Monday, July 11, 2016

Romero con SS. Juan Fisher y Tomás Moro


 
BEATIFICACIÓN DE MONSEÑOR ROMERO, 23 DE MAYO DEL 2015
 
 
Foto HolaCiudad.com
Una última reflexión después de venerar las reliquias del Beato Óscar A. Romero junto a las de los santos ingleses, Tomás Moro y John Fisher, en la catedral de Los Ángeles, contabiliza lo que podemos aprender de los compañeros mártires. Tomás Moro y Fisher fueron ejecutados a sólo semanas de diferencia en 1535, ambos por el rey Enrique VIII, debido a la oposición de ellos a la creación de Henry de una Iglesia en ruptura para obtener un divorcio sin el permiso de Roma. La situación plantea inmediatamente una analogía con el Beato Romero y el P. Rutilio Grande, cuyas muertes fueron igualmente no simultáneas, pero todavía se consideran estar estrechamente vinculadas en el marco del conflicto Iglesia-Estado salvadoreño.
Tan estrechamente ligados estuvieron Tomás Moro y John Fisher que fueron beatificados juntos por el Papa León XIII en 1886, y también canonizados juntos por el Papa Pío XI en 1935. Los dos comparten una fiesta, tanto en el calendario Católico como el anglicano. El catolicismo conmemora los dos Santos, el 22 de junio—el aniversario del martirio de Fisher; el mundo anglicano observa el memorial el 6 de julio—el aniversario de la muerte de Moro. La vinculación entre la santidad de Fisher y Moro nos hace pensar en la campaña en la Iglesia Salvadoreña por canonizar a Romero y beatificar a Grande en una sola ceremonia.
En términos más generales, la vinculación entre More y Fisher recuerda el enfoque conceptual para el martirio de Romero y Grande. Según revelado en la «Positio super martyrio» de Romero, el martirio del arzobispo fue establecido al comprobar tres puntos relacionados: (1) hubo persecución en El Salvador; (2) su violencia fue dirigida hacia miembros de la Iglesia; (3) la misma persecución agredió a Mons. Romero. «Positio», capítulo XX. Para establecer que Grande es un mártir, el mismo argumento debería funcionar. En efecto, los puntos (1) y (2) serán los mismos para Grande que fueron para Romero, y que ya se han establecido. Lo único que los postuladores de Grande tendrán que establecer es el punto (3), que la misma persecución alcanzó a Grande, sustituyendo esencialmente el nombre de Grande por el de Romero (y haciendo la proyección de hechos correspondiente).
En el momento de su ejecución, hubo muchos paralelismos entre el martirio de Fisher y el de San Juan Bautista, que fue ejecutado por el rey Herodes Antipas por impugnar la validez del matrimonio de Herodes con la ex esposa divorciada de su hermano, Herodías. Oportunamente, muchos han trazado paralelos similares entre San Juan Bautista y el jesuita salvadoreño, Rutilio Grande. Esas comparaciones se han hecho en relación a Romero, para quien Grande se dice haber sido un profeta precursor (como el Bautista lo fue para Cristo).
Estos compañeros mártires también nos muestran que Jesús envía a sus discípulos “de dos en dos” (Marcos 6, 7).

Friday, July 08, 2016

Romero and St. Thomas Becket


BEATIFICATION OF ARCHBISHOP ROMERO, MAY 23, 2015

 
John Paul II and the Archbishop of Canterbury pray at the altar where St. Thomas Becket was martyred; during the May 1982 ceremony, they also lit a candle for Oscar Romero.

#BlessedRomero #MartyrOfMercy
Venerating the relics of Blessed Oscar Romero and the English saints, Thomas More and John Fisher, at the L.A. Cathedral was occasion to reflect on the lessons of the English martyrs, particularly as it relates to the political dimension of martyrdom.

Martyrdom, we must say, is historically related to politics.  There is, as it were, a political dimension to martyrdom.  Los Angeles Archbishop Jose H. Gomez acknowledged this during his homily at the Cathedral ceremony, when he said that, “Following Jesus means that we are going to come in conflict with the authorities in society, just as Jesus did and just as the saints and martyrs did.”

The English saints like St. Thomas More, follow that pattern.  Before More, though, another English martyr had run afoul of earthly authority, and that was St. Thomas Becket, the last archbishop killed at the altar before Blessed Romero.  There are many parallels between Becket and Romero.  Becket originally enjoyed the support of the powerful, having been favored by the King, who expected Becket, a personal friend, to do his bidding.  Becket instead became a staunch defender of Church interests in a conflict between Church and state.  Becket was urged by the Pope of his day to compromise with the King and he sought to do so, but refused to compromise his principles.  In the end, Becket was killed at the altar by four of the King’s knights after the King, in frustration, had blurted out, “Who will rid me of this turbulent priest?”

These parallels between Becket and Romero are obvious, and so are the political overtones to much of Becket’s story.  King Henry did not lash out against Becket primarily because he hated the Christian faith.  The King was frustrated that Becket was thwarting his political plans.  The King and the Archbishop had an ongoing turf war.  Becket was excommunicating officials who took the King’s side—he was a thorn on the King’s side.  Nevertheless, Becket was canonized within 3 years of his assassination.  The speed is attributed to Becket’s popularity among the commoners, and to the horrified reaction of Christian Europe to a murder at the altar.  In fact, Pope Alexander III made King Henry II submit himself to humiliating public acts of contrition, including wearing a hair shirt and having to make a pilgrimage to Becket’s tomb to be forgiven.

The similarities between Becket and Romero continue after their deaths.  When Henry VII broke away from the Catholic Church in the 1500s, he had Becket’s shrine destroyed and his bones scattered.  This event recalls the action of the Salvadoran military, when, during the massacre of the Jesuit staff of San Salvador’s Jesuit university in 1989, they shot up and desecrated the photograph of Romero on the wall—a symbolic second killing of the martyr.  Those acts are a testament to the power of the martyrs, who continue to speak after they are dead, and continue to bother and vex their persecutors.

Romero y Sto. Tomás Becket


BEATIFICACIÓN DE MONSEÑOR ROMERO, 23 DE MAYO DEL 2015

 
Juan Pablo II y el Arzobispo de Canterbury oran ante el altar donde Santo Tomás Becket fue martirizado; durante la ceremonia de mayo 1982, también encendieron una vela por Óscar Romero.

Venerar las reliquias del Beato Oscar Romero y los santos ingleses, Tomás Moro y Juan Fisher, en la catedral de Los Ángeles fue ocasión para reflexionar sobre las lecciones de los mártires ingleses, particularmente en lo que a la dimensión política del martirio se refiere.

El martirio, hay que decirlo, tiene que ver históricamente con la política. Existe, por decirlo así, una dimensión política del martirio. El Arzobispo de Los Ángeles José H. Gómez lo reconoció durante la homilía de la ceremonia de la catedral, cuando dijo que: “Seguir a Jesús significa que vamos a entrar en conflicto con las autoridades de la sociedad, tal como lo hizo Jesús, y también como lo hicieron los santos y los mártires”.

Los santos ingleses como Santo Tomás Moro, siguen ese patrón. Pero aún antes que Santo Tomás, otro mártir Inglés había entrado en conflicto con la autoridad terrenal, y este era Santo Tomás Becket, el último arzobispo asesinado en el altar antes que el Beato Romero. Hay muchos paralelos entre Becket y Romero. Becket inicialmente contó con el apoyo de los poderosos, favorecido por el rey, que esperaba que Becket, un amigo personal, hiciera su voluntad. Pero Becket se convirtió en un firme defensor de los intereses de la Iglesia en el conflicto entre la Iglesia y el Estado. Becket fue instado por el Papa de su tiempo a un compromiso con el Rey y trató de lograrlo, pero se negó a comprometer sus principios. Al final, Becket fue asesinado en el altar por cuatro soldados del rey después de que el rey, frustrado, había exclamado: “¿Quién me librará de este sacerdote polémico?

Estos paralelismos entre Becket y Romero son obvios, y también lo son las connotaciones políticas de la historia de Becket. El Rey Enrique no arremetió contra Becket principalmente porque odiaba la fe cristiana. El rey estaba molesto por que Becket iba frustrando sus planes políticos. El rey y el arzobispo peleaban una guerra territorial entre los dos. Becket iba excomulgando a los funcionarios que se hacían al lado del Rey—se había vuelto una espina en el costado del Rey. Sin embargo, Becket fue canonizado dentro de 3 años de su asesinato. La velocidad se atribuye a la popularidad de Becket entre los plebeyos, y a la reacción de horror de la Europa cristiana ante un asesinato en el altar. De hecho, el Papa Alejandro III obligó al Rey Enrique II a someterse a humillantes actos públicos de contrición, incluyendo de vestir un cilicio y tener que hacer una peregrinación a la tumba de Becket para ser perdonado.

Las similitudes entre Becket y Romero continuaron después de sus muertes. Cuando Enrique VII se separó de la Iglesia Católica durante los 1500s, mandó a destruir el santuario de Becket y a dispersar sus huesos. Este evento recuerda la acción de los militares salvadoreños, cuando, durante la matanza de la facultad de la universidad Jesuita de San Salvador en 1989, dispararon y profanaron el retrato de Romero en la pared, un segundo asesinato simbólico del mártir. Dichos actos son un testimonio del poder de los mártires, que siguen hablando después de muertos, y continúan a molestar y vejar a sus perseguidores.

Wednesday, July 06, 2016

Blessed Romero and the Tyburn Martyrs


 
BEATIFICATION OF ARCHBISHOP ROMERO, MAY 23, 2015
 

 
#BlessedRomero #MartyrOfMercy
At the Los Angeles Archdiocese Fortnight for Freedom Mass with the relics of Sts. Thomas More, John Fisher, Junipero Serra and Bl. Oscar Romero, the conversation among some of the pilgrims attending the event turned to the Tyburn Martyrs.  This designation refers to the priests, monks, laymen and laywomen who were hanged at the King’s Gallows near modern day Hyde Park in London for refusing to renounce the Catholic Church during the Reformation.  It made me think of the parallels between the suffering of the English martyrs over the centuries, and the modern day travails of the martyrs of El Salvador.

It may be no coincidence, after all, that devotion to Blessed Oscar Romero has particularly taken off in England.  It was there that Archbishop Romero found support, in life, from Cardinal Basil Hume, and English Catholics who nominated Romero for the Nobel Peace Price in a bid to save his life.  It was in London that a statue of Romero was placed at Westminster Abbey in 1998 in the presence of the Queen.  In 2013, the Roman Catholic Cathedral in London set up Romero relics in a special Romero chapel.  More recently, another Romero statue was installed at St. Albans Cathedral in Hertfordshire, England.  A British specialist preserved Romero’s relics in San Salvador (the same specialist in charge of Sts. Thomas More and John Fisher’s relics), and for several years, the Romero Trust promotes devotion to Romero from its London base.

None of this should be too surprising if we look at England’s unique history with martyrdom, and the Tyburn Martyrs hold a special place in that sacred legacy.  What most stands out to me of the Tyburn story is the way a story of shame and infamy has been redeemed, and transfigured into a precious and holy symbol, through popular devotion and what we call in El Salvador “historic memory.”  The Tyburn Tree is a symbol nearly akin to the Cross, in the way that it represented in its day, everything that was nearly pure dread.  The “Tree” was a triangle-shaped gallows where criminals were hanged.  They were paraded there from jail, and put up on a horse-drawn cart while the noose was tied around their neck.  Then, the specially-built carriage would be withdrawn and the condemned left to die before large gathered crowds.

Those led to die there were mocked and reviled.  They included common criminals as well as traitors and conspirators of every stripe.  They also included bona fide conscientious dissenters and martyrs of the faith, like Saint Edmund Campion, a Jesuit priest who was hung at Tyburn in 1581.  I cannot read about Campion without thinking about another Jesuit, one killed in El Salvador, Ignacio Ellacuria, killed during the Central American University Massacre of 1989: “Edmund Campion, born in London in 1540, was soon recognized as one of the most talented scholars of his generation” (source: Jesuits in Britain).  Saint Edmund died forgiving his executioners: “I recommend your case and mine to Almightie God, the Searcher of hearts, to the end that we may at last be friends in heaven, when all injuries shall be forgotten.”

The Tyburn Martyrs also included St Robert Southwell SJ, killed in 1595; Blessed Thomas Maxfield who was dragged to the Tyburn Tree in 1616; Blessed Philip Powel who was executed in 1646; and hundreds of others who faced the same cruel fate.  The location of their humiliation and death was almost erased from history—but their memories were not.  It did not matter that they died alongside the guilty and the ignoble.  It did not matter that their executioners, who were trying to consolidate their grip on power, had political as much as religious motives for their repressive campaigns against priests, to say nothing about economic incentives (the Crown appropriated all the Church’s property).  Above all, it did not matter that the Tyburn Tree had become a disgraceful brand, a badge of shame.

Popular piety knew how to discern the propaganda, the distortion, the lies, the defamation that was spoken against the martyrs, to find the strands of holiness, and from some fifty thousand suspected to have been killed in an over a period of six centuries, be able to salvage the names of a few hundred holy martyrs who are honored and cherished today—a few of them beatified and canonized saints.  This is the same process that the faithful must carry forward in so many other places in the world today.  In El Salvador, that means honoring and venerating the broken skeletons discarded in so many killing fields, in the lava plain known as “El Playon,” in the bowels of the Guardia Nacional barracks, and those whose ultimate resting places are known only to God.  As preached by the martyr Romero, “every assassinated man is a sacrificed Christ whom the Church also venerates” (March 2, 1980 Sermon).

May the example of the English faithful be an inspiration to us all to courageously claim our martyrs.

El Beato Romero y los Mártires de Tyburn


 
BEATIFICACIÓN DE MONSEÑOR ROMERO, 23 DE MAYO DEL 2015
 

 
En la misa para la Quincena por la Libertad de la Arquidiócesis de Los Ángeles con las reliquias de los SS. Tomás Moro, Juan Fisher, Junípero Serra y el Bto. Óscar A. Romero, la conversación entre algunos de los peregrinos que asistieron al evento tocó en algún momento a los Mártires de Tyburn. Esta designación se refiere a los sacerdotes, religiosos, laicos y laicas ejecutados en la horca del Rey en las cercanías de lo que ahora es Hyde Park en Londres, por negarse a renunciar a la Iglesia Católica durante la Reforma. Me hizo pensar en los paralelismos entre el sufrimiento de los mártires ingleses a lo largo de los siglos, y las modernas fatigas de los mártires salvadoreños.

Pues, no puede ser coincidencia que la devoción al Beato Óscar A. Romero se ha hecho sentir especialmente en Inglaterra. Fue allí donde Monseñor Romero encontró apoyo, en vida, en la persona del cardenal Basil Hume, y los católicos ingleses que nominaron a Romero para el premio Nobel de la Paz, en un intento de salvar su vida. Fue en Londres que una estatua de Romero fue colocada en la Abadía de Westminster en 1998 en presencia de la reina. En el 2013, la catedral católica de Londres instaló reliquias de Romero en una capilla especial de Romero. Más recientemente, otra estatua de Romero fue instalada en la catedral de San Albano (el primer mártir de Inglaterra) en Hertfordshire. Una especialista británica conservó las reliquias de Romero en San Salvador (la misma especialista a cargo de las reliquias de los SS. Tomás Moro y Juan Fisher), y durante varios años, la Romero Trust promueve la devoción a Romero desde su base en Londres.

Nada de esto debería ser sorprendente si vemos la historia particular de Inglaterra con el martirio, y los Mártires de Tyburn tienen un lugar especial en aquel legado sacro. Lo que más destaca para mí de la historia de Tyburn es la manera en que unos antecedentes de vergüenza y de infamia han sido redimidos y transfigurados en un símbolo precioso y sagrado, a través de la devoción popular y lo que llamaríamos en El Salvador, la “memoria histórica”. El Árbol de Tyburn es un símbolo casi igual a la Cruz, en la forma en que representó en su día casi el puro terror. El “árbol” era una horca en forma de triángulo desde donde colgaban a los criminales. Los llevaban allí en una procesión desde la cárcel, y los subían a una carreta halada por caballos, mientras les ataban la soga por el cuello. Después, se retiraba la carreta especialmente construida y se dejaba morir al condenado ante grandes multitudes allí reunidas.

Los llevados a morir allí eran burlados e insultados. Entre ellos había delincuentes comunes, así como traidores y conspiradores de todo tipo. También verdaderos disidentes de conciencia y mártires de la fe, como San Edmundo Campion, un sacerdote jesuita que fue ahorcado en Tyburn en 1581. No puedo leer sobre Campion sin pensar en otro jesuita, uno muerto en El Salvador, Ignacio Ellacuría, asesinado durante la Masacre de la Universidad Centroamericana (la “UCA”) en 1989: “Edmundo Campion, nacido en Londres en 1540, pronto fue reconocido como uno de los eruditos más talentosos de su generación” (fuente: jesuitas en Gran Bretaña). San Edmundo murió perdonando a sus verdugos: “Recomiendo su caso y el mío ante Dios Todopoderoso, el que escudriña los corazones, a fin de que podamos al fin ser amigos en el cielo, cuando todas las injurias queden olvidadas”.

Entre los Mártires de Tyburn también se incluyó a Santo Roberto Southwell SJ, asesinado en 1595; al Beato Tomás Maxfield que fue arrastrado al Árbol de Tyburn en 1616; al Beato Felipe Powell, que fue ejecutado en 1646; y cientos de otros que enfrentaron el mismo destino cruel. El lugar de su humillación y muerte fue casi borrado de la historia; no así su recuerdo. No ha importado que hayan muerto a la par de gente culpable y talvez innoble. No ha importado que sus verdugos trataban de consolidar el poder, y tenían motivos tanto políticos como religiosos para sus campañas de represión contra los sacerdotes, por no hablar de incentivos económicos (ya que la Corona consignó todos los bienes de la Iglesia). Por encima de todo, no ha importado que el árbol de Tyburn había llegado a ser una marca de vergüenza, una insignia de pavor.

La piedad popular ha sabido discernir la propaganda, la distorsión, las mentiras, la difamación que se hablaba en contra de los mártires, para encontrar las cuerdas de santidad, y desde algunos cincuenta mil sospechados de haber sido asesinados durante un período de seis siglos, ha sido capaz de recoger los nombres de unos cientos de mártires que son venerados y valorados hoy en día, algunos de ellos ya son santos canonizados y beatificados. Este es el mismo proceso que los fieles deben llevar adelante en tantos otros lugares del mundo hoy día. En El Salvador, eso significa honrar y venerar a los esqueletos quebrados que han sido descartados en tantos campos de la muerte, en aquel plano de lava llamado “El Playón”, en las entrañas de los cuarteles de la Guardia Nacional, y también aquellos cuyos lugares de descanso final sólo Dios los sabe. Como ha predicado el mártir Romero, “cada hombre matado es un cristo sacrificado que la Iglesia también venera” (Homilía del 2 de marzo de 1980).

Que el ejemplo de los fieles ingleses sea una inspiración a todos nosotros para reclamar con valentía a nuestros mártires.

Tuesday, July 05, 2016

I Am With Pope Francis


 
BEATIFICATION OF ARCHBISHOP ROMERO, MAY 23, 2015
 

 



#BlessedRomero #MartyrOfMercy

In Chaucer’s classic The Canterbury Tales, the conversations of a group of pilgrims who travel together to venerate the relics of the martyred St. Thomas Becket are the focus.  Similarly, after a pilgrimage to the L.A. Cathedral to venerate the relics of three martyrs and a missionary saint, the conversations shared with fellow pilgrims have warranted further reflection.  Today, I want to write about one particular conversation topic from the pilgrimage: Catholic on Catholic violence.  And in the process, I want to express my support for Pope Francis.

During the homily for the presentations of the relics, L.A. Archbishop Jose H. Gomez pointed out that all four saints—Sts. Thomas More, John Fisher, Junipero Serra and Bl. Oscar Romero—all “had challenges with the authorities where they lived.  All of them!  For the three martyrs, the similarities went one step further.  Not only did they have challenges with the government authorities of their day, but those authorities were distinctly Catholic.

In Romero’s case, Pope Francis has recognized that “he was defamed, slandered, soiled, that is, his martyrdom continued even by his brothers in the priesthood and in the episcopate.”  Even on the eve of Romero’s beatification, a Madrid cardinal lobbied the Spanish episcopate to boycott the ceremony.  Indeed, the fact that Romero was assassinated in a majority Catholic country, by baptized Catholics, was often portrayed as a stumbling block for his beatification.  A martyr is killed by people who are not Christian,” Bishop Gregorio Rosa Chavez, a Romero supporter, explained on Salvadoran Catholic television.  But in this case, the murderers are baptized persons, people who are supposed to pray and go to church. How do you explain how there is a rejection of Christ and His doctrine?

Contrary to the common supposition, Romero is not unique amongst Christian martyrs in that regard.  Sts. Thomas More and John Fisher, the English saints whose relics were exhibited alongside Romero, were put to death by King Henry VIII after they refused to recognize the Church he established in his break from Rome during the 16th Century.  However, Henry’s break was due to a disagreement over a divorce that the King wished to obtain and which the Pope would not authorize.  Henry was otherwise a staunch Catholic, who had written a heartfelt retort to Martin Luther, and thereby obtained the title of “Defender of the Faith” from Rome.  Following his formal break with the Pope, Henry’s Church retained its Catholic doctrine.

The contradiction of how “hatred of the faith” (a martyrdom requirement that the executions of Sts. Thomas and John were found to satisfy) could be exhibited by one deemed to be a “Defender of the Faith” was a great topic of conversation among our pilgrims.  The seeming paradox made me think of how many Catholics today stand ready to condemn other Catholics, even repeating Henry’s pretension to second-guess the Pope.  It made me think of dissidents who accuse Pope Francis of spreading confusion and errors about the faith.  It also reminded me that St. Thomas Aquinas defined pride as “a species of contempt of God and of those who bear his commission.”

We see many Catholic voices so willing to denounce fellow Catholics, even bishops—even the Pope!—as somehow deficient in their faith, yet these voices are not authorized; it is not their competence to render such judgments.  Pride can constitute a grave offense whenever arrogance is the occasion of great harm to another by undertaking functions for which the person lacks the requisite knowledge or authority.  Romero warned against such overreaching.  One can pray for errant clergymen, one can raise points of dissent directly with them, or even report them to the competent Church authorities.  Beyond that, you’re not the Congregation for the Doctrine of the Faith.  No one apart from the hierarchy has the right to say whether this priest preaches or does not preach the Gospel,” Romero admonished (May 29, 1977 sermon).

Last month, the traditionalist Society of St. Pius X issued a statement accusing Pope Francis of spreading confusion and errors regarding the faith.  The Society of St. Pius X prays and does penance for the pope, that he might have the strength to proclaim Catholic faith and morals in their entirety,” the statement read.  The statement echoed, and was cheered by conservative Catholic commentators.  The blogging priest Rev. John Zuhlsdorf annotated the quote cited above with his own comment: “Do I hear an ‘Amen!’?

Happily, there are also voices that are rising to defend and support the Pope.  Recently, the “curas villeros” (slum priests) of Buenos Aires together with a lay association called “Generacion Francisco,” issued a statement defending Francis against a “brutal campaign against him with attacks of every kind.”  Argentine Bishop Oscar Ojea also issued a letter complaining of efforts to “darken [the pope’s] evangelical and prophetic message,” with “biased opinions, assumptions, and unverified information.”

In light of these developments, I will cast my lot firmly on the side of Communion with Peter.  I might add that this goes far beyond some partisan loyalty to Pope Francis and extends to the Petrine Ministry as properly understood within a framework of Christian fellowship.

Otherwise, as long as we continue to give in to sinful pride, the danger of Catholics martyred by fellow Catholics will remain an ever-present danger.

Estoy Con el Papa Francisco


 
BEATIFICACIÓN DE MONSEÑOR ROMERO, 23 DE MAYO DEL 2015
 

 




En los clásicos Cuentos de Canterbury de Chaucer, las conversaciones de un grupo de peregrinos que viajan juntos para venerar las reliquias del mártir Santo Tomás Becket están al centro. Del mismo modo, después de una peregrinación a la catedral de Los Ángeles para venerar las reliquias de tres mártires y un santo misionero, las conversaciones compartidas con otros peregrinos me han llevado a una mayor reflexión. Hoy, quisiera escribir sobre un determinado tema de conversación de la peregrinación: la violencia de católicos contra católicos. Y en el proceso, quiero expresar mi apoyo al Papa Francisco.

Durante la homilía de las presentaciones de las reliquias, el Arzobispo de Los Ángeles José H. Gómez señaló que los cuatro santos—los Sts. Tomás Moro, Juan Fisher, Junípero Serra y el Bto. Óscar A. Romero—“tuvieron problemas con las autoridades donde vivían. Todos los tuvieron”.  Para los tres mártires, las similitudes han llegado un paso más allá. No sólo tuvieron dificultades con las autoridades gubernamentales de su época, pero estas autoridades habían sido definitivamente católicas.

En el caso de Romero, Francisco ha reconocido que este “fue difamado, calumniado, ensuciado, o sea que su martirio se continuó incluso por hermanos suyos en el sacerdocio y en el episcopado”. Incluso en la víspera de la beatificación de Romero, un cardenal de Madrid presionó al episcopado español a boicotear la ceremonia. En efecto, el hecho de que Romero fue asesinado en un país de mayoría católica, por católicos bautizados, a menudo se presenta como una traba para su beatificación. “Un mártir es asesinado por personas que no son cristianas”, explica Mons. Gregorio Rosa Chávez, un seguidor de Romero, por la televisión católica salvadoreña. Pero “en este caso, los asesinos son gente bautizadas, gente que se supone que reza y van a misa. ¿Cómo se explica eso que ahí haya un rechazo de Cristo y de su doctrina?

Contrariamente a la suposición común, Romero no es el único entre los mártires cristianos en ese sentido. Los Stos. Tomás Moro y Juan Fisher, los santos ingleses cuyas reliquias fueron exhibidas junto con las de Romero, fueron condenados a muerte por el rey Enrique VIII después de que se negaron a reconocer la Iglesia que él estableció en su ruptura con Roma durante el siglo XVI. Sin embargo, la ruptura de Enrique era debido a un desacuerdo sobre el divorcio que el rey deseaba obtener y que el Papa no autorizaba. Enrique había un devoto católico aparte de eso, y había escrito un fuerte argumento en contra de Martin Luther, y con ello obtuvo el título de “Defensor de la Fe” desde el papa. Después de su ruptura formal con Roma, la Iglesia de Enrique mantuvo la doctrina católica.

La contradicción de cómo un “Defensor de la Fe” puede actuar con “odio a la fe” (un requisito del martirio que las ejecuciones de los Santos Tomás y Juan han satisfecho) ha sido un gran tema de conversación entre nuestros peregrinos. La aparente paradoja me hizo pensar en cómo tantos católicos hoy en día están dispuestos a condenar a otros católicos, incluso repitiendo la pretensión de Enrique de saber mejor que el mismo Papa. Me hizo pensar a los disidentes que acusan a Francisco de sembrar confusión y errores sobre la fe. También me recordó que Santo Tomás de Aquino definió al orgullo como “una especie de desprecio de Dios y de los que llevan su comisión”.

Escuchamos muchas voces católicas dispuestas a denunciar a sus hermanos católicos, incluso a los obispos—incluso al Papa—como de alguna manera deficientes en su fe, sin embargo, estas voces no son autorizadas; no es su competencia emitir tales criterios. El orgullo puede constituir una falta grave cuando la arrogancia es motivo de gran daño a otro mediante la realización de funciones para las que la persona no tiene los conocimientos o la autoridad necesaria. Romero advirtió contra tal extralimitación. Uno puede orar por los clérigos errantes, se puede plantear cuestiones sobre su disidencia directamente con ellos, o incluso informar a las autoridades competentes de la Iglesia. Más allá de eso, tú no eres la Congregación para la Doctrina de la Fe. “Nadie, fuera del magisterio de la jerarquía, tiene el derecho de decir si ese sacerdote predica el Evangelio o no predica el Evangelio”, amonestó Romero (homilía del 29 de mayo de 1977).

El mes pasado, la Sociedad tradicionalista de San Pío X emitió un comunicado acusando a Francisco de sembrar confusión y errores sobre la fe. “La Fraternidad San Pío X reza y hace penitencia para que el Papa tenga la fuerza de proclamar íntegramente la fe y la moral”, dice el comunicado. La declaración hizo eco de, y fue aclamada por, los comentaristas católicos conservadores. El cura bloguero el Revdo. John Zuhlsdorf anotó la frase antes citada con su propio comentario: “¿Oigo un ‘Amén!’?

Afortunadamente, también hay voces que se están levantando para defender y apoyar al Papa. Recientemente, los “curas villeros” de Buenos Aires, junto con una asociación laica llamada “Generación Francisco,” emitió un comunicado defendiendo a Francisco contra una “una brutal campaña en su contra con ataques de todo tipo”. El obispo Argentino Oscar Ojea también emitió una nota quejándose de los esfuerzos para “oscurecer su mensaje evangélico y profético” [del papa], con “opiniones sesgadas, y suposiciones e informaciones no debidamente chequeadas”.

En vista de estos hechos, yo me inclino firmemente por el lado de la comunión con Pedro. Debo añadir que esto va mucho más allá de cualquier parcialidad a favor de Francisco y se extiende al Ministerio Petrino adecuadamente entendido dentro del marco de la comunión cristiana.

De lo contrario, siempre y cuando continuamos a ceder al orgullo pecaminoso, el peligro tener católicos martirizados por católicos seguiría siendo un peligro siempre presente.

Io Sto Con Papa Francesco


 
BEATIFICAZIONE DI MONSIGNOR ROMERO, 23 MAGGIO 2015
 

 




In i classici Racconti di Canterbury di Chaucer, le conversazioni di un gruppo di pellegrini che viaggiano insieme per venerare le reliquie del martire San Tommaso Becket sono al centro. Allo stesso modo, dopo un pellegrinaggio alla cattedrale di LosAngeles per venerare le reliquie dei tre martiri e un santo missionario, le conversazioni condivise con gli altri pellegrini hanno garantito un’ulteriore riflessione per me. Oggi, voglio scrivere su un particolare argomento delle conversazione dal pellegrinaggio: la violenza di cattolici contro cattolici. E nel processo, voglio esprimere il mio sostegno per il Papa Francesco.

Durante l’omelia per la presentazione dei reliquie, l’Arcivescovo Jose H. Gomez ha sottolineato che tutti e quattro santi—SS. Tommaso More, Giovanni Fisher, Junipero Serra e il beato Oscar Romero—“hanno avuto problemi con le autorità dove hanno vissuto. Tutti!” Per i tre martiri, le somiglianze vanno al di là di questo. Non solo hanno avuto problemi con le autorità del governo del loro tempo, ma queste ultime sono state distintamente cattolici.

Nel caso di Romero, Papa Francesco ha riconosciuto che il martire “fu diffamato, calunniato, infangato, ossia il suo martirio continuò persino da parte dei suoi fratelli nel sacerdozio e nell’episcopato”. Anche alla vigilia della beatificazione di Romero, un cardinale di Madrid li fatto pressioni l’episcopato spagnolo per boicottare la cerimonia. In effetti, il fatto che Romero è stato assassinato in un paese di maggioranza cattolico, dai cattolici battezzati, è stato spesso raffigurato come un ostacolo per la sua beatificazione. “Un martire viene ucciso da gente che non sono cristiani”, ha spiegato il vescovo Gregorio Rosa Chávez, un sostenitore Romero, nella televisione cattolica salvadoregna. “Ma in questo caso, gli assassini sono persone battezzati, persone che dovrebbero pregare e andare in chiesa. Come si spiega come questo può essere un rifiuto di Cristo e della sua dottrina?

Contrariamente alla supposizione comune, Romero non è l’unico martiri cristiani in tale circostanza. SS. Tommaso More e Giovanni Fisher, i santi inglesi le cui reliquie furono esposti insieme a Romero, sono stati messi a morte dal re Enrico VIII dopo aver rifiutato di riconoscere la Chiesa stabilita nella sua rottura da Roma nel corso del 16 ° secolo. Tuttavia, la rottura di Enrico era a causa di un disaccordo su un divorzio che il re voleva ottenere e che il Papa non avrebbe autorizzato. Enrico era altrimenti un devoto cattolico, che aveva scritto una fortissima storta a Martin Lutero, e in tal modo ottenuto il titolo di “Difensore della Fede” da Roma. Dopo la sua rottura formale con il Papa, la Chiesa di Enrico ha mantenuto la sua dottrina cattolica.

La contraddizione sul come un “difensore della fede” può esibire “odio alla fede” (un requisito di martirio che le esecuzioni dei SS. Tommaso e Giovanni hanno soddisfatto) è stato un grande argomento nella conversazione tra nostri pellegrini. L’apparente paradosso mi ha fatto pensare di come molti cattolici oggi sono pronti a condannare gli altri cattolici, anche ripetendo la pretesa di Enrico di presumere di sapere meglio che il papa. Mi ha fatto pensare di dissidenti che accusano Papa Francesco di diffondere confusione ed errori sulla fede. Mi ha anche ricordato che San Tommaso d’Aquino ha definito l’orgoglio come “una specie di disprezzo di Dio e di coloro che portano il suo incarico”.

Sentiamo molte voci cattoliche così disposti a denunciare i cattolici, anche i vescovi—anche il Papa!—per essere presumibilmente in qualche modo carenti nella loro fede, ma queste voci non sono autorizzati; non è la loro competenza di rendere tali giudizi. L’orgoglio può costituire un grave reato ogni volta che l’arroganza è l’occasione di grande danno ad un altro intraprendendo funzioni per le quali la persona manca la conoscenza o l’autorità necessaria. Romero ha messo in guardia contro tale oltrepassare. Si può pregare per i sacerdoti erranti, si può parlare i punti di dissenso direttamente con loro, o anche riferire alle autorità ecclesiastiche competenti. Oltre a ciò, tu non sei la Congregazione per la Dottrina della Fede. “Nessuno a parte la gerarchia ha il diritto di dire se questo prete predica o non predica il Vangelo,” ammonì Romero (omelia del 29 maggio 1977).

Il mese scorso, la tradizionalista Fraternità San Pio X ha rilasciato una dichiarazione che accusa Papa Francesco di diffondere confusione ed errori sulla fede. “La Fraternità San Pio X prega e fa penitenza perché il Papa abbia la forza di proclamare integralmente la Fede e la Morale,” riferisce la dichiarazione. La dichiarazione ha fatto eco, ed è stato applaudita, dai commentatori cattolici conservatori. Il prete blogger Rev. John Zuhlsdorf annotato la frase sopra citata con il suo commento: “Sento un ‘Amen!’?

Fortunatamente, ci sono anche voci che si alzano per difendere e sostenere il Papa. Recentemente, il “curas villeros” (preti delle baraccopoli) di Buenos Aires insieme ad una associazione laicale chiamata “Generacion Francisco”, hanno rilasciato una dichiarazione difendendo Francesco contro un “brutale campagna contro di lui con attacchi di ogni genere.” Il Vescovo Argentino Oscar Ojea anche emesso una lettera lamentandosi degli sforzi per “oscurare il messaggio evangelico e profetico [del papa],” con “opinioni devianti, ipotesi e informazioni non verificate.”

Alla luce di questi sviluppi, io getterò la mia sorte fermamente dalla parte della comunione con Pietro. Potrei aggiungere che questo va ben al di là di una certa fedeltà con Papa Francesco e si estende fino al ministero petrino come ben compreso in un quadro di fratellanza cristiana.

In caso contrario, fintanto che continuiamo a cedere all’orgoglio peccaminoso, il pericolo dei cattolici martirizzati dai fratelli cattolici rimarrà un pericolo sempre presente.