permitía que microbios que consumen las proteínas (como la sangre en estado de descomposición) se crearan en la tela de los artefactos.  Este punto de entrada clínico, casi forense, que buscaba solamente conservar las telas, la trajo a Graffius cara a cara con el hecho central de las reliquias: la evidencia del martirio de Mons. Romero—las inmensas manchas de sangre y de sudor sobre los vestimentos, y otras evidencias de la violencia y crueldad de aquel día.  (De hecho, el título de su discurso es precisamente, “Sangre y sudor: el testimonio de las reliquias de Romero”.)

La eficacia del asesinato se puede medir en la tela, que da constancias de una intrusión mínima que logra el impacto máximo.    Graffius quedó impresionada con las dimensiones diminutas, casi quirúrgicas de las aperturas que la bala hizo en las dos prendas: las marcó con un pequeño agujero, casi indistinguible entre las telas de los dos vestimentos.  Para Graffius, la nitidez de la entrada del proyectil es evidencia de la puntería experta del asesino que logra apuntar su arma directamente al corazón de Mons. Romero, hecho que se evidencia por otra apreciación de Graffius—la gran cantidad de sangre que rodea la minúscula perforación de la bala.  Las prendas también guardan espeluznantes detalles sobre el drama de aquel momento, dice Graffius, contando que encontró unos depósitos que ella pensó que eran de moho, que resultaron ser cristales de sal, residuos de sudor.  Al encontrar mayores concentraciones debajo de las rodillas de los pantalones, los expertos analizaron que Mons. Romero, al haber visto al francotirador, tomó la opción de no correr ni esconderse, y que la emoción—quizá el terror—del momento le causó una torrente de sudor que descendió por su cuerpo, empapándole la ropa.

Así como las reliquias dan constancia de la muerte del arzobispo, los vestimentos y otros objetos conservados en el hospitalito también nos hablan de la sencillez de su vida cotidiana.  Todos los artefactos requieren trabajos de conservación, dice Graffius, poniendo como ejemplo los alzacuellos sacerdotales, que dice son muchos, pero todos se encuentran en estado de deterioro y necesitados de su intervención.  Los vestimentos cotidianos de Mons. Romero—incluyendo la sotana y la casulla en que murió—eran de confección simple, dice Graffius, porque eran los que monseñor utilizaba para rezar la Misa todos los días, y no eran de tan alta calidad como los que usaba para predicar la Misa en Catedral.  La ropa que vestía debajo de su hábito religioso eran prendas hechas a manos dice Graffius—una muestra de la generosidad de la gente que lo rodeaban, porque no era ropa cualquiera comprada en un almacén, ni tampoco era el trabajo de un diseñador de modas sino que ropa casera, hecha a mano con sencillez.  Quizá el punto mas gracioso que menciona Graffius es que monseñor solo tenía tres pares de calcetines: “uno puesto, uno en la lavandería, y uno en la gaveta”.

El inventario de pertenencias que hace Graffius encaja con las apreciaciones que otros han hecho sobre el estilo de vida de Mons. Romero.  La auditoría realizada por el Socorro Jurídico del Arzobispado tras su asesinato concluyó que monseñor “era un hombre que vivía en la pobreza.  No tenía nada. La propiedad más valiosa era el anillo arzobispal”.  (F. Meléndez, EL FARO.)  Según el resumen post mortem de sus bienes personales, lo único que se encontró fue su coche Toyota “Mil”, una radio de onda corta, una maquina de escribir, y sus libros.  (Id.)  Los muebles de su habitación, que todavía se conservan en la Casita donde vivió en el campus del Hospitalito, eran simples también.  Aparte de una silla mecedora, se puede apreciar una cama.  Las camitas de él eran de las que vendían en el mercado, de hierro, sencilla”.  (Id.)

Según el P. Thomas Greenan, “Romero se sitúa en la tradición patrística episcopal de san Basilio Magno de Capadocia”.  (Greenan,1998.)  San Basilio—nos dice el Papa Benedicto XVI—fue un santo que, “Como obispo y pastor de su vasta diócesis ... denunció con firmeza los males; se comprometió en favor de los más pobres y marginados; intervino también ante los gobernantes para aliviar los sufrimientos de la población”.  (Audiencia del 7 de julio del 2007.)  El Papa elogió a este santo del siglo IV por su valentía, “enfrentándose a los poderosos para defender el derecho de profesar la verdadera fe”.  (Id.) El P.  Greenan resalta que, “monseñor Romero vivía una vida de sencillez y de austeridad”.  (Greenan, supra.)  Apuntando la “base ascética” de la filosofía de monseñor, Greenan nota que “Parecido a Basilio, quien residía en un instituto para hospedar a los pobres, monseñor Romero residía en un simple cuarto dentro de los confines de un hospicio para mujeres moribundas de cáncer”.  (Id.)  Según Greenan, este modo de vida personal fue la base espiritual desde cual Mons. Romero podía denunciar las injusticias de los ricos y los poderosos con autenticidad.

Al final del discurso de Graffius, Mons. Terence Drainey, obispo de Middlesbrough, dirigió algunas palabras a la asamblea, e hizo un comentario de que las fotos de la ropa ensangrentada de Mons. Romero le hacían pensar en el Sudario de Turín.  Precisamente, de eso se trata, ya que las reliquias de un mártir nos remontan al sacrificio salvífico de Jesús.  En su discurso, Graffius recordó las cantidades de personas que acudían a ver las reliquias de Mons. Romero durante el tiempo que estuvo trabajando con ellas, y la experiencia mística que estas personas buscaban.  También aludió al hecho de que los vestimentos han sido cortados y que muchos pedazos se han obsequiado a diversas iglesias, incluso en Inglaterra, donde los fieles las custodian celosamente y con mucha reverencia.  Aunque ahora prevalece la idea proteger las piezas más sagradas, otros objetos han sido distribuidos a varias instituciones por todo el mundo.

Tradicionalmente, las reliquias se dividen en tres tipos.  En el caso de Mons. Romero, las del primer grado contienen la sangre del mártir.  Las del segundo grado son otras pertenencias propias de Romero, usadas por él en vida.  Y las del tercer grado son las que han tocado las reliquias del primer grado o su tumba.  Todas son luces espirituales que nos iluminan nuestro camino para seguir los pasos de monseñor, que vislumbran su martirio (las primeras), su santidad personal (las segundas) y nuestra propia fe (todas estas).


Ver también:



Friday, November 09, 2012

MSGR. ROMERO & VATICAN II

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It has been 50 years since the Roman Catholic Church embraced a renewal of purpose which took the faithful from hearing Mass in Latin to celebrating it in their native tongues and inspired some bishops, like Óscar Romero, to denounce injustices as an important component of preaching the Faith.  In his 2005 Christmas remarks to the Roman Curia, the then new Pope Benedict XVI discussed the legacy of the Second Vatican Council (as the reform program is called) in terms of how it is interpreted.  We can either view the Council through the correct prism of reform and renewal, he said, or we can erroneously read it as a rupture with tradition—which the Pope called, in a famous turn of a phrase, the “hermeneutic of discontinuity.”

Archbishop Romero has correctly been described as “a Martyr of the Council.”  (See, J. Filochowski, 2012.)  But, did Romero understand the Council to authorize a break with the core tradition of the Church?  Romero was firm that the Council did not bring an abrupt rupture, but rather an updating of assumptions.  This does not mean that the Church has broken with twenty centuries of tradition,” he said, “but rather that she has evolved with these modern times.”  (May 8, 1977 Homily.)  Romero reaffirmed his rejection of the “hermeneutic of discontinuity” in his famous last sermon, delivered the day before he was killed (and understood to be the reason he was killed).  When dealing with the changes in the Church,” Romero said, “we need to ask God for the grace that will enable us to embrace these changes in a way that will allow us to understand the present reality without betraying our faith.”  (Mar. 23, 1980 Hom.) Because “we are firmly anchored in the heart and the faith of Jesus Christ,” he said, and “this does not change.”  (Id.)

Benedict told the Roman Curia in 2005 that the “commitment to expressing a specific truth in a new way demands new thinking on this truth and a new and vital relationship with it,” but that the bishops must continue to present that truth in “faithful and perfect conformity to the authentic doctrine.”  The Pope emphasized that, “Through the Sacrament they have received,” bishops are the “stewards of the mysteries of God” and are required to “to administer the Lord's gift in the right way.”  And for his part, Romero similarly hung his hat, so to speak, on preaching authentic doctrine.  With all the power that my sacred ministry gives me, as a sacred trustee of the Word of God and the Church’s teaching,” Romero said, he urged the faithful to “consolidate ourselves as Church under the light of this authentic doctrine.”  (May 15,1977 Hom.)  Romero saw Vatican II as a continuum that harkened back to the apostolic era and he compared it to the Council of Jerusalem, described in Acts of the Apostles in the New Testament.  Vatican II, like the Council of Jerusalem, is responding to the needs of our time,” he said. (Id.)

Romero also disavowed a “hermeneutic of discontinuity” with respect to his own ministry.  We begin by asking if these evident changes of the modern Church are a betrayal of the Gospel or changes demanded of her in order to be faithful to the Gospel,” he asked in 1977.  (Aug.6, 1977 Hom.)  He answered the question in the text of his second pastoral letter, issued that same day: “Far from betraying the Gospel, [the Archdiocese] has done no more than fulfill her mission,” he said.  She has spoken out about events in this country precisely because she is interested in the good of each and every individual. This has been required of her for the defense of human rights and for the salvation of souls.”  (Romero. The Church: The Body of Christ in History.)

Pope Benedict told the Roman Curia about a related concern with respect to the “hermeneutic of discontinuity” which comes into play when Catholics cite to “the Spirit of the Council” but ignore the precise formulations of the Council’s texts.  The hermeneutic of discontinuity risks ending in a split between the pre-conciliar Church and the post-conciliar Church,” the Pope said.  It asserts that the texts of the Council as such do not yet express the true spirit of the Council” because they are the results of back-room dealing during the Council which ended up unwittingly keeping in place “many old things that are now pointless.”  Those who hold that view, Benedict noted, would argue that it is “necessary to go courageously beyond the texts” to really accomplish the Council’s intended reforms.  But Benedict rejects that interpretation, saying that the Council was not like a constitutional convention (a “constituent assembly”) for a new Church, because the Council Fathers lacked authority to constitute a new Church, as “the essential constitution of the Church comes from the Lord.” (Id.)

Whenever he justified his actions based on the Council, Romero always focused on the language of the specific texts, citing to individual passages and encouraging the faithful to become familar with the documents: “Study them and see the richness of their spirituality.”  (5/77 Hom., supra.)  One estimate of Romero’s citations of just one Council document, «Gaudium et Spes»—the pastoral constitution on the church in the modern world—is that Romero cited it over 300 times in under 200 sermons.  (Filochowski, supra.)  Romero explained, while he made a typical citation to the Council texts that, “I also want to refer to the documents of the Second Vatican Council because these have become the great law that are now part of our Christian life.”  (Oct. 28,1979 Hom.)  Thus, it is clear that, in citing the Council, Romero was guided by the actual texts.  For example, when he preached about ‘censu fidei’—the Council’s teaching that says that lay persons are endowed with prophetic gifts, he did it by citing the Council text and relating the message to a traditional saint.  Celebrating the Feast of St. Catherine of Alexandria, Romero said, “My sisters and brothers, this beautiful example of your patroness leads me to reflect on a page from the Second Vatican Council and apply it to you who are participating in this holy Mass in the parish chapel ... to honor St. Catherine.”  (Nov. 25, 1977 Hom.)  He then recited the Council verbatim and explained the application of the teaching to the congregation.

In a more recent writing, Pope Benedict has noted that one of the most important insights of the Second Vatican Council comes from a lesser-known document dealing with religious freedom and the Church’s relations with the State.  That relationship was grounded on Christ’s counsel to ‘give Caesar what is Caesar's and God what is God’s’ (Matthew 22:15-22.) and was forged during the experience of the early Church: “Christians prayed for the emperor, but did not worship him,” the Pope said.  (A. Tornielli, LA STAMPA.)  That early reality found an echo in the post-Conciliar world, Benedict observed: “It was certainly providential,” he wrote, “that thirteen years after the conclusion of the Council, Pope John Paul II arrived from a country in which freedom of religion had been denied by Marxism, in other words by a particular form of modern philosophy of the State.”  Many observers have seen a parallel between the reality John Paul faced in his native Poland under Communism, to the persecution of Christians under rightwing regimes like the experience of Óscar Romero’s Church.

In sum, that is the essence of Romero’s experience: a bishop who was killed for trying to apply the precise teachings of the Council to a reality that had been precisely defined by the Council—he is a Martyr of the Council in the fullest sense of the term.

Thursday, November 08, 2012

LA RUTA ROMERO

 

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La ruta turística dedicada a Mons. Romero anunciada por el Pres. Mauricio Funes y el ministro de turismo de El Salvador José Napoleón Duarte, reúne sitios con significado para la vida del prelado con puntos de interés comercial, y deja a un lado algunos lugares de vital relevancia al obispo mártir.  Entre los sitios que quedaron afuera del recorrido oficial, sobresaltan: Ciudad Barrios, donde nació Romero; Anamorós, su primera parroquia; San Miguel, donde trabajó como sacerdote por un cuarto de un siglo; y Santiago de María, su primera diócesis como obispo.  Pero quizá la omisión más significativa sería El Paisnal, lugar del asesinato del P. Rutilio Grande, cuya muerte estremeció—y, según algunos relatos—radicalizó el pensamiento del arzobispo.  Mons. Romero visitó el pueblito una y otra vez durante su arzobispado como una piedra de toque.

No obstante estas omisiones—seguramente forzadas por limitantes como son la necesidad de completar la trayectoria en un corto tiempo, y de combinar lugares ubicados dentro de cierta cercanía en una lógica de local—la ruta señalada por el Ministerio de Turismo es una buena opción (ver video).  Al centro de la ruta oficial se encuentran cuatro iglesias: la Catedral Metropolitana; el templo céntrico, histórico de El Rosario; la basílica neo-gótica del Sagrado Corazón; y la capilla del Hospitalito de la Divina Providencia.   Estas forman los extremos de una gran cruz que abarca San Salvador y también la vida espiritual de Romero como arzobispo.  Desde la inmensidad de la Catedral hasta la intimidad de la Divina Providencia, queda marcada la vida cotidiana y el trabajo esencial de Romero, quien vivió y murió en el campus del hospital para cancerosos de la Divina Providencia y trabajó en la Catedral.  También hubiera cabido en este recorrido una visita a la iglesia San José de la Montaña, anexa al seminario mayor, donde Romero fue instalado como arzobispo, y desde donde Romero ejerció un interés en la formación de sacerdotes desde los años 70 hasta los tiempos de su arzobispado.  Ubicado cerca de dos puntos comprendidos en la ruta oficial—el monumento al Divino Salvador del Mundo y el Hospitalito Divina Providencia—sería oportuno visitarlo extraoficialmente durante el tour.

Aparte de estas iglesias que forman el círculo interior del recorrido, figuran dos categorías de sitios incluidos en el tour.  Una es la atracción histórica u/o académica, que sirve para dar contexto a las demás.  La más típica de estas es el Museo Antropológico, que nos ubica en la historia; o el Centro Romero en la Universidad Centroamericana, que nos presta contexto teológico para saber comprender lo que estamos viendo.  Pero no es meramente académica la perspectiva que sitios como este nos dan.  La Universidad fue el sitio de la peor persecución en contra de la iglesia, la Masacre de la UCA de 1989, en cual seis sacerdotes fueron asesinados en una sola noche, y simbólicamente se acribilló “otra vez” un retrato de Romero en una sala central.  El santuario sobre Mons. Romero de las Hnas. Chacón no es solo una exhibición cualquiera, sino una oportunidad para conversar con personas que fueron amigas del arzobispo a través de muchos años y quienes lo conocieron de maneras que un museo o libro no pueden adecuadamente expresar.  Y la última categoría es la atracción meramente turística: el monumento al Divino Salvador, el Palacio Nacional, el Paseo El Carmen, etc.  Pero la lógica del lugar requiere que se ahorre tiempo y se aproveche la oportunidad, y de todos modos estos lugares no son del todo ajenos, ya que han sido seguramente visitados por Monseñor.

Finalmente, vale la pena reiterar por que son importantes estos sitios.  Los lugares de los santos han atraído a peregrinos desde la antigüedad, porque al caminar los pasos que han seguido los santos, podemos centrarnos sobre la realidad de sus vidas y de sus sacrificios y no quedarnos fijados solo en la superficie, viendo a iconos sin llegar a comprender como esa vida ha encarnado en una realidad.  Lugares en Europa tales como Santiago de Compostela en Galicia, España, y Canterbury en Inglaterra, han sido el enfoque de cuantiosas peregrinaciones en siglos pasados, mientras que en la edad moderna ya existen sitios que parecen seguir sembrando la ruta de una Iglesia Peregrina.  En ese sentido, es necesario constatar que la ruta Romero no es una creación del ministerio de Turismo, sino que una ruta espiritual trazada originalmente por los fieles y seguidores de Mons. Romero, cuya existencia está siendo avalada y reconocida por el estado.

Friday, October 12, 2012

«AB. ROMERO CITY TOURS»

 

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The President of El Salvador, Mauricio Funes, announced that his country’s Tourism Ministry will promote an “Archbishop Romero City Tour” of San Salvador as part of a larger effort to promote tourism in El Salvador.  Funes made the announcement in the Crypt of the San Salvador Metropolitan Cathedral where Romero is buried, one of the ten locations to be featured in the Romero tour, visited by U.S. President Barack Obama last year.  Funes said that additional announcements would be made in Italy in October, and in London in November, regarding the initiative.
The tour is a two-day excursion to ten locations associated with, or relevant to, the life or legacy of Archbishop Romero.  They are: (1) the Metropolitan Cathedral, where Romero served as Archbishop between Feb. 1977 and Mar. 1980, and where he is interred today, (2) the Divine Providence Hospital, where Romero lived and in whose chapel he was murdered on March 24, 1980 ; (3) the Sacred Heart Basilica, where Romero delivered his famous last Sunday sermon on March 23, 1980 (in which he said, “Stop the Repression!”); (4) the historic El Rosario Church in downtown San Salvador, where Romero occasionally preached, also; (5) the Romero Center at Central American University, the site of the 1989 Jesuit Massacre.  The remaining sites in and around San Salvador are more peripheral in their Romero relevance but they provide a good cultural context.  They are: (6) the National Palace, which abuts the same plaza as the Cathedral—it was in disuse as a government building by the time Romero became archbishop; (7) the Divine Savior Monument in Western San Salvador, where a statute stands as the leading monument to Romero in El Salvador;  (8) the Anthropological Museum nearby.  The last two sites are further afield: (9) the Romero sanctuary run by the Chacón sisters in Santa Tecla, and (10)  Paseo El Carmen, a tourist promenade in Santa Tecla with no relevance to Romero that was probably thrown in to give those taking the tour a chance to do some shopping.

In his presentation, Pres. Funes said that Archbishop Romero is “an unequivocal symbol of El Salvador—a symbol of a country that wants to overcome its conflicts and difficulties, and which is working to become a nation that lives in peace, with equity and with complete democracy.”  The President said that Archbishop Romero, “[i]s recognized throughout the world because of his incorruptible spirit and for his preferential option for the poor,” and that his government, which has called Romero its “point of reference” for animating policies that promote social justice, wishes to further pay tribute to his “emblematic figure” with a tourism promotion that keeps his memory alive.  The president touted El Salvador as a tourist destination, pointing out that El Salvador has fallen out of the world’s ten most dangerous countries list in the last year, due to a marked drop in gang violence (even though he made the announcement the same day that the U.S. Treasury Department announced that the Salvadoran street gang, MS-13, would be designated an international crime group subject to certain financial penalties.  Nonetheless, Funes highlighted a drop in the murder rate from 69 to 26 per hundred thousand inhabitants, associated with a gang truce sponsored by private negotiators, including the Catholic Church, which Funes supports.  The president also highlighted a recovery in tourism, with an increase of visitors of 19% over the last four years, and 6.5% in the last year, alone.
The initiative highlights a consistent commitment to symbolic tributes (critics would say lip service) to Romero during the Funes administration.  In addition to declaring him his government’s point of reference, Funes has apologized in the name of the state for the Romero assassination and accompanied Pres. Obama on a tour of Romero’s grave.  Many of the Romero sites were already tourist attractions, so critics may sense some opportunism in hitching the fortunes of other tourist sites to Romero’s wagon.  But, on balance, the official imprimatur should also raise the profile of the Romero sites.

Sunday, August 26, 2012

LA RABIA DEL MAYOR


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Según cuenta su propia hermana, Roberto D’Aubuisson, “se refería a Monseñor Romero con mucha rabia, con mucho odio”. (EL FARO.) La responsabilidad de D’Aubuisson por el asesinato está establecida hasta la saciedad a base de varios estudios, incluyendo un informe de la ONU, un proceso de la OEA, numerosas investigaciones periodísticas y hasta un tribunal federal EE.UU. Ahora la iglesia necesita establecer que D’Aubuisson actuó en «odium fidei» (“odio de la fe”).

El odio de D’Aubuisson queda plenamente establecido. Un informe de inteligencia de la CIA fechado el 25 de marzo de 1981—un año después del martirio de Mons. Romero—señala el odio que lo animaba. “Su odio de aquellos a quienes él sospecha de mantener simpatías izquierdistas”, dice el informe. Su hermana Marisa constata que D’Aubuisson canalizó ese odio hacia Mons. Romero: “Se notaba que, verdaderamente, tenía una cólera muy profunda, pues Monseñor era un líder con mucho poder de convocatoria”, recuerda. “Quizá eso a él le daba rabia”. (EL FARO, supra.) En público, D’Aubuisson se refería a monseñor con desdeño, tildándolo “el ayatola Romero ... hablaba de él lleno de odio”. (EL FARO II.) Las palabras “odio”, “cólera”, “rabia”, no dejan duda del tipo de sentimiento que palpitaba en el corazón del mayor, operador de inteligencia militar que se convirtió en exterminador de todos los objetos de su odio, y también existen varias pistas que nos llevan desde el odio generalizado específicamente al “odio de la fe”.

En primer lugar, es importante considerar el tipo de personas que estuvieron en el blanco de sus ataques. Entre estos figuraban principalmente: los seguidores de la teología de la liberación, los jesuitas y los democristianos. La identificación por D’Aubuisson de sacerdotes como enemigos surge desde la propuesta del dictador boliviano Hugo Banzer, aliado del criminal de guerra nazi Klaus Barbie, en la convención de la Liga Anticomunista Mundial, según los investigadores Terry Karl y Jon Lee Anderson. La Liga sesiona en Asunción entre el 28 y el 30 de marzo de 1977. El 20 de junio de ese mismo año, la Unión Guerrera Blanca—un notorio escuadrón de la muerte fundado por D’Aubuisson—emite su infame “orden de guerra no. 6”, que requiere a todos los jesuitas abandonar el país incondicionalmente dentro de 30 días o aceptar ser eliminados.  Al mismo tiempo, la UGB empezó a colgar avisos que exhortaban “Haz patria, mata un cura”.  El círculo intimo de D’Aubuisson, desde el libro de un colaborador que celebra su trabajo, ve a los jesuitas como los “discípulos del Papa Negro ... terroristas llamados ‘cristianos’”. (PANAMÁ SANDOVAL.) Aparte de estos clérigos, D’Aubuisson también guardaba resentimientos feroces en contra de los políticos democristianos. Los integrantes del escuadrón de la muerte de D’Aubuisson, analizó la CIA, “perciben al Partido Demócrata Cristiano como un enemigo de su partido casi igual a los guerrilleros”.

¿Qué tienen en común los democristianos con los otros grupos que estuvieron en el blanco de la persecución desatada por D’Aubuisson? Igual que los sacerdotes incluidos en las categorías de estas víctimas, los democristianos se inspiraban de la doctrina social de la Iglesia, habían fundado su partido haciendo lecturas de los escritos del Papa León XIII, y el mismo Mons. Romero dijo que el PDC buscaba “objetivos ... parecidos” a los de la Iglesia. Querer callar a todas estas voces era querer callar su voz de reivindicación profética—de la misma manera que el Papa Benedicto, en su visita al campo de exterminio de Auschwitz, dijo que los nazis trataron de eliminar a los judíos para hacer callar a los profetas: “esos criminales violentos querían matar al Dios que llamó a Abraham, que hablando en el Sinaí estableció los criterios para orientar a la humanidad, criterios que son válidos para siempre”, dijo el pontífice, “querían en último término arrancar también la raíz en la que se basa la fe cristiana, sustituyéndola definitivamente con la fe hecha por sí misma, la fe en el dominio del hombre, del fuerte”.

Roberto D’Aubuisson deja un poco al descubierto su “fe en el dominio del fuerte” (en las palabras del papa) cuando hace esta equivalencia: “Creo en dios. Y también creo en mi revolver”. D’Aubuisson no tuvo renuencia alguna para asesinar a sus enemigos de manera masiva. El himno de ARENA, el partido que fundó en 1981, amenaza de que “El Salvador será la tumba donde los rojos terminarán. Juró, según el periódico L.A. TIMES, “exterminar” a la guerrilla, amenazando de que, “tiemblen, tiemblen comunistas … criminales con costumbres de animales”. Ese discurso de reducir a hombres a la categoría de “animales”, también hace paralelo con los ataques retóricos de los nazis contra aquellos que buscaron eliminar. De hecho, D’Aubuisson “expresó su admiración por Hitler por su resolución eficiente del problema judío” (BELLO). La identificación nazi también se vislumbra desde el anónimo que recibió Mons. Romero antes de que los colaboradores de D’Aubuisson lo exterminaran. “La esvástica, símbolo del amargo enemigo del comunismo, es nuestro emblema”, decía una nota. Y D’Aubuisson se unió con nazis en la Liga Anticomunista que, según su propio colaborador, abarcaba a algunos “quienes aún creían en el nacional socialismo hitleriano”. (PANAMÁ, Op. Cit.)

La disposición a exterminar personas al estilo nazi es algo que la Iglesia ya reconoció como odio de la fe. Como lo explica el comentador católico conservador George Weigel, “el odio sistemático de la persona humana (como en el nazismo y otros sistemas totalitarios) es una versión contemporánea del odio de la fe”, ya que “la fe predica la dignidad inalienable de la persona humana y aquellos que odian a la persona odian a la fe de manera implícita”. También demuestran su odio de la fe al sustituirla por otros valores (“Creo ... en mi revolver”). Como lo explica un clérigo de la Congregación para la Causa de los Santos, “El tirano moderno... finge no estar en contra de la religión o incluso no estar interesado en ella ... [p]ero en realidad está sin religión o convierte a alguna ideología en una religión sucedánea”. (WOODARD, Making Saints, Simon & Schuster, 19.) “Cualquier persona que interpreta el nacionalsocialismo sólo como un movimiento político no sabe casi nada sobre él”, dice el mismo Adolfo Hitler, asegurando que, “Es más que una religión...” (LEVENDA, 327.)

Finalmente, el odio de la fe de D’Aubuisson se reconoce de manera que este marcó a Mons. Romero para el exterminio a causa de su trabajo por la paz. “El papel de la Iglesia como mediadora para tratar de acabar con la sangrienta guerra civil les granjeó la enemistad de la extrema derecha”, reconoce un tribunal español investigando crímenes de guerra en El Salvador. Un informe de inteligencia de la CIA también reconoció que, “los derechistas se sienten amenazados por ... el dialogo gubernamental de EE.UU y El Salv. con los líderes de la guerrilla”.

La muerte del arzobispo Oscar Romero, asesinado por un escuadrón de la muerte militar/civil en 1980 ilustra el establecimiento de un inquietante patrón”, dice el hallazgo de la corte española: “la intensidad” de las amenazas de muerte crecían “en proporción a la perspectiva del éxito” de las negociaciones por la paz que llevaba el arzobispo. Las amenazas contra Mons. Romero se tornaron más fuertes “cuando parecía que el arzobispo iba a conseguir que el presidente estadounidense Jimmy Carter cortase la ayuda militar y apoyase las negociaciones”.

Evidentemente, el odio de la fe que operaba dentro de la “rabia” del Mayor D’Aubuisson se reconoce desde su direccionamiento de ese odio a grupos de personas que tenían en común el seguimiento de la doctrina social de la Iglesia como son los seguidores de la teología de la liberación, los jesuitas y los democristianos; desde su opción por la exterminación de clases enteras de gente que no reconocía como dignos de la vida, y su admiración por la eficiencia estilo nazi de tal exterminación; y desde su rencor en contra de los operadores de la paz.

Cuando D’Aubuisson estaba hospitalizado, muriéndose de cáncer de garganta, lo visitó su hermana. Ella le tomó la mano. “Roberto”, le dijo. “Tienes que morir en paz. Te lo ruego, abócate a Romero, pídele perdón desde la parte más profunda de tu corazón, esto te dará la paz, Roberto”. (CNS.) Él reaccionó abriendo los ojos por un momento, acercándola hasta tenerla cara a cara, y ya incapaz del habla por su enfermedad, se echó a llorar.


Ver también


Pruebas indirectas del «odium fidei» (inglés)

Wednesday, August 22, 2012

ROMNEY, ROMERO & THE DEATH SQUADS


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Reports of businessmen linked to Salvadoran death squads investing money in Bain Capital—the investment firm associated with U.S. Presidential Candidate Mitt Romney—raise important questions about whether the investors had any such links, and what Mr. Romney knew about them. An independent commentator recently concluded that, “The evidence” of linkage “is tenuous at best,” and that there is, “no evidence that Mitt Romney was ever aware,” of any linkage. Unfortunately, in the hyperbole of a campaign year, some of the reporting misleadingly implies that a definitive link between the investors and death squads has been established, and that Romney either knew, or turned a blind eye to it. The reporting also implies a connection with the assassination of Archbishop Romero. That insinuation, for one, is spurious.

An example of the sloppy coverage came in a recent interview of Ryan Grim, the author of a Huffington Post piece on the supposed link. Amy Goodman, host of the independently syndicated Democracy Now!, played a clip of Raul Julia as “Romero” and then asked Grim to “talk about how he died and the connection to your story.” Grim responded that we “know, conclusively, that [Romero’s] assassination was ordered by Roberto D’Aubuisson;” that D’Aubuisson started the rightwing ARENA Party, which was “quite simply, the political organization which was managing the death squads;” and therefore, “Mitt Romney, in this context, knew very well what was happening in El Salvador.” While the evidence consistently points to ARENA founder D’Aubuisson as the intellectual author of Archbishop Romero’s assassination, the characterization of ARENA as “the political organization which was managing the death squads” that killed Romero is problematic: Romero was killed on March 24, 1980, and ARENA was first registered as a political party in El Salvador on December 4, 1981.

What Grim may have intended to say was that Romney should have known that D’Aubuisson was accused of leading the death squads in 1984, when the questioned Bain investments were made; that he should have known the investors were linked with ARENA and that ARENA was founded by D’Aubuisson; and that therefore Romney should have questioned whether the investors could be linked to D’Aubuisson’s death squad activity, as well. But that linkage is much more tenuous than what Grim said in his response.

Evaluating the byzantine relationships considered in the Huffington Post article and a similar article recently posted on Salon.com requires following a convoluted path, but none of the suggested connections used to cast suspicion on Romney and Bain establish a direct link between the investors and the death squads, and certainly not with the assassination of Archbishop Romero. A titillating prospect is put forth in the Salon piece, authored by Justin Elliot, who posits that the original Bain investors included four members of the de Sola family, and that a fifth member of that family is mentioned in a ledger seized from a D’Aubuisson aide which reflects purchases of weapons used in the Romero assassination. While that much is true—that the de Sola kinsman was named in the ledger—the man in question, Orlando de Sola, was not mentioned in the ledger in relation to the Romero assassination, but with respect to another matter (making contributions to the Nicaraguan contras, an armed group seeking to topple the neighboring Sandinista regime).

Similarly, the Huffington Post piece floats the possibility that certain named investors or their relatives could be linked to the death squads, but does not quite get us there. Some of the suspicions entertained and promoted are based on accusations against the investors’ relatives, as was true in the Salon piece just discussed. At other times, the suspicion is based solely on a connection to the ARENA Party. For example, the Huff piece notes that, “Ricardo Poma was the first investor Romney thanked when he traveled to Miami in 2007,” in a notorious speech in which Romney name-dropped some of the Salvadorans to flaunt his Hispanic bona fides. Ricardo Poma (the man Romney thanked), the article continues, “became one of the three members of the Bain Capital investment committee,” and it concludes with the ominous note that, “The Poma family were financiers of D’Aubuisson’s ARENA party.”

While factually true, the danger is that, by themselves, these facts about the de Solas and the Pomas, don’t establish complicity with the death squads. For one thing, wealthy Salvadoran families often were divided between members who were complicit with one band and those who sympathized with the other side. Miriam Estupinián was Archbishop Romero’s private secretary and devoted collaborator. She herself was from a wealthy family, from whom she hid her work with Romero. (In fact, even the D’Aubuisson family is thus split. Marisa D’Aubuisson, sister of the ARENA founder, is a fervent Romero devotee, who encouraged her brother to kneel in repentance at Romero’s grave.) In an interview, the archbishop’s secretary described how “progressive” members of these families worked on the same archdiocesan projects that she worked on for the benefit of the poor, and that among these progressive businessmen were, “Francisco de Sola, Ricardo Poma, Luis Poma,” and others—the same families (de Sola and Poma) and even the same individuals (Ricardo Poma) accused in the Salon and Huffington pieces.

Archbishop Romero himself appears to vouch for these families. In his pastoral journal, he recounts a meeting in August 1979, with “Messrs. Poma and de Sola.” He describes them as “Two leaders of private enterprise who are very concerned about the country’s situation, and they wanted to share with me their opinion on the matter since, they maintain, the Church is the only entity that has a moral voice that can guide the country.” Archbishop Romero recounted the Poma and de Sola meeting in his next Sunday sermon and he described them as “businessmen who maintain good labor relations with their workers, even beyond that which the law requires,” and called them “lights of hope.” Romero’s secretary recalls that the families were friendly towards the archbishop as well, and that he had to turn down their gifts. “The Pomas,” she recalled, “were going to give him a car, and he said no.”

Of course, it is still possible that some of the Bain investors had real connections to the death squads that have not been fully described or disclosed. But it is wrong to impute guilt by association or to bandy about Archbishop Romero’s good name just to score political points. That’s just the type of manipulation of his figure that has hurt his cause. Such manipulation was evident in a recent opinion piece that posited that, because Romney was in bed with death squads responsible for the death of Romero (an unproven contention, we know), Romney is not really “pro-life” (“They killed priests, nuns and Archbishop Oscar Romero. How pro-life is that?”).

While we should ask Mr. Romney’s campaign to provide more information about the Salvadoran investors (and, if necessary, ask Bain to divest itself of any “blood money”), let’s not rake Archbishop Romero through the mud. We would do well to model Romero, who did not shrink from denouncing atrocities, but he made sure that any accusation was first substantiated by his legal team. Perhaps tellingly, although Archbishop Romero repeated death squad accusations against D’Aubuisson, he did not make those accusations against the Bain investors.

Sunday, August 19, 2012

EL ÍCONO DE «LOS SITIOS»



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La que podría ser la foto más icónica y apreciada de Mons. Romero fue tomada hace treinta y tres años un domingo 19 de agosto de 1979, en el Cantón de los Sitios Arriba del departamento de Chalatenango. En la famosa imagen, Mons. Romero aparece sentado en una fila de sillas, sosteniendo a una niña vestida de blanco, mientras otro niño que está con ellos admira su crucifijo pectoral. Los niños eran Rosa Irma Gutiérrez, que tenía 5 años cuando la foto fue tomada, y Rafael Gutiérrez, primo de Irma, entonces de 14 años. Más interesante que estos datos de archivo sobre la foto, está el drama de aquel día.

Ese día, aquella población vivió un ambiente festivo por la llegada de Mons. Romero: con cantos, gallardetes, atolada, cohetes, y misa. (Ayala Ramírez.) En su diario, Monseñor resume el tema de su sermón en la misa de campo celebrada aquel día: “Hice un llamamiento a la civilización del amor”. José Eduardo Gutiérrez, un familiar de los niños que aparecen en la foto, recuerda la escena: “celebramos la abundancia de las cosechas, del maíz, los frijoles, los pipianes y todos los alimentos con los que el pobre sobrevive”. (Cartas a las Iglesias.) Otra de las fotos tomadas aquel día muestra a Monseñor recibiendo los dones en una mesa de altar bajo el sol. “El acto fue sumamente simpático”, escribe en su diario, “aunque bajo un sol canicular”. Describe el mensaje que pronunció aquel día: “Les prediqué del pan de la vida al que debe de elevarse el pan de la tierra. La tortilla de nuestro maíz; y que le diéramos gracias a Dios, pero que eleváramos hasta Dios todos estos dones que él nos da”.

Los momentos captados en la famosa foto hablan por sí mismos, pero los recuerdos de los niños son evocativos. “Estaba muy contento de la presencia de Monseñor Romero en mi cantón”, recuerda Rafael (el adolescente que mira la cruz), “pues grandes multitudes de personas de lugares vecinos, periodistas de otras partes venían a acompañarnos a la celebración que Monseñor Romero iba a oficiar”. (Cartas.) La niña de cinco años, por supuesto, tiene recuerdos borrosos, pero sentimentales, del hecho. “Exactamente no recuerdo aquellas palabras que amorosamente me dijo”, dice Irma, “pero si recuerdo que con mucha timidez contemplábamos todo aquello que de niños nos llamaba su atención, su crucifijo, su anillo, su vestuario”. (Id.) “Para mí ese fue un momento muy especial, una bendición de Dios y de Monseñor Romero”, dice Irma. “Él llenó nuestros corazones de fe, y de fuerza para creer más en Dios”. (Semana.)

Pero antes de este momento de ternura captado en la foto hubo una tensión terrible cuando Mons. Romero intentó ingresar al pueblo—algo como una de las escenas dramatizadas en la película “Romero” con Raúl Julia. “Un retén militar a la entrada del pueblo hizo el ya consabido cateo”, cuenta Monseñor en su diario, “en que no respetan la presencia del Arzobispo que va a visitar al pueblo que le toca visitar por razones de su Ministerio y sospechan hasta el punto de examinar todas las cosas que se llevan en el carro. ¡Dios los perdone y los ilumine!” El niño que admira el crucifijo en la foto presenció una escena de indignidad e irrespeto al arzobispo por parte de los guardias a su llegada. “Estos obligaron a Mons. Romero se quitara hasta la camisa para hacerle un registro”, recuerda Rafael, pero “las personas que acompañaban a Mons. Romero comenzaron a cantar”.  (Cartas.) Una de las que cantaban era Francisca Gutiérrez, a quien su hijo aconsejaba callar para no exponerse a peligro. “Pero yo cantaba: ‘No tenemos miedo, no tenemos miedo’. Así fue. Y al final lo dejaron pasar”. (Radio Mundial.)

La acción policial era parte de una escalada de intimidación contra Monseñor por el aparato militar, que lo seguía por sus viajes apostólicos, haciendo despliegues de poder. “En todo Dulce Nombre de María estaba desplegado el ejército que vino de El Paraíso y Chalatenango”, recuerda Rafael. (Cartas.) Mons. Romero ya había denunciado esta campaña de hostigamiento al anunciar su visita al cantón. “Ojalá que los retenes no nos vayan a estorbar", advirtió en su homilía del domingo anterior, “a la gente que va a usar uno de sus derechos más sagrados: el derecho de creer, el derecho de reunión”. El familiar de los niños que fue entrevistado recuerda que al ser interrogado por los soldados, “Monseñor les dijo que el nada más llegaba a dar gracias a Dios por permitir una cosecha más y darnos el sustento diario incluso hasta el de ellos mismo”. (Cartas). “Mi homilía”, había adelantado Monseñor, “quiere ser el alimento que el pastor da a su pueblo de Dios; si desde el Pueblo de Dios se expande hacia el pueblo en general, pues, ¡Bendito sea el Señor!, pero que no se estorbe esta palabra”.

La misa de Los Sitios fue—recuerda Irma—fue “como una fiesta en donde todos asistimos muy contentos, pues nos visitaba Monseñor Romero un padre que según nos decía mi abuelita predicaba tan cabal el evangelio, la doctrina y, sobre todo, proclamaba con tanto valor las injusticias para nosotros los pobres”. (Cartas.)


Irma y Rafael.  (Foto BBC.)

Tuesday, August 14, 2012

95° ANNIV. NASCITA MONS. ROMERO


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15 agosto è il 95 ° anniversario della nascita di mons. Oscar Romero. La data è diventato un giorno di festa a Ciudad Barrios, il luogo dove nacque Romero.

Ogni anno, carovane di pellegrini da San Salvador vanno a Ciudad Barrios di ricordare Romero e la sua eredità.

La commemorazione coincide con la festa dell'Assunzione e con la festa di San Arnolfo (il secondo nome di Romero è Arnulfo), ma la festa ha raggiunto le proprie caratteristiche distintive.

Nel 2003, il tema del pellegrinaggio è stato rapporti Romero con i Romani Pontefici.

Nel 2008, la celebrazione ha sottolineato la fedeltà di Romero al Vangelo.

Nel 2009, gli organizzatori hanno cercato di evidenziare l'infanzia di Romero a Ciudad Barrios.

Nel 2010, i pellegrini hanno pregato per beatificazione dell'arcivescovo.

E l'anno scorso, le esposizioni sono stati collocati al di fuori per le strade per ospitare un clima ecumenico. I pellegrini che si è recato Barrios si è trovato in compagnia di Gaspar Romero, fratello dell'arcivescovo, che è andato con la delegazione.

Quest'anno, i pellegrini si riuniscono presso la Cattedrale Metropolitana e fare il viaggio da lì a Barrios. Una volta lì, i pellegrini potranno vedere i film documentari e riflettere sul l'uomo nato 95 anni fa.

Friday, August 03, 2012

ROMERO and the DIVINE SAVIOR



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At Plaza de las Américas—the iconic front porch of glitzy West San Salvador, on the far end of Alameda Roosevelt, the outstretched ribbon that leads east from here to the gritty urban clutter of downtown San Salvador and the Metropolitan Cathedral—there are two monuments. One is the postcard attraction that literally defines El Salvador: an image of Christ, astride the terrestrial orb, atop an obelisk-like pedestal. “El Divino Salvador del Mundo”—the Divine Savior of the World, is the country’s patron, and His Feast Day, on the 6th of August, is the country’s own spiritual holiday. The Divine Savior inhabits a monumental roundabout on the Alameda and, in a landscaped traffic island about 350 feet in front of it, stands a human scale statue of Archbishop Oscar Romero. It is a providential placement.

Romero stands between Jesus and Greater San Salvador, as if he was an intermediary between the Savior and the saved. “When I as pastor speak to the People of God, I do not pretend to be a teacher for everyone in El Salvador,” Romero said in his famous last Sunday sermon. Instead, he said, he was, “the servant of that remnant that calls itself the Church, the Archdiocese.” For that reduced group of true believers, Romero insisted, he was “the teacher who speaks to them in Christ’s name.” Romero is also a mediator between Salvadorans and their Divine Savior because he made it a point to explain with greater clarity than any other preacher the meaning of their national feast. Beginning with an Aug. 6 sermon the year before he became archbishop, and with three of his four pastoral letters issued on the date of the national feast, Romero developed what he would call a “Transfiguration Theology.” The Salvadoran holiday celebrates the Feast of the Transfiguration—the Gospel account wherein Jesus is confirmed in his Messianic mission by God’s voice from on high, and His face shines like a brilliant sun. Jesus, Romero preached, is inviting Salvadorans to transfigure themselves so they can then reform their corrupt society. This was, Romero preached, the genuine path to true Liberation.

Over the years, Plaza de las Américas, or Divine Savior Square as locals call it, has become the rallying point for parades, carnivals, and protest marches of every stripe, which then proceed down Alameda Roosevelt to San Salvador’s main square, where the old National Palace and Metropolitan Cathedral are located. It is also the path of the candlelit processions that commemorate Romero’s murder, every year. Therefore, Romero, in statue form at the Divine Savior monument, and in his bodily remains at the Cathedral, continues to bear witness to the trials and celebrations of his nation. This year, Salvadorans were reminded of Romero’s perennial presence as a symbol and point of reference when, during nationwide protests spurred by the right in an institutional showdown between El Salvador’s still immature branches of government, protesters defaced Romero’s statue. The incident touched a raw nerve, unpacking quiet but deep indignation—not only at the damage to the monument, which was grave, but more at the inherent disrespect of the vandalism. The feeling was so widespread that the rightwing mayor of San Salvador—a presidential aspirant—appeared at the site of the monument and denounced what he called the “hatred” of the attack, called for respect for the figure of Romero, and promised that the city would help pay for the restoration.

In March 1980, Romero preached his last Transfiguration sermon. He sounded a hopeful note. “God’s plan is loving and powerful and capable of transfiguring all the miseries, injustices, and sins of the people of El Salvador”—he said—“transforming all these realities and all women and men into people in whom the beauty of Christ’s justice and holiness shines forth.” The monuments at Plaza de las Américas embody that hope.