Wednesday, August 27, 2008

MONS. ROMERO EN LAS PALABRAS DE LOS PAPAS

La peor "manipulación" política sobre Mons. Romero seguramente debe ser la acusación de que Mons. Romero fue abandonado por los pontífices romanos, y en particular, por el Papa Juan Pablo II. Esta colección de pronunciamientos públicos de Juan Pablo y su sucesor Benedicto desmienten toda noción de que Mons. Romero haya sido olvidado o mal tratado por los sucesores de San Pedro hasta el dia. Estas declaraciones son solamente los pronunciamientos oficiales hechos por los pontífices durante homilías y los comentarios que acompañan la oración del "Angelus" en la plaza de San Pedro. No se incluyen las palabras que se les atribuyen haber dicho en privado o en situaciones semi-privadas.

I. JUAN PABLO II

1. Dos dias despues del asesinato de Mons. Romero, el Papa Wojtyla rezó el "Angelus" desde su estudio encima de la Plaza de San Pedro. Ya había publicado una declaración de prensa condenando el sacrílego acto pero, conmovido por el momento disertó sobre el tema al final del rezo. "Todos estamos sin palabras ante tan semejante violencia," lamentó el papa. Evidentemente consternado, el papa preguntaba, "¿Adónde, adónde va el mundo? Hoy lo repito: ¿adónde vamos?" Juan Pablo destacó que "se ha asesinado un obispo de la Iglesia de Dios en el ejercicio de su misión santificadora de la ofrenda de la Eucaristía." Aquí el papa hace incapié a las palabras de la Constitución Dogmática LUMEN GENTIUM, que dice que un obispo ejerce el "supremo sacerdocio" en la celebración de la Eucaristía porque "la participación del cuerpo y sangre de Cristo no hace otra cosa sino que pasemos a ser aquello que recibimos." En muchas reflecciones sobre el tema, Juan Pablo II siempre regresaba a la misma profundización que hizo ese día: "fue impactado en el momento más sagrado, durante la función más alta, más divina."

2. Otro día, el 25 de marzo de 1981, y otro "Angelus." El papa recordó el aniversario. "Ha trascurrido un año desde la trágica muerte del Arzobispo monseñor Romero," dijo Juan Pablo. Aquí lo tildó con una frase que usaría una y otra vez para caracterizar la actuación de Mons. Romero: "el pastor celoso, asesinado el 24 de marzo de 1980 mientras celebraba la santa misa." Juan Pablo tambien presentó a Mons. Romero como un "servidor de la Iglesia," destartalando toda acusación de que el papa alejó a Mons. Romero de la jerarquía de la Iglesia. Añadio el Santo Padre que Mons. Romero "coronó de sangre a su ministerio a favor de los más pobres y marginados." A un año del martirio de Mons. Romero, ya se dislumbra la conclusión que el la Congregación de la Doctrina de la Fe llegaría a emitir en el año 2000 -- "La Comisión ha concluido que Romero no era un obispo revolucionario, sino un hombre de la iglesia, del evangelio y de los pobres."

3. El 6 de marzo de 1983, Juan Pablo visitó la Catedral Metropolitana de San Salvador y se postró ante la Tumba de Mons. Romero. No fue necesario que dijera algo, ya que la foto del papa incado ante la tumba del obispo mártir fue difundida por todo el mundo y esa imagen habló muy claramente sobre el respeto y admiración que el papa debe haber sentido para incarse ante la tumba. Sin embargo, el pontífice tambien emitió una declaración sobre el significado de su visita a Catedral: "Reposan dentro de sus muros los restos mortales de monseñor Oscar Arnulfo Romero, celoso Pastor a quien el amor de Dios y el servicio a los hermanos condujeron hasta la entrega misma de la vida de manera violenta, mientras celebraba el Sacrificio del perdón y reconciliación." Otra vez, el papa reitera que la motivación de Mons. Romero fue "el amor de Dios," un tema que otro papa recogería más de dos decadas despues, cuando Benedicto XVI recalcó ese mismo punto la primera vez que se reunió con los obispos de El Salvador (ver punto número 10).

4. Más tarde, ese mismo día, el papa se dirigió hacia Metro Centro, donde predicó una solemne misa. "¡Cuántos hogares destruidos!," aseveró el pontífice, haciendo una litanía de las lamentaciones de la guerra. "¡Cuántos refugiados, exiliados y desplazados! ¡Cuántos niños huérfanos! ¡Cuántas vidas nobles, inocentes, tronchadas cruel y brutalmente!" Contextualizando la situación de la sociedad entera, se desplazó al tema martirial: "También de sacerdotes, religiosos, religiosas, de fieles servidores de la Iglesia, e incluso de un Pastor celoso y venerado, arzobispo de esta grey, monseñor Oscar Arnulfo Romero." Por tercera vez, el papa presenta a Mons. Romero como el "pastor celoso," tratando de conducir la evolución de la imagen de monseñor por los senderos que lo podrían llevar a la santidad, que el papa ya seguramente presentía, habiendose incado ante su Tumba. Pero aquí Juan Pablo añade una advertencia: "Al recordarlo, pido que su memoria sea siempre respetada y que ningún interés ideológico pretenda instrumentalizar su sacrificio de Pastor entregado a su grey." Esta observación fue adelantada en 1983 -- antes de que se instituyera el proceso de beatificación. Así es que no se puede decir que la insistencia de la Iglesia de no politicizar ha sido un invento ex post facto para desrielar la canonización.

5. Despues, al regresar al Vaticano, el Papa Juan Pablo II reiteró lo que había dicho a los salvadoreños en El Salvador, en sus palabras dirijidas a Roma y al mundo, en su mensaje dominical. El papa mencionó que la guerra civil de El Salvador había "ocasionado ya decenas de millares de víctimas, incluido el arzobispo Oscar Romero." Pero el papa no se conformó con mencionar a Mons. Romero otra vez en la Plaza de San Pedro, sino que subrayó lo que, en su profundizar, era la causa de su muerte y las otras muertes que mencionó. "Las tensiones," dijo el pontífice, "tienen su fuente en las viejas estructuras socio-económicas, en las estructuras injustas que permiten la acumulación de la mayoría de los bienes en manos de una élite poco numerosa, juntamente con la simultánea pobreza y miseria de una enorme mayoría de la sociedad." Así es que es mentira que la Iglesia se opuso a reconocer la injusticia estructural que dio muerte a las "decenas de millares de víctimas, incluido el arzobispo Oscar Romero," en las propias palabras del Santo Padre en esta ocasión.

6. En su segunda visita a El Salvador, Juan Pablo volvió a visitar la Tumba de Mons. Romero en Catedral. Era una ocasión muy distinta a la primera. Había acabado la guerra, y El Salvador se encontraba construyendo la paz. El papa había decaído notablemente en lo físico. La Tumba de Mons. Romero había sido trasladada a la Cripta subterranea de Catedral, de acuerdo a costumbres canónicas. Muchos han renegado que el traslado de la Tumba ha sido como una forma de ocultar o enterrar el recuerdo de Mons. Romero. Pero al papa no le importaron las gradas que tuvo que bajar, ni el esfuerzo que tuvo que ejercer para llegar al sitio. Lo recordó diciendo, "Monseñor Óscar Arnulfo Romero, brutalmente asesinado mientras ofrecía el sacrificio de la Misa y ante cuya tumba recé en mi anterior Visita Pastoral; y ahora voy a rezar de nuevo." Refutó el aseveramiento que la Iglesia quisiera ocultar y olvidar a Romero, declarándose "complacido de que su recuerdo siga vivo entre vosotros." Finalmente, dio un voto muy poco conocido sobre el estatus de santidad de Mons. Romero, diciendo acerca de él y los arzobispos Chávez y Rivera: "Estoy seguro de que ellos interceden por la Iglesia a la que amaron y sirvieron hasta el fin de sus días."

7. Regresando al Vaticano, Juan Pablo volvió a destacar a Mons. Romero en su audiencia semanal ante los peregrinos. Pero además de elogiar a Romero, el papa reconoció de forma inequívoca y positiva el papel de la iglesia martirial de El Salvador: "Allí la Iglesia ha desempeñado un papel decisivo para la reanudación del diálogo y la pacificación, pagando un altísimo precio de sangre." El papa reconoció el estado preeminente entre los mártires salvadoreños de uno en particular: "entre los cuales es muy venerado el arzobispo Oscar Arnulfo Romero." El papa, tratando de guiar el recuerdo de Mons. Romero entre los caminos seguros del derecho canónico (que prohibe rendir culto de forma premadura a un candidato a la santidad) constató que "Cuando se leyó el evangelio de las bienaventuranzas delante de la catedral donde se custodian los restos mortales," esto "reavivó en todos la voluntad de trabajar unidos por la construcción de un mundo más humano." Es como que el mismo papa está atestiguando que el recuerdo de Romero es sano, y no está siendo manipulado para fines partidiarios, sino para el bien común.

II. BENEDICTO XVI

8. Quizá el papa Ratzinger ha sido acusado por la izquierda de estar en contra de Mons. Romero y su teología aún mas agudamente que el papa Wojtyla. Pero Mons. Romero volvió a hacerse presente en la Plaza de San Pedro el 25 de marzo del 2007, cuando el papa puso como ejemplo a "los mártires, que son asesinados a causa del Evangelio." Ahora el papa Benedicto XVI añadió para dar emfasis a su argumento: "Lo subrayo recordando que ayer, 24 de marzo, aniversario del asesinato de monseñor Óscar Romero, arzobispo de San Salvador, se celebró la Jornada de oración y ayuno por los misioneros mártires." Este pequeño comentario hizo noticia alrededor del mundo, ya que muchos en los medios de comunicación social se habían creido de la tésis que a Ratzinger no le parecía el ejemplo de Romero y que el Vaticano había frenado la causa de su beatificación. El papa subrayó que los mártires son aquellos "obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos asesinados en el cumplimiento de su misión de evangelización y promoción humana." Es notable que no dijo solamente "evangelización" sino que "evangelización y promoción humana."

9. El pontífice "ultra-conservador" concedió la declaración a favor de la causa de beatificación de Mons. Romero más franca y atrevida de todas las declaraciones públicas de los papas que consideramos aquí, cuando declaró, "No tengo duda que Romero como persona merece la beatificación." El papa hizo el comentario a bordo de su avión papal en rumbo a la Conferencia de Aparecida (Brazil) el 9 de mayo del 2007. De hecho el papa hace una síntesis del caracter de Mons. Romero que hasta a los seguidores más comprometidos les costaría superar. Dice el Santo Padre: "Fue ciertamente un gran testigo de la fe. Él fue un hombre de gran virtud cristiana, quien estuvo comprometido a la paz y en contra de la dictadura." Con esa frase, el papa descarta los criticismos más fuertes en contra de la causa. El papa reconoce que Mons. Romero pudo haberse pronunciado en contra del gobierno, "en contra de la dictadura," en las palabras de Benedicto XVI. Pero eso no descarte que fue "un hombre de gran virtud cristiana" -- es más, es el comprobante de que lo fue. "El problema," dice el pontífice, "es que algunas facciones políticas quieren apoderarse de Romero para si mismas, injustamente, como una bandera." Pero no es un "problema" sin solución, porque "la misma persona [de Romero] nos libera de estos atentados injustos."

10. Finalmente, este mismo año, Benedicto XVI completó el círculo, remontandonos a una frase empleada por Juan Pablo II, cuando les comentó a los obispos salvadoreños en visita "ad limina" que Mons. Romero estuvo lleno "de amor de Dios" y que predicaba el Evangelio "con fervor." Esas habían sido las palabras que Juan Pablo II citó el dia en que se incó ante la Tumba de Mons. Romero un cuarto de siglo atrás. (Vease punto no. 3.) Como en una imagen correspondiente a la figura de Juan Pablo ante la Tumba, el Papa Benedicto visitó un templo dedicado a la memoria de los mártires modernos, localizada en la Basílica de San Bartolomé en la Isla Tiberina en el río Tiber de Roma, donde se dice que San Pedro bautizó a los antiguos conversos. Durante su visita, el papa rezó ante un altar dedicado a los mártires de America Latina que conserva una reliquia de Mons. Romero.

No es de negar que en las relaciones entre los papas y Mons. Romero hubieron dificultades y complicaciones que superar. En todas las relaciones humanas, siempre existen mal-entendimientos, dudas, y sospechas que pueden impedir la comprensión entre las personas. Pero si bien es cierto que se debe reconocer que han habido preguntas, tambien se debe reconocer que han habido respuestas, muy positivas y respetuosas entre los papas y Mons. Romero.
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