Sunday, August 19, 2012

EL ÍCONO DE «LOS SITIOS»



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La que podría ser la foto más icónica y apreciada de Mons. Romero fue tomada hace treinta y tres años un domingo 19 de agosto de 1979, en el Cantón de los Sitios Arriba del departamento de Chalatenango. En la famosa imagen, Mons. Romero aparece sentado en una fila de sillas, sosteniendo a una niña vestida de blanco, mientras otro niño que está con ellos admira su crucifijo pectoral. Los niños eran Rosa Irma Gutiérrez, que tenía 5 años cuando la foto fue tomada, y Rafael Gutiérrez, primo de Irma, entonces de 14 años. Más interesante que estos datos de archivo sobre la foto, está el drama de aquel día.

Ese día, aquella población vivió un ambiente festivo por la llegada de Mons. Romero: con cantos, gallardetes, atolada, cohetes, y misa. (Ayala Ramírez.) En su diario, Monseñor resume el tema de su sermón en la misa de campo celebrada aquel día: “Hice un llamamiento a la civilización del amor”. José Eduardo Gutiérrez, un familiar de los niños que aparecen en la foto, recuerda la escena: “celebramos la abundancia de las cosechas, del maíz, los frijoles, los pipianes y todos los alimentos con los que el pobre sobrevive”. (Cartas a las Iglesias.) Otra de las fotos tomadas aquel día muestra a Monseñor recibiendo los dones en una mesa de altar bajo el sol. “El acto fue sumamente simpático”, escribe en su diario, “aunque bajo un sol canicular”. Describe el mensaje que pronunció aquel día: “Les prediqué del pan de la vida al que debe de elevarse el pan de la tierra. La tortilla de nuestro maíz; y que le diéramos gracias a Dios, pero que eleváramos hasta Dios todos estos dones que él nos da”.

Los momentos captados en la famosa foto hablan por sí mismos, pero los recuerdos de los niños son evocativos. “Estaba muy contento de la presencia de Monseñor Romero en mi cantón”, recuerda Rafael (el adolescente que mira la cruz), “pues grandes multitudes de personas de lugares vecinos, periodistas de otras partes venían a acompañarnos a la celebración que Monseñor Romero iba a oficiar”. (Cartas.) La niña de cinco años, por supuesto, tiene recuerdos borrosos, pero sentimentales, del hecho. “Exactamente no recuerdo aquellas palabras que amorosamente me dijo”, dice Irma, “pero si recuerdo que con mucha timidez contemplábamos todo aquello que de niños nos llamaba su atención, su crucifijo, su anillo, su vestuario”. (Id.) “Para mí ese fue un momento muy especial, una bendición de Dios y de Monseñor Romero”, dice Irma. “Él llenó nuestros corazones de fe, y de fuerza para creer más en Dios”. (Semana.)

Pero antes de este momento de ternura captado en la foto hubo una tensión terrible cuando Mons. Romero intentó ingresar al pueblo—algo como una de las escenas dramatizadas en la película “Romero” con Raúl Julia. “Un retén militar a la entrada del pueblo hizo el ya consabido cateo”, cuenta Monseñor en su diario, “en que no respetan la presencia del Arzobispo que va a visitar al pueblo que le toca visitar por razones de su Ministerio y sospechan hasta el punto de examinar todas las cosas que se llevan en el carro. ¡Dios los perdone y los ilumine!” El niño que admira el crucifijo en la foto presenció una escena de indignidad e irrespeto al arzobispo por parte de los guardias a su llegada. “Estos obligaron a Mons. Romero se quitara hasta la camisa para hacerle un registro”, recuerda Rafael, pero “las personas que acompañaban a Mons. Romero comenzaron a cantar”.  (Cartas.) Una de las que cantaban era Francisca Gutiérrez, a quien su hijo aconsejaba callar para no exponerse a peligro. “Pero yo cantaba: ‘No tenemos miedo, no tenemos miedo’. Así fue. Y al final lo dejaron pasar”. (Radio Mundial.)

La acción policial era parte de una escalada de intimidación contra Monseñor por el aparato militar, que lo seguía por sus viajes apostólicos, haciendo despliegues de poder. “En todo Dulce Nombre de María estaba desplegado el ejército que vino de El Paraíso y Chalatenango”, recuerda Rafael. (Cartas.) Mons. Romero ya había denunciado esta campaña de hostigamiento al anunciar su visita al cantón. “Ojalá que los retenes no nos vayan a estorbar", advirtió en su homilía del domingo anterior, “a la gente que va a usar uno de sus derechos más sagrados: el derecho de creer, el derecho de reunión”. El familiar de los niños que fue entrevistado recuerda que al ser interrogado por los soldados, “Monseñor les dijo que el nada más llegaba a dar gracias a Dios por permitir una cosecha más y darnos el sustento diario incluso hasta el de ellos mismo”. (Cartas). “Mi homilía”, había adelantado Monseñor, “quiere ser el alimento que el pastor da a su pueblo de Dios; si desde el Pueblo de Dios se expande hacia el pueblo en general, pues, ¡Bendito sea el Señor!, pero que no se estorbe esta palabra”.

La misa de Los Sitios fue—recuerda Irma—fue “como una fiesta en donde todos asistimos muy contentos, pues nos visitaba Monseñor Romero un padre que según nos decía mi abuelita predicaba tan cabal el evangelio, la doctrina y, sobre todo, proclamaba con tanto valor las injusticias para nosotros los pobres”. (Cartas.)


Irma y Rafael.  (Foto BBC.)
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