Wednesday, March 04, 2015

On the “New Martyrs”





Archbishop Romero and the Egyptian Coptic Christians killed by the Islamic State in Libya last month, who have been promptly recognized as martyrs by the Coptic Orthodox Church, illustrate both the power and the provocation of the New Martyrs.
Originally used in the Eastern Orthodox Church to describe martyrs killed by heretical Christian rulers, the term “New Martyrs” has come to denote Christians who have succumbed under a whole host of situations of martyrdom, including the Spanish Civil War, the Mexican “Cristero” Wars, the victims of Nazism and Fascism, persecution under Communist regimes, and countless smaller groupings—e.g., the so-called “martyrs of charity,” “martyrs of creation,” etc.
Our age is, of course, not the first time new notions of martyrdom have arisen.  The Cambrai Homily from the 7th-century talks about “red,” “white,” and “green” martyrdom in the Irish church of the time, in part because the original notion of martyrdom—“red martyrdom,” denoting a violent, bloody death—had become somewhat rare in an increasingly Christianized Europe.  Other ways of giving up your life for God had to be recognized, including the strict asceticism of desert hermits (“white martyrdom”) and the “green martyrdom” of secluding to the forest to a primitive life of prayer.  (Is this not what Archbishop Romero preached when he said, in a passage quoted by Pope Francis in January, that “offering of one’s life does not only occur when one is killed for the faith: to give one’s life and to have this spirit of martyrdom means that one is faithful to one’s obligations, to prayer ...”?)
The New Martyrs of our day do not suffer merely a symbolic martyrdom.  Their deaths constitute, indeed, true “red martyrdom”—albeit, conditioned to the specifics of their particular time and place.  Yet, the departure from the idealized concept of martyrdom can seem jarring.  Consider the elements of martyrdom in the Catholic Church: (1) a cruel or violent death; (2) freely accepted by the victim; (3) imposed out of hatred of the faith. Woestman, Canonization: Theology, History, Process 143 (St. Paul University, 2002).  A prominent canon lawyer recently argued that Archbishop Romero did not satisfy the “freely accepted” prong because he was not given an ultimatum with a chance to flee (the argument was based on an incomplete understanding of the facts).  The same reasoning would apply to the 21 Coptic martyrs, because ISIS did not put them to a choice of electing to die for Christ: it simply massacred them en masse.  (Additionally, it is tricky to say ISIS is targeting Christians when it also kills pluralistic Charlie Hebdo, and hurls suspected homosexuals from skyscrapers.)  It is a frequently recurring circumstance for the New Martyrs.
Both Romero and the Coptic martyrs have something else in common that ultimate saves us from small-minded thinking about what a martyr is: they present us with a searing vision of martyrdom that is hard to belittle.  Romero was killed saying Mass.  He is one of only three bishops in history to be killed in church (the other two were quickly canonized), and the only one to be killed at the altar.  This single fact was the one most often cited by Pope John Paul and has undoubtedly bolstered Romero’s beatification cause.  As for the Coptic martyrs, while the number of beheaded Christians are legion, the power of a YouTube decapitation meant immediate dissemination throughout the Christian world and universal horror at the barbarity of the crimes, together with a resounding judgment that the victims were indeed martyrs.  In short, we are dealing with two epic icons of martyrdom.
Recently, in scholarship I greatly admire, Dr. Todd M. Johnson of the Gordon-Conwell Theological Seminary proposed to replace the Canon Law definition cited above with this new definition of martyrs: “believers in Christ who have lost their lives prematurely, in situations of witness, as a result of human hostility.”
Clearly, this new and more expansive definition would comfortably fit Archbishop Romero and the 21 Egyptian Coptic Martyrs, and perhaps many other twists and turns in the nature of martyrdom in the topsy-turvy future history of the world.  Nevertheless, I for one am opposed to changing the definition and prefer to maintain the traditional formula.  This is because, in my view, martyrdom has not changed.  What has changed are the methodologies of the persecutors, the state of the art of the machinery of death.  While we should recognize that the traditional definition of martyrdom needs to breathe, we should keep it in place, assured of the consistency and continuity of Christian witness.
It is notable that both Archbishop Romero and the Coptic Martyrs were quickly acknowledged as such across denominational lines.  We recognize martyrdom when we see it.


See also:


Romero and the Peruvian martyrs 

De los “Nuevos Mártires”




Monseñor Romero y los cristianos coptos egipcios asesinados por el Estado Islámico en Libia el mes pasado, que han sido reconocidos de manera inmediata como mártires por la Iglesia Ortodoxa Copta, ilustran tanto el poder como la provocación de los “Nuevos Mártires”.

Originalmente utilizado en la Iglesia Ortodoxa Oriental para describir mártires asesinados por gobernantes cristianos heréticos, el término “Nuevos Mártires” ha llegado a denotar aquellos cristianos que han sucumbido bajo situaciones variadas del martirio, incluyendo la Guerra Civil Española, las guerras de los “cristeros” en México, las víctimas del nazismo y del fascismo, la persecución bajo regímenes comunistas, y un sinnúmero de pequeños grupos—por ejemplo, los llamados “mártires de la caridad”, los “mártires de la creación”, etc.

Nuestra edad, por supuesto, no ha sido la primera vez que han surgido ideas nuevas del martirio. La ‘Homilía Cambrai’ del siglo séptimo ya habla de martirio “rojo”, “blanco” y “verde” en la iglesia irlandesa de la época, en parte porque la idea original del martirio—el “martirio rojo”, que denota una muerte violenta y sangrienta—se había vuelto en algo poco común en una Europa cada vez más cristianizada. Otras formas de dar la vida por Dios tenían que ser reconocidas, incluyendo el ascetismo estricto de los ermitaños del desierto (el “martirio blanco”) y el “martirio verde” de recluirse en el bosque para buscar una vida primitiva de oración. (¿No es esto lo que Monseñor Romero predicaba cuando dijo, en un pasaje citado por el Papa Francisco en enero, que “dar la vida no es sólo que lo maten a uno; dar la vida, tener espíritu de martirio, es dar en el deber, en el silencio, en la oración ...”?)

Los Nuevos Mártires de nuestro tiempo no sufren solamente un martirio simbólico. Sus muertes constituyen, de hecho, un verdadero “martirio rojo”, aunque condicionado a las características específicas de su lugar y tiempo. Sin embargo, apartarnos del concepto idealizado del martirio nos causa discordia. Recordemos los elementos del martirio en la Iglesia Católica: (1) una muerte cruel o violenta; (2) libremente aceptada por la víctima; (3) impuesta por odio a la fe. Woestman, Canonization: Theology, History, Process 143 (St. Paul University, 2002). Un prominente abogado canónico recientemente argumentó que la muerte de Monseñor Romero no había sido “libremente aceptada” porque no se le dio un ultimátum con una oportunidad de huir (el argumento se basa en una comprensión incompleta de los hechos, ya que hay amplios comprobantes de que Romero supo de las amenazas y fue presentado varias salidas). El mismo razonamiento se aplicaría a los 21 mártires coptos, porque ISIS no los obligó a elegir el morir por Cristo: simplemente los masacró indiscriminadamente. (Además, es difícil decir que ISIS se enfoca en los cristianos cuando también mata al pluralista Charlie Hebdo, y lanza a presuntos homosexuales de los rascacielos.) Son circunstancias recurrentes para los Nuevos Mártires.

Romero y los mártires coptos tienen algo en común que nos salva de un pensamiento mezquino de lo que significa ser mártir: nos presentan con una tremenda visión del martirio que es difícil de despreciar. Romero fue asesinado celebrando la Misa. Es uno de tres obispos en la historia en ser asesinados en el templo (los otros dos fueron canonizados rápidamente), y el único en ser asesinado en el altar. Este solo hecho fue el más citado por el Papa Juan Pablo II y ha reforzado, sin duda, la causa de beatificación de Romero. En cuanto a los mártires coptos, aunque hayan legiones de cristianos decapitados, una decapitación en YouTube significa difusión inmediata por todo el mundo cristiano y el horror universal ante la barbarie de los delitos, como también un juicio rotundo que las víctimas de hecho han sido mártires. En definitiva, se trata de dos punzantes iconos del martirio.

Recientemente, en una obra académica que verdaderamente admiro, el Dr. Todd M. Johnson, del Seminario Teológico Gordon-Conwell propuso sustituir la definición del Derecho Canónico antes citada con esta nueva definición de los mártires: “creyentes en Cristo que han perdido la vida antes de su tiempo, en situaciones de testimonio, como resultado de hostilidad humana”.

Evidentemente, esta nueva y más amplia definición podría encajar cómodamente a Monseñor Romero y los 21 mártires coptos egipcios, y quizás muchos otros giros y vueltas en la naturaleza del martirio en el futuro flujo turbulento de la historia del mundo. Sin embargo, por mi parte, me opongo a cambiar la definición y prefiero mantener la fórmula tradicional. Esto se debe, en mi opinión, a que el martirio no ha cambiado. Lo que ha cambiado son las metodologías de los perseguidores, el estado de la técnica de la maquinaria de la muerte. Si bien es cierto que debemos reconocer que la definición tradicional del martirio necesita espacio para respirar, debemos mantenerla en su lugar, seguros de la coherencia y continuidad del testimonio cristiano a través de los siglos.

Es de destacar que tanto Monseñor Romero como los mártires coptos han sido reconocidos rápidamente como tal más allá de los límites confesionales. Es porque reconocemos el martirio cuando lo vemos.


Ver también:


Romero y los mártires del Perú

Su i “Nuovi Martiri”




Monsignor Romero ei cristiani copti egiziani uccisi dallo Stato islamico in Libia il mese scorso, che sono stati prontamente riconosciuti come martiri da parte della Chiesa copta ortodossa, illustrano la potenza e la provocazione dei “Nuovi Martiri”.

Originariamente utilizzato nella Chiesa ortodossa orientale per descrivere martiri uccisi dai governanti cristiani eretici, il termine “Nuovi Martiri” è venuto per indicare i cristiani che hanno ceduto sotto tutta una serie di situazioni di martirio, tra cui la guerra civile spagnola, le guerre messicane dei “Cristeros”, le vittime del nazismo e del fascismo, la persecuzione sotto regimi comunisti, e innumerevoli gruppi piccoli, ad esempio, i cosiddetti “martiri della carità”, “martiri della creazione”, etc.

La nostra epoca non è, ovviamente, la prima volta che nuove nozioni di martirio sono sorti. La ‘Omelia Cambrai’ del settimo secolo già parla sul martirio “rosso”, “bianco” e “verde” nella chiesa irlandese di quel tempo, in parte perché il concetto originale di martirio—il “martirio rosso”, che denota una morte violenta, sanguinosa—era diventato piuttosto raro in un’Europa sempre più cristianizzata. Altri modi di dare la tua vita per Dio doveva essere riconosciuti, come il rigoroso ascetismo dei eremiti del deserto (“il martirio bianco”) e il “martirio verde” di appartarsi nella foresta per una vita primitiva di preghiera. (Non è questo quello che monsignor Romero predicava quando ha detto, in un passaggio citato da Papa Francesco a gennaio, che “Dare la vita non significa solo essere uccisi; dare la vita, avere spirito di martirio, è dare nel dovere, nel silenzio, nella preghiera ...”?)

I nuovi martiri del nostro tempo non soffrono solo un martirio simbolico. La loro morte costituiscono, infatti, un vero “martirio rosso”, condizionato per la specificità del loro particolare tempo e luogo. Eppure, la partenza dal concetto idealizzato di martirio può sembrare stridente. Gli elementi del martirio nella Chiesa cattolica sono: (1) una morte crudele e violenta; (2) liberamente accettata dalla vittima; (3) imposta in odio alla fede. Woestman, Canonization: Theology, History, Process 143 (St. Paul University, 2002). Un noto avvocato canonico di recente ha sostenuto che la morte di Mons. Romero non ha stato “liberamente accettata” perché non è stato dato un ultimatum con la possibilità di fuggire (l’argomento è basata su una comprensione incompleta dei fatti). Lo stesso ragionamento si applica ai 21 martiri copti, perché l’ISIS non li mise a una scelta di eleggere a morire per Cristo: sono semplicemente massacrati in massa. (Inoltre, è difficile da dire che l’ISIS si rivolge ai cristiani quando uccide anche il pluralistico Charlie Hebdo, e scaglia presunti omosessuali da grattacieli.) Si tratta di una circostanza spesso ricorrente per i nuovi martiri.

Sia Romero ei martiri copti hanno qualcos’altro in comune che finalmente ci salva dal meschino pensiero su ciò che è un martire: ci presentano una visione bruciante del martirio che è difficile sminuire. Romero è stato ucciso celebrando la messa. É uno dei soli tre vescovi nella storia ad essere ucciso in chiesa (gli altri due sono stati rapidamente canonizzati), e l’unico ad essere ucciso sull’altare. Questo singolo fatto era il più spesso citato da Papa Giovanni Paolo II e ha indubbiamente rafforzato la causa di beatificazione di Romero. Per quanto riguarda i martiri copti, é vero che il numero dei cristiani decapitati sono legione, ma il potere di una decapitazione in YouTube significa diffusione immediata in tutto il mondo cristiano e l’orrore universale alla barbarie dei crimini, insieme con una sentenza clamorosa che le vittime hanno stato effettivamente martiri. In breve, si tratta di due epiche icone di martirio. 

Recentemente, in un lavoro accademico che veramente ammiro, il dottor Todd M. Johnson del Seminario Teologico Gordon-Conwell ha proposto di sostituire la definizione del Diritto Canonico citata con questa nuova definizione dei martiri: “credenti in Cristo, che hanno perso la vita prematuramente, in situazioni di testimonianza, come risultato di ostilità umana”.

Chiaramente, questa definizione nuova e più ampia comprenderebbe comodamente entrambi Mons. Romero ei 21 copti Martiri egiziani, e forse molti altri colpi di scena e trasformazioni nella natura del martirio nella caotica storia futura del mondo. Tuttavia, io sono contrario a modificare la definizione e preferisco mantenere la formula tradizionale. Questo perché, a mio avviso, il martirio non è cambiato. Ciò che è cambiato sono le metodologie dei persecutori, lo stato dell’arte della macchina di morte. Dovremmo riconoscere che la definizione tradizionale del martirio ha bisogno di respirare, ma dobbiamo tenerlo in posto, per assicurarci della coerenza e la continuità della testimonianza cristiana.

È da notare che sia Mons. Romero ei Martiri copti sono stati rapidamente riconosciuti come tali attraverso le linee confessionali. Riconosciamo il martirio quando lo vediamo.


Vedi anche:


Romero ei martiri peruviani

Tuesday, March 03, 2015

Positive post-election climate for Romero beatification




In El Salvador, the son of Roberto d’Aubuisson was elected mayor of Santa Tecla, a city of some 200,000 inhabitants southwest of San Salvador. The author of Tim’s El Salvador Blog put his finger on a hot button when he asked whether “the upcoming beatification of Oscar Romero was not enough to prevent the son of the man who ordered Romero's assassination from becoming mayor.” Here are three reasons why choosing d’Aubuisson, Jr. in no way indicates an electoral backlash to the Romero beatification.

  • First, neither d’Aubuisson, Jr., nor his ARENA party have taken a position against the beatification of Archbishop Romero. In fact, in an interview before the election, the then candidate said that Romero’s assassination was “a horrendous crime” (although he denied his father had anything to do with it). Other ARENA politicians have applauded Romero’s beatification, to the point of promising to erect a monument to Romero in a central square of San Salvador (promise by the failed ARENA candidate for mayor of that city).
  • Second, to the Salvadoran mind, a vote for d’Aubuisson, Jr. does not amount to an endorsement of the assassination of Archbishop Romero, much less a vote against his beatification. For better or for worse, Salvadorans assume there is a clean slate on the issue of war crimes, on the theory that both the left and the right committed atrocities. As the same blogger, Tim, said very well, “Salvadorans know the histories of their political parties and have already made up their minds whether that history is important or not” when they cast their vote.
  • Finally, there is a prevailing climate of tranquility after the elections, and although there was a catastrophic failure in the vote counting system, candidates of the various parties have accepted the unofficially results and in some cases have even expressed appreciation for their opponents. It all bodes well for reconciliation and unity around the beatification of Archbishop Romero.

Thus, the election results do not reveal any hindrance to the beatification of Archbishop Romero and, on the contrary, are very encouraging.

Elecciones dejan clima positivo a beatificación Romero




En El Salvador, el hijo de Roberto d’Aubuisson ha sido elegido alcalde de Santa Tecla, una ciudad de algunos 200.000 habitantes al suroeste de la capital salvadoreña.  El autor de Tim’s El Salvador Blog puso su dedo en la llaga cuando se pregunta si “la próxima beatificación de Oscar Romero no ha sido suficiente para evitar que el hijo del hombre que ordenó el asesinato de Romero se convierta en alcalde”.  He aquí tres razones porqué la elección de d’Aubuisson, Jr. no significa en absoluto una reacción electoral contraria a la beatificación de Mons. Romero.

  • En primer lugar, ni d’Aubuisson, Jr., ni su partido ARENA han tomado posición en contra de la beatificación de Mons. Romero.  De hecho, en una entrevista antes de la elección, el entonces candidato dijo que “El crimen de Monseñor es horrendo” (aunque lo hizo negando que su padre haya tenido que ver con ello).  Otros políticos de ARENA han aplaudido la beatificación de Romero, hasta el punto de prometer erigir un monumento a Romero en una plaza céntrica de San Salvador (promesa del fallido candidato Arenero por la alcaldía de esa ciudad).
  • En segundo lugar, en la mente salvadoreña, un voto por d’Aubuisson, Jr. no equivale a una aprobación del asesinato de Mons. Romero, ni menos a un voto en contra de su beatificación.  Por bien o por mal, los salvadoreños han hecho borrón y cuenta nueva con el tema de crímenes de guerra, presumiendo que tanto la izquierda como la derecha cometieron atrocidades.  Como bien lo dijo el mismo bloguero Tim, “los salvadoreños conocen las historias de sus partidos políticos y ya han tomado una decisión de que si dicha historia es importante o no” al emitir el sufragio.
  • Finalmente, cabe mentar que prevalece un clima de tranquilidad después de las elecciones, y a pesar que hubo un fallo catastrófico en el sistema de conteo de votos, los candidatos de los varios partidos han aceptado extraoficialmente los resultados y hasta han expresado en algunos casos aprecio por sus adversarios.  Es todo de buen augurio para la reconciliación y unidad en torno a la beatificación de Mons. Romero.

Así pues, los resultados de la elección no indican ninguna contrariedad a la beatificación de Mons. Romero, y al contrario, resultan muy esperanzadores.

Clima post-elettorale positivo per beatificazione Romero




In El Salvador, il figlio di Roberto d’Aubuisson è stato eletto sindaco di Santa Tecla, una città di circa 200.000 abitanti a sud ovest di San Salvador. L’autore di Tim’s El Salvador Blog messo il dito su una questione scottante quando ha chiesto se “la prossima beatificazione di Oscar Romero non è stato sufficiente per evitare che il figlio del uomo che ha ordinato l’assassinio di Romero venga eletto sindaco.” Qui ci sono tre ragioni per cui scegliere d’Aubuisson, Jr. non significa affatto un contraccolpo elettorale per la beatificazione Romero.

  • In primo luogo, né d’Aubuisson, Jr., né il suo partito ARENA hanno preso posizione contro la beatificazione di Mons. Romero. Infatti, in una intervista prima delle elezioni, l’allora candidato ha dichiarato che l’assassinio di Romero fu “un orrendo crimine (anche se ha negato che suo padre avesse qualcosa a che fare con esso). Altri politici di ARENA hanno applaudito la beatificazione Romero, al punto di promettere di erigere un monumento a Romero in una piazza centrale di San Salvador (promessa dal candidato fallito di ARENA per quella città).
  • In secondo luogo, per la mente salvadoregna, un voto per d’Aubuisson, Jr. non costituisce un’approvazione dell’assassinio di Mons. Romero, tanto meno un voto contro la sua beatificazione. Nel bene e nel male, i salvadoregni hanno fatto tabula rasa sulla questione dei crimini di guerra, secondo la teoria che tanto la destra come sinistra sono responsabile delle atrocità. Così come ha detto lo stesso blogger Tim: “i salvadoregni conoscono le storie dei loro partiti politici e hanno già deciso se questa storia è importante o no” per esprimere il proprio voto.
  • Infine, vi è un clima di tranquillità dopo le elezioni, e anche se c’era un errore irreversibile del sistema di conteggio dei voti, i candidati delle varie parti hanno accettato i risultati non ufficiale e hanno anche, in alcuni casi espresso apprezzamento dagli avversari. Tutto fa ben sperare per la riconciliazione e l’unità intorno alla beatificazione di Mons. Romero.

Pertanto, i risultati delle elezioni non indicano alcun ostacolo alla beatificazione di Mons. Romero e, al contrario, sono molto incoraggianti.

Friday, February 27, 2015

Romero beatification update #7



Twenty-four days after Archbishop Romero was recognized as a martyr, the Church has not yet set a date for his beatification. This week was a one of motions without movement—closed door meetings, press releases and blaring headlines, all saying nothing not already known.
Detecting the suspense created by the lack of news, the Salvadoran Church officially confirmed some of the details that have already been leaked.
·         At the end of last week, the Salvadoran Bishops’ Conference (CEDES for its Spanish acronym) confirmed that the ceremony will be held at the Plaza of the Americas (aka Divine Savior of the World: photo).

·         More recently, the Salvadoran press reported the purported confirmation by the Vatican that the ceremony will be presided by Cardinal Angelo Amato, prefect of the Congregation for the Causes of Saints (CCS).

·         In the same article, it was reported that the Vatican had reiterated that “the beatification event will be soon.”
All this was already known, and you had read it here.
On Wednesday, the Salvadoran President convoked a meeting of the government-church coordinating commission, and it convened without announcing any specifics. Speaking of commissions, in confirming the location for the ceremony, the Church also reported the formation of three church commissions to coordinate the event from the Church’s standpoint.
This weekend can clear some doubts. First, there will be elections in El Salvador for mayors and legislators Sunday. It is possible that the authorities have wanted to wait until after these to avoid politicization of the issue. Second, the Pope and the Roman Curia (including the Prefect of the CCS and the postulator of the Romero cause) have been on a spiritual retreat all week and they will emerge this weekend.
If the announcement of the beatification date for Archbishop Romero comes after Monday, we will be in the strange situation that the process for fixing the date will have taken longer than it took the cardinals and bishops of the CCS to ratify the theologians’ vote recognizing Romero’s martyrdom.
Super Martyrio will continue to monitor developments and provide an update every Friday regarding plans for the beatification, as well as for commemorations of Romero's anniversary in March—in a little over three weeks!
Read last week’s update here.

Actualización beatificación Romero #7



Veinticuatro días después que Mons. Romero fuera reconocido como un mártir, la Iglesia aún no ha definido una fecha para su beatificación.  Esta semana fue una de movidas sin movimiento—una de reuniones a puertas cerradas, comunicados de prensa y llamativos titulares, todo sin decir nada que ya no sabíamos.
Detectando el suspenso creado por la falta de una noticia, la Iglesia Salvadoreña confirmó oficialmente algunos de los detalles que ya habían sido filtrados. 
·         Al fin de la semana pasada, la Conferencia Episcopal De El Salvador (CEDES) confirmó que la ceremonia se llevará a cabo en la Plaza de las Américas (alias, Divino Salvador del Mundo: foto).

·         Más recientemente, la prensa salvadoreña reportó una supuesta confirmación del Vaticano que la ceremonia será presidida por el Cardenal Angelo Amato, el Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos (CCS).

·         En la misma nota, se reportaba que el Vaticano había reiterado que “el evento de beatificación será pronto”.
Todo esto ya se sabía, y Usted lo había leído aquí.
Este miércoles, la Presidencia convocó una reunión de la comisión coordinadora gobierno-iglesia, y esta sesionó sin anunciar particulares.  A propósito de comisiones, al confirmar el sitio de la ceremonia hace una semana, la Iglesia también informó la formación de tres comisiones eclesiales para coordinar el evento desde el punto de vista Iglesia.
Este fin de semana puede despejar algunas dudas.  En primer lugar, habrá elecciones en El Salvador para alcaldes y legisladores este domingo.  Es posible que las autoridades han querido esperar hasta después de estas para evitar politización de la cosa.  Segundo, el papa y la curia romana (incluyendo el Prefecto de la CCS y el postulador de la causa Romero) han estado en un retiro espiritual toda la semana y saldrán este fin de semana.
Si el anuncio de la fecha de la beatificación de Mons. Romero llega después de este lunes, estaremos en la extraña situación de que se tardará más el proceso de fijar la fecha, que lo que se tardaron los cardenales y obispos de la CCS en ratificar el voto de los teólogos a favor del reconocimiento del martirio de Romero.
Súper Martyrio seguirá de cerca la evolución de las cosas y proporcionará una actualización cada viernes sobre los planes para la beatificación, así como para las conmemoraciones del aniversario de Romero en marzo; ¡en poco más de tres semanas!
Lea la actualización de la semana pasada aquí.

Aggiornamento beatificazione Romero #7



Ventiquattro giorni dopo che Mons. Romero è stato riconosciuto come un martire, la Chiesa non ha ancora fissato una data per la sua beatificazione. Questa settimana è stata una di messo senza mozione—di meeting a porte chiuse, di comunicati stampa e titoli accattivanti, il tutto senza dire nulla che non si conosce già.
Per rilevare la suspense creata dalla mancanza di notizie, la Chiesa salvadoregna ufficialmente confermato alcuni dei dettagli che sono già stati filtrati.
·         Alla fine della scorsa settimana, la Conferenza Episcopale Di El Salvador (CEDES) ha confermato che la cerimonia si terrà presso la Piazza delle Americhe (aka Divin Salvatore del mondo: foto).

·         Più di recente, la stampa salvadoregna segnalato una presunta conferma del Vaticano che la cerimonia sarà presieduta dal cardinale Angelo Amato, prefetto della Congregazione per le Cause dei Santi (CCS).

·         Sulla stessa nota, è stato riferito che il Vaticano aveva ribadito che “l’evento di beatificazione sarà presto.”
Tutto questo era già noto, e si aveva letto qui.
Mercoledì scorso, il presidente ha convocato una riunione della commissione di coordinamento governo-chiesa, e si sono incontrati senza annunciare dettagli. A proposito di commissioni mentre ha confermato il luogo della cerimonia una settimana fa, la CEDES ha anche riferito la formazione di tre commissioni ecclesiastiche per coordinare l’evento dal punto di vista della Chiesa.
Questo fine settimana può chiarire alcuni dubbi. In primo luogo, Domenica ci saranno elezioni in El Salvador per i sindaci e legislatori. È possibile che le autorità volevano aspettare fino a dopo questo per evitare politicizzazione della cosa. In secondo luogo, il Papa e la Curia Romana (tra cui il Prefetto della CCS e il postulatore della causa Romero) sono stati in un ritiro spirituale per tutta la settimana e stanno emergendo questo fine settimana.
Se l’annuncio della data della beatificazione di Mons. Romero viene dopo Lunedi, ci troviamo nella strana situazione che il processo di fissare la data richiederà più tempo, quello che i cardinali e vescovi delle CCS hanno preso per ratificare il voto dei teologi per riconoscere il martirio di Romero.
Super Martyrio continuerà a monitorare gli sviluppi e fornire un aggiornamento ogni Venerdì per quanto riguarda i piani per la beatificazione, nonché per commemorazioni per l'anniversario di Romero nel mese di marzo—in un po più di tre settimane!
Leggi l’aggiornamento della scorsa settimana qui.

Friday, February 20, 2015

Romero beatification update #6



As we near the end of the month in which Archbishop Óscar A. Romero was recognized as a martyr and thus, made eligible for beatification, no date has yet been announced for his beatification ceremony.  The delay is not seen as anything but a logistical hold-up and the announcement is expected to come soon.  (In fact, the Vatican did announce this week the dates for the beatification of the Peruvian churchmen whose martyrdom was approved on the same day that Romero’s martyrdom was approved.)

As time goes by, it seems less likely that the Romero beatification date will coincide with the 35th anniversary of Romero’s martyrdom (March 24—now, too soon) or Romero’s birthday (August 15—too far off and, worse, in the middle of Rome’s end-of-summer hiatus).  If the authorities were looking for another date with some significance, they might consider one that appears to fall within the planning “sweet spot” and has significance that Archbishop Romero himself might have approved.  Sunday June 21, the date of the summer solstice, will also mark the 45 anniversary of Romero’s episcopal ordination in 1970.  Romero’s elevation to the episcopate was organized by his friend Fr. Rutilio Grande, who was killed shortly after Romero was named Archbishop in 1977, and whose beatification cause was recently opened (photo).
Romero picked June 21st for the ceremony in which he was ordained a bishop because of his devotion to the Virgin Queen of Peace, the Patroness of his native San Miguel, whose feast day is November 21, which Romero remembered every month of the year.  Five years later, the date would figure prominently again in Romero’s life when, on June 21, 1975, the Salvadoran army committed a peasant massacre at a hamlet called Las Tres Calles, in Romero’s rural diocese of Santiago de María.  The incident triggered an awakening in Romero to the brutal reality of peasant life in El Salvador, which flourished more fully when he was archbishop.  June 21 was also the date of Romero’s last audience with Pope Bl. Paul VI, which he recalled fondly in a pastoral letter.  Paul, Romero wrote, “confirmed our episcopal service when, on that unforgettable June 21, he spoke to us with the tenderness of a father [who] was already aware of the approach of death” (the Pope passed away the following August 6).
Super Martyrio will continue to monitor developments and provide an update every Friday regarding plans for the beatification, as well as for commemorations of Romero's anniversary in March and his birthday in August.  And when there is no news to report (like this week), I will console you with miscellaneous musings to pass the time while we await real developments!
Read last week’s update here.

Actualización beatificación Romero #6



Acercándonos al final del mes en que Mons. Óscar A. Romero fue reconocido como un mártir y, por tanto, hecho elegible para la beatificación, aún no se ha anunciado la fecha para la ceremonia de su beatificación. El retraso no es considerado más que una demora logística, y se espera pronto el anuncio. (De hecho, el Vaticano ya anunció esta semana las fechas para la beatificación de los eclesiásticos peruanos cuyo martirio fue aprobado el mismo día que se aprobó el martirio de Monseñor.)

Conforme pasa el tiempo, parece menos probable que la fecha de beatificación Romero coincida con el 35 ° aniversario de su martirio (marzo 24—ahora, demasiado pronto) o el cumpleaños de Romero (15 de agosto—demasiado lejos y, peor aún, en medio del descanso de fin de verano de Roma). Si las autoridades buscan otra fecha con algún significado, podrían considerar una que parece caer dentro de la “zona óptima” para la planificación y tiene importancia que el mismo Mons. Romero habría aprobado. El domingo 21 de junio, fecha del solsticio de verano, también marcará el 45 °  aniversario de la ordenación episcopal de Monseñor Romero en 1970. La elevación de Romero al episcopado fue organizada por su amigo el P. Rutilio Grande, que fue asesinado poco después que Romero fuera nombrado arzobispo en 1977, y cuya causa de beatificación fue recientemente inaugurada (foto).
Romero escogió el 21 de junio para la ceremonia en la que fue ordenado obispo por su devoción a la Virgen Reina de la Paz, Patrona de su natal San Miguel, cuya festividad es el 21 de noviembre, que Romero recordaba todos los meses del año. Cinco años más tarde, la fecha volvió a ocupar un lugar destacado en la vida de Romero cuando, el 21 de junio de 1975, el ejército salvadoreño cometió una masacre campesina en una aldea llamada "Las Tres Calles", en la diócesis rural de Santiago de María que Romero guiaba. El incidente provocó un despertar en Romero a la brutal realidad de la vida campesina en El Salvador, que floreció más plenamente cuando llegó a ser arzobispo. El 21 de junio fue también la fecha de la última audiencia de Romero con el beato Papa Pablo VI, la cual Romero recordó con cariño en una carta pastoral. Pablo, escribió Romero, “confirm[ó] nuestro servicio episcopal cuando, aquel inolvidable 21 de junio, nos hablaba con la ternura de un padre que ya presiente cercana la muerte” (el papa falleció el siguiente 6 de agosto).
Súper Martyrio seguirá de cerca la evolución de las cosas y proporcionará una actualización cada viernes sobre los planes para la beatificación, así como para las conmemoraciones del aniversario de Romero en marzo y su cumpleaños en agosto. Y cuando no haya noticias que informar (como esta semana), ¡se ofrecerá el consuelo de reflexiones varias para pasar el tiempo mientras esperamos desarrollos verdaderos!
Lea la actualización de la semana pasada aquí.

Aggiornamento beatificazione Romero #6



Mentre ci avviciniamo alla fine del mese in cui Mons. Oscar A. Romero è stato riconosciuto come un martire e, quindi, rimane pronto per essere beatificato, nessuna data è stata ancora annunciata per la sua beatificazione. Il ritardo non è visto come tutt’altro che dilazione logistica e l’annuncio dovrebbe entrare presto. (Infatti, il Vaticano ha già annunciato questa settimana le date per la beatificazione di ecclesiastici peruviani cui martirio è stato approvato lo stesso giorno che è stato approvato il martirio di Romero.)
Col passare del tempo, sembra meno probabile che la data di beatificazione Romero coinciderà con il 35 ° anniversario del martirio di Romero (24 marzo—ora, troppo presto), o il compleanno di Romero (15 agosto—troppo lontano e, peggio ancora, al centro della Vacanze ad Agosto di Roma). Se le autorità stanno cercando un’altra data con una certa importanza, si potrebbe prendere in considerazione quello che sembra rientrare nella “zona ottimale” e ha un significato che proprio Mons. Romero avrebbe approvato. Domenica 21 giugno, data del solstizio d’estate, sarà anche il 45 ° anniversario della ordinazione episcopale di Romero nel 1970. L’elevazione di Romero all’episcopato è stata organizzata dal suo amico P. Rutilio Grande, che è stato ucciso poco dopo Romero stato nominato arcivescovo nel 1977, e la cui causa di beatificazione è stato aperto di recente (foto).
Romero scelto 21 giugno per la cerimonia in cui è stato ordinato vescovo per la sua devozione alla Vergine Regina della Pace, patrona del suo nativo San Miguel, la cui festa è il 21 novembre, che Romero ricordato ogni mese dell’anno. Cinque anni dopo, la data sarebbe di rilievo ancora una volta nella vita di Romero, quando, il 21 giugno del 1975, l’esercito salvadoregno ha commesso un massacro di contadini in un piccolo villaggio chiamato “Las Tres Calles” (Le tre strade), nella diocesi rurale di Santiago de María guidata da Romero. L’incidente ha innescato un risveglio in Romero alla brutale realtà della vita contadina in El Salvador, che fiorì più pienamente quando era arcivescovo. Il 21 giugno è stato anche la data dell’ultima udienza di Romero con il beato Papa Paolo VI, il quale ha ricordato con affetto in una lettera pastorale. Paolo, ha scritto Romero, “ha confermato il nostro servizio episcopale, quando, in quell’indimenticabile 21 giugno ha parlato a noi con la tenerezza di un padre che era già consapevole della vicinanza della morte” (il Papa scomparso il seguente 6 Agosto) .
Super Martyrio continuerà a monitorare gli sviluppi e fornire un aggiornamento ogni Venerdì per quanto riguarda i piani per la beatificazione, nonché per commemorazioni per l'anniversario di Romero a marzo e il suo compleanno nel mese di agosto. E quando non ci sono notizie di segnalare (come di questa settimana), offriamo la consolazione di riflessioni varie per passare il tempo mentre attendiamo sviluppi reali!
Leggi aggiornamento della scorsa settimana qui.

Sunday, February 15, 2015

Archbishop Romero and me



I barely met Archbishop Romero. As in the old “Ben-Hur” movies, where the heroes have a chance encounter with Jesus Christ in a melodramatic scene that has little to do with the plot of the movie, I brushed up against Monseñor in brief and transient episodes in my childhood. But someday, if God permits me, I will attest to generations who never saw him, that I did see him, even if I barely managed to do so.
Our coincidence in this “vale of tears” was a blink of an eye. When I was born in 1968, Monseñor had just over eleven years left of his pilgrimage through this earth. And when he became Archbishop of San Salvador, which was the first time he registered in my awareness, I only had year and a half left in the country. But he made a great impact, right from the start.
I vividly remember the first time I saw his picture, in black and white, in “El Diario De Hoy” (a Salvadoran paper) in 1977, when he was named Archbishop of San Salvador. I read the interview, and I followed his first dramatic steps on the radio, hearing his impressive Sunday homilies, along with the rest of the country. My grandmother who raised me would take me to cathedral for the most important dates in the liturgical calendar, such as Christmas, Easter, and the Feast of the Transfiguration to see the “Savior of the World” (Jesus, El Salvador’s patron).
It was in this context that witnessed his prophetic ministry in the culminating moments of his public ministry. It was in 1977 that they killed Father Rutilio Grande, and Father Alfonso Navarro a few months later. I remember going to the Cathedral on Holy Saturday one year, and watching a Boy Scouts bonfire in Plaza Barrios in front of the church. I remember watching Romero and some of his priests in a procession around the inside of the cathedral, perfuming the temple with incense and sprinkling holy water while the congregation sang, “The Lord is risen/Risen is the Lord.” I remember seeing trucks full of soldiers around the square and thinking they were there to participate in the Mass, perhaps providing protection to the flock of the faithful. It never occurred to me in my nine years of age that their presence could be more sinister.
But my dearest and most sacrosanct memories of Archbishop Romero were more intimate encounters, although they were all passing moments. Three episodes take precedence over all others, and are etched in my memory forever. Once Archbishop Romero entered, without advance notice, a Mass I attended with my grandmother in the now-disappeared Church of San Esteban (St. Stephen’s), in the district of the same name (this temple was consumed by fire in January 2013). Since the Mass had begun, he was announced by bullhorn from the back of the church, where as I remember, he was delivered by car. He walked down the main aisle of the church, with a green chasuble and his bishop's miter, blessing and greeting those present, and passing directly in front of me. For a moment, we saw eye-to-eye. Although it was over in a flash, it made a lasting impression because St. Stephen was the first martyr of Christianity. To me it was like a sign and a blessing to have lived this coincidence.
On another occasion, my grandmother and I had attended Mass at the Cathedral, and upon exiting the church, we saw that Archbishop Romero was greeting people on the front steps, before Plaza Barrios. Taking advantage of a small opening in the crowds around him, at a moment when there was no one there, my grandmother came to him and knelt before him to kiss his ring. He crowned her with his pontifical blessing. Being a little shy, I did not come too close, preferring to appreciate this beatific image from the sidelines. For me, my grandmother and Romero have been my spiritual parents, and this images figures for me like a family portrait.
The third meeting is the most intimate, but in some ways, the most ineffable and elusive one. We were again at the Cathedral, possibly the same Holy Saturday discussed before. I walked into a confessional. The details are blurry, a mystery that melts into the mysticism and spirituality of the moment to make that episode into something beyond history and time. Yet upon hearing that unmistakable voice, I was left with the undeniable certainty that Archbishop Romero was my confessor! I remember being struck by the lack of formality of his questions, and the lack of austerity in his style of addressing me: Instead of reciting the repetitive phrases of a formal confession, he asked me what parish I was from, and other things that were not strictly part of an obligatory or customary examination of conscience. Although I was sure that it was him, I take a certain delight in being able to doubt if it really was—because it adds to the mystique of the moment, and to the supernatural persistence of his presence in our lives. Archbishop Romero was a spiritual being whose presence in history cannot be accounted for with the sterile rules of science, or political science, or social theology. He was a spiritual force, like the shadow of God hovering over the land.
I do not want to pretend that these episodes were anything other than casual encounters: ephemeral and passing. It truly is very likely that Archbishop Romero did not notice me. Indeed, my goal in recounting them is to say that I noticed him. By a happy accident of history, I have brushed up against this historical figure, and the grace of bearing witness to his existence challenges me to also bear witness to his cause.

Monseñor Romero y yo



Yo apenas llegué a conocer a monseñor Romero. Como en las viejas películas de “Ben-Hur” en que los héroes se encuentran por casualidad con Jesucristo en una escena melodramática que tiene poco que ver con la historia del film, llegué a rosarme con monseñor en episodios breves y transitorios de mi niñez. Pero algún día, si Dios me lo concede, podré atestiguar ante generaciones que no lo conocieron, de que sí lo vi, aunque apenas logré hacerlo.
Nuestra coincidencia en este “valle de lágrimas” fue un parpadear de ojos. Cuando yo nací en 1968, a monseñor ya solo le quedaba poco más de once años en su peregrinación sobre esta tierra. Y cuando él llegó a ser arzobispo de San Salvador, que fue la primera vez que pasó por mi conocimiento, a mí ya solo me quedaba año y medio en el país. Pero, su impacto fue tremendo, desde un principio.
Bien me acuerdo de la primera vez que vi su foto, en blanco y negro, en el “Diario De Hoy”, en 1977, cuando fue elevado a arzobispo de San Salvador. Leí la entrevista, y le seguí sus primeros y dramáticos pasos a través de la radio, oyendo sus impresionantes homilías dominicales, como el resto de la nación. Mi abuelita que me crio me llevaba a catedral en las fechas más importantes del calendario litúrgico, como la navidad, semana santa, y la fiesta de la Transfiguración a ver al “Salvador del Mundo”.
Fue en este marco que presencié su apostolado profético en horas tan culminantes de su ministerio público. Fue en aquel 1977 que asesinaron al padre Rutilio Grande, y al padre Alfonso Navarro unos meses después. Me acuerdo de asistir a catedral un sábado de gloria y observar una fogata de los Boy Scouts en la Plaza Barrios. Me acuerdo ver a monseñor Romero y algunos de sus sacerdotes en procesión alrededor del interior de la catedral, perfumando el templo con incienso, y rociándolo con agua bendita mientras que la feligresía cantaba, “Ya el Señor resucitó/Resucitó ya el Señor”. Me acuerdo ver camiones con soldados alrededor de la plaza y pensar que ellos estaban allí para participar en la misa, tal vez brindando protección al rebaño de fieles. Nunca se me ocurrió a mis nueve años de edad que su presencia podría ser más siniestra.
Pero, mis memorias más íntimas, y sacrosantas de monseñor Romero fueron encuentros más cercanos, aunque todos fuesen pasajes instantáneos. Son tres episodios los que prevalecen sobre todos los otros, y que han quedado grabados en mi recuerdo para siempre. Una vez, entró monseñor Romero, sin aviso por adelantado, a una misa que yo asistía con mi abuela en la ahora extinta Iglesia de San Esteban, en el barrio del mismo nombre (a ese templo lo devoró un fuego en enero del 2013). Ya que la misa había empezado, lo anunciaron con un parlante portátil desde atrás del templo, donde según me acuerdo, él iba llegando en un carro. Entró por la nave principal de la iglesia, con una casulla verde y su mitra episcopal, bendiciendo y saludando a los allí presentes, y pasando directamente enfrente de mí. Por un solo instante, nos vimos a los ojos.  Aunque fue ligero el momento, hoy me quedo impresionado de que San Esteban fue el primer mártir de la cristiandad. Para mí fue como un signo y una bendición vivir esa coincidencia.
En otra ocasión, habíamos ido mi abuelita y yo a la misa en la catedral, y al salir de la iglesia, vimos que monseñor Romero estaba saludando a la gente en las gradas de la iglesia, ante la Plaza Barrios. Aprovechando de un campito que se abrió en los gentíos que lo rodeaban, en un momento en que no había nadie, mi abuelita se le acercó y se arrodilló ante él para besarle su anillo. En ese momento él la coronó con una bendición pontifical. Por ser un poco tímido, yo no me acerqué mucho, y preferí quedarme a un lado apreciando esa beatífica estampa. Para mí, mi abuela y Monseñor Romero han sido mis padres espirituales, y ese marco se me figura como un retrato familiar.
El tercero encuentro es el más íntimo, pero en ciertos aspectos, también el más imprescindible y elusivo. Estábamos otra vez en catedral, posiblemente el mismo sábado de gloria indicado anteriormente. Entré a un vestíbulo con el motivo de confesarme. Hay un empañamiento del hecho, un misterio, que se envuelve con el misticismo y el espiritualismo del momento para convertir al episodio a algo más allá de la historia, y del tiempo. ¡Pero, al oír esa voz inconfundible, quedé con la indudable certidumbre de que monseñor Romero era mi confesor! Me acuerdo que sus preguntas me impresionaron por la falta de formalidad, de austeridad en su estilo de platicar conmigo: En vez de recitar las frases repetitivas de una confesión formal, me preguntó de qué parroquia venía, y otras cosas que no eran estrictamente parte de la obligada o acostumbrada revisión de conciencia. Aunque sí estuve seguro de quien era, tomo cierto deleite en poder dudar si era él, porque le añade a la mística del momento, y verdaderamente, a la persistencia sobrenatural de su presencia en nuestras vidas. Monseñor Romero fue un ser espiritual, cuya presencia en la historia no se explica con la regla estéril de la ciencia, o la ciencia política, o la teología social. Fue una fuerza espiritual, como la sombra de Dios que flotaba sobre nuestro suelo.
No quiero fingir que estos episodios conlleven otra trascendencia más allá de lo que fueron: encuentros casuales, efímeros y pasajeros.  Verdaderamente es muy probable que Mons. Romero no se fijó en mí.  En realidad, el propósito mío al recontarlos es decir que yo me he fijado en él.  Por un feliz accidente de la historia, me he rosado con esa figura histórica, y por esa gracia de haber sido testigo de su existencia ahora me siento interpelado de manera especial a dar testimonio de su causa.

[Publicado originalmente el 27 de noviembre del 2011]