Thursday, November 20, 2014

Mons. Romero y la “Matrix”


 


Varios argumentos apoyan la hipótesis de que Mons. Óscar A. Romero de El Salvador murió un mártir, asesinado por perseguidores que lo ultimaron por odio a la fe. En un post anterior, había propuesto que se puede mostrar el martirio acreditando a Mons. Romero como un “mártir de la caridad” tal como San Lorenzo de Roma o San Maximiliano Kolbe; mediante el reconocimiento de que fue asesinado a causa de la aversión de sus asesinos a los principios de la Doctrina Social de la Iglesia; y como un rechazo violento al contundente último sermón de Romero sobre la primacía de la Ley de Dios. También podemos discernir el odio de la fe desde la Doctrina de la Seguridad Nacional (DSN) de cual los asesinos de Romero eran afines.
El tema es un poco denso, pero el argumento se puede ilustrar acertadamente por referencia al mundo de las populares películas “Matrix”. En el universo “Matrix”, la fachada de la sociedad es en realidad un espejismo generado por ordenador y patrullado por “Agentes” humanoides que se dedican a eliminar tanto los virus informáticos como los luchadores por la libertad porque ambos amenazan la matriz (o “Matrix”). Los agentes son programas de ordenador que en realidad no tienen sentimientos o emoción, sino que están escritos para identificar y erradicar rápidamente aquellos que buscan escapar del sistema y la auto-determinación. Del mismo modo, los escuadrones de la muerte que responden a la DSN pueden no profesar ningún sentimiento antitético a la fe cristiana, pero estaban adoctrinados para identificar automáticamente para el asesinato a los defensores de la doctrina social de la iglesia. En consecuencia,  los ejecutores de la DSN habitualmente y predeciblemente han perseguido a los cristianos. La Doctrina de la Seguridad Nacional es, por así decirlo, una “app” para el odio de la fe.
La DSN fue desarrollada en América del Sur y ha figurado en conflictos tales como la “Guerra Sucia” en Argentina, y los conflictos internos en Chile, Brasil, Guatemala y El Salvador. El general brasileño Umberto Peregrino enumeró algunos de los componentes principales de la ideología de la DSN tal como: (1) la creencia de que la sociedad está sumida en una “guerra total” que impregna y subyace aquella sociedad particular (aunque, al igual que en “Matrix”, la apariencia superficial puede parecer tranquila o normal); (2) la convicción de que los militares deben llevar la conducta de todos los asuntos nacionales hasta que se alcance una solución (al igual que los “Agentes” en “Matrix”); y (3) la necesidad de tener una “subordinación intransigente de las actividades básicas de la nación a su seguridad” (es decir, la libertad individual viene en segundo lugar, si es que cuenta en total) [BRUNEAU, The Church in Brazil: The Politics of Religion, pág. 59 .] En su última finalidad, la DSN pretende suplantar la religión como verdad absoluta. En palabras del general Golbery do Couto e Silva, el padre de la DSN brasileña:
Ser nacionalista es estar siempre dispuesto a renunciar a cualquier doctrina, cualquier teoría, cualquier ideología, sentimientos, pasiones, ideales y valores, tan pronto como aparezcan [ser] incompatibles con la lealtad suprema, que se debe a la nación por encima de todo lo demás. El nacionalismo es, debe ser, y no puede ser otra cosa que un Absoluto en sí mismo.
[COMBLIN, The Church and the National Security State, 78.] En su libro, José Comblin afirma que la Doctrina de la Seguridad Nacional ofrece una sociedad que parece a nivel de superficie ser compatible con los principios cristianos. Sus líderes civiles y militares adoptan el lenguaje y simbolismo religioso para respaldar al proyecto nacionalista. Además, apelan a los sentimientos religiosos de la población y de la iglesia ofreciendo conceder o restaurar ciertos privilegios a la iglesia, tal como el derecho a enseñar la religión en las escuelas públicas, a censurar publicaciones que desafían ciertas enseñanzas de la iglesia, y poner en práctica un código moral ostensiblemente basado en el código moral cristiano, pero que en realidad sirve el objetivo estatal de regular estrechamente la conducta privada. Pero la iglesia reconoce la oferta como una estratagema manipuladora para subordinar la fe cristiana a la DSN. COMBLIN, 80-84. Por otra parte, la iglesia se ve obligada a configurar una oposición relativamente unificada y vigorosa, debido a brutalidades e injusticias de escala y gravedad que no dejan otra alternativa que oponerse a la DSN.
Por ende, los obispos latinoamericanos en Puebla denunciaron las manifestaciones de DSN en todo el continente: “las ideologías de la seguridad nacional han contribuido a fortalecer, en muchas ocasiones, el carácter totalitario o autoritario de los regímenes de fuerza de donde se ha derivado el abuso del poder y la violación de los derechos humanos. En algunos casos pretende amparar sus actitudes con una subjetiva posesión de fe Cristiana”. [Puebla (1979) Doc. No. 49.] Por su parte, Mons. Romero condenó la DSN como una nueva forma de idolatría: “La omnipotencia de estos regímenes de seguridad nacional, el total desprecio hacia el individuo y sus derechos, la total falta de ética en los medios para lograr sus fines, hace que la seguridad nacional se convierta en un ídolo, parecido al dios Moloc, en cuyo nombre se sacrifican cotidianamente numerosas víctimas”. [Cuarta Carta Pastoral de Mons. Romero.]
Los estudios sobre la existencia y naturaleza de la DSN está bien establecidos; la Iglesia la reconoce; y el grado en que la DSN figura entre los motivos para asesinar a Mons. Romero ha sido parte importante del análisis del «odium fidei» (odio a la fe) en su proceso de beatificación. La evidencia incontrovertida—confirmada por un informe de la Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas, una investigación de la OEA, y el fallo de un tribunal federal de Estados Unidos—establece que el asesinato de Mons. Romero fue ordenado por el Mayor Roberto D’Aubuisson.  En El Salvador, nadie ha personificado la ideología de la DSN más que D’Aubuisson. Al igual que los agentes de “Matrix”, D’Aubuisson creyó que un inframundo yacía oculto debajo de la realidad aparente, que podría no ser detectado incluso por los que estaban involucrados en él. “La cosa es que se puede ser comunista sin saber que es comunista. No hay necesidad de saber que es comunista”, se le ha citado decir. D’Aubuisson recogió esas ideas de conferencias internacionales organizadas por creyentes de la DSN en América del Sur, incluyendo en Chile y Argentina.
También al igual que los agentes de “Matrix”, D’Aubuisson señaló a los cristianos para la persecución. En sus blancos con mayor frecuencia, además de los Marxistas abiertamente declarados (que eran pocos e infrecuentes en El Salvador), estuvieron los democristianos, los jesuitas, y los partidarios de la Teología de Liberación—todos ellos afiliados de alguna manera con la fe cristiana. Influenciado por el dictador boliviano Gral. Hugo Banzer, la Unión Guerrero Blanco de D’Aubuisson lanzó una campaña de terror en El Salvador, repartiendo panfletos con el lema ominoso, “Haz Patria, Mata un Cura”. El sindicato terrorista emitió su infame “Orden de Guerra No. 6”, exigiendo que todos los jesuitas abandonaran el país a pena de ser ejecutados.  El amigo de Romero Rutilio Grande fue la primera víctima de esta vil campaña.
Al igual que los agentes de “Matrix”, D’Aubuisson creyó que la realidad de El Salvador era un holograma engañoso que ocultaba una “guerra total”, desconocida incluso a los que la instigaban, pero obvia para él. La DSN situó a los cristianos en los blancos para eliminación y siempre con la justificación de que era una purga necesaria. En pocas palabras, la ideología de la DSN efectuó el odio de la fe.
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