Thursday, July 07, 2011

EL PAPA QUE MÁS ADMIRO”: PIO XI
Mons. Romero y los Papas (continuación)


Al inaugurar una fuente dedicada al Papa Pío XI (pontificado: 1929-1939) en el Vaticano, el cardenal Secretario de Estado Tarcisio Bertone recordó que Mons. Romero, siendo seminarista en Roma, se refirió a Achille Ratti/Pío XI como un “pontífice de estatura imperial”. (Pio XI nelle nuove fonti vaticane, TU ES PETRUS, 29 de febrero del 2009.) De hecho, el mismo Mons. Romero confesó que, “Este es el papa que más admiro”. (Gianni VALENTE, I due tesori della Chiesa, revista 30 Giorni, abril del 2000. Esta es una serie sobre la fidelidad de Mons. Romero a los papas, particularmente a sus enseñanzas sociales.)

El pontífice hubiera parecido una figura predominante para el joven seminarista salvadoreño, y la afición de Romero por Pío XI surgía del haberlo visto y conocido. (Vincenzo Paglia, Ventotto anni fa l’uccisione durante la messa: Oscar Romero, un vescovo fedele al suo popolo, L’OSSERVATORE ROMANO, 27 de marzo del 2008, disponible aquí.) De hecho, el joven seminarista pudo acercarse al pontífice cuando sus restos reposaban en la basílica de San Pedro después de su muerte, y el joven Romero hasta se atrevió a tocar el brazo del fallecido Santo Padre. (James BROCKMAN, Romero: A Life [Romero: Una vida]. Nueva York: Orbis Books, 1989, pág. 37). Desde esa perspectiva de primera fila, Romero pudo ver de cerca el actuar de un prelado que se tuvo que enfrentar con los más potentes de la tierra con firmeza y convicción.

La oposición del papa al fascismo y al nazismo impresionaron a Romero, quien se mantuvo su devoto por el resto de su vida,” escribe su biógrafo. (Ibid.) En su ministerio en San Salvador, Mons. Romero citaría el ejemplo de Pío XI para justificar su propia actuación como arzobispo, cuando era acusado de meterse en la política. “Una frase muy hermosa del Papa Pío XI”, recordó Mons. Romero, explicando: “yo era estudiante en Roma y me emocionó mucho”. Después cita las palabras del papa: “ La Iglesia no hace política, pero cuando la política toca su altar, la Iglesia defiende su altar”. (Homilía del 8 de mayo de 1977.) Mons. Romero agregaría su propio corolario: “El que toca a uno de mis sacerdotes, a mí me toca”.  (Hom. 20 de marzo de 1977.)

Como dijo Pío XI cuando en Roma se enarbolaba la Cruz de Hitler (la esvástica)”, recordaba Mons. Romero, parafraseando al papa: “ ‘se ha enarbolado en Roma una Cruz que no es la Cruz de Cristo’ ”. Fue por eso que, “aquel Papa valiente se retiró de Roma y dijeron en el mundo diplomático, que había sido un bofetón al más grande de aquel momento: a Hitler”. (Hom. del 3 de septiembre de 1978.) Esto le servía a Mons. Romero para justificar su actuación al boicotear funciones públicas con el gobierno salvadoreño

De igual manera, Mons. Romero citó el ejemplo de Pío XI para explicar el por qué estaba dispuesto a reunirse con grupos opositores que algunos tildaban de extremistas, para mediar entre los diversos sectores de la sociedad conflictiva en que se encontraba. “También hermanos”, decía Mons. Romero, “ante las razones que se pueden oponer al diálogo, yo quiero recordar una frase quizá muy graciosa pero eficaz, del Papa Pío XI, hombre que no se puede criticar de débil, hombre que tuvo que enfrentarse a Hitler y a Mussolini”, recordaba enfatizando. “Y decía Pío XI: ‘El diálogo es el camino de muchas soluciones; y si fuera por el bien de la Iglesia, yo dialogaría hasta con el mismo demonio’.” (Hom. 13 de noviembre de 1977.)

Pío XI fue “un Papa de frases cortas y bien cinceladas”, decía Mons. Romero (Hom. 9 de septiembre de 1979), hombre que tuvo que entrar al campo de la geopolítica y enfrentarse con los poderosos, pero también fue un pontífice sumamente bondadoso y espiritual, tal como Mons. Romero. En su carta encíclica «QUADRAGESIMO ANNO», que marcaba el 40° aniversario de la fundamental «RERUM NOVARUM» de León XIII, el Papa Pío XI había declarado sin ambigüedad alguna que la Iglesia tiene “el derecho y el deber de juzgar con autoridad suprema sobre ... materias sociales y económicas”. (QUADRAGESIMO ANNO, 15 de mayo de 1931, ¶ 41.) En ella habló de la “justicia social” que después aplicaría Mons. Romero en su ministerio:
A cada cual, por consiguiente, debe dársele lo suyo en la distribución de los bienes, siendo necesario que la partición de los bienes creados se revoque y se ajuste a las normas del bien común o de la justicia social, pues cualquier persona sensata ve cuán gravísimo trastorno acarrea consigo esta enorme diferencia actual entre unos pocos cargados de fabulosas riquezas y la incontable multitud de los necesitados.
(Ibid., ¶ 58.)

Pío XI dejó a la Iglesia la Fiesta de Cristo Rey, que Mons. Romero celebró reverentemente. Al celebrar la fiesta, Monseñor nos recuerda que, “explica el Papa Pío XI, cuando proclamó la fiesta de Cristo Rey”, que Cristo “juzgará ... las conciencias de los políticos y de los ricos y de los pobres también, desde unas perspectivas escatológicas, de reino de los cielos, de trascendencia”. (Hom. 14 de enero de 1979.) “Esa fue la mente del Papa Pío XI”—predicaba Monseñor—al instituir la fiesta entre las divisiones de una sociedad bélica. “Las guerras trastornan el universo, desunen a los hombres, arrastran hacia el pecado a los pueblos; hay desuniones, hay materialismo. El Papa decía: ‘Para que este mundo dividido, materialista, encuentre un camino de solución, señalamos éste: Cristo Rey’.” (Hom. 25 de noviembre de 1979.) Después de predicarlo desde el altar, se congratuló de haberlo hecho: “Celebré en la Basílica ... Hicimos la consagración al Corazón de Jesús, tal como el Papa Pío XI lo recomendó al establecer esta fiesta”. (Su Diario, domingo, 25 de noviembre de 1979.)

Si bien al principio fue adulación, por un joven seminarista a una figura espectacular en el escenario global visto de cerca, esa admiración se convirtió en una verdadera imitación cuando Mons. Romero tuvo su hora de prueba y tomó el esquema de Pío XI como un modelo a seguir.

SIGUE: Pío XII
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