Tuesday, July 07, 2015

Francisco y Romero, compañeros


 
BEATIFICACIÓN DE MONSEÑOR ROMERO, 23 DE MAYO DEL 2015
 


Durante su viaje por Ecuador, Bolivia y Paraguay, el Papa Francisco tiene un compañero de camino en el Beato Mons. Óscar A. Romero, el arzobispo mártir de El Salvador.  Muchas notas periodísticas sobre el viaje han mencionado la beatificación de Romero este mayo pasado como uno de los puntos resaltantes del pontificado Bergoglio y el énfasis del viaje papal sobre la pobreza y la desigualdad social hacen al Beato Romero un referente para esta visita.
El Beato Romero figuró en el viaje desde el momento en que el pontífice pisó tierras latinoamericanas cuando el Presidente Rafael Correa, en su discurso de bienvenida a Ecuador a Francisco, le afirmó: “Gracias a Dios la Iglesia latinoamericana nos ha dado extraordinarios pastores, como Monseñor Óscar Arnulfo Romero, mártir de nuestra América recientemente beatificado por usted”.
El mismo Papa Francisco enmarcó a Romero en un contexto latinoamericano cuando, en su expansivo mensaje por la beatificación del mártir, dijo que era un “día de fiesta para la Nación salvadoreña, y también para los países hermanos latinoamericanos”.  También dijo que el mensaje de Mons. Romero era una interpelación a la unidad en torno a la paz y la reconciliación con relevancia a todo el continente: “A esto es a lo que está llamada hoy la Iglesia en El Salvador, en América y en el mundo entero: a ser rica en misericordia, a convertirse en levadura de reconciliación para la sociedad”.
Si estas declaraciones no pusieran a Romero al centro de la noticia, entonces el mensaje teológico de este viaje haría de Romero un referente para la visita apostólica.  Respondiendo al mensaje de bienvenida al Presidente del Ecuador, Su Santidad parafraseó su esperanza para la América Latina: “que los logros en progreso y desarrollo que se están consiguiendo se consoliden y garanticen un futuro mejor para todos, poniendo una especial atención en nuestros hermanos más frágiles y en las minorías más vulnerables, que son la deuda que todavía toda América Latina tiene”.  Días antes de partir de Roma, el Papa publicó su intención evangelizadora para el mes de julio que enmarcaría su viaje: “Para que, ante las desigualdades sociales, los cristianos de América Latina den testimonio de amor a los pobres y contribuyan a una sociedad más fraterna”.
Todo esto nos hace pensar de una de las frases con que Mons. Romero fue elevado a los altares: aquello de ser un “Evangelizador  y padre de los pobres”.  En su homilía en el Parque Bicentenario de Quito, Francisco profundizó sobre el tema de la evangelización, predicando que “La evangelización no consiste en hacer proselitismo”.  En vez de hacer proselitismo, exhortó el papa, “tengan los sentimientos de Jesús ¡Sean un testimonio de comunión fraterna que se vuelve resplandeciente! Y qué lindo sería que todos pudieran admirar cómo nos cuidamos unos a otros. Cómo mutuamente nos damos aliento y cómo nos acompañamos”.
Finalizó diciendo: “Eso es evangelizar, ésa es nuestra revolución –porque nuestra fe siempre es revolucionaria–, ése es nuestro más profundo y constante grito”.  Las palabras del papa parecen explicar aquella frase de la beatificación de Mons. Romero y, en torno, la praxis del Beato Romero parece ilustrar esta predicación del papa.  Por esa mutua referencia, el Santo Padre y el Beato Romero son compañeros de camino en la evangelización del Continente.

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