Sunday, October 21, 2018

San Óscar Arnulfo Romero

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Queda oficializado: desde el pasado domingo 14 de octubre de 2018, ya se puede decir “San Óscar Arnulfo Romero, Obispo y Mártir”.  Así lo decretó el Papa Francisco, indicando que su nombre se añada al santoral católico para recibir la digna reverencia por toda la Iglesia.
Francisco estructuró su catequesis por la canonización dedicándole el enfoque principal en su homilía en italiano durante la Misa por las Canonizaciones a Pablo VI, y regresando a Mons. Romero con más profundidad el siguiente día, en un discurso en español durante una audiencia concedida a los peregrinos salvadoreños en Roma por la canonización.
Durante la ceremonia del domingo, el Papa contextualizó a Romero entre un Jesús “radical” y un Pablo VI “profético”: Francisco dijo que “Jesús es radical. Él lo da todo y lo pide todo: da un amor total y pide un corazón indiviso”.  Agregó que “Jesús no se conforma con un porcentaje de amor: no podemos amarlo al veinte, al cincuenta o al sesenta por ciento. O todo o nada”.  Hablando de Pablo VI, Francisco dijo que había sido un “profeta de una Iglesia extrovertida que mira a los lejanos y cuida de los pobres”.
Y añadió: “Es hermoso que junto a él ... se encuentre Monseñor Romero, quien dejó la seguridad del mundo, incluso su propia incolumidad, para entregar su vida según el Evangelio, cercano a los pobres y a su gente, con el corazón magnetizado por Jesús y sus hermanos”.
Si durante la canonización el Papa habló del corazón de Romero, al día siguiente el énfasis estuvo sobre la mente de Romero y su Sentir con la Iglesia.  Después de escuchar una exhortación del actual Arzobispo de San Salvador, Mons. José Luis Escobar Alas, de abrir el proceso para que Romero sea reconocido como un Doctor de la Iglesia, Francisco se refirió a Romero como “un pastor insigne del continente americano”.
El Sumo Pontífice declaró que “San Óscar Romero supo encarnar con perfección la imagen del buen Pastor que da la vida por sus ovejas” y, dirigiéndose a los obispos, aseveró que “pueden encontrar en él un ejemplo y un estímulo en el ministerio que les ha sido confiado”. Después, hablando al clero y a los religiosos, los instó: “háganse dignos de sus enseñanzas”.  Encomendó los peregrinos laicos al “mensaje de san Óscar Romero” y, refiriéndose a los habitantes de El Salvador, Francisco dijo en palabras improvisadas que “el pueblo lo quería a mons. Romero” porque “el Pueblo de Dios sabe olfatear bien dónde hay santidad”.
Regresando a la canonización, esta fue asistida por la Reina Sofía de España, los presidentes de Italia, Chile, El Salvador, Panamá, y el Vicepresidente de Taiwán, entre otros.  Lideres religiosos incluyeron centenares de obispos, arzobispos y cardenales, y también lideres de otras religiones.  La Iglesia Anglicana fue representada por el ex Arzobispo de Canterbury Rowan Williams, mientras que el actual arzobispo, Justin Welby, emitió un comunicado.
El Beato Óscar Romero”, dijo Welby en su mensaje escrito antes que Romero fuera canonizado, “es un verdadero ejemplo para todos los cristianos y particularmente para nuestros hermanos obispos”.  Finalizó el prelado, “Al Beato Óscar se le tiene en gran estima en la iglesia de Inglaterra”, explicando que lo tienen en el calendario litúrgico y entre las estatuas de mártires del siglo XX en la Abadía de Westminster.
La presencia de los salvadoreños se hizo sentir en la Plaza de San Pedro durante la ceremonia y las audiencias del Papa, como también por toda la ciudad donde los visitantes se hicieron presentes en los grandes sitios turísticos de Roma.  Muchos de ellos tuvieron que hacer importantes sacrificios económicos para poder estar allí.  Mientras tanto, en San Salvador, millares de personas abatieron la Plaza Barrios enfrente de Catedral Metropolitana, para seguir la ceremonia en vivo a las dos de la mañana, tiempo local, por medio de pantallas gigantes.
Tal como ha sido diseñado, una canonización en Roma es impactante, y así lo ha sido para los seguidores de Romero, especialmente los salvadoreños que nunca habían presenciado algo parecido.  La magnitud de la ceremonia ante 70.000 espectadores, la imagen de Romero en la “gloria de Bernini” (la columnata de San Pedro), a la par de otros nuevos santos universales, los cantares angélicos del coro vaticano, el evangelio leído en griego y en latín; todo esto tiende a tener un efecto abrumador, un ataque a los sentidos que disipa dudas y conquista mentes.

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San Óscar Arnulfo Romero, ¡ruega por nosotros!

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