Monday, December 10, 2012

MONS. ROMERO y la VIRGEN de GUADALUPE

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La Virgen de Guadalupe nos está diciendo que la Iglesia en América Latina debe ofrecer al continente un cristianismo con “la fisonomía propia de nuestra idiosincrasia”, predicó Mons. Romero en su Homilía Guadalupana al final de su primer año arzobispal.  (Este es una ponencia en la serie sobre los grandes sermones de Mons. Romero. Leer el texto de la homilía en español aquí, y en inglés aquí.)  María acudió a la montaña del Tepeyac para presentarnos una presencia de la Iglesia, con fisonomía muy propia”, explicó monseñor.  No era una mujer europea, ni una india de nuestro continente recién descubierto [sino que] la expresión del mestizaje, la raza nueva que en aquel momento surgía en la historia” y por ende, la Madre de Dios estaba mostrando que la Iglesia debe identificarse y encarnarse con los pobres, debe insertarse en la historia, y debe impulsar su evangelización junto a la promoción integral, apuntó.

La advocación mariana de la Iglesia Católica que afirma la aparición de la Virgen María sobre el cerro del Tepeyac en el siglo XVII sostiene que la Madre de Dios se le presentó al indio Juan Diego envuelta en luz, pero luciendo piel morena, rasgos mestizos y hablando en Nahuat, el idioma indígena de la región.  Esta apariencia de la Virgen, adaptada a la realidad local, es una muestra de opción preferencial de la Madre de Dios, quien “cuando viene a América, su diálogo de íntimo sentido maternal hacia un hijo lo tiene con un indito, con un marginado, con un pobrecito”.  Señala monseñor: “Así comienza el diálogo de María en América, en un gesto de pobreza” y recuerda el significado teológico del estar desprendido de las riquezas y las cosas materiales. “Pobreza que es hambre de Dios, pobreza que es alegría de desprendimiento”, dice monseñor. “Pobreza es libertad, pobreza es necesitar al otro, al hermano y apoyarse mutuamente para socorrerse mutuamente. Esto es María y esto es la Iglesia en el continente”.

Mons. Romero resalta el hecho de que la Virgen expresa esta afinidad desde el principio de la Evangelización de las Américas, “apenas ingresado nuestro continente a la civilización”.  Esta opción preferencial por los pobres tomada al inicio de la historia de la Iglesia en el continente es importante para Romero porque equivale con la identificación del mismo Jesucristo y su encarnación entre los pobres de Israel.  Le damos gracias a María por haber marcado, desde el inicio de nuestra civilización cristiana en el continente, con esa marca bendita de la pobreza evangélica, a la cual nos está invitando esta noche para ser felices con la felicidad del Evangelio”, predica monseñor.  La pobreza evangélica de la Virgen es un signo de apertura hacia la voluntad de Dios, confirma el Papa Benedicto XIV.  Como modelo de disponibilidad a la gracia divina y de total solicitud por los demás, resplandece en ese Continente la figura de María Santísima, Estrella de la nueva evangelización, y a quien se invoca en toda América bajo el glorioso título de Nuestra Señora de Guadalupe”, dijo el Pontífice en un reciente discurso.   (Discurso del Papa del 9 de diciembre de 2012.)

Para Mons. Romero la Virgen representa “el connubio inseparable entre la evangelización y la promoción”.  El ejemplo que la Virgen está dando, predica monseñor, obliga a la Iglesia a promover la dignidad de la persona al hacer su Evangelización.  Una evangelización sin el amor al hombre para promoverlo sería una evangelización falsa, mutilada”, asevera monseñor, y “una religión que no se preocupa de promover a nuestro pueblo, de enseñar a leer a nuestros analfabetos, de incorporar a la civilización tantas marginaciones de nuestra sociedad, no sería la verdadera Iglesia redentora.”  Estuvo de acuerdo en este sentido el Beato Papa Juan Pablo II, quien en su exhortación apostólica «ECCLESIA IN AMERICA» advirtió que “convertirse al Evangelio para el Pueblo cristiano que vive en América, significa revisar … todo lo que pertenece al orden social y a la obtención del bien común”.  El papa polaco también añadió que, “Esta conversión exige especialmente de nosotros Obispos una auténtica identificación con el estilo personal de Jesucristo, que nos lleva a la sencillez, a la pobreza … permaneciendo primariamente abiertos a aquellos que están sumamente lejanos y excluidos”.  (Id.)  Mons. Romero experimentó un episodio de cercanía mística con Juan Pablo el Grande precisamente en torno a la Basílica de Guadalupe, durante la conferencia episcopal de Puebla en 1979, cuando Juan Pablo visitó a América por primera vez.  El punto culminante ha sido la peregrinación que, en buses hicimos desde Puebla hasta la basílica de Guadalupe”, reflexiona Romero, “para concelebrar con el Santo Padre”.  (Su Diario, 27 de enero de 1979.)  La llegada a la basílica, después de un recorrido piadoso, rezando el rosario y cantando a la Virgen”, recuerda monseñor, y después, “Regresando a Puebla, en el bus en que yo viajaba, los diversos obispos y sacerdotes de otros países dimos testimonio de la devoción a la Virgen, típica de nuestros países”.  (Id.)

Haciendo recuerdo de la «ECCLESIA IN AMERICA», el Papa Benedicto XVI también ha reconocido la necesidad de examinar la realidad cotidiana a la luz de la fe: “¿Cómo no preocuparse por las dolorosas situaciones de emigración, desarraigo o violencia, especialmente las causadas por la delincuencia organizada, el narcotráfico, la corrupción o el comercio de armamentos?”, cuestiona el Pontífice: “¿Y qué decir de las lacerantes desigualdades y las bolsas de pobreza provocadas por cuestionables medidas económicas, políticas y sociales?  (Discurso 9 dic. 2012, id.)  Y en ese sentido, nos predica Mons. Romero, la Virgen de Guadalupe “es la imagen también, un reclamo, de una Iglesia que está presente con la luz del evangelio como Dios la quiere, en la civilización de los pueblos, en las transformaciones sociales, económicas, políticas”, ya que “no se puede prescindir de un Evangelio que nos amamantó, no podemos traicionar una Iglesia, un Dios que nos ha dado los secretos de los verdaderos caminos por donde los hombres se hacen felices”.

Finalmente, todos deben acoger esta enseñanza de la Virgen porque todos en América Latina la aman, confía monseñor.  Nadie se ha metido tan hondo en el corazón de nuestro pueblo como María”, asegura el Obispo Mártir.  Bendito sea Dios, hermanos, que la Virgen de Guadalupe es todo un signo de nuestra religión”, se regocija Mons. Romero.  Tratemos de imitarla, que nuestra presencia aquí no sea solamente una procesión folclórica sino que sea una reflexión profunda para vivir como Ella, insertos en la sociedad, pero llevando a ella la sal de nuestra fe, y promoviendo esos cambios profundos que nuestra sociedad exige para no vivir en un ambiente de pecado sino para convertirnos a la verdadera redención”.

Al final de cuentas, “Una Iglesia al margen de la historia no sería la Iglesia redentora de los hombres” y no estaría en sintonía con la Virgen de Guadalupe.  Una Iglesia que quiere estar presente, como María, en el corazón de cada hombre y en el corazón de cada pueblo es la verdadera y auténtica Iglesia de Cristo”. 

Mons. Romero nos invita a que “unidos con María, la gran devota, la gran cristiana, la gran latinoamericana, la Virgen de Guadalupe presente en el alma de cada uno de nosotros” nos unamos a la vida sacramental y evangélica de su Iglesia.



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Este post está dedicado a Duane y Janet Arnold. Duane es uno de los protagonistas del conjunto The Project, y Janet es una «lupita».


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