Monday, December 14, 2015

Abrid las puertas de la justicia


 
BEATIFICACIÓN DE MONSEÑOR ROMERO, 23 DE MAYO DEL 2015
 

 


Esto es una nueva entrega en una serie de notas que quiero titular “La Iglesia de Mons. Romero en Medio de la Crisis” (para leer las dos ponencias anteriores, favor de pulsar aquí e acá).  Pero si vamos a hablar de la iglesia en medio de “la crisis”, vale preguntar: ¿cuál crisis?  Esta es una pregunta de definición previa para la Iglesia, como una piedra de toque cuya respuesta en sí puede determinar si va a estar a la altura de la misión que le espera.  Por eso vuelvo a hacer la pregunta: ¿cuál es la crisis que afronta la Iglesia Salvadoreña—la situación de violencia en el país, o la problemática de acusaciones de abuso sexual de menores que se ha dado?
Como ya había argumentado en mi nota anterior, las dos cosas van relacionadas.  La clave es de estar dispuesto a denunciar y a ser denunciado: “hoy es necesario recoger”, decía Mons. Romero en su cuarta carta pastoral, “las denuncias y críticas que señalan nuestros propios pecados como componentes humanos de la Iglesia. Porque, en una hora de crisis, quienes sentimos el deber de denunciar los pecados que están a la base de esa crisis del país, debemos estar dispuestos también a ser denunciados para convertirnos, a fin de construir una Iglesia que sea para nuestro pueblo lo que el Concilio define ‘un Sacramento Universal de Salvación’ (L. G. 48)”.  Más claro no se puede expresar ese principio.
Pero existe también un peligro que Romero señala en la misma carta.  Una organización corre el peligro de absolutizarse y convertirse en idolatría”, advierte el Beato Romero, si “los mezquinos intereses de grupo la hacen perder las amplias perspectivas trascendentes y el ideal del bien común del país”.  El Papa Francisco advierte sobre el mismo peligro y da la indicación inconfundible sobre cuál es el reto más importante que afronta la Iglesia. “La comunidad evangelizadora”, dice el Papa en su Exhortación Apostólica EVANGELII GAUDIUM, “se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demásse abaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo”. [E.G., 24.]  La Iglesia no debe ser auto-referente, dice el Pontífice:
  • Que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación”. [E.G., 27.]
  • Un corazón misionero … se hace «débil con los débiles y todo para todos» (1 Co 9,22). Nunca se encierra, nunca se repliega en sus seguridades, nunca opta por la rigidez autodefensiva”. [E.G., 45.]
  • Quien ha caído en la mundanidad mira de arriba y de lejos, rechaza la profecía de los hermanos, descalifica a quien lo cuestione ... Hay que evitarlo poniendo a la Iglesia en movimiento de salida de síde entrega a los pobres”. [E.G., 97.]
Que las puertas santas abiertas para inaugurar el Año de la Misericordia en el país sean puertas de salida, e iconos de apertura a la denuncia que reconstituya a la Iglesia.  Que esta no se encierre en la defensiva, sino que salga de sí misma en apertura misionera hacia los pobres.

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