Tuesday, November 13, 2012

«SANGRE y SUDOR»

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Las reliquias de Mons. Romero conservadas en Hospitalito de la Divina Providencia en San Salvador dan constancia de su martirio y nos recuerdan su predicación de que entrar en el sacerdocio de Jesucristo implica asumir «estola de sangre» y «casulla de dolor».  (Homilía del 21 de enero de 1979.)  Las reliquias también nos hablan de su santidad, y de la fe de sus seguidores.  En un reciente discurso presentado en tres ciudades británicas, Jan Graffius, una experta en la conservación de objetos sagrados que ha trabajado para preservar los vestimentos de Mons. Romero en el Hospitalito, habló sobre su labor.

La catedrática, del colegio Stonyhurst de Lancashire, Inglaterra (fund. 1593), describe en gran detalle la condición actual de los vestimentos litúrgicos que monseñor vestía aquel 24 de marzo de 1980, cuando fue asesinado (ver Foto), y lo que estos nos dicen sobre los detalles dramáticos de su muerte.  Graffius cuenta como, al llegar al Hospitalito, encontró la sotana y la casulla de Mons. Romero colgadas en una misma percha para ser exhibidas en la forma que eran vestidas una prenda sobre la otra.  Sin embargo, esta forma de colgar los vestimentos, en un mostrador improvisado que dejaba ventilar el aire, no era lo más idóneo para conservar las prendas, ya que el abastecimiento de oxigeno permitía que microbios que consumen las proteínas (como la sangre en estado de descomposición) se crearan en la tela de los artefactos.  Este punto de entrada clínico, casi forense, que buscaba solamente conservar las telas, la trajo a Graffius cara a cara con el hecho central de las reliquias: la evidencia del martirio de Mons. Romero—las inmensas manchas de sangre y de sudor sobre los vestimentos, y otras evidencias de la violencia y crueldad de aquel día.  (De hecho, el título de su discurso es precisamente, “Sangre y sudor: el testimonio de las reliquias de Romero”.)

La eficacia del asesinato se puede medir en la tela, que da constancias de una intrusión mínima que logra el impacto máximo.    Graffius quedó impresionada con las dimensiones diminutas, casi quirúrgicas de las aperturas que la bala hizo en las dos prendas: las marcó con un pequeño agujero, casi indistinguible entre las telas de los dos vestimentos.  Para Graffius, la nitidez de la entrada del proyectil es evidencia de la puntería experta del asesino que logra apuntar su arma directamente al corazón de Mons. Romero, hecho que se evidencia por otra apreciación de Graffius—la gran cantidad de sangre que rodea la minúscula perforación de la bala.  Las prendas también guardan espeluznantes detalles sobre el drama de aquel momento, dice Graffius, contando que encontró unos depósitos que ella pensó que eran de moho, que resultaron ser cristales de sal, residuos de sudor.  Al encontrar mayores concentraciones debajo de las rodillas de los pantalones, los expertos analizaron que Mons. Romero, al haber visto al francotirador, tomó la opción de no correr ni esconderse, y que la emoción—quizá el terror—del momento le causó una torrente de sudor que descendió por su cuerpo, empapándole la ropa.

Así como las reliquias dan constancia de la muerte del arzobispo, los vestimentos y otros objetos conservados en el hospitalito también nos hablan de la sencillez de su vida cotidiana.  Todos los artefactos requieren trabajos de conservación, dice Graffius, poniendo como ejemplo los alzacuellos sacerdotales, que dice son muchos, pero todos se encuentran en estado de deterioro y necesitados de su intervención.  Los vestimentos cotidianos de Mons. Romero—incluyendo la sotana y la casulla en que murió—eran de confección simple, dice Graffius, porque eran los que monseñor utilizaba para rezar la Misa todos los días, y no eran de tan alta calidad como los que usaba para predicar la Misa en Catedral.  La ropa que vestía debajo de su hábito religioso eran prendas hechas a manos dice Graffius—una muestra de la generosidad de la gente que lo rodeaban, porque no era ropa cualquiera comprada en un almacén, ni tampoco era el trabajo de un diseñador de modas sino que ropa casera, hecha a mano con sencillez.  Quizá el punto mas gracioso que menciona Graffius es que monseñor solo tenía tres pares de calcetines: “uno puesto, uno en la lavandería, y uno en la gaveta”.

El inventario de pertenencias que hace Graffius encaja con las apreciaciones que otros han hecho sobre el estilo de vida de Mons. Romero.  La auditoría realizada por el Socorro Jurídico del Arzobispado tras su asesinato concluyó que monseñor “era un hombre que vivía en la pobreza.  No tenía nada. La propiedad más valiosa era el anillo arzobispal”.  (F. Meléndez, EL FARO.)  Según el resumen post mortem de sus bienes personales, lo único que se encontró fue su coche Toyota “Mil”, una radio de onda corta, una maquina de escribir, y sus libros.  (Id.)  Los muebles de su habitación, que todavía se conservan en la Casita donde vivió en el campus del Hospitalito, eran simples también.  Aparte de una silla mecedora, se puede apreciar una cama.  Las camitas de él eran de las que vendían en el mercado, de hierro, sencilla”.  (Id.)

Según el P. Thomas Greenan, “Romero se sitúa en la tradición patrística episcopal de san Basilio Magno de Capadocia”.  (Greenan,1998.)  San Basilio—nos dice el Papa Benedicto XVI—fue un santo que, “Como obispo y pastor de su vasta diócesis ... denunció con firmeza los males; se comprometió en favor de los más pobres y marginados; intervino también ante los gobernantes para aliviar los sufrimientos de la población”.  (Audiencia del 7 de julio del 2007.)  El Papa elogió a este santo del siglo IV por su valentía, “enfrentándose a los poderosos para defender el derecho de profesar la verdadera fe”.  (Id.) El P.  Greenan resalta que, “monseñor Romero vivía una vida de sencillez y de austeridad”.  (Greenan, supra.)  Apuntando la “base ascética” de la filosofía de monseñor, Greenan nota que “Parecido a Basilio, quien residía en un instituto para hospedar a los pobres, monseñor Romero residía en un simple cuarto dentro de los confines de un hospicio para mujeres moribundas de cáncer”.  (Id.)  Según Greenan, este modo de vida personal fue la base espiritual desde cual Mons. Romero podía denunciar las injusticias de los ricos y los poderosos con autenticidad.

Al final del discurso de Graffius, Mons. Terence Drainey, obispo de Middlesbrough, dirigió algunas palabras a la asamblea, e hizo un comentario de que las fotos de la ropa ensangrentada de Mons. Romero le hacían pensar en el Sudario de Turín.  Precisamente, de eso se trata, ya que las reliquias de un mártir nos remontan al sacrificio salvífico de Jesús.  En su discurso, Graffius recordó las cantidades de personas que acudían a ver las reliquias de Mons. Romero durante el tiempo que estuvo trabajando con ellas, y la experiencia mística que estas personas buscaban.  También aludió al hecho de que los vestimentos han sido cortados y que muchos pedazos se han obsequiado a diversas iglesias, incluso en Inglaterra, donde los fieles las custodian celosamente y con mucha reverencia.  Aunque ahora prevalece la idea proteger las piezas más sagradas, otros objetos han sido distribuidos a varias instituciones por todo el mundo.

Tradicionalmente, las reliquias se dividen en tres tipos.  En el caso de Mons. Romero, las del primer grado contienen la sangre del mártir.  Las del segundo grado son otras pertenencias propias de Romero, usadas por él en vida.  Y las del tercer grado son las que han tocado las reliquias del primer grado o su tumba.  Todas son luces espirituales que nos iluminan nuestro camino para seguir los pasos de monseñor, que vislumbran su martirio (las primeras), su santidad personal (las segundas) y nuestra propia fe (todas estas).


Ver también:



Friday, November 09, 2012

MSGR. ROMERO & VATICAN II

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It has been 50 years since the Roman Catholic Church embraced a renewal of purpose which took the faithful from hearing Mass in Latin to celebrating it in their native tongues and inspired some bishops, like Óscar Romero, to denounce injustices as an important component of preaching the Faith.  In his 2005 Christmas remarks to the Roman Curia, the then new Pope Benedict XVI discussed the legacy of the Second Vatican Council (as the reform program is called) in terms of how it is interpreted.  We can either view the Council through the correct prism of reform and renewal, he said, or we can erroneously read it as a rupture with tradition—which the Pope called, in a famous turn of a phrase, the “hermeneutic of discontinuity.”

Archbishop Romero has correctly been described as “a Martyr of the Council.”  (See, J. Filochowski, 2012.)  But, did Romero understand the Council to authorize a break with the core tradition of the Church?  Romero was firm that the Council did not bring an abrupt rupture, but rather an updating of assumptions.  This does not mean that the Church has broken with twenty centuries of tradition,” he said, “but rather that she has evolved with these modern times.”  (May 8, 1977 Homily.)  Romero reaffirmed his rejection of the “hermeneutic of discontinuity” in his famous last sermon, delivered the day before he was killed (and understood to be the reason he was killed).  When dealing with the changes in the Church,” Romero said, “we need to ask God for the grace that will enable us to embrace these changes in a way that will allow us to understand the present reality without betraying our faith.”  (Mar. 23, 1980 Hom.) Because “we are firmly anchored in the heart and the faith of Jesus Christ,” he said, and “this does not change.”  (Id.)

Benedict told the Roman Curia in 2005 that the “commitment to expressing a specific truth in a new way demands new thinking on this truth and a new and vital relationship with it,” but that the bishops must continue to present that truth in “faithful and perfect conformity to the authentic doctrine.”  The Pope emphasized that, “Through the Sacrament they have received,” bishops are the “stewards of the mysteries of God” and are required to “to administer the Lord's gift in the right way.”  And for his part, Romero similarly hung his hat, so to speak, on preaching authentic doctrine.  With all the power that my sacred ministry gives me, as a sacred trustee of the Word of God and the Church’s teaching,” Romero said, he urged the faithful to “consolidate ourselves as Church under the light of this authentic doctrine.”  (May 15,1977 Hom.)  Romero saw Vatican II as a continuum that harkened back to the apostolic era and he compared it to the Council of Jerusalem, described in Acts of the Apostles in the New Testament.  Vatican II, like the Council of Jerusalem, is responding to the needs of our time,” he said. (Id.)

Romero also disavowed a “hermeneutic of discontinuity” with respect to his own ministry.  We begin by asking if these evident changes of the modern Church are a betrayal of the Gospel or changes demanded of her in order to be faithful to the Gospel,” he asked in 1977.  (Aug.6, 1977 Hom.)  He answered the question in the text of his second pastoral letter, issued that same day: “Far from betraying the Gospel, [the Archdiocese] has done no more than fulfill her mission,” he said.  She has spoken out about events in this country precisely because she is interested in the good of each and every individual. This has been required of her for the defense of human rights and for the salvation of souls.”  (Romero. The Church: The Body of Christ in History.)

Pope Benedict told the Roman Curia about a related concern with respect to the “hermeneutic of discontinuity” which comes into play when Catholics cite to “the Spirit of the Council” but ignore the precise formulations of the Council’s texts.  The hermeneutic of discontinuity risks ending in a split between the pre-conciliar Church and the post-conciliar Church,” the Pope said.  It asserts that the texts of the Council as such do not yet express the true spirit of the Council” because they are the results of back-room dealing during the Council which ended up unwittingly keeping in place “many old things that are now pointless.”  Those who hold that view, Benedict noted, would argue that it is “necessary to go courageously beyond the texts” to really accomplish the Council’s intended reforms.  But Benedict rejects that interpretation, saying that the Council was not like a constitutional convention (a “constituent assembly”) for a new Church, because the Council Fathers lacked authority to constitute a new Church, as “the essential constitution of the Church comes from the Lord.” (Id.)

Whenever he justified his actions based on the Council, Romero always focused on the language of the specific texts, citing to individual passages and encouraging the faithful to become familar with the documents: “Study them and see the richness of their spirituality.”  (5/77 Hom., supra.)  One estimate of Romero’s citations of just one Council document, «Gaudium et Spes»—the pastoral constitution on the church in the modern world—is that Romero cited it over 300 times in under 200 sermons.  (Filochowski, supra.)  Romero explained, while he made a typical citation to the Council texts that, “I also want to refer to the documents of the Second Vatican Council because these have become the great law that are now part of our Christian life.”  (Oct. 28,1979 Hom.)  Thus, it is clear that, in citing the Council, Romero was guided by the actual texts.  For example, when he preached about ‘censu fidei’—the Council’s teaching that says that lay persons are endowed with prophetic gifts, he did it by citing the Council text and relating the message to a traditional saint.  Celebrating the Feast of St. Catherine of Alexandria, Romero said, “My sisters and brothers, this beautiful example of your patroness leads me to reflect on a page from the Second Vatican Council and apply it to you who are participating in this holy Mass in the parish chapel ... to honor St. Catherine.”  (Nov. 25, 1977 Hom.)  He then recited the Council verbatim and explained the application of the teaching to the congregation.

In a more recent writing, Pope Benedict has noted that one of the most important insights of the Second Vatican Council comes from a lesser-known document dealing with religious freedom and the Church’s relations with the State.  That relationship was grounded on Christ’s counsel to ‘give Caesar what is Caesar's and God what is God’s’ (Matthew 22:15-22.) and was forged during the experience of the early Church: “Christians prayed for the emperor, but did not worship him,” the Pope said.  (A. Tornielli, LA STAMPA.)  That early reality found an echo in the post-Conciliar world, Benedict observed: “It was certainly providential,” he wrote, “that thirteen years after the conclusion of the Council, Pope John Paul II arrived from a country in which freedom of religion had been denied by Marxism, in other words by a particular form of modern philosophy of the State.”  Many observers have seen a parallel between the reality John Paul faced in his native Poland under Communism, to the persecution of Christians under rightwing regimes like the experience of Óscar Romero’s Church.

In sum, that is the essence of Romero’s experience: a bishop who was killed for trying to apply the precise teachings of the Council to a reality that had been precisely defined by the Council—he is a Martyr of the Council in the fullest sense of the term.

Thursday, November 08, 2012

LA RUTA ROMERO

 

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La ruta turística dedicada a Mons. Romero anunciada por el Pres. Mauricio Funes y el ministro de turismo de El Salvador José Napoleón Duarte, reúne sitios con significado para la vida del prelado con puntos de interés comercial, y deja a un lado algunos lugares de vital relevancia al obispo mártir.  Entre los sitios que quedaron afuera del recorrido oficial, sobresaltan: Ciudad Barrios, donde nació Romero; Anamorós, su primera parroquia; San Miguel, donde trabajó como sacerdote por un cuarto de un siglo; y Santiago de María, su primera diócesis como obispo.  Pero quizá la omisión más significativa sería El Paisnal, lugar del asesinato del P. Rutilio Grande, cuya muerte estremeció—y, según algunos relatos—radicalizó el pensamiento del arzobispo.  Mons. Romero visitó el pueblito una y otra vez durante su arzobispado como una piedra de toque.

No obstante estas omisiones—seguramente forzadas por limitantes como son la necesidad de completar la trayectoria en un corto tiempo, y de combinar lugares ubicados dentro de cierta cercanía en una lógica de local—la ruta señalada por el Ministerio de Turismo es una buena opción (ver video).  Al centro de la ruta oficial se encuentran cuatro iglesias: la Catedral Metropolitana; el templo céntrico, histórico de El Rosario; la basílica neo-gótica del Sagrado Corazón; y la capilla del Hospitalito de la Divina Providencia.   Estas forman los extremos de una gran cruz que abarca San Salvador y también la vida espiritual de Romero como arzobispo.  Desde la inmensidad de la Catedral hasta la intimidad de la Divina Providencia, queda marcada la vida cotidiana y el trabajo esencial de Romero, quien vivió y murió en el campus del hospital para cancerosos de la Divina Providencia y trabajó en la Catedral.  También hubiera cabido en este recorrido una visita a la iglesia San José de la Montaña, anexa al seminario mayor, donde Romero fue instalado como arzobispo, y desde donde Romero ejerció un interés en la formación de sacerdotes desde los años 70 hasta los tiempos de su arzobispado.  Ubicado cerca de dos puntos comprendidos en la ruta oficial—el monumento al Divino Salvador del Mundo y el Hospitalito Divina Providencia—sería oportuno visitarlo extraoficialmente durante el tour.

Aparte de estas iglesias que forman el círculo interior del recorrido, figuran dos categorías de sitios incluidos en el tour.  Una es la atracción histórica u/o académica, que sirve para dar contexto a las demás.  La más típica de estas es el Museo Antropológico, que nos ubica en la historia; o el Centro Romero en la Universidad Centroamericana, que nos presta contexto teológico para saber comprender lo que estamos viendo.  Pero no es meramente académica la perspectiva que sitios como este nos dan.  La Universidad fue el sitio de la peor persecución en contra de la iglesia, la Masacre de la UCA de 1989, en cual seis sacerdotes fueron asesinados en una sola noche, y simbólicamente se acribilló “otra vez” un retrato de Romero en una sala central.  El santuario sobre Mons. Romero de las Hnas. Chacón no es solo una exhibición cualquiera, sino una oportunidad para conversar con personas que fueron amigas del arzobispo a través de muchos años y quienes lo conocieron de maneras que un museo o libro no pueden adecuadamente expresar.  Y la última categoría es la atracción meramente turística: el monumento al Divino Salvador, el Palacio Nacional, el Paseo El Carmen, etc.  Pero la lógica del lugar requiere que se ahorre tiempo y se aproveche la oportunidad, y de todos modos estos lugares no son del todo ajenos, ya que han sido seguramente visitados por Monseñor.

Finalmente, vale la pena reiterar por que son importantes estos sitios.  Los lugares de los santos han atraído a peregrinos desde la antigüedad, porque al caminar los pasos que han seguido los santos, podemos centrarnos sobre la realidad de sus vidas y de sus sacrificios y no quedarnos fijados solo en la superficie, viendo a iconos sin llegar a comprender como esa vida ha encarnado en una realidad.  Lugares en Europa tales como Santiago de Compostela en Galicia, España, y Canterbury en Inglaterra, han sido el enfoque de cuantiosas peregrinaciones en siglos pasados, mientras que en la edad moderna ya existen sitios que parecen seguir sembrando la ruta de una Iglesia Peregrina.  En ese sentido, es necesario constatar que la ruta Romero no es una creación del ministerio de Turismo, sino que una ruta espiritual trazada originalmente por los fieles y seguidores de Mons. Romero, cuya existencia está siendo avalada y reconocida por el estado.

Friday, October 12, 2012

«AB. ROMERO CITY TOURS»

 

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The President of El Salvador, Mauricio Funes, announced that his country’s Tourism Ministry will promote an “Archbishop Romero City Tour” of San Salvador as part of a larger effort to promote tourism in El Salvador.  Funes made the announcement in the Crypt of the San Salvador Metropolitan Cathedral where Romero is buried, one of the ten locations to be featured in the Romero tour, visited by U.S. President Barack Obama last year.  Funes said that additional announcements would be made in Italy in October, and in London in November, regarding the initiative.
The tour is a two-day excursion to ten locations associated with, or relevant to, the life or legacy of Archbishop Romero.  They are: (1) the Metropolitan Cathedral, where Romero served as Archbishop between Feb. 1977 and Mar. 1980, and where he is interred today, (2) the Divine Providence Hospital, where Romero lived and in whose chapel he was murdered on March 24, 1980 ; (3) the Sacred Heart Basilica, where Romero delivered his famous last Sunday sermon on March 23, 1980 (in which he said, “Stop the Repression!”); (4) the historic El Rosario Church in downtown San Salvador, where Romero occasionally preached, also; (5) the Romero Center at Central American University, the site of the 1989 Jesuit Massacre.  The remaining sites in and around San Salvador are more peripheral in their Romero relevance but they provide a good cultural context.  They are: (6) the National Palace, which abuts the same plaza as the Cathedral—it was in disuse as a government building by the time Romero became archbishop; (7) the Divine Savior Monument in Western San Salvador, where a statute stands as the leading monument to Romero in El Salvador;  (8) the Anthropological Museum nearby.  The last two sites are further afield: (9) the Romero sanctuary run by the Chacón sisters in Santa Tecla, and (10)  Paseo El Carmen, a tourist promenade in Santa Tecla with no relevance to Romero that was probably thrown in to give those taking the tour a chance to do some shopping.

In his presentation, Pres. Funes said that Archbishop Romero is “an unequivocal symbol of El Salvador—a symbol of a country that wants to overcome its conflicts and difficulties, and which is working to become a nation that lives in peace, with equity and with complete democracy.”  The President said that Archbishop Romero, “[i]s recognized throughout the world because of his incorruptible spirit and for his preferential option for the poor,” and that his government, which has called Romero its “point of reference” for animating policies that promote social justice, wishes to further pay tribute to his “emblematic figure” with a tourism promotion that keeps his memory alive.  The president touted El Salvador as a tourist destination, pointing out that El Salvador has fallen out of the world’s ten most dangerous countries list in the last year, due to a marked drop in gang violence (even though he made the announcement the same day that the U.S. Treasury Department announced that the Salvadoran street gang, MS-13, would be designated an international crime group subject to certain financial penalties.  Nonetheless, Funes highlighted a drop in the murder rate from 69 to 26 per hundred thousand inhabitants, associated with a gang truce sponsored by private negotiators, including the Catholic Church, which Funes supports.  The president also highlighted a recovery in tourism, with an increase of visitors of 19% over the last four years, and 6.5% in the last year, alone.
The initiative highlights a consistent commitment to symbolic tributes (critics would say lip service) to Romero during the Funes administration.  In addition to declaring him his government’s point of reference, Funes has apologized in the name of the state for the Romero assassination and accompanied Pres. Obama on a tour of Romero’s grave.  Many of the Romero sites were already tourist attractions, so critics may sense some opportunism in hitching the fortunes of other tourist sites to Romero’s wagon.  But, on balance, the official imprimatur should also raise the profile of the Romero sites.

Sunday, August 26, 2012

LA RABIA DEL MAYOR


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Según cuenta su propia hermana, Roberto D’Aubuisson, “se refería a Monseñor Romero con mucha rabia, con mucho odio”. (EL FARO.) La responsabilidad de D’Aubuisson por el asesinato está establecida hasta la saciedad a base de varios estudios, incluyendo un informe de la ONU, un proceso de la OEA, numerosas investigaciones periodísticas y hasta un tribunal federal EE.UU. Ahora la iglesia necesita establecer que D’Aubuisson actuó en «odium fidei» (“odio de la fe”).

El odio de D’Aubuisson queda plenamente establecido. Un informe de inteligencia de la CIA fechado el 25 de marzo de 1981—un año después del martirio de Mons. Romero—señala el odio que lo animaba. “Su odio de aquellos a quienes él sospecha de mantener simpatías izquierdistas”, dice el informe. Su hermana Marisa constata que D’Aubuisson canalizó ese odio hacia Mons. Romero: “Se notaba que, verdaderamente, tenía una cólera muy profunda, pues Monseñor era un líder con mucho poder de convocatoria”, recuerda. “Quizá eso a él le daba rabia”. (EL FARO, supra.) En público, D’Aubuisson se refería a monseñor con desdeño, tildándolo “el ayatola Romero ... hablaba de él lleno de odio”. (EL FARO II.) Las palabras “odio”, “cólera”, “rabia”, no dejan duda del tipo de sentimiento que palpitaba en el corazón del mayor, operador de inteligencia militar que se convirtió en exterminador de todos los objetos de su odio, y también existen varias pistas que nos llevan desde el odio generalizado específicamente al “odio de la fe”.

En primer lugar, es importante considerar el tipo de personas que estuvieron en el blanco de sus ataques. Entre estos figuraban principalmente: los seguidores de la teología de la liberación, los jesuitas y los democristianos. La identificación por D’Aubuisson de sacerdotes como enemigos surge desde la propuesta del dictador boliviano Hugo Banzer, aliado del criminal de guerra nazi Klaus Barbie, en la convención de la Liga Anticomunista Mundial, según los investigadores Terry Karl y Jon Lee Anderson. La Liga sesiona en Asunción entre el 28 y el 30 de marzo de 1977. El 20 de junio de ese mismo año, la Unión Guerrera Blanca—un notorio escuadrón de la muerte fundado por D’Aubuisson—emite su infame “orden de guerra no. 6”, que requiere a todos los jesuitas abandonar el país incondicionalmente dentro de 30 días o aceptar ser eliminados.  Al mismo tiempo, la UGB empezó a colgar avisos que exhortaban “Haz patria, mata un cura”.  El círculo intimo de D’Aubuisson, desde el libro de un colaborador que celebra su trabajo, ve a los jesuitas como los “discípulos del Papa Negro ... terroristas llamados ‘cristianos’”. (PANAMÁ SANDOVAL.) Aparte de estos clérigos, D’Aubuisson también guardaba resentimientos feroces en contra de los políticos democristianos. Los integrantes del escuadrón de la muerte de D’Aubuisson, analizó la CIA, “perciben al Partido Demócrata Cristiano como un enemigo de su partido casi igual a los guerrilleros”.

¿Qué tienen en común los democristianos con los otros grupos que estuvieron en el blanco de la persecución desatada por D’Aubuisson? Igual que los sacerdotes incluidos en las categorías de estas víctimas, los democristianos se inspiraban de la doctrina social de la Iglesia, habían fundado su partido haciendo lecturas de los escritos del Papa León XIII, y el mismo Mons. Romero dijo que el PDC buscaba “objetivos ... parecidos” a los de la Iglesia. Querer callar a todas estas voces era querer callar su voz de reivindicación profética—de la misma manera que el Papa Benedicto, en su visita al campo de exterminio de Auschwitz, dijo que los nazis trataron de eliminar a los judíos para hacer callar a los profetas: “esos criminales violentos querían matar al Dios que llamó a Abraham, que hablando en el Sinaí estableció los criterios para orientar a la humanidad, criterios que son válidos para siempre”, dijo el pontífice, “querían en último término arrancar también la raíz en la que se basa la fe cristiana, sustituyéndola definitivamente con la fe hecha por sí misma, la fe en el dominio del hombre, del fuerte”.

Roberto D’Aubuisson deja un poco al descubierto su “fe en el dominio del fuerte” (en las palabras del papa) cuando hace esta equivalencia: “Creo en dios. Y también creo en mi revolver”. D’Aubuisson no tuvo renuencia alguna para asesinar a sus enemigos de manera masiva. El himno de ARENA, el partido que fundó en 1981, amenaza de que “El Salvador será la tumba donde los rojos terminarán. Juró, según el periódico L.A. TIMES, “exterminar” a la guerrilla, amenazando de que, “tiemblen, tiemblen comunistas … criminales con costumbres de animales”. Ese discurso de reducir a hombres a la categoría de “animales”, también hace paralelo con los ataques retóricos de los nazis contra aquellos que buscaron eliminar. De hecho, D’Aubuisson “expresó su admiración por Hitler por su resolución eficiente del problema judío” (BELLO). La identificación nazi también se vislumbra desde el anónimo que recibió Mons. Romero antes de que los colaboradores de D’Aubuisson lo exterminaran. “La esvástica, símbolo del amargo enemigo del comunismo, es nuestro emblema”, decía una nota. Y D’Aubuisson se unió con nazis en la Liga Anticomunista que, según su propio colaborador, abarcaba a algunos “quienes aún creían en el nacional socialismo hitleriano”. (PANAMÁ, Op. Cit.)

La disposición a exterminar personas al estilo nazi es algo que la Iglesia ya reconoció como odio de la fe. Como lo explica el comentador católico conservador George Weigel, “el odio sistemático de la persona humana (como en el nazismo y otros sistemas totalitarios) es una versión contemporánea del odio de la fe”, ya que “la fe predica la dignidad inalienable de la persona humana y aquellos que odian a la persona odian a la fe de manera implícita”. También demuestran su odio de la fe al sustituirla por otros valores (“Creo ... en mi revolver”). Como lo explica un clérigo de la Congregación para la Causa de los Santos, “El tirano moderno... finge no estar en contra de la religión o incluso no estar interesado en ella ... [p]ero en realidad está sin religión o convierte a alguna ideología en una religión sucedánea”. (WOODARD, Making Saints, Simon & Schuster, 19.) “Cualquier persona que interpreta el nacionalsocialismo sólo como un movimiento político no sabe casi nada sobre él”, dice el mismo Adolfo Hitler, asegurando que, “Es más que una religión...” (LEVENDA, 327.)

Finalmente, el odio de la fe de D’Aubuisson se reconoce de manera que este marcó a Mons. Romero para el exterminio a causa de su trabajo por la paz. “El papel de la Iglesia como mediadora para tratar de acabar con la sangrienta guerra civil les granjeó la enemistad de la extrema derecha”, reconoce un tribunal español investigando crímenes de guerra en El Salvador. Un informe de inteligencia de la CIA también reconoció que, “los derechistas se sienten amenazados por ... el dialogo gubernamental de EE.UU y El Salv. con los líderes de la guerrilla”.

La muerte del arzobispo Oscar Romero, asesinado por un escuadrón de la muerte militar/civil en 1980 ilustra el establecimiento de un inquietante patrón”, dice el hallazgo de la corte española: “la intensidad” de las amenazas de muerte crecían “en proporción a la perspectiva del éxito” de las negociaciones por la paz que llevaba el arzobispo. Las amenazas contra Mons. Romero se tornaron más fuertes “cuando parecía que el arzobispo iba a conseguir que el presidente estadounidense Jimmy Carter cortase la ayuda militar y apoyase las negociaciones”.

Evidentemente, el odio de la fe que operaba dentro de la “rabia” del Mayor D’Aubuisson se reconoce desde su direccionamiento de ese odio a grupos de personas que tenían en común el seguimiento de la doctrina social de la Iglesia como son los seguidores de la teología de la liberación, los jesuitas y los democristianos; desde su opción por la exterminación de clases enteras de gente que no reconocía como dignos de la vida, y su admiración por la eficiencia estilo nazi de tal exterminación; y desde su rencor en contra de los operadores de la paz.

Cuando D’Aubuisson estaba hospitalizado, muriéndose de cáncer de garganta, lo visitó su hermana. Ella le tomó la mano. “Roberto”, le dijo. “Tienes que morir en paz. Te lo ruego, abócate a Romero, pídele perdón desde la parte más profunda de tu corazón, esto te dará la paz, Roberto”. (CNS.) Él reaccionó abriendo los ojos por un momento, acercándola hasta tenerla cara a cara, y ya incapaz del habla por su enfermedad, se echó a llorar.


Ver también


Pruebas indirectas del «odium fidei» (inglés)

Wednesday, August 22, 2012

ROMNEY, ROMERO & THE DEATH SQUADS


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Reports of businessmen linked to Salvadoran death squads investing money in Bain Capital—the investment firm associated with U.S. Presidential Candidate Mitt Romney—raise important questions about whether the investors had any such links, and what Mr. Romney knew about them. An independent commentator recently concluded that, “The evidence” of linkage “is tenuous at best,” and that there is, “no evidence that Mitt Romney was ever aware,” of any linkage. Unfortunately, in the hyperbole of a campaign year, some of the reporting misleadingly implies that a definitive link between the investors and death squads has been established, and that Romney either knew, or turned a blind eye to it. The reporting also implies a connection with the assassination of Archbishop Romero. That insinuation, for one, is spurious.

An example of the sloppy coverage came in a recent interview of Ryan Grim, the author of a Huffington Post piece on the supposed link. Amy Goodman, host of the independently syndicated Democracy Now!, played a clip of Raul Julia as “Romero” and then asked Grim to “talk about how he died and the connection to your story.” Grim responded that we “know, conclusively, that [Romero’s] assassination was ordered by Roberto D’Aubuisson;” that D’Aubuisson started the rightwing ARENA Party, which was “quite simply, the political organization which was managing the death squads;” and therefore, “Mitt Romney, in this context, knew very well what was happening in El Salvador.” While the evidence consistently points to ARENA founder D’Aubuisson as the intellectual author of Archbishop Romero’s assassination, the characterization of ARENA as “the political organization which was managing the death squads” that killed Romero is problematic: Romero was killed on March 24, 1980, and ARENA was first registered as a political party in El Salvador on December 4, 1981.

What Grim may have intended to say was that Romney should have known that D’Aubuisson was accused of leading the death squads in 1984, when the questioned Bain investments were made; that he should have known the investors were linked with ARENA and that ARENA was founded by D’Aubuisson; and that therefore Romney should have questioned whether the investors could be linked to D’Aubuisson’s death squad activity, as well. But that linkage is much more tenuous than what Grim said in his response.

Evaluating the byzantine relationships considered in the Huffington Post article and a similar article recently posted on Salon.com requires following a convoluted path, but none of the suggested connections used to cast suspicion on Romney and Bain establish a direct link between the investors and the death squads, and certainly not with the assassination of Archbishop Romero. A titillating prospect is put forth in the Salon piece, authored by Justin Elliot, who posits that the original Bain investors included four members of the de Sola family, and that a fifth member of that family is mentioned in a ledger seized from a D’Aubuisson aide which reflects purchases of weapons used in the Romero assassination. While that much is true—that the de Sola kinsman was named in the ledger—the man in question, Orlando de Sola, was not mentioned in the ledger in relation to the Romero assassination, but with respect to another matter (making contributions to the Nicaraguan contras, an armed group seeking to topple the neighboring Sandinista regime).

Similarly, the Huffington Post piece floats the possibility that certain named investors or their relatives could be linked to the death squads, but does not quite get us there. Some of the suspicions entertained and promoted are based on accusations against the investors’ relatives, as was true in the Salon piece just discussed. At other times, the suspicion is based solely on a connection to the ARENA Party. For example, the Huff piece notes that, “Ricardo Poma was the first investor Romney thanked when he traveled to Miami in 2007,” in a notorious speech in which Romney name-dropped some of the Salvadorans to flaunt his Hispanic bona fides. Ricardo Poma (the man Romney thanked), the article continues, “became one of the three members of the Bain Capital investment committee,” and it concludes with the ominous note that, “The Poma family were financiers of D’Aubuisson’s ARENA party.”

While factually true, the danger is that, by themselves, these facts about the de Solas and the Pomas, don’t establish complicity with the death squads. For one thing, wealthy Salvadoran families often were divided between members who were complicit with one band and those who sympathized with the other side. Miriam Estupinián was Archbishop Romero’s private secretary and devoted collaborator. She herself was from a wealthy family, from whom she hid her work with Romero. (In fact, even the D’Aubuisson family is thus split. Marisa D’Aubuisson, sister of the ARENA founder, is a fervent Romero devotee, who encouraged her brother to kneel in repentance at Romero’s grave.) In an interview, the archbishop’s secretary described how “progressive” members of these families worked on the same archdiocesan projects that she worked on for the benefit of the poor, and that among these progressive businessmen were, “Francisco de Sola, Ricardo Poma, Luis Poma,” and others—the same families (de Sola and Poma) and even the same individuals (Ricardo Poma) accused in the Salon and Huffington pieces.

Archbishop Romero himself appears to vouch for these families. In his pastoral journal, he recounts a meeting in August 1979, with “Messrs. Poma and de Sola.” He describes them as “Two leaders of private enterprise who are very concerned about the country’s situation, and they wanted to share with me their opinion on the matter since, they maintain, the Church is the only entity that has a moral voice that can guide the country.” Archbishop Romero recounted the Poma and de Sola meeting in his next Sunday sermon and he described them as “businessmen who maintain good labor relations with their workers, even beyond that which the law requires,” and called them “lights of hope.” Romero’s secretary recalls that the families were friendly towards the archbishop as well, and that he had to turn down their gifts. “The Pomas,” she recalled, “were going to give him a car, and he said no.”

Of course, it is still possible that some of the Bain investors had real connections to the death squads that have not been fully described or disclosed. But it is wrong to impute guilt by association or to bandy about Archbishop Romero’s good name just to score political points. That’s just the type of manipulation of his figure that has hurt his cause. Such manipulation was evident in a recent opinion piece that posited that, because Romney was in bed with death squads responsible for the death of Romero (an unproven contention, we know), Romney is not really “pro-life” (“They killed priests, nuns and Archbishop Oscar Romero. How pro-life is that?”).

While we should ask Mr. Romney’s campaign to provide more information about the Salvadoran investors (and, if necessary, ask Bain to divest itself of any “blood money”), let’s not rake Archbishop Romero through the mud. We would do well to model Romero, who did not shrink from denouncing atrocities, but he made sure that any accusation was first substantiated by his legal team. Perhaps tellingly, although Archbishop Romero repeated death squad accusations against D’Aubuisson, he did not make those accusations against the Bain investors.

Sunday, August 19, 2012

EL ÍCONO DE «LOS SITIOS»



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La que podría ser la foto más icónica y apreciada de Mons. Romero fue tomada hace treinta y tres años un domingo 19 de agosto de 1979, en el Cantón de los Sitios Arriba del departamento de Chalatenango. En la famosa imagen, Mons. Romero aparece sentado en una fila de sillas, sosteniendo a una niña vestida de blanco, mientras otro niño que está con ellos admira su crucifijo pectoral. Los niños eran Rosa Irma Gutiérrez, que tenía 5 años cuando la foto fue tomada, y Rafael Gutiérrez, primo de Irma, entonces de 14 años. Más interesante que estos datos de archivo sobre la foto, está el drama de aquel día.

Ese día, aquella población vivió un ambiente festivo por la llegada de Mons. Romero: con cantos, gallardetes, atolada, cohetes, y misa. (Ayala Ramírez.) En su diario, Monseñor resume el tema de su sermón en la misa de campo celebrada aquel día: “Hice un llamamiento a la civilización del amor”. José Eduardo Gutiérrez, un familiar de los niños que aparecen en la foto, recuerda la escena: “celebramos la abundancia de las cosechas, del maíz, los frijoles, los pipianes y todos los alimentos con los que el pobre sobrevive”. (Cartas a las Iglesias.) Otra de las fotos tomadas aquel día muestra a Monseñor recibiendo los dones en una mesa de altar bajo el sol. “El acto fue sumamente simpático”, escribe en su diario, “aunque bajo un sol canicular”. Describe el mensaje que pronunció aquel día: “Les prediqué del pan de la vida al que debe de elevarse el pan de la tierra. La tortilla de nuestro maíz; y que le diéramos gracias a Dios, pero que eleváramos hasta Dios todos estos dones que él nos da”.

Los momentos captados en la famosa foto hablan por sí mismos, pero los recuerdos de los niños son evocativos. “Estaba muy contento de la presencia de Monseñor Romero en mi cantón”, recuerda Rafael (el adolescente que mira la cruz), “pues grandes multitudes de personas de lugares vecinos, periodistas de otras partes venían a acompañarnos a la celebración que Monseñor Romero iba a oficiar”. (Cartas.) La niña de cinco años, por supuesto, tiene recuerdos borrosos, pero sentimentales, del hecho. “Exactamente no recuerdo aquellas palabras que amorosamente me dijo”, dice Irma, “pero si recuerdo que con mucha timidez contemplábamos todo aquello que de niños nos llamaba su atención, su crucifijo, su anillo, su vestuario”. (Id.) “Para mí ese fue un momento muy especial, una bendición de Dios y de Monseñor Romero”, dice Irma. “Él llenó nuestros corazones de fe, y de fuerza para creer más en Dios”. (Semana.)

Pero antes de este momento de ternura captado en la foto hubo una tensión terrible cuando Mons. Romero intentó ingresar al pueblo—algo como una de las escenas dramatizadas en la película “Romero” con Raúl Julia. “Un retén militar a la entrada del pueblo hizo el ya consabido cateo”, cuenta Monseñor en su diario, “en que no respetan la presencia del Arzobispo que va a visitar al pueblo que le toca visitar por razones de su Ministerio y sospechan hasta el punto de examinar todas las cosas que se llevan en el carro. ¡Dios los perdone y los ilumine!” El niño que admira el crucifijo en la foto presenció una escena de indignidad e irrespeto al arzobispo por parte de los guardias a su llegada. “Estos obligaron a Mons. Romero se quitara hasta la camisa para hacerle un registro”, recuerda Rafael, pero “las personas que acompañaban a Mons. Romero comenzaron a cantar”.  (Cartas.) Una de las que cantaban era Francisca Gutiérrez, a quien su hijo aconsejaba callar para no exponerse a peligro. “Pero yo cantaba: ‘No tenemos miedo, no tenemos miedo’. Así fue. Y al final lo dejaron pasar”. (Radio Mundial.)

La acción policial era parte de una escalada de intimidación contra Monseñor por el aparato militar, que lo seguía por sus viajes apostólicos, haciendo despliegues de poder. “En todo Dulce Nombre de María estaba desplegado el ejército que vino de El Paraíso y Chalatenango”, recuerda Rafael. (Cartas.) Mons. Romero ya había denunciado esta campaña de hostigamiento al anunciar su visita al cantón. “Ojalá que los retenes no nos vayan a estorbar", advirtió en su homilía del domingo anterior, “a la gente que va a usar uno de sus derechos más sagrados: el derecho de creer, el derecho de reunión”. El familiar de los niños que fue entrevistado recuerda que al ser interrogado por los soldados, “Monseñor les dijo que el nada más llegaba a dar gracias a Dios por permitir una cosecha más y darnos el sustento diario incluso hasta el de ellos mismo”. (Cartas). “Mi homilía”, había adelantado Monseñor, “quiere ser el alimento que el pastor da a su pueblo de Dios; si desde el Pueblo de Dios se expande hacia el pueblo en general, pues, ¡Bendito sea el Señor!, pero que no se estorbe esta palabra”.

La misa de Los Sitios fue—recuerda Irma—fue “como una fiesta en donde todos asistimos muy contentos, pues nos visitaba Monseñor Romero un padre que según nos decía mi abuelita predicaba tan cabal el evangelio, la doctrina y, sobre todo, proclamaba con tanto valor las injusticias para nosotros los pobres”. (Cartas.)


Irma y Rafael.  (Foto BBC.)

Tuesday, August 14, 2012

95° ANNIV. NASCITA MONS. ROMERO


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15 agosto è il 95 ° anniversario della nascita di mons. Oscar Romero. La data è diventato un giorno di festa a Ciudad Barrios, il luogo dove nacque Romero.

Ogni anno, carovane di pellegrini da San Salvador vanno a Ciudad Barrios di ricordare Romero e la sua eredità.

La commemorazione coincide con la festa dell'Assunzione e con la festa di San Arnolfo (il secondo nome di Romero è Arnulfo), ma la festa ha raggiunto le proprie caratteristiche distintive.

Nel 2003, il tema del pellegrinaggio è stato rapporti Romero con i Romani Pontefici.

Nel 2008, la celebrazione ha sottolineato la fedeltà di Romero al Vangelo.

Nel 2009, gli organizzatori hanno cercato di evidenziare l'infanzia di Romero a Ciudad Barrios.

Nel 2010, i pellegrini hanno pregato per beatificazione dell'arcivescovo.

E l'anno scorso, le esposizioni sono stati collocati al di fuori per le strade per ospitare un clima ecumenico. I pellegrini che si è recato Barrios si è trovato in compagnia di Gaspar Romero, fratello dell'arcivescovo, che è andato con la delegazione.

Quest'anno, i pellegrini si riuniscono presso la Cattedrale Metropolitana e fare il viaggio da lì a Barrios. Una volta lì, i pellegrini potranno vedere i film documentari e riflettere sul l'uomo nato 95 anni fa.

Friday, August 03, 2012

ROMERO and the DIVINE SAVIOR



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At Plaza de las Américas—the iconic front porch of glitzy West San Salvador, on the far end of Alameda Roosevelt, the outstretched ribbon that leads east from here to the gritty urban clutter of downtown San Salvador and the Metropolitan Cathedral—there are two monuments. One is the postcard attraction that literally defines El Salvador: an image of Christ, astride the terrestrial orb, atop an obelisk-like pedestal. “El Divino Salvador del Mundo”—the Divine Savior of the World, is the country’s patron, and His Feast Day, on the 6th of August, is the country’s own spiritual holiday. The Divine Savior inhabits a monumental roundabout on the Alameda and, in a landscaped traffic island about 350 feet in front of it, stands a human scale statue of Archbishop Oscar Romero. It is a providential placement.

Romero stands between Jesus and Greater San Salvador, as if he was an intermediary between the Savior and the saved. “When I as pastor speak to the People of God, I do not pretend to be a teacher for everyone in El Salvador,” Romero said in his famous last Sunday sermon. Instead, he said, he was, “the servant of that remnant that calls itself the Church, the Archdiocese.” For that reduced group of true believers, Romero insisted, he was “the teacher who speaks to them in Christ’s name.” Romero is also a mediator between Salvadorans and their Divine Savior because he made it a point to explain with greater clarity than any other preacher the meaning of their national feast. Beginning with an Aug. 6 sermon the year before he became archbishop, and with three of his four pastoral letters issued on the date of the national feast, Romero developed what he would call a “Transfiguration Theology.” The Salvadoran holiday celebrates the Feast of the Transfiguration—the Gospel account wherein Jesus is confirmed in his Messianic mission by God’s voice from on high, and His face shines like a brilliant sun. Jesus, Romero preached, is inviting Salvadorans to transfigure themselves so they can then reform their corrupt society. This was, Romero preached, the genuine path to true Liberation.

Over the years, Plaza de las Américas, or Divine Savior Square as locals call it, has become the rallying point for parades, carnivals, and protest marches of every stripe, which then proceed down Alameda Roosevelt to San Salvador’s main square, where the old National Palace and Metropolitan Cathedral are located. It is also the path of the candlelit processions that commemorate Romero’s murder, every year. Therefore, Romero, in statue form at the Divine Savior monument, and in his bodily remains at the Cathedral, continues to bear witness to the trials and celebrations of his nation. This year, Salvadorans were reminded of Romero’s perennial presence as a symbol and point of reference when, during nationwide protests spurred by the right in an institutional showdown between El Salvador’s still immature branches of government, protesters defaced Romero’s statue. The incident touched a raw nerve, unpacking quiet but deep indignation—not only at the damage to the monument, which was grave, but more at the inherent disrespect of the vandalism. The feeling was so widespread that the rightwing mayor of San Salvador—a presidential aspirant—appeared at the site of the monument and denounced what he called the “hatred” of the attack, called for respect for the figure of Romero, and promised that the city would help pay for the restoration.

In March 1980, Romero preached his last Transfiguration sermon. He sounded a hopeful note. “God’s plan is loving and powerful and capable of transfiguring all the miseries, injustices, and sins of the people of El Salvador”—he said—“transforming all these realities and all women and men into people in whom the beauty of Christ’s justice and holiness shines forth.” The monuments at Plaza de las Américas embody that hope.

Wednesday, July 11, 2012

POLÉMICO JURISTA INSPIRADO POR ROMERO


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El presidente actual de la Corte Suprema de El Salvador ha anunciado que el Magistrado Florentín Meléndez (foto -  izquierda) lo relevará como presidente del máximo tribunal jurídico de ese país el lunes 16 de julio del 2012. Meléndez fue un colaborador del “Socorro Jurídico” de Mons. Romero, y ha destacado como un jurista eminente en la materia de los derechos humanos—fungiendo por un tiempo como Presidente de la Comisión Inter-Americana de Derechos Humanos de la OEA—pero su llegada al liderazgo de la suprema salvadoreña es bastante incierto. Meléndez y el presidente de la corte actual integran un grupo de magistrados que reclaman ser la Corte Suprema de El Salvador. Pero sus fallos han sido declarados sin efecto por una corte regional centroamericana y la Legislatura y el Presidente de El Salvador reconocen a otro grupo, y a otro presidente entrante, como la verdadera corte.

La crisis institucional resultante del enfrentamiento entre la corte actual y las otras instituciones del poder en El Salvador hacen recordar los enfrentamientos monumentales en los tiempos de Mons. Romero, y quizá algo de la polémica se trace a la injerencia de Mons. Romero sobre su discípulo jurista. Mons. Romero jugó un papel activo en el fortalecimiento de la tutela legal en El Salvador. Como bien lo resume Mons. Ricardo Urioste, “El énfasis de Monseñor Romero en la denuncia de violaciones de derechos humanos tuvo un enorme impacto en la comunidad nacional y despertó el interés de la comunidad internacional, especialmente de las organizaciones especializadas en la defensa, promoción y protección de los derechos humanos”. En efecto, Mons. Romero tuvo una fuerte visión sobre la necesidad de tener vigente un estado de derecho y un papel protagónico para la Corte Suprema de Justicia en El Salvador. De hecho, monseñor se quejaba de que la corte de su época era demasiado tímida: “¿Dónde está el papel trascendental de una democracia de este Poder que debía de estar por encima de todos los poderes y reclamar la justicia a todo aquel que lo atropella?” (Homilía del 30 de abril de 1978.) El papel de la corte, decía Mons. Romero, es “exigir a las Cámaras, a los juzgados, a los jueces, a todos los administradores de esa palabra sacrosanta—la justicia—que de verdad sean agentes de justicia”. (Ibid.) Y añadió: “Yo quiero felicitar a los abogados cristianos o no cristianos, pero con gran sentido de justicia, que están poniendo el dedo en la llaga”, al exigir el cumplimiento de la ley. (Id.)

Florentín Meléndez definitivamente ha estado “poniendo el dedo en la llaga” desde su llegada a la cámara de lo constitucional de la Corte Suprema salvadoreña. “El Tribunal Constitucional de El Salvador”, escribió un eminente bloguero de los acontecimientos en El Salvador, “se ha convertido en un campeón del derecho al voto de las personas, recortando algunos de los poderes de los liderazgos de los partidos políticos”. En varios fallos inéditos en la época de cortes tímidas que Mons. Romero lamentaba, la sala constitucional de Meléndez apachó en reiteradas veces los intereses de los partidos políticos: tachó dos partidos históricos fracasados que habían sido habilitados por un pacto entre los partidos, autorizó la posibilidad de tener candidatos independientes, frustró un atentado de limitar el poder de la sala al requerir que sus votos sean unánimes para poder tener efecto, y ahora ha dejado sin efecto los nombramientos judiciales de la Legislatura en el 2006 y el 2012, propiciando el choque de poderes cuando la legislatura y el presidente de la república se han negado a dar efecto a más fallos de la corte, argumentando que la corte ha sobrepasado sus facultades en sus últimas decisiones.

El despliegue de aliados que resulta del enfrentamiento es interesante. Se oponen al seguidor de Mons. Romero, Florentín Meléndez, y sus magistrados colegas el partido FMLN conformado por la ex guerrilla, y su presidente, quien tomó públicamente al arzobispo mártir como su referencial para gobernar. Se oponen a Meléndez y sus colegas el sindicato de trabajadores de la corte y se opone lo que queda del partido de la ex democracia cristiana, cuyos antiguos integrantes tuvieron alguna cercanía con Mons. Romero en vida. En cambio: se aglutinan a la causa de Meléndez y los magistrados rebeldes, ARENA, el partido de derecha; ANEP, la cámara de comercio, y grupos industriales y empresariales. Al dejarlo ahí podría parecer que es un enfrentamiento de izquierdas contra derechas, y que Meléndez está jugando por la causa de los sectores más conservadores de la sociedad salvadoreña. Pero también apoyan a Meléndez la conferencia episcopal católica, la universidad jesuita, otros grupos juveniles universitarios, grupos de juristas, varios sindicatos, y un grupo feminista, entre otros. La verdadera distinción es entre los que apoyan el estado de derecho y la estabilidad jurídica y los que quieren apoyar a la izquierda porque le conviene políticamente.

Cuando Meléndez era integrante del “Socorro Jurídico” del Arzobispado, Mons. Romero visitó al grupo de trabajo para firmar un circular que habían elaborado. “Me dio mucho gusto que todavía a las diez de la noche, cuando llegué, estaban trabajando con mucho entusiasmo”, apunto monseñor en su diario. (Viernes 14 de abril de 1978.) Llamándolos un “impulso esperanzador de los hombres de la ley que quieren colaborar con un sentido más noble de su noble profesión”, Mons. Romero notó con aprobación que “están dispuestos a hacer respetar el imperio de la ley”. (Ibid.) Esto sería lo más importante para monseñor, ya que, “El respeto por el imperio de la ley promueve la justicia y elimina las semillas de la subversión”. (Hom. 11 dic. 1977.) Al contrario, “Al abandonar ese respeto, los gobiernos ... invalidan su arma más poderosa, su autoridad moral.” (Ibid.)

Simbolismo

Monumento de Mons. Romero “vestido de blanco”—simbolismo de los que exigen cumplimiento a los fallos de la corte del Magistrado Meléndez (foto Diario El Mundo). Nota del blog: la intención de este escrito ha sido constatar la conexión de Meléndez con Mons. Romero, y jamás especularía si Mons. Romero estaría a favor o en contra de esta o la otra parte, más allá de lo que se ha dicho de forma genérica sobre el imperio de la ley, etc. Condenamos el “vandalismo” del monumento, y la manipulación de su figura.

Perspectivas & análisis

Linda Garrett, Centro para la Democracia en las Américas (inglés)
Fundación para el Debido Proceso Legal
Joaquín Villalobos
Editorial Washington Post (inglés)
Héctor Dada Hirezi
Dagoberto Gutiérrez (video) (escrito)
Facundo Guardado
CISPES (inglés)
Editorial El Faro
Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas" (UCA)
Mary O'Grady, Wall Street Journal (inglés)
Editorial Diario CoLatino
Publicidad del FMLN (video)

Tuesday, July 03, 2012

NEW CDF PREFECT A ROMERO ADMIRER



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In what Vatican watchers are calling a “critically important move” (See Allen, NCR), Pope Benedict has appointed Bishop Gerhard Ludwig Müller as the new Prefect of the powerful Congregation for the Doctrine of the Faith, the Vatican agency where Archbishop Romero’s canonization cause is currently awaiting to be processed. Bishop Müller is personal friends with the “Father of Liberation Theology” Fr. Gustavo Gutiérrez and has expressed admiration for Archbishop Romero.

Writing last year in the German magazine Christ und Welt, Bishop Müller responded to a liberal ecumenical group which proposed an unauthorized canonization of Archbishop Romero to protest the beatification of Pope John Paul II. “By what right does one witness the lives of two great servants of God to claim to sow the weeds of discord and distrust in the fields of the Church?,” Müller demanded, warning that to drive a wedge between the two constitutes a “destructive antagonism”, and a “disastrous exploitation of the holy martyrs of Jesus Christ.” Müller argued that John Paul and Romero were united in the service of Christ. “In different ways, John Paul II and Óscar Romero served the kingdom of God,” he argued. “They are committed to the unity in Christ and unity in his church. We should not argue about the saints that God gives his Church,” Müller wrote, “but learn from them,” to obtain a richer understanding of the Gospel.

Writing specifically about Archbishop Romero, Müller defended his orthodoxy. “Anyone who reads the moving sermons of the Servant of God Oscar Romero finds,” he said, “no evidence of a difference with Catholic doctrine.” Moreover, Müller praised Romero as a model bishop: “Archbishop Romero,” he wrote, “is truly the voice of those without a voice, and thus an advocate of the poor and an example to every bishop as a defender and father of the ‘poor, homeless and neediest of all’,” as every bishop is called to be during his ordination. Müller wrote that the final words of Archbishop Romero’s last sermon—the improvised Eucharistic prayer seconds before his assassination—is “his legacy to us.” In a revealing touch, Müller quoted the text in its entirety, and cited the accurate version of the quote, not the commonly available version which contains an error (previously discussed in this blog). Finally, Müller has attended the commemoration of Archbishop Romero’s anniversary in San Salvador.

Bishop Müller also co-authored a book with Fr. Gustavo Gutiérrez on the Latin American church movement, Liberation Theology. (An der Seite der Armen. Theologie der Befreiung [“On the Side of the Poor. The Theology of Liberation”], Augsburg 2004). “With Gustavo, I learned more deeply the meaning of this theological current,” Müller told a Peruvian university magazine in 2008, explaining that he first became exposed to the movement at a Peruvian seminar on it in 1988. He has also stated that Gutiérrez’ theology, “is orthodox because it is orthopractic and it teaches us the correct way of acting in a Christian fashion since it comes from true faith” (Ab. Romero’s theology has been subject to CDF scrutiny for orthodoxy and ‘orthopraxy’).  Müller has reportedly attended retreats with Gutiérrez every year since 1998 to the present. “The great challenge that we have as intelligent beings and creatures of God is studying reality and acting according to morality and ethics,” Müller told the Peruvian magazine. “When Jesus returns, the first thing He will ask us is what we have done for the hungry and those who suffer the most.”

But for all his sympathy Bishop Müller’s appointment might not mean very much for Archbishop Romero’s cause if it were not for one thing—the complete confidence of Pope Benedict XVI, which is that much more important given the climate of leaks and distrust in the current Vatican. “Müller clearly enjoys the pope’s confidence,” John Allen writes, noting that Müller compiled the comprehensive collection of all the pope’s theological writings. Pope Benedict has known Müller for years, and even attended Müller’s Episcopal ordination, where Müller took as his motto “Dominus Iesus,” the title of one of the Pope’s important writings while he was Prefect of the Congregation for the Doctrine of the Faith—the office Müller will now hold.

It is almost certain that Bishop Müller’s appointment won’t constitute an affirmative boost to Archbishop Romero’s canonization. That is, Bishop Müller cannot push the process forward. But it seems equally sure that anyone counting on the process to be derailed by the Congregation for the Doctrine of the Faith now is bound to be disappointed. For example, Fr. Jon Sobrino has said that some objections to the canonization cause arise from Ab. Romero’s collaboration with Sobrino, who is associated with Liberation Theology. Bishop Müller’s collaboration with Gustavo Gutiérrez (who similarly was rebuked by the CDF previously) is likely to take the sting out such objections. And while Müller cannot ordain the beatification to happen, his friendship with Gutiérrez demonstrates that it is more difficult to condemn someone who advocates for the poor once you get to know them: in a recent interview, the rector of the Jesuits in Munich said that John Paul’s interactions with Romero led the pontiff to “a much better understanding of the archbishop’s situation” and “an evolution” in the pontiff’s assessment of Liberation Theology. With Bishop Müller’s appointment, it seems very likely that Ab. Romero will have a fair judge at the CDF.

Sunday, July 01, 2012

SENTIRE CUM ECCLESIA



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En estas últimas ponencias, hemos tratado de ubicar a Mons. Romero en el mundo católico. Es que solo midiéndolo en relación a otros católicos sobresalientes—podríamos decir, inconformistas—es que podemos situarlo en su lugar apropiado dentro de la Iglesia. Desde este análisis, Mons. Romero se configura como un personaje eminentemente católico. No es posible entenderlo en otro marco de referencia, cada uno de los puntos de análisis nos dan luces claras sobre el pensamiento y el accionar de Romero, el hombre estratégico, el espiritual, el católico.

Podemos posicionar a los doce (¡hasta el número es católico!) nombres que hemos considerado en un espectro desde el más conservador, política y teológicamente hablando, hasta el más progresista o “profético”, y esta evaluación en sí nos ayuda a ver a Romero en el centro de esta agrupación eclesiástica—y no al margen. Seguramente, Marcel Lefebvre es más tradicionalista—pero no más ortodoxo, ya que Lefebvre no duda en desligarse del papa y de la Iglesia, algo que Mons. Romero dice que jamás siquiera se le ocurriría hacer. Verdaderamente, Marcial Maciel es más oficialista—pero no más santo, ya que su escandalosa vida personal es algo que lo hace contrastarse más con Mons. Romero que su actitud conservadora. San Josemaría Escrivá tiene la fama de marcar el destacamento derechista más extremo del mundo católico. Sin embargo, vemos a Mons. Romero dialogar con el Opus Dei durante toda su carrera, incluyendo sus años de arzobispo, sin ningún problema.

Y cuando consideramos a Mons. Romero con ejemplares convencionales, aceptados sin renuencia alguna en el seno de la Iglesia, vemos mucha incidencia y coincidencia. Igual que Los Cristeros que se enfrentan con un régimen izquierdista por un extremo, o el obispo alemán el Beato Clemens von Galen, que se enfrenta con los fascistas al otro extremo, vemos a un Mons. Romero que está dispuesto a peligrar desde el punto de vista político hasta personal por no traicionar su misión de predicar el evangelio. Y entre estos dos extremos, cuando consideramos la opción por la justicia y por los pobres de San Maximiliano Kolbe, de San Martín de Porres o de la Beata Madre Teresa, encontramos en Mons. Romero un amor por los despreciados y marginalizados que excede la caridad de la mayoría de cristianos para quien la caridad raramente implica tener que tomar posiciones incomodas.

Si bien es cierto que Mons. Romero se mantiene en comunión con el ala activista del catolicismo por decirlo así—refiriéndonos a los Democristianos en El Salvador y la Sierva de Dios Dorothy Day en Estados Unidos—también vemos distanciamientos importantes cuando pasamos de un activismo conforme al magisterio de la Iglesia a puntos de vista más disparados de la tradición, como son las teologías de Jon Sobrino y Leonardo Boff. Mons. Romero mantiene relaciones amistosas con ellos y sin duda comparte su preocupación por los pobres y la búsqueda de justicia para ellos. Pero no duda en reiterar que su teología es la autorizada por la Iglesia, y en algunas ocasiones aprovecha para hacer un contraste o gentil corrección de lo que considera acercamientos equivocados.

Aparte de las diferencias que puedan existir entre una tendencia u otra, lo que sobresale en estas comparaciones es el dialogo constante que Mons. Romero sostiene—a veces directamente, a veces indirectamente, y otras en total silencio—con el mundo católico. La Iglesia es su escuela, su red social, su fraternidad—su madre y maestra. Los criterios que tiene, los ha recibido en el seminario, en retiros espirituales, en su lectura de los papas. Y los que adquiere, los busca primero en el mundo católico y aunque dialoga con todos los sectores políticos de su tiempo, su zona de confort siempre es la Iglesia.