Wednesday, November 21, 2012

EL ESCAPULARIO DE MONS. ROMERO

 
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Mons. Romero murió vistiendo un escapulario de la Virgen del Carmen, en una capilla de un hospital operado por monjas carmelitas, del cual había sido capellán y benefactor por varios años, y tras su martirio ha sido asumido a las entrañas de la “familia carmelita”, que conserva su retrato en la sala de conferencias de su Curia General, y el Superior General de la Orden alaba su memoria.  (Sitio web de la Orden.)  La orden también ha interiorizado el mensaje que el obispo mártir les dirigió en una visita pastoral a la Iglesia del Carmen de Santa Tecla en 1977 (Foto).  (Este es una ponencia en la serie sobre los grandes sermones de Mons. Romero. Leer el texto de la homilía en español aquí, en inglés aquí, y oír la grabación de la homilía aquí.)

El contexto de aquel sermón del sábado 16 de julio de 1977, como el de tantas homilías de Mons. Romero, fue dramático.   Era todavía el arzobispo nuevo, pero su trayectoria había sido tumultuosa.  En marzo había sido asesinado el P. Grande; en abril había estrenado su primera carta pastoral «La Iglesia de la Pascua», en mayo había rezado misas fúnebres para un canciller asesinado y otro sacerdote (el P. Navarro).  Ahora, Mons. Romero procuraba regresar a lo espiritual.  El domingo anterior, por ejemplo, había predicado una homilía titulada «LaInterioridad», y el siguiente día su homilía dominical llevaría el titulo «LaOración».  Es decir, Mons. Romero intentaba pivotar hacia una línea tradicional.  En este empeño, nos dice su biógrafo, Mons. Romero era “como el dueño de casa de la parábola evangélica, que saca cosas nuevas y viejas de su tesoro”.  Mons. Romero pretendió sintetizar la tradición con la renovación del Concilio Vaticano II: “Romero combina lo nuevo y lo viejo, tomando la piedad sencilla de la gente devota como un punto de partida y los lleva a una comprensión más profunda y más culta de la Escritura y las enseñanzas de la iglesia”.  (BROCKMAN, Romero: A Life [Romero, una vida]. Nueva York: Orbis Books, 1999, pág. 75.)  Este era el objetivo de la homilía carmelita.

Mons. Romero abre su homilía con un punto de urgencia—las homilías de Mons. Romero, no por ser espirituales se volvían teóricas o abstractas.  Recuenta la historia de San Simón, a quien la Virgen le presenta el Escapulario del Carmen según la leyenda, y nos recuerda que ante una persecución de los carmelitas, San Simón le pidió a la virgen un signo de protección y Ella le dio el Escapulario.  Por eso les digo, hermanos”, dice monseñor, “en esta hora de 1977, que todos conocemos como una hora de persecución a la Iglesia; con sus sacerdotes asesinados, expulsados, torturados”, la Iglesia salvadoreña también “levanta los ojos a la Virgen y le pide una señal de protección”.  Mons. Romero alza una plegaria en especial por los jesuitas, cuyos miembros habían estado en el blanco del “parte de guerra no. 6” de la célula terrorista de ultra derecha Unión Guerrera Blanca.  (Cabe mentar que después de esta “oración de súplica” por Mons. Romero por una “una señal de protección” a su Iglesia, no hubo otro asesinato de sacerdote por el resto del año ni por la mayor parte del año siguiente.)

En el resto de su homilía, Mons. Romero nos habla del Escapulario como un signo de protección en esta vida y en la próxima, pero también como un signo de compromiso espiritual.  Si el santo Escapulario es un mensaje de la eternidad, un mensaje de lo escatológico, del más allá”, declaró el profeta salvadoreño,  el Escapulario también es un mensaje del más acá”.  Esas palabras como que resumen todo el argumento con una elocuencia devastadora: “el escapulario es también un reclamo de esta tierra, del cumplimiento de los deberes en este mundo”, dice monseñor.  Y cuando la Iglesia reclama una sociedad más justa, unas riquezas mejor distribuidas, una política más respetuosa de los derechos humanos, la Iglesia no se está metiendo en política, ni se está haciendo marxista-comunista”, insiste.  La Iglesia está diciéndoles a los hombres lo mismo que el Escapulario: sólo se salvará aquel que sepa manejar las cosas de la tierra con el corazón de Dios”.

Otra forma de entender el poder del Escapulario es desde del punto de vista de lo que significa la salvación, explica monseñor.  Desde esta óptica, no debemos malentender la promesa de protección del Escapulario.  No está ofreciendo meramente la salvación del alma, desprendida de la salvación integral que quiere Dios.  No vas a salvar tu alma sola; es que el Concilio dice: no basta salvar el alma. Es [necesario] salvar al hombre; alma y cuerpo, corazón, inteligencia, voluntad”.  La salvación integral también busca no solo salvar al hombre en el sentido individual pero también salvar a toda su humanidad: “Es todo un mundo, decía Pío XII, el que hay que salvar de lo salvaje para hacerlo humano, y de humano, divino”.  Tampoco es el Escapulario un talismán que se puede poner un feligrés para evadir sus obligaciones como cristiano.  Un carmelita que llevara el Escapulario” presumiendo que tiene una garantía de salvación que lo libera de la obligación de hacer el bien, advierte Romero, “no se salvará”.  El que quiera apartarse de la obligación y del compromiso que el Escapulario implica se lo está arrancando: “Cuántos pecadores que se confiaron así temerariamente a la hora de morir se arrancaron el Escapulario y murieron sin el Santo Escapulario”. 

En su Mensaje a los Carmelitas, el Beato Papa Juan Pablo II confirmó el mensaje de Mons. Romero en su humilde homilía.  Quien se reviste del escapulario”, dijo el papa, experimenta el “compromiso diario de revestirse interiormente de Jesucristo y de manifestarlo vivo en sí para el bien de la Iglesia y de toda la humanidad”, como la Virgen.  Así pues, son dos las verdades evocadas en el signo del escapulario”, explicó el santo padre.  Por una parte, la protección continua de la Virgen santísima”,  y por otra parte “la certeza de que la devoción a ella no puede limitarse a oraciones y homenajes en su honor en algunas circunstancias, sino que debe constituir un ‘hábito’, es decir, una orientación permanente de la conducta cristiana, impregnada de oración y de vida interior, mediante la práctica frecuente de los sacramentos y la práctica concreta de las obras de misericordia espirituales y corporales”.

Las palabras del pontífice hacen eco del mensaje de Mons. Romero:El Escapulario de la Virgen, pues, no puede apartarse del Evangelio de Cristo, y la Virgen no puede decir una cosa distinta de la que dice la doctrina de la Iglesia, porque la Virgen es un miembro de la Iglesia, Madre de la Iglesia, y no tolerará nada que se predique o se haga contra la Iglesia”.

Este es el contenido que los carmelitas han recogido de la prédica de Mons. Romero.  Es un mensaje que les asegura que su Escapulario no es un amuleto de la superstición, sino una pieza de devoción que le recuerda a la orden carmelita y a todos los fieles la vigencia y actualidad de la misión de servicio que la Iglesia lleva al mundo actual.  Los carmelitas, como otras órdenes, se han esmerado por hacer actual su misión espiritual.  El sacerdote carmelita John Welch, en sus apuntes espirituales, profundiza sobre la línea pastoral, la espiritualidad y el martirio de Mons. Romero como un reflejo de la espiritualidad carmelita en el sentido del servicio que requiere el mundo actual.  «Seasons of the Heart» (“Estaciones del Corazón”), WELCH, O.Carm.

Si la Virgen hablara a un Simón Stock de 1977 al darle el Escapulario”, subrayó Mons. Romero, “le diría: Todo aquel que lleva el escapulario tiene que ser un hombre que ya vive su salvación en esta tierra … desarrolla[ndo] sus capacidades humanas para el bien de los demás”.
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