Wednesday, July 05, 2006

MONS. ROMERO, DOCTOR de la IGLESIA

Una propuesta atrevida: además de ser declarado mártir y santo, Mons. Romero debería ser declarado un Doctor de la Iglesia -- aunque el título no se le conceda normalmente a los mártires. El título ha sido conferido solamente 33 veces, y es reservado para personas que han beneficiado tremendamente a la doctrina, la teología, o la enseñanza de la iglesia siendo eminentes maestros de la fe para los fieles de todos los tiempos. Originalmente, cuatro santos llevaban ese honor (San Gregorio Magno, San Ambrosio, San Agustín, y San Jerónimo), pero ha sido extendido varias veces. Mons. Romero cumple dos de los tres requisitos: eminens doctrina, insignis vitae sanctitas (i.e. conocimiento eminente y un alto grado de santidad), y el tercero - Ecclesiae declaratio - (proclamación de la Iglesia) se le puede otorgar facilmente según los siguientes criterios.

Mons. Romero produjo cuatro cartas pastorales y un sin fin de discursos y sermones que han sido el enfoque de diversos congresos, seminarios, y convenios académicos y teológicos por todo el mundo. La exhortación apóstolica PASTORES GREGIS del Papa Juan Pablo II nos predica que "el obispo es tambien defensor y padre de los pobres, se preocupa por la justicia y los derechos humanos" y "predica la Doctrina Social de la Iglesia fundada en el Evangelio, y asume la defensa de los débiles, haciendose la voz de los que no tiene voz para hacer valer sus derechos". Por eso, uno de los seminarios sobre Mons. Romero, llevado a cabo anualmente en una respetada universidad norte-americana lo declara "Un obispo para el nuevo milenio."

Por supuesto, Mons. Romero no fue un teólogo profesional: "No pretendo decir, ni ustedes pueden esperar de mi, la palabra de un técnico en materia de política, ni tampoco la especulación con que un experto en teología relacionaría teóricamente la fe y la política." (Discurso en la Universidad de Lovaina, febrero de 1980.) En lugar de ser capacitado en la academia, Mons. Romero aprendió de manera que él prestó "una atención especial a las exigencias de amor y justicia que se derivan de las condiciones sociales y económicas de las personas más pobres" (Pastores Gregis). Por eso da su aporte de enseñanza a la iglesia "como pastor, que, juntamente con su pueblo, ha ido aprendiendo la hermosa y dura verdad de que la fe cristiana no nos separa del mundo, sino que nos sumerge en él, de que la Iglesia no es un reducto separado de la ciudad, sino seguidora de aquel Jesús que vivió, trabajó, luchó y murió en medio de la ciudad" (Lovaina).

El maestro Romero aporta además una enseñanza muy particular y muy util para la iglesia en el aspecto de los desafíos de la globalización y del nuevo milenio, especialmente en el sentido de que han habido errores en ciertos acercamientos de la "Teología de la Liberación." Pero el mismo Card. Ratzinger reconoce que el concepto de la "Teología de la Liberación" incluye "los esfuerzos hechos dentro del marco de una teología correcta y eclesiástica ... que enfatiza la responsabilidad que los cristianos tienen necesariamente por los pobres y los oprimidos, como lo constantan los documentos de la Conferencia Episcopal Latinoamerican desde Medellín hasta Puebla". Mons. Romero nos pide: "Que conste que yo estudio la teología de la liberación a través de estos teólogos sólidos, como es el Cardenal Pironio, que actualmente es prefecto de una de las congregaciones del Papa, hombre de la plena confianza del Papa" (Homilía del 24 de Julio de 1977). Una comisión de expertos vaticanos revisó los escritos y discursos de Romero y los decaró sin errores teológicos.

En vista de todo esto, Mons. Romero surge como un eminente maestro de la fe para los fieles de todos los tiempos, y en especial, para los fieles del tercer milenio del cristianismo, ayundandoles a navegar las suceptibilidades entre el llamado a ser "defensor y padre de los pobres" y evitar sobrepasar "el marco de una teología correcta y eclesiástica" al hacerlo.
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