Wednesday, April 13, 2011

EL REVOLUCIONARIO DE DIOS *

Óscar Arnulfo Romero escribió que, “la Iglesia es la más auténtica revolucionaria de la historia”. (* “El Revolucionario de Dios” es el nombre de un antiguo sitio web sobre Mons. Romero.) La Iglesia, dijo Romero, predica obediencia siempre y cuando un mandatario sea justo, pero, “una vez salidos de ese cauce, el mandatario ya no es digno de obediencia y el ciudadano debe obedecer primero a Dios”, dijo Romero. Y advirtió: “en este caso la historia no conoce rebeldía ni revolución más valiente que la resistencia de la Iglesia...auténtica revolución de 20 siglos con incomodables páginas de sangre y persecución”. Escribió esto en el año 1950. (O.A. Romero, La Colaboración de la Iglesia, Semanario CHAPARRASTIQUE No. 1838, Págs. 1 y 4, 22 de septiembre de 1950. Los varios artículos citados están disponibles aquí.)

Así como una nueva exposición fotográfica está robusteciendo nuestro entendimiento de la “voz y mirada” de Óscar Romero y su sensibilidad por los pobres y marginados antes de llegar al arzobispado, las ponencias del Padre Romero publicadas en el semanario pastoral de la diócesis de San Miguel nos revelan a un sacerdote que va desarrollando su concientización social al pie de las notas de la Iglesia del Concilio. Es necesario hacer tres acertamientos en este sentido: Primero, el P. Romero no hace “la cuestión social” (como así él lo llama) un punto predominante, pero sí se refiere al tema en términos sorprendentemente parecidos al lenguaje de su predicación profética en San Salvador. Segundo, el P. Romero, como un buen novicio, no se aparta demasiado de la postura de sus superiores, los papas y los obispos. De hecho, el joven sacerdote nos da una increíble pista sobre su filosofía pastoral cuando nos indica, “lo mejor es vivir hoy más que nunca aquel clásico axioma: ‘Sentir con la Iglesia’, que concretamente significa apego incondicional a la Jerarquía”. (O.A.R., 'Aggiornamento', CHAPARRASTIQUE No. 2981, Pág. 1, 15 de enero de 1965.) Finalmente, el P. Romero habla desde una lectura fuertemente anti-comunista, como era la tendencia prevalente de esa época.

Haciendo hacia un lado estas modalidades de expresión que obedecen al contexto y a la coyuntura histórica de un dado momento, es muy notable el mensaje esencial que transmite el P. Romero. Desde sus primeras notas, Romero insiste que una religión que se limita a la interioridad espiritual y no impacta la realidad externa cotidiana de los fieles es una creencia que resulta, al final de cuentas, demasiado truncada. “Es que nos hemos acostumbrado a ver la religión como una cosa de sacristía y procesiones y escapularios”, escribe el P. Romero apenas tres años después de su ordenación sacerdotal: “no se nos ha enseñado que la religión es vida … que es engrandecimiento del ciudadano porque templa su voluntad, porque da a su cerebro un sistema que apoya en lo inmutable ... porque es comprensiva de todos los sentimientos humanos y capaz de solucionar todos los problemas de la historia”. (O.A.R., Para el Centenario del Seminario, CHAPARRASTIQUE No. 1554, Págs. 1 y 4, 19 de enero de 1945.)

Como lo haría al ser arzobispo, Romero analiza “la cuestión social” como una deficiencia en los valores espirituales: “la rebelde negación de lo sobrenatural ha llevado a los ricos injustos a olvidarse de aquel Dios que no es aceptador de personas cuando reclama la justicia”, insiste Romero. (O.A.R., Un santo antiguo prototipo del hombre moderno, CHAPARRASTIQUE No. 1562, Págs. 1 y 4, 16 de marzo de 1945.) Romero es contundente en reconocer y condenar las transgresiones de ‘los ricos injustos’: hay un sector que “lleva al campo un sentido de superioridad tan marcado que casi se diría que vivimos de nuevo la era de los amos y los esclavos”, dice Romero. “De esa desestima proceden las inicuas explotaciones y escándalos”. Y los ricos se dan lujos, denuncia Romero, “mientras el pobre cortador, mal pagado, duerme sin ilusiones, bajo el ajeno cafetal para digerir la grosera tortilla con frijoles- único sustento que para él tiene el patrón en toda la temporada”. (O.A.R., La Iglesia va al campesino, CHAPARRASTIQUE No. 1946 Pág. 1, 12 de diciembre de 1952.)

Aunque no se conocía en ese tiempo la frase “opción preferencial por los pobres”, el P. Romero deja claro su preferencia. “La iglesia va al campesino, generosamente para amarlo, para elevarlo y hacerlos sentir su grandeza de hijo de Dios y rey de la creación”, escribe el joven sacerdote. (Ibid.) Pero el P. Romero no se limita en acoger a los pobres, sino que pronuncia una fuerte condena de sus abusadores: “no poner mano de hierro a los abusos de los acaudalados y dejar en la misma miseria a la mayoría de los pobres y obreros es cometer una injusticia en la legislación”, asevera. (O.A.R., Justicia en la Constitución, CHAPARRASTIQUE No. No. 1819, Pág. 1, 12 de mayo de 1950.) Los “excesos en recta doctrina no se llamarían leyes sino violencias, y no hay obligación de obedecerlas en conciencia”, escribe Romero en palabras que nos hacen pensar de su última homilía (“Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla ...”). Finaliza diciendo, “la justicia no pide favores sino derechos”. (Ibid.)

Finalmente, Romero defiende, aún en esta época en que nadie lo podría tildar de “marxista”, las enseñanzas de la Iglesia contra acusaciones de ser comunista. “Como era de esperarse, la reciente Encíclica de Pablo VI que enfoca decididamente el auténtico progresos de los pueblos y fustiga la injusticia social a elevación internacional, tenía que encontrar muy diversas reacciones”, escribe Romero. (O.A.R., La ‘Populorum Progressio’, CHAPARRASTIQUE No. 3093, Pág. 3, 21 de abril de 1967.) “Del sector capitalista surgió inmediatamente el calificativo de marxista para la ideología de la ‘Populorum Progressio’,” escribe Romero. “Marxismo y capitalismo son dos extremos que han originado inmensos males económicos sociales”, analiza. “No podía el Papa buscar solución de un auténtico progreso de pueblos en ninguno de los dos sistemas”. Y Romero es franco en aceptar el atractivo del comunismo. “El comunismo aboga por una sociedad sin clases, justa y pacífica; el cristianismo también”, admite. (O.A.R., Marxismo y cristianismo, CHAPARRASTIQUE No. 2021, Pág. 1, 16 de julio de 1954.) “El comunismo tiene el sentido de las masas populares; el cristianismo también”. Sin embargo, Romero no los ve en equivalencia: “lo que los diferencia radicalmente es que esos mismos ideales se buscan por caminos muy diferentes; el comunismo pretende construir esa nueva civilización con sus solas fuerzas humanas ... Mientras que el cristianismo sostiene que es imposible ese nuevo orden sin contar con la justicia y la caridad de Cristo instaladas en las almas”. (Ibid.)

Para Romero, Cristo fue siempre el elemento imprescindible en la batalla contra la injusticia: “sin Cristo se destruirán ciertas injusticias, pero se entronizarán otras peores”. (Ibid.)
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