Friday, February 01, 2013

MONS. ROMERO Y LA PURIFICACIÓN DE LA IRA


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Este año, Super martyrio está ofreciendo «Monseñor Romero para el Año de la fe». A lo largo del año, publicaremos reflexiones para el Año de la Fe que presenten a Mons. Romero como modelo de fe.  Lo siguiente son fragmentos de una reflexión que hace el p. James Farfaglia via Catholic Online. 

El siglo pasado fue muy sangriento, tal vez el más sangriento de toda la historia registrada. Para la Iglesia católica, el siglo pasado produjo el mayor número de mártires desde que la Iglesia fue establecida en Pentecostés. Se tenía esperanza de que este nuevo siglo sería diferente, pero a pesar de todo el trabajo que se ha realizado para la promoción de la paz y la justicia, las guerras en curso, los conflictos y las injusticias continúan por todo el mundo. 

Es y ha sido una tentación natural responder a la crueldad del hombre hacia el hombre a través de la ira. Sin embargo, la ira nunca puede ser la respuesta de un discípulo de Jesucristo. 

A veces, la única respuesta posible a la injusticia, la corrupción y el abuso de poder institucional es el silencio. 

El diálogo de Jesús con el poder de Poncio Pilato fue breve y discreto. Su silencio ante Herodes fue majestuoso.

La experiencia del amor de Dios a través de la oración contemplativa quita la ira del alma y lanza a la persona humana, por el poder del Espíritu, hacia una actuación adecuada que busca el cambio.

Los modelos de acción arraigados en el amor y la no violencia son muchos. Podemos mirar a Monseñor Romero y la forma en que luchó por la justicia social dentro de las circunstancias de una situación política muy difícil.

El amor no es un capricho sentimental o una atracción física, ambos de los cuales están condenados a desaparecer rápidamente, y de todos modos no vienen a su antojo. No. Es la conciencia del amor de Dios por otra persona. Sólo Dios puede capacitarnos para comprender a nuestro prójimo de acuerdo con el 'sentir', la intuición del 'Espíritu'. Entonces percibimos en él una existencia irreductible personal más allá de las limitaciones y errores, incluso más allá de la decepción que puede sentir por un momento. La otra es la imagen de Dios, no nosotros.
Foto: Mons. Romero defendió reunirse con grupos tildados como extremistas.  Ante las razones que se pueden oponer al diálogo, yo quiero recordar una frase quizá muy graciosa pero eficaz, del Papa Pío XI,” recordó Mons. Romero: “ ‘El diálogo es el camino de muchas soluciones; y si fuera por el bien de la Iglesia, yo dialogaría hasta con el mismo demonio’. ”  (Homilía del 13 de noviembre de 1977.)  En su tercera carta pastoral, “La Iglesia y las organizaciones políticas y populares” (1978), Mons. Romero dijo que, “La Iglesia ... alienta y fomenta los anhelos justos de organización y apoya, en lo que tienen de justo, sus reivindicaciones”, añadiendo, “Pero no estaría completo el servicio de la Iglesia a estos esfuerzos legítimos de liberación si no los iluminara con la luz de su fe y de su esperanza cristiana, enmarcándolos en el designio global de la salvación operada por el Redentor Jesucristo”.
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