Tuesday, December 18, 2012

DE «TRES CALLES» A «EL PAISNAL»

 
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La recientemente publicada nota sobre la masacre de Tres Calles en este blog expone la tesis de que la reacción de Mons. Romero a aquella masacre dada en 1975 no fue una “oportunidad perdida” para poner en acción la doctrina social de la Iglesia pos Medellín por parte de un prelado tímido y conservador, sino más bien un desarrollo decisivo por parte de Mons. Romero de su pensamiento que sentó un importante antecedente para su línea pastoral como arzobispo.  Esta ponencia busca robustecer esa tesis con algunos datos adicionales.

El P. Tomás Greenan hace un buen resumen de la reacción de Mons. Romero cuando era Obispo de Santiago de María a la masacre de seis campesinos en el cantón Tres Calles en su  diócesis. “Monseñor Romero se presentó en la escena de los hechos”, relata Greenan.  Además de visitar a las familias enlutadas fue a pedir explicación al comandante departamental en dos ocasiones.” Sin embargo, “a pesar de su conmoción personal, monseñor Romero rehusó hacer una protesta pública y decidió escribir una carta privada de protesta respetuosa”, al Presidente de la República.  (GREENAN,“El Pensamiento Teológico-Pastoral en las homilías de monseñor Romero”,Universidad Pontificia Comillas Madrid 1992, págs. 22-23.)

Uno de los argumentos que avanzo en mi ponencia anterior es que al reaccionar a la masacre de Tres Calles, Mons. Romero estaba actuando en un dado momento histórico, y que no cabía en 1975 reaccionar con la misma contundencia que sería adecuada, digamos, en 1977, porque en 1975 la figura de «la masacre popular» todavía era novedosa.  Esa aseveración se justifica a base de los patrones de «protesta» en el ámbito social de ese tiempo.  El siguiente cuadro de Paul Almeida ilustra las manifestaciones en El Salvador entre 1972 y 1977, tanto en el número de manifestaciones (línea en trazos) cuanto en el número de manifestantes (línea sólida) que participaban en las manifestaciones entre esos años.  El gráfico demuestra que entre los fraudes electorales de1972 y 1977, respectivamente, hay una baja precipitosa en protestas, y la reacción de Mons. Romero en 1975 cuadra con este patrón.  No era una época de protestas.



No obstante la reacción reservada de Mons. Romero ante la masacre de Tres Calles, el futuro mártir de la denuncia evangélica de las masacres y la represión sienta antecedentes al filo de la masacre de Tres Calles que definen la postura que tomará la próxima vez que se presente un hecho de esta índole.  Justificando su accionar ante la Conferencia Episcopal de El Salvador (la CEDES), Mons. Romero establece tres criterios que un obispo debe tomar en cuenta al mesurar su reacción ante un atropello:

1)      El Prelado debe optar por la forma “más eficaz” de “deduci[r] responsabilidades y resarci[r] en lo posible el mal causado”;

2)      Debe considerar si o no se ha “implicado directamente en [el] asunto problemas de [la] Iglesia”;

3)      Debe considerar si o no el Prelado está “seguro de los verdaderos móviles del acontecimiento [y] de la conducta privada de los interesados”.

Carta de Mons. Romero a Sus Excelencias Mons. Luis Chávez y González, Mons. Benjamín Barrera y Reyes, Mons. Pedro Arnoldo Aparicio, Mons. J. Eduardo Álvarez, Mons. Arturo Rivera y Damas, y Mons. Marco René Revelo, publicado en Diez & Macho, “En Santiago de María me topé con la Miseria”, editorial Criterio, San Salvador, 1995, pág. 47.

Mons. Romero consideraba que estos tres elementos no habían sido rellenados por los hechos de Tres Calles, pero en 1977, un mes después de asumir como arzobispo, se le presenta un caso que sí satisface a la saciedad estos criterios—el asesinato del P. Rutilio Grande.  En el caso Grande, Mons. Romero ya no puede confiar que la forma “más eficaz” de “deducir responsabilidades y resarcir en lo posible el mal causado” es escribiendo una carta privada al Presidente, porque esa misma táctica no le dio resultado en el caso de Tres Calles.  Los otros dos puntos son rellenados de manera contundente: es un caso en el cual está “implicado directamente en el asunto problemas de la Iglesia”, ya que es un sacerdote el que ha sido asesinado; y Mons. Romero puede estar “seguro de los verdaderos móviles del acontecimiento y de la conducta privada de los interesados” ya que se trata de su gran amigo, y Mons. Romero conoce las amenazas en su contra, que el móvil detrás de las amenazas es la falsa sospecha de avocación comunista, y Mons. Romero conoce la conducta privada del P. Grande, ya que es su amigo, y sabe que las acusaciones son difamatorias.  Desde este análisis podemos ver que los elementos sentados en Tres Calles le sirven a Mons. Romero de plena justificación para definir su reacción en el caso del P. Grande.

En el caso Grande, Mons. Romero recurrió a ciertas de las mismas acciones que había tomado en el caso Tres Calles: llevó a cabo una investigación privada de los hechos para tener un balance de estos; escribió una carta privada al Presidente pidiéndole una explicación, y concelebró una misa con otros sacerdotes para encomendar las almas de los difuntos al Señor.  En el caso Tres Calles, Mons. Romero, como Obispo se hizo presente en la misa de sepelio de los difuntos, y concelebró con varios otros sacerdotes allí presentes.  Alguien me sugirió que era mejor no ir por peligro de una manipulación política de mi presencia”, confiesa en su memorando a la CEDES, pero defiende su intervención y la de los otros sacerdotes (“sólo un gesto de solidaridad”).  Si tuvo alguna renuencia, “[ú]nicamente hubiera querido que los cantos no fueran los conocidos 'de protesta'”.  Diez.  Esa misma sensibilidad por no confundir lo sagrado con lo profano la tuvo hasta sus días de arzobispo, cuando se molestó que en el funeral del padre Ernesto Barrera se cantaran consignas políticas: “Entonces Romero agarra el micrófono y dice, visiblemente enfadado: por lo menos esperen a que yo termine de dar fin a esta santa misa; después, ahí en la calle, griten las porras que quieran, pero aquí adentro no”.  (EL FARO.)  Pero en el caso Grande, Mons. Romero también practicó otras tácticas que no había utilizado en el caso Tres Calles, por las diferencias ya notadas: rompió relaciones oficiales con el gobierno, hizo pública sus demandas en el caso, y presidió una «Misa Única» en Catedral.  Sin embargo, estos actos simbólicos resultaron los más comentados y significativos en su impacto.

ELEMENTO
TRES CALLES
RUTILIO GRANDE
Investigación por la Iglesia
Carta Privada al Presidente
Misa Concelebrada
Ruptura con Gobierno
(No)
Demanda Pública a Autoridades
(No)
Misa Única
(No)
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