Wednesday, April 20, 2011

¿QUO VADIS, ROMERO?

Haciendo un balance de Semana Santa de las meditaciones que venimos haciendo en este blog ya por cinco años, se puede resumir diciendo que hemos venido desarrollando una nueva forma de ver a Mons. Romero que es a la vez más equilibrada y también más radicalmente comprometida con la verdad personal y con la realidad histórica. (¡Bueno, esto ha sido nuestro afán y rogamos a Dios que hayamos logrado alcanzar alguna parte de ese gran reto!) De hecho, ha implicado una verdadera revolución en la forma de verlo.

La lectura más o menos universalmente aceptada de Mons. Romero hasta hoy había sido que él era un clérigo conservador que se convirtió en un profeta radical después de que su mejor amigo fuera asesinado. La radicalidad que se le atribuye varía desde un seguimiento de las corrientes de la Teología de Liberación, hasta acusaciones de simpatías con el marxismo y, en las versiones más truculentas, de agitación a la violencia, insurrección, etc. La idea central tiene su atractivo y ha ganado amplia aceptación: Romero, se dice, experimento una “conversión”. Pero nadie ha cuestionado a fondo o sometido a prueba este modelo de Romero, preguntando: ¿cómo fue esa conversión?, ¿cuándo se dio?, y precisamente ¿en qué forma se desarrolló? O sea, si en concreto hubo una “conversión”, ¿cuál fue su alcance y definición? Nadie lo ha descrito, nadie lo ha examinado críticamente, presentando el “antes” y “después” del pensamiento de Romero y señalando los puntos de ruptura. Lo más sorprendente es que el propio Romero no lo hace, y parece raro que como pastor, si él tenía nuevas luces que lo guiaban en su pastoral, no hizo una declaración de su epifanía para nuestra orientación. Al contrario, insiste que no hubo conversión. (James BROCKMAN, Romero : A Life [Romero: Una vida]. Nueva York: Orbis Books, 1989, pág. 128).

Todo esto exige una revisión de la vida de Romero para tener una visión de su persona que haga este escrutinio y desarrolle a base de eso un nuevo modelo que tome en cuenta no solo las homilías de su arzobispado (todo mundo se conforma en analizar solo eso), sino también otros elementos que han estado surgiendo últimamente como son: los apuntes de sus años en el seminario, las notas de prensa que él escribió como sacerdote y como obispo, las fotos que él tomó que ahora son parte de una importante exhibición en San Salvador, su carta pastoral como Obispo de Santiago de María, su homilía nacional de 1976, etc. Se debe hacer un balance de todo esto y después una medición de este balance en contraste y comparación a su diario, sus homilías como arzobispo ... y ver cuál es la verdadera trayectoria de su pensamiento: si es ruptura o continuación. Al practicar este análisis, estamos convencidos de que existe más de continuidad que de cambio radical de postura, en la teología y el pensamiento de Mons. Romero. Es decir, al examinar sus criterios a través de los años, nos damos cuenta de que los principios se mantienen, pero el grado o intensidad de su aplicación varía según la evolución de las circunstancias que lo rodean. Esto corresponde exactamente con lo que el mismo Romero describe como su proceso: “Lo que ocurre en mi vida sacerdotal, yo lo he tratado de explicar como una evolución”, insiste. (BROCKMAN, Op. cit.) “Si daba la impresión de ser más ‘discreto’ y ‘espiritual’, era porque yo creía sinceramente que así respondía al Evangelio, ya que las circunstancias de mi ministerio no habían sido tan exigentes de una fortaleza pastoral que, sinceramente, yo creo que se me pidió en las circunstancias en que llegue a ser arzobispo”. (Ibid.)

El modelo evolutivo que el mismo Mons. Romero propone responde efectivamente a los elementos que debemos tomar en cuenta, incluyendo:
  • al seminarista Romero que nos dice en diciembre de 1941, “Los pobres son la encarnación de Cristo. A través de los andrajos, de los ojos oscuros, de la hediondez de las llagas, de las risas de los trastornados... el alma caritativa descubre y adora a Cristo”. (J. Delgado, "Romero, Un joven aspirante a la santidad", ORIENTACIÓN, Vol. LV Nº 5463, 25 de marzo del 2007.)
  • al padre Romero que denuncia en de marzo de 1945 a “los ricos injustos [que se olvidan] de aquel Dios que no es aceptador de personas cuando reclama la justicia”. (O.A.R., "Un santo antiguo prototipo del hombre moderno", CHAPARRASTIQUE No. 1562, Págs. 1 y 4, 16 de marzo de 1945.)
  • al fotógrafo Romero quien, “con su lente él realiza fotos de niños, de enfermos, de presos”, que demuestran que “él desde muy joven tiene una sensibilidad muy especial por el pueblo que no la tiene cualquier sacerdote”. (Eric Lemus, En fotos: Monseñor Romero inédito, BBC Mundo, 29 de marzo del 2011.)
  • al obispo Romero quien en su primera carta pastoral de 1975 en Santiago de María condena “la injusta desigualdad social y económica y política en que viven nuestros hermanos” ("El Espíritu Santo en la Iglesia”, Primera Carta Pastoral de Mons. Oscar A. Romero, Obispo de Santiago de María, mayo de 1975.)
  • al obispo Romero quien en su primera homilía nacional en 1976 predica sobre la “liberación” (O.A. Romero, "El Divino Salvador: Quién es, Cómo es su Liberación, Cómo llega hasta nosotros su Obra", DIARIO DE ORIENTE, Nos. 31001, 31005, 31006, 31007, 31008, 31009, agosto-octubre 1976).

 Con esta perspectiva integral, es difícil hablar de ruptura y conversión; y resulta necesario considerar una evolución que hace posible identificar los elementos que existían al principio y seguir los rastros hasta el final. Por ejemplo, cuando Romero dice en 1952, “La iglesia va al campesino, generosamente para amarlo, para elevarlo y hacerlos sentir su grandeza de hijo de Dios y rey de la creación” (O.A.R., "La Iglesia va al campesino", CHAPARRASTIQUE No. 1946 Pág. 1, 12 de diciembre de 1952.), nos damos cuenta que esto equivale exactamente con lo que predica en 1979, “urjan sus derechos teniendo en cuenta que tanto Uds., como los patronos son personas humanas, hijos de Dios” (Homilía del 1º de mayo de 1979). Cuando Romero declara en 1950 que un mandatario injusto “no es digno de obediencia y el ciudadano debe obedecer primero a Dios” (O.A. Romero, "La Colaboración de la Iglesia", Semanario CHAPARRASTIQUE No. 1838, Págs. 1 y 4, 22 de septiembre de 1950), esto equivale a su insistencia en 1980 de que, “Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla; Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado” (Hom. 23/3/1980).  Etc.

De hecho, la única ruptura que cabe mentar es el quiebre que estamos marcando con la Teología de la Liberación. Resulta innecesaria tomarla en cuenta para explicar la “conversión” de Romero cuando se establece de que no hubo tal conversión de manera repentina o dramática. Es más, la opción preferencial por los pobres en Romero, se remonta a sus años en el seminario y antedata al surgimiento de esa corriente de los intelectuales católicos en los años 60. El pensamiento social de Romero estuvo nutrido por las cartas de los papas; y su identificación con los pobres surge naturalmente de sus estudios y prácticas ascéticas. Con el reconocimiento de la importancia de estos otros elementos, la Teología de la Liberación pierde trascendencia. Romero estaba al tanto de ella, y escribió sobre sus tendencias en los años 70. Pero el estudio formal de la Teología de la Liberación tuvo más relevancia para informar al clero que apoyó a Romero que al propio arzobispo. Su prerrogativa fue, “‘Sentir con la Iglesia’, que concretamente significa apego incondicional a la Jerarquía”. (O.A.R., 'Aggiornamento', CHAPARRASTIQUE No. 2981, Pág. 1, 15 de enero de 1965.)
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