Saturday, September 18, 2010

SENTIR CON LA IGLESIA
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La Congregación para la Doctrina de la Fe estudió durante diez años los escritos y las homilías de Monseñor Óscar Romero y dictaminó: “La Comisión ha concluido que Romero no era un obispo revolucionario, sino un hombre de la iglesia, del evangelio y de los pobres”. (“Un hombre de la Iglesia y del Evangelio”, EL DIARIO DE HOY, 22 de marzo 2005.) Contando con mucho menos tiempo y menores recursos, SUPER MARTYRIO ha tomado el pulso del pensamiento de Romero en cuanto a algunos temas puntuales, y nos quedamos con una proyección de un obispo apegado a la autoridad, jerarquía y enseñanzas de la Iglesia Católica hasta el final de su vida.

Obispo jerárquico. Mons. Romero predica la autoridad de la Iglesia y del papa: “La jerarquía para la Iglesia y la Iglesia para el mundo. Por eso, cuando muere un Papa el mundo entero, y desde luego la Iglesia entera, clava sus miradas en Roma, sabiendo que allí está el signo de este pueblo de Dios”. (Homilía 22/10/1978.) En una alusión muy ilustrativa, Romero predica que no es suficiente que San Pablo vea a Cristo en una aparición, sino que tiene que obtener autorización de los otros apóstoles: “Esto necesitamos todos los que predicamos también: una vocación en la que sentimos el llamamiento de Cristo. Pero no basta, sino una comprobación jerárquica que nos una al magisterio autorizado de la Iglesia”. (Hom. 13/5/1979.) Romero declara: “Preferiría mil veces morir, antes de ser obispo cismático”. (Hom. 26/8/1979.) Y advierte: “pobrecitos los hombres y mujeres que sigan la predicación, la actuación de un sacerdote rebelde”. (Hom. 25/11/1977.)

Teologías conservadoras. Más allá de sus declaraciones de lealtad, Mons. Romero exhibe una fidelidad integra a las enseñanzas tradicionales de la Iglesia Católica Romana. En medio de toda uno “revolución cultural”, Romero se apega a las doctrinas tradicionales. Se opone al divorcio: “muchos creen que ya porque lo aprobó la Asamblea … ya esa legalización convertiría en moral un acto ... [pero] aun cuando mil legislaciones legislaran contra sus principios cristianos, sería un pecado contra la moral”. (Hom. 30/9/1979.) Se opone a la homosexualidad, al uso de los anticonceptivos, y a las relaciones sexuales entre personas no casadas, todo lo cual tilda de “aberraciones” y las compara a la prostitución, porque “es únicamente poner un uso de funciones corporales al servicio del placer, del egoísmo”. (Hom. 6/11/1977.) Los que creen que el rechazo de los anticonceptivos en HUMANAE VITAE (1968) es una doctrina ultra-conservadora, se admirarán de la fidelidad con cual Romero respalda esa decisión, argumentando que: “todo acto conyugal tiene que quedar abierto a la vida, y que todo estorbo a la vida, en su misma fuente, es un pecado contra la naturaleza”. (Hom. 17/6/1979.)

Pero, Romero reserva sus más duras condenas para un pecado en particular: “El aborto, crimen abominable, también es matar”. (Hom. 18/3/1979.) Para Romero, todos estos abusos en el tema sexual tienden a un pecado central que es “servicio del placer, del egoísmo” (cita anterior). Esto lo hace equivaler a todo lo que denuncia en su prédica social, incluyendo a las masacres y a la represión. Como lo explica él: “Si sentimos la represión porque nos matan a jóvenes y gente que ya es grande, lo mismo es quitar la vida en las entrañas de la mujer: es hombre como el profesor que es asesinado, como el Ministro de Educación que es asesinado; también el niño en las entrañas es un hombre que por el aborto es asesinado”. (Hom. 17/6/1979.)

Dictadura del relativismo. Mons. Romero aceptó y repitió la lógica de Juan Pablo II de que al no insistir en la permanencia de la moralidad, se “dejaría espacio libre a peligrosas formas de relativismo”. (Hom. 30/9/1979.) Mons. Romero insiste en la superioridad moral de la creencia en Dios sobre la no creencia: “Queridos hermanos, el ateísmo, la negación de Dios, casi siempre va junto con un vacío moral del hombre o del pueblo”. (Hom. 21/5/1978.) Se refiere a los protestantes con respeto, pero con la frase “hermanos separados”, la misma que promulgó la Congregación para la Doctrina de la Fe en un decreto sobre el ecumenismo. (Homs. 27/11/1977, 11/6/1978, 16/9/1979 y 9/12/1979; UNITATIS REDINTEGRATIO, 1964.)

Iglesia tradicional. Mons. Romero es destacado por un estilo de sacerdocio tradicional. Existen muy “pocas fotografías de Óscar Romero sin sotana”. Elmer Romero, Romero, Asociación Equipo Maíz, San Salvador, 2000, pág. 44. Cuando hablaba con otros sacerdotes, a veces hablaba en Latín. (Manuel Beza, "Mi testimonio sobre Monseñor", Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 13/1/2002.)
Adentro de la Iglesia, Mons. Romero insiste en el celibato sacerdotal: “Si nosotros sacerdotes hemos aceptado una renuncia al matrimonio, tenemos que ser fieles precisamente porque hay que dar testimonio en medio de los casados que las relaciones sexuales sólo tienen un valor relativo”. (Hom. 6/11/1977.) No admite campo para le negociación, ya que: “la Iglesia, poniéndolo como condición de su sacerdocio, lo aceptó libremente. Se trata de una palabra de honor dada a Jesucristo, y más que aspectos canónicos o conveniencias de otro tipo, hay que mirar eso”. (Hom. 12/4/1979.)

Romero también celebra el papel tradicional de las mujeres adentro de la Iglesia:
La Iglesia es una institución fundada por Cristo, y en seguimiento de Cristo surgen diversas vocaciones. Aquí mismo en el país tenemos tantas congregaciones: Los jesuitas, los dominicos, los salesianos, los somascos, etc., etc. Así como también en el orden femenino: Las religiosas del Sagrado Corazón, las religiosas oblatas al Divino Amor, las salesianas y una pléyade de organizaciones que están haciendo tanto bien a la Iglesia.
(Hom. 26/6/1976.) Para Mons. Romero, es necesario que las vocaciones femeninas sigan ese “orden” para dar su voto de “obediencia” a los mandatos de la Iglesia (i.e., la “institución fundada por Cristo”). Otra vez, Romero enmarca el asunto en el contexto social imperante: “En estos tiempos de tanta rebeldía, en estos tiempos en que también se abusa de la obediencia queriendo imponer leyes injustas, en este tiempo en que se falsifica tanto la rebeldía como la autoridad, es necesario tener conceptos claros”. (Hom. 17/12/1977.)

Cercano al Opus Dei. Finalmente, uno de los hechos más insignes del tradicionalismo de Mons. Romero fue su admiración por el Opus Dei y su fundador. Cuando este murió, Mons. Romero escribió al papa pidiendo su beatificación (que ya se ha dado): “Tuve la dicha de conocer a Monseñor Escrivá de Balaguer personalmente y de recibir de él aliento y fortaleza para ser fiel a la doctrina inalterable de Cristo y para servir con afán apostólico a la Santa Iglesia Romana”. (Carta, 12/7/1975, citada en José Miguel Cejas, “El arzobispo de El Salvador, Óscar Romero, y el Opus Dei”.) Durante su arzobispado, Romero elogió al Opus varias veces en sus homilías, deseando que su “testimonio redunde también en cambios de una sociedad que tiene que cambiar desde las entrañas del evangelio”. (Hom. 7/10/1979.) Su vicario general y cercano colaborador, el P. Jesús Delgado, era un hombre del Opus Dei. (Gianni Valente, "La memoria di un martire", 30 GIORNI, marzo 2002.) Y su confesor era miembro del Opus, y Mons. Romero pasó el último día de su vida en un retiro del Opus Dei con Mons. Fernando Sáenz Lacalle, quien sería un día su sucesor. (Cejas, Supra.)

En el lema episcopal de Mons. Romero, “Sentir Con La Iglesia”, está plasmada la añoranza de Mons. Romero de mantener la unión con el sentimiento y pensamiento de la Iglesia, y de experimentar su peregrinación por esta tierra a través de los “sentidos” de ese cuerpo místico de la Iglesia y es así que Mons. Romero llego a ser un obispo apegado a la autoridad, jerarquía y enseñanzas de la Iglesia.
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