Wednesday, June 20, 2012

MONS. ROMERO y JON SOBRINO



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Hablar de la relación entre Mons. Romero y el jesuita Jon Sobrino (1938- ) es abordar toda una serie de polémicas entre el Vaticano y uno de los principales exponentes de la “Teología de la Liberación” que estuvo ligado de cierta manera a monseñor. El arzobispo mártir y el jesuita ibérico (ahora salvadoreño), en diversos momentos, se desconfiaron, se vieron empujados por las circunstancias hacia una alianza, y su colaboración sigue siendo estudiada. Para colmo, el P. Sobrino fue amonestado por el Vaticano sobre varios aspectos de su teología y ha sido necesario ver si sus “errores” han repercutido sobre el trabajo pastoral de Romero.

El mismo Vaticano reconoce al corregir al P. Sobrino que “la preocupación del Autor por la suerte de los pobres es apreciable” («Notificación», ¶ 1) y que su “preocupación por la situación de los pobres y oprimidos ... en América Latina” es “ciertamente la de la Iglesia entera” («Nota Explicativa», ¶ 1). Por mi parte, me resulta sumamente difícil pretender aquí juzgar sobre un hombre que llega a tener casi una equivalencia moral con los mártires, ya que estuvo en el blanco de los que perpetraron la Masacre de la UCA en noviembre de 1989, en cual todos sus compañeros jesuitas de la facultad de la Universidad Centro-Americana fueron asesinados, y el P. Sobrino solo se salvó por un accidente del destino que lo mantuvo afuera del país. Y desde luego el último punto que le da credibilidad moral es el hecho que Sobrino acompañó a Mons. Romero en una hora dura y oscura en que otros no tuvieron esa misma convicción.

La solidaridad entre Romero y Sobrino no existió desde el principio. “Antes de su cambio como obispo”, recuerda Sobrino, “Monseñor me había acusado de peligros doctrinales, lo que muestra que sabía moverse en esa problemática”. (Carta de Jon Sobrino al P. Kolvenbach, 13 de marzo del 2007.) De hecho, Mons. Romero atribuyó los mismos defectos teológicos que el Vaticano le imputaría posteriormente. Antes de que Mons. Romero asumiera como arzobispo, Sobrino publicó un libro titulado “Cristología desde América Latina”. En su libro, el P. Sobrino propone la idea de un “Jesús histórico” y minimiza la formulación ortodoxa del Concilio de Calcedonia del año 451: “aunque sigue siendo de valor teológico eclesial fundamental al afirmar los límites que toda comprensión cristiana de Cristo ha de respetar y asumir”. (SOBRINO, “Cristología”, Ciudad de México, CRT, 1976, pág. 4.) En su homilía para la Fiesta Nacional del Divino Salvador del Mundo el 6 de agosto de 1976, Mons. Romero responde a estos argumentos insistiendo que la teología sobre la naturaleza divina y humana de Jesucristo establecida por el Concilio de Calcedonia sigue teniendo vigencia y es obligatoria para cualquier discusión cristológica. (BROCKMAN, Romero: A Life [Romero, una vida]. Nueva York: Orbis Books, 1999, pág. 40.) 

Cualquier otro Cristo y cualquiera otra liberación que no sea el Cristo, ni la liberación predicados por la Iglesia”—advirtió monseñor—“serán siempre Cristo y liberación imaginados, por más ‘históricos’ que se les quiera llamar” (Homilía del 6 de agosto de 1976—disponible aquí.)  En su libro, Sobrino se enfoca sobre la dimensión humana, más que en la divina de Jesús, quien Sobrino dice que, “como laico y hombre profano” logra hacer, “efectiva y definitivamente lo que los sacerdotes habían intentado hacer, sin conseguirlo”. SOBRINO, 252. Sin embargo, para Mons. Romero, “sólo una persona divina podía dar categoría y mérito de Dios, al dolor y a la sangre humana que debía ser el precio de la redención”. (Hom. 6 ago. 1976, supra.) Por su parte, Sobrino resalta “todos aquellos elementos cristológicos que apuntan al paradigma de la liberación (reino de Dios, resurrección como utopía, etc.) y a la disposición práxica para realizarlos y así entenderlos (actividad socio-política de Jesús, exigencia del seguimiento, etc)”. (Op. Cit., pág, 26). Pero Mons. Romero advierte, “La liberación de Cristo y de su Iglesia, no se reduce a la dimensión de un proyecto puramente temporal. No reduce sus objetivos a una perspectiva antropocéntrica: a un bienestar material o a iniciativas de orden político o social, económico o cultural”. (Hom. 6 ago. 1976, supra.)

A pesar de haber chocado inicialmente con el P Sobrino sobre estos supuestos “peligros doctrinales”, Mons. Romero no volvió a abordar el tema con él: “después, nunca me avisó de tales peligros”. (Carta a Kolvenbach, supra.) Es más, siendo arzobispo, Mons. Romero invitó al P. Sobrino a redactar el primer borrador de su segunda carta pastoral, titulada, La Iglesia Cuerpo de Cristo en la Historia, publicada en agosto de 1977—solo un año después del antes referido enfrentamiento. Le pidió a Sobrino escribir el primer borrador, y Mons. Romero procedió a reescribirlo. (BROCKMAN, 80.) Presentando la Carta a la arquidiócesis, Mons. Romero reiteró la doctrina de Calcedonia—sin mencionar la controversia del año anterior con el P. Sobrino—predicando que “no nos hemos apartado del Hijo amado de Dios ... un Cristo auténtico y verdadero sigue siendo el Cristo de esta Iglesia, un Dios y un hombre verdadero”. (Hom. 6 ago. 1977.) La Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) estudió esta carta junto a todos los escritos de Mons. Romero y no encontró defectos doctrinales en sus enseñanzas. Aparte de esto, el P. Sobrino escribió y firmó “un texto de unas 20 páginas” explicando su parte en su elaboración. (Carta, supra.)

Si bien no vuelve a comentar con Sobrino los “peligros doctrinales”, Mons. Romero sí está consciente de las dudas persistentes sobre la teología del jesuita. Consta en su diario una advertencia de un sacerdote que lo visitaba: “Me dijo con sencillez de amigo el juicio negativo que se tiene en algunos sectores para con los escritos teológicos de Jon Sobrino”. (Su Diario, 3 de mayo de 1979.) Mons. Romero sigue manteniendo una leve amistad y sostiene intercambios frecuentes con el P. Sobrino, pero este no llega a ser su asesor teológico, como algunos lo acusan: los dos asisten al Sínodo Episcopal de Puebla con Juan Pablo II, pero solo se encuentran una o dos veces en las reuniones. (BROCKMAN, 161.) Mons. Romero le solicita la elaboración de otro escrito—el discurso que pronunciará en la Universidad de Lovaina, Bélgica, en febrero de 1980. “Le pareció muy bien, lo leyó íntegramente y me lo agradeció”. (Carta, supra.) Igual a la carta pastoral, el discurso ha sido examinado por la CDF sin encontrar errores.

La dificultad más grande surgió en marzo del 2007, cuando la CDF emitió su «Notificación» sobre dos obras del P. Sobrino—libros escritos por él en 1991 y 1999, décadas después del martirio de Mons. Romero. Entre los errores observados por el Vaticano en la obra de Sobrino está el supuesto desprecio de la naturaleza divina de Cristo en contravención del Concilio de Calcedonia y el querer separar a Cristo de la meta que es el reino de Dios, volviendo a este una utopía terrenal, entre otros. («Notificación», supra.) El mismo P. Sobrino reconoció que la «Notificación» podría repercutir de manera negativa sobre el estudio de la santidad de Mons. Romero: “Sé muy bien que en el Vaticano un problema para su canonización ha sido mi posible influjo en sus escritos y homilías”. (Carta, supra.) Como ya mencionado, el P. Sobrino presenta una explicación. Posteriormente, supone: “Para mí el problema fundamental es político”—porque beatificar a Romero significaría acusar del asesinato a un sector político. (Jon Sobrino ve obstáculos ‘políticos’ en la beatificación de Mons. Romero”, Agencia EFE, 25 ago. 2009.)

El P. Sobrino ha sido un expositor coherente de la Teología de la Liberación. Mons. Romero comulgó con él en proyectos puntuales, pero mantuvo su propia estratagema: “al asociarse a los que trabajan por la liberación, la Iglesia no circunscribe su acción sólo al terreno religioso, desinteresándose de los problemas temporales del hombre, pero reafirma la primacía de su vocación espiritual, y no substituye la proclamación del Reino de dios por el anuncio de liberaciones humanas”. (Hom. 6 ago. 1976, Supra.)


Leer más:


Teología de la Liberación (inglés)
Notificación de Sobrino (inglés)
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