Monday, December 21, 2015

La Odisea Cubana de Óscar Romero


 
BEATIFICACIÓN DE MONSEÑOR ROMERO, 23 DE MAYO DEL 2015
 

El Marqués de Comillas entra al puerto de La Habana.
 



Cuando María López Vigil publicó su biografía colectiva de Mons. Romero, Piezas Para Un Retrato, se dio cuenta que una “pieza” en particular le hacía falta.  Cuando escribía el libro supe que en 1943 Monseñor Romero”—explicó posteriormente López Vigil—“había pasado por Cuba”.  Sin embargo, “me frustró no encontrar ningún testigo que me contara más detalles de este singular episodio de la vida de Romero y tuve que renunciar a incluir la pieza cubana en el retrato que estaba componiendo”, lamentó la escritora cubana-nicaragüense.

Ahora «Super Martyrio» aborda el tema, y lo que encontramos es una verdadera Odisea del joven Romero, hecho sacerdote, viajando de regreso a su país.  Retirando el velo, publicamos aquí por primera vez fechas, lugares, y detalles que colorean un escenario sumamente complicado. Algunas preguntas se contestan con más preguntas.  ¿Fue la tribulación de Romero precipitada por una acusación hecha por el futuro premio Nobel de literatura Ernest Hemingway? ¿Fue Romero una víctima indirecta de la persecución de la Iglesia Española?   ¿Por qué no habló jamás Romero sobre esta experiencia propia de la represión estatal?

Ciao, Roma!

Europa y casi todo el mundo eran un puro incendio durante la segunda guerra mundial”, recordó Romero muchos años después de los hechos.  Los [extranjeros] que podían regresar a su patria se jugaban el peligro de la aventura”.  La aventura del Padre Romero comenzó cuando este registró su salida del Colegio Pio Latinoamericano el lunes 16 de agosto de 1943, más de un año después de ser ordenado sacerdote. 

Viajando con su mejor amigo, el P. Rafael Valladares y otro salvadoreño, el P. Mauro Yánez Acosta, emprendió su viaje de retorno después de 6 años de estudio en Roma—una estadía prolongada por la Segunda Guerra Mundial.  Volaron en una aerolínea italiana desde Roma a Barcelona.  En España, se detuvieron varios días, paseando por Madrid y Bilbao, donde visitaron al famoso jesuita, el P. José N. Güenechea, director espiritual del P. Pedro Arrupe y autor de varias obras (incluyendo una titulada “Pobreza del culto y Clero en España”).

Romero a bordo del Marqués de Comillas.
Cruzando el Atlántico a bordo del “Marqués de Comillas”

El domingo 29 de agosto, zarparon desde Bilbao en el buque “Marqués de Comillas” rumbo a las Américas.  Una foto de la época presenta a Valladares y Romero a bordo del barco, entre unos treinta otros sacerdotes y seminaristas.  La navegación fue feliz; seguramente los nuevos sacerdotes se sentían ansiosos y emocionados de poder regresar a su tierra y a sus seres queridos después de esa prolongada ausencia.

Viajaban a gusto.  El “Comillas” tenía capacidad para 570 pasajeros.  Con una velocidad promedia de 16 nudos, hacía el recorrido transatlántico con bastante tardanza (en su viaje anterior al de Romero, había llevado 25 días cruzando el océano).  Pero el trayecto era bastante cómodo.  El buque de vapor de una chimenea contaba con un cine, un hall, un salón de música, y un comedor que parecía un patio con arcos moriscos, decorado al estilo de las casas solariegas del Norte de España.  Tenía fama de servir buenas comidas. En el rellano de la gran escalera que comunicaba al hall con el salón de música, había un gran cuadro, obra del pintor coruñés Fernando Álvarez de Sotomayor, presentando a Don Claudio López Bru, el segundo Marqués de Comillas, que ahora está en proceso de beatificación.

El ambiente a bordo del buque reflejaba la tranquilidad de la vida española: gallos cacaraqueando en la bodega de carga, retratos del Generalísimo Franco en las habitaciones de algunos miembros de la tripulación, y pancartas con lemas como “¡Arriba, España!” en los pasillos.  El español sonaba en los corredores, todos alfombrados de rojo.  Mientras que algunos miembros de la tripulación eran partidarios fanáticos de Franco, el capitán, Don Gabriel Roselló Guiscafré, de 60 años, practicaba la neutralidad tanto en la política como en los conflictos bélicos que estremecían el mundo.  Esa actitud diplomática le debe haber permitido llevarse bien con los pasajeros de innumerables nacionalidades a bordo.

Seguramente, Romero y Valladares viajaban tranquilos en el “Comillas”, pensando que habían superado el peligro al haber dejado las guerras europeas atrás en aquel continente.  Lo que no se imaginaban es que el Atlántico era un mar de intrigas, inundado de espías y conspiraciones, rumores de infiltración, y una verdadera guerra auxiliar entre buques aliados y submarinos del Eje, especialmente los famosos “U-Boots” alemanes. 

También había un tráfico de almas desamparadas tratando de huir la persecución y exterminación a manos de los nazis.  En 1939, las autoridades cubanas habían negado entrada a 900 judíos a bordo del S.S. St Louis que se vieron obligados a regresar a las garras de Hitler.  El “Marqués de Comillas” fue el transporte de muchos refugiados.  En el viaje de Romero, iba una familia judía polaca, una madre de 36 años, Pesla Parmes, y su hija Helena, de 12 años, con destino final en el Bronx, Nueva York, donde las esperaba la hermana de Pesla, Edith Foreman, quien había costado los pasajes.  De estar viva, la niña hoy tendría 85 años.

Quizá Romero y Valladares sabían todo esto, pero preferían no pensar en ello.  Desde que era seminarista escuché algo que hoy, en estas circunstancias, me viene muy a la mente,” diría Romero en mayo del ‘79.  Es la historia de un aprendiz de marinero que lo mandaron a componer algo en el mástil y desde aquella altura, al mirar el mar revuelto, se mareaba y estaba para caer,” contaba Romero.  El capitán que se dio cuenta, le dice: ‘¡Muchacho, mira hacia arriba!’. Y fue su salvación. Mirando hacia arriba dejó de ver aquel mar revuelto que lo mareaba y pudo hacer su operación tranquilo”.

Trinidad y Jamaica

El primer puerto de escala al llegar a las Américas fue la Isla de Trinidad el sábado 18 de septiembre.  Si los salvadoreños presumían su seguridad al arribar a su propio continente, las trabas de la guerra europea se hicieron sentir en los minuciosos registros al atracar en la isla.

Resulta que el ambiente tranquilizador del “Marqués de Comillas” era engañoso.  El propio buque era foco de sospechas.  El diciembre anterior, el futuro premio Nobel de literatura, estadounidense, Ernest Hemingway, haciéndola de agente secreto aficionado en su barco de pesca, vigilaba el tránsito en el Atlántico y supuestamente detectó actividades sospechosas en el buque en que Romero debería viajar nueve meses después—el “Marqués de Comillas”.  En un informe entregado al FBI y trasladado a las autoridades cubanas, Hemingway aseveraba haber visto el “Marqués de Comillas” en un intercambio con un submarino alemán, ya sea abasteciéndolo de combustible o trasladando espías alemanes.  Un espía nazi había sido arrestado y ejecutado en Cuba ese año (1942).

También el temor por incursiones de los U-Boots estaba en su apogeo.  Entre mediados de 1942 hasta principios de 1944, siete barcos cubanos habían sido hundidos por submarinos alemanes.  La acusación de Hemingway contra el “Marqués de Comillas” fue tomada muy en serio y fue investigada a fondo.  Cuando el “Comillas” atracó en La Habana nueve meses antes del viaje de Romero, un agente del FBI con la colaboración cubana, interrogó a los 40 miembros de la tripulación y 50 pasajeros a bordo del barco sobre el supuesto incidente.  La investigación no llegó a nada, y las autoridades parecen haber descartado el informe Hemingway.  Sin embargo, este insiste en la veracidad de su reporte y sigue vigilando el “Comillas” durante 1943.  De hecho, en los días que Romero estaba llegando a Trinidad y Jamaica a bordo del “Comillas”, Hemingway salía en su último patrullaje de la costa cubana.  No hay evidencia de que las acusaciones del Premio Nobel de Literatura eran todavía consideradas factibles tan tarde en el ‘43, pero son típicas de las inquietudes de aquel tiempo.

[Hemingway escribió una novela titulada Islas en el Golfo publicada póstumamente, inspirada por estos hechos.  Hemingway se suicidó en 1961.  Ese mismo año, falleció Mons. Valladares y se incendió el “Marqués de Comillas” en la costa de Barcelona.]

Detenidos en Cuba

Lo que sí está claro es que Romero y Valladares fueron detenidos al desembarcar en Cuba después de haber hecho una segunda escala americana en Kinston, Jamaica.  Llegarían a La Habana el martes 21 de septiembre.  Allí iban a cambiar de barco.  El biógrafo de Romero describe la perplejidad de los dos ante su detención: “No comprendían nada de lo que les estaba sucediendo”. [Delgado, Óscar A. Romero: biografía, págs. 25-26.]  El biógrafo de Valladares coincide: “incomprensibles motivos” causaron que fueran procesados. [De Paz Chávez, La ciudad donde se arrancan corazones, 2013.]  Si Romero y Valladares no entendían lo que les sucedía, los motivos de la detención siguen siendo difíciles de comprender.  ¡Las razones parecen tan inescrutables como las de la detención de Cristo!

La teoría más aceptada es que Romero y Valladares fueron arrestados por que habían originado su viaje en Italia, un país del Eje (Delgado, Paz, Struckmeyer).  Pero, ¿podría ser esta la razón por qué los sospecharon?  Una nueva biografía de Romero hace ver que el 9 de septiembre Italia firmó un armisticio, pasándose al lado de los Aliados.  [Mata, Monseñor Óscar Romero: Pasión por la Iglesia, 2015, pág. 33.]  Cuando el “Marqués de Comillas” arribó en La Habana el 21 de septiembre, esto ya hubiera sido conocido por las autoridades cubanas.  De hecho, Cuba liberó a varios italianos prominentes que había tenido bajo detención, incluyendo miembros de la familia real italiana, en octubre de ese año.  Sin embargo, era un hecho que Cuba tenía hasta la fecha una política interna de detención de súbditos de los países del Eje, y que a pesar del armisticio con Italia, seguía habiendo sospechas sobre los italianos; algunos de ellos continuaban en militancia fascista aún después del convenio.

Romero y Valladares fueron minuciosamente registrados e interrogados por el Servicio de Investigaciones de Actividades Enemigas (SIAE) de la División Central de la Policía, y no importaron sus sotanas y vestimentas sacerdotales para salvarlos.  De hecho, no serían los primeros curas a bordo del “Comillas” de ser así acusados.  En el viaje anterior del crucero, en junio del ‘43, las autoridades cubanas habían arrestado a tres curas dominicos españoles, al supuestamente haberles encontrado propaganda hitleriana entre sus pertenencias.  De todos modos, es evidente que Romero y Valladares fueron seleccionados de entre los pasajeros para ser así tratados: el Marqués de Comillas siguió su trayectoria, entrando a Nueva Orleans el 28 de septiembre y ya estaba de regreso en Europa en octubre sin mayor inconveniente.  (Esto desmiente a Santiago Mata, cuando asevera que “El barco … fue detenido en Cuba, quedando la tripulación y el pasaje del buque encarcelados”—Op. Cit.).

Otras fuentes mencionan que Romero y Valladares fueron “sospechados de espionaje” (Brockman, Morozzo, López Vigil).  No está claro si la sospecha fue generalizada (por que venían de Italia) o suscitada por algo en particular que dijeron los salvadoreños, o que encontraron entre sus pertenencias.  Es difícil creer que dieron razón para tales sospechas.  Los dos eran ávidos anti-hitlerianos, y admiraban al Papa Pio XI precisamente porque se había enfrentado a los fascistas, jurando que en su papado “nadie se va a reír de la Iglesia”.

El campamento de Tiscornia.
El campamento “Tiscornia”

Romero y Valladares fueron trasladados inicialmente a la Estación de Inmigración en Tiscornia.  Este era el centro de procesamiento central para todos los refugiados e inmigrantes que llegaban a la isla.  Se encontraba al otro lado (noreste) de la bahía de La Habana, en lo que es ahora el sitio del monumento del Cristo de La Habana (en el barrio de Casablanca).

Los edificios del campamento eran del mismo modelo que las barracas del ejército norteamericano, cercados con alambres de púas, y albergaban a los refugiados que llegaban a la isla sin documentación o recursos, mientras sus situaciones se esclarecían.  Un informe del Comité de Socorro Adjunto (Joint Relief Committee) de la época registra las condiciones del campo en mayo de 1942, indicando la presencia de aproximadamente 450 detenidos, algunos por varios meses.  Los reclusos se hallaban sin comunicación externa, sin poder recibir visitantes, enviar o recibir cartas o usar el teléfono o telégrafo.  Si bien es comprensible que el Gobierno de Cuba desea comprobar con mucho cuidado la identidad de todos los nacionales enemigos que entran en el territorio de Cuba”, reza el informe, “no puede ignorarse el hecho de que la situación de los refugiados en Tiscornia está lejos de ser buena”.  El informe menciona específicamente que la alimentación era deficiente según los paladares europeos.

Todos los informes coinciden en que la nutrición que recibieron Romero y Valladares fue inadecuada—tanto así que causó problemas de salud en los dos jóvenes.  La alimentación era muy deficiente”, dice Gaspar Romero, el hermano menor del Beato.  Monseñor Valladares se enfermó gravemente, y Óscar adelgazó muchísimo”.  Valladares se enfermó tanto que ya en El Salvador en 1944, necesitó un periodo extensivo para recuperarse.  Tiscornia fue un campo de reubicación carente de recursos y facilidades”, recuerda un refugiado que estuvo detenido en el lugar. [Revista Galega do Ensino, Núm. 35 - Mayo 2002.]  La  escritora española Eva Canel es aún más contundente: “ese Tiscornia era un nombre fatídico”.

Trabajo forzado

Las biografías de Romero mencionan otro detalle de su estadía en Cuba: tuvo que hacer “trabajos forzados”, dice María López Vigil, “lavando inodoros, lampaceando, barriendo”.  Sin serles extraños, estas tareas limpiando servicios higiénicos resultaban tan agotadoras que ambos sacerdotes terminaban extenuados por la noche.  Este dato apunta a la posibilidad de que Romero y Valladares fueron trasladados a otro lugar, a un campo de trabajo.

Desde Tiscornia, los detenidos eran enviados a otros campos de detención.  Los menos comprometidos eran enviados al Reformatorio de Torrens en El Wajay (provincia de La Habana), un campamento que fue posteriormente orientado a la rehabilitación infantil.  Jóvenes y menores callejeros eran llevados allí, empleando como pretexto para recluirlos, la enseñanza de un oficio (típicamente labores propios de la granja: el trabajo agrícola y la cría de diferentes animales de corral).  Pero también internaron en el lugar a 3.000 alemanes, 1.370 italianos y 250 japoneses y  coreanos desde la promulgación de una ley especial en reacción al ataque japonés a Pearl Harbor.  Si Romero y Valladares tuvieron que hacer trabajo forzado, esto sugiere que estuvieron en la granja Torrens.  Sin embargo, esto es una especulación.

Rescatados por Redentoristas

La salvación de Romero y Valladares llegó cuando, después de un mes o más de detención, unos misioneros redentoristas que trabajaban en el campo de concentración donde estaban cautivos, certificaron que Romero y Valladares eran sacerdotes.  Los redentoristas tramitaron la salida de Romero y Valladares del campo, y los llevaron a un hospital en La Habana donde permanecieron un corto tiempo recibiendo atención médica.

Pero, probablemente su liberación no se debió solo a poder comprobar que eran sacerdotes.  Es difícil creer que su estado sacerdotal no hubiera sido evidente desde el primer registro de sus pertenencias.  La foto de Romero y Valladares a bordo del “Comillas” deja ver que vestían de atuendo clerical, y ambos sacerdotes tenían fama en su juventud de ser estrictos en su vestido, siempre llevando la sotana o por lo menos el alzacuello y el cuello romano.  Todo esto nos plantea la pregunta si la razón por qué Romero y Valladares no se habían salvado antes por ser sacerdotes es que eso mismo era la razón que los habían agobiado.  De ser así (y no hemos confirmado de que lo sea), este episodio pudiera sumarse al “martirio anterior” de Romero, dándole una nueva dimensión a las palabras del Papa Francisco de que “el martirio de Mons. Romero no fue puntual en el momento de su muerte”, porque fue en primer lugar, “un martirio-testimonio, sufrimiento anterior, persecución anterior”.

Este “martirio” habría sucedido bajo otra dinámica.  El Fulgencio Batista de esa época era distinto al Batista que Fidel Castro derrocó en 1959.  Batista estaba en su primer mandato (1940–1944), legítimamente elegido como candidato de la Coalición Socialista-Democrática, con ministros del Partido Comunista Cubano en su gabinete.  Su gobierno guardaba hostilidad innata hacia la parte conservadora en la Guerra Civil Española, donde la Iglesia era sospechada y perseguida por supuesta parcialidad.  Romero y Valladares habían visitado a clérigos españoles comprometidos.  Si fueron hostigados por ser curas, pudo haber sido una repercusión de aquel conflicto.

Romero en Yucatán.
El último viaje de Óscar Romero

Finalmente, liberados, Romero y Valladares viajaron por barco desde Cuba a Yucatán, México, y de allí por tierra a El Salvador, llegando a su patria el jueves 23 de diciembre, “como regalos de navidad” para familiares que ya los daban por muertos.  Guadalupe Romero, la madre de Romero, ya había llorado su pérdida.  Pero Romero entró triunfalmente a Ciudad Barrios el 4 de enero de 1944, celebrándose una gran fiesta popular en su honor.  El júbilo de su pueblo natal cuando apareció el viajero extraviado fue incontenible, recuerda Gaspar Romero.  ¡Ah! Todo el pueblo dejó de trabajar para recibirlo”.

Increíblemente, Mons. Romero, que denunció con valentía las detenciones prolongadas sin debido proceso, jamás habló públicamente de su experiencia propia de este atropello.  En lugar de hablar de sí mismo, lamentó la experiencia de las “madres, esposas e hijos, que de extremo a extremo, en todo el territorio han recorrido el triste calvario de la búsqueda de aquel ser querido, sin encontrar absolutamente ninguna respuesta”.  (Homilía del 14 de mayo de 1978.)  En contradicción a la constitución salvadoreña y la Declaración Universal de Derechos Humanos, en El Salvador habían “personas que han sido detenidas ilegalmente, y retenidas en los cuerpos de seguridad hasta por más de treinta días”, denunció Romero.  Esto era una injusticia que él conocía de primera mano.

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