Sunday, April 28, 2013

MONS. ROMERO y el ENEMIGO MALO




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Los editorialistas se han fijado que el Papa Francisco “habla del Diablo con frecuencia cuando habla de manera improvisada.”  Ya sean discursos formales o frutos de la casualidad, las palabras del Papa revelan la firme creencia en la existencia verdadera del Demonio, y de su presencia e intervención en el mundo actual.  Un recién publicado análisis pone en relieve que en su libro, “Sobre el cielo y la tierra”, el entonces Cardenal Bergoglio asevera que el Diablo existe y que su logro más grande es hacernos creer que no existe.  Esa nota analiza que su creencia textual en el Malo es un punto de entrada para entender la teología del Papa Francisco.  Y así también lo fue en el caso de Mons. Romero.

Si alguien supone que Mons. Romero fue uno de esos teólogos progresistas que se destacan por su modernismo y rechazo de ideas anticuadas como la del Demonio, estarían muy equivocados. El mismo Mons. Romero desmiente esa posibilidad: “Yo quiero denunciar a tiempo, hermanos”, advierte, “que la Iglesia vive el peligro, de una batalla contra las fuerzas del mal y que las fuerzas del infierno, el diablo no es una ilusión, y en la tierra tiene muchos ministros, muchos que le sirven, colaboradores”.  (Homilía del 16 de octubre de 1977.)   De hecho, uno de los comprobantes más fuertes que Mons. Romero no perteneció a la corriente materialista de la Teología de la Liberación es el hecho de que Mons. Romero insiste en los aspectos sobrenaturales de la doctrina social de la Iglesia.  Estos suponen la existencia de un “más allá” que nos exhorta a aspirar por un mundo mejor como “antesala” de aquel mundo futuro.  Pero Romero no se limita a un espiritualismo positivo que vendrá, sino que supone una realidad negativa y actual.  Esto es el aspecto negativo de nuestro mensaje,” explica monseñor: “el pecado”.  Y asevera que la lucha por la liberación “Es una guerra a muerte contra el pecado; ese pecado tiene sus raíces en el demonio y tiene sus frutos”.  (Hom. 15 jul. 1979.)

No se trata de simbolismo o imaginería: “Los frutos son: la enfermedad, la miseria, el analfabetismo, la desnutrición, la injusticia social, todo eso que vemos que brota, es lo que brota, es lo que echa de fruto este tronco que es el pecado enraizado en el infierno que es el diablo”.  (Ibid.)  Tampoco se trata de creencias folclóricas o superstición.  Monseñor aleja su prédica del mito y del folclor.  Es una leyenda, pero muchos la creen”, reconoce, “que hay gente que tiene pacto con el diablo y es cuando a una persona le salen bien todas las cosas materiales, dicen que el diablo le ayuda y que después el diablo se cobra esa alma”.  (Hom. 3 sep. 1978.)  No es eso precisamente lo que predica monseñor, ya que su argumento supone una verdadera (no metafórica) intervención maligna en la realidad actual: “La lucha del pueblo profético es, pues, contra el pecado, contra el diablo y contra las consecuencias de todo esto”, puntualiza monseñor.  (15 jul., supra.)  Por ende,  Es necesario que, junto con el esfuerzo por no tener yo pecados personales, trabaje también para arrancar los pecados sociales y de raíz, contra el poder del infierno y del demonio”.  (Id.)

Para Mons. Romero, la injusticia social que denuncia no es un fenómeno meramente económico-social, a ser estudiado y reivindicado usando el análisis de la ciencia social, porque conlleva un aspecto sobrenatural: “la violencia, el asesinato, la tortura donde se quedan tantos muertos, el machetear y tirar al mar, el botar gente, todo eso es el imperio del infierno”.  (Hom. 1 jul. 1979.)  Es el diablo el que hace la muerte”, dice Mons. Romero.  La experimentan los que le pertenecen al diablo. Colaboradores, agentes del demonio; impostores de algo extraño que no cabe en el plan de Dios”.  (Id.)  En El Salvador se han “entronizado”, dice, “los poderes del infierno”.  (Id.)  Podemos decir que nuestro sistema es como aquel dios Moloc, insaciable en cobrarse víctimas, ya sea los que están contra él, ya sea también los que le sirven. Así paga el diablo”.  (Id.)  La denuncia social de Mons. Romero es un desenmascarar de esta presencia infernal: “Por eso, cuando yo, a la luz de esta palabra, les señalo acontecimientos de la semana, ustedes mismos descubren dónde está Dios y dónde está el diablo.”  (Hom. 16 jul. 1978.)

En una de sus homilías recientes, el Papa Francisco aseveró que las calumnias y “chismes” son producto del demonio: “son tentaciones del Maligno que no quiere que el espíritu venga a nosotros y haga esta paz, esta mansedumbre en las comunidades cristianas”, dijo el pontífice.  Siempre hay estas luchas: en la parroquia, en la familia, en el barrio, entre los amigos”.  (Prédica de S.S. del 9 de abril del 2013.)  Cuando se circuló un falso rumor de su secuestro, Mons. Romero también denunció ese chisme como la obra del Maligno.  (Hom. 16 de oct. 1977, supra.)  Los ataques sacrílegos a las Iglesias también eran muestra para Mons. Romero de la obra de Satanás: “En la parroquia del Corazón de María, el jueves a media noche, se dió un tiroteo a la fachada de la Iglesia”, anunciaba una vez.  No se sabe por quienes, ni con qué objeto. Una interpretación sencilla podría decir: es el diablo que anda suelto contra la imagen de Dios en la tierra, que son sus templos”.  (Hom. 13 ene. 1980.)  Generalmente, “Los que no pueden ver a la Iglesia sin sentir el rencor, el resentimiento”, decía monseñor, “son corazones que están ganados por Satanás”.  (Hom. 10 jul. 1977.)  Todo aquel que tortura a otro hombre es infierno. Todo aquel que desprecia la dignidad humana y la conculca está inspirado por Satanás”.  (Id.)  Dicen que no hay posesos”, contemplaba monseñor: “¿cómo no va a haber posesos si cada pecador con pecado mortal es un poseído del demonio?  (Hom. 5 mar. 1978.)

Finalizando, la existencia e intervención activa del Malo es parte concreta de la teología de Mons. Romero.  El mismo Concilio Vaticano Segundo nos enseña, consideraba monseñor, que la maldad se hace presente a la par de la misma Iglesia: “El reino de Satanás también es una espera, porque también han de resucitar los emisarios del diablo, que los hay muchos entre nosotros”, asevera.  Están esperando el reino definitivo, resucitarán para ignominia, porque el progreso del mundo -dice el Concilio- hoy se ve afeado por el pecado de los hombres”.  (Hom. 19 nov. 1978.)  Y desde esta perspectiva, el anticristo también es una realidad inserta en el dinamismo de la historia actual.  En nuestra patria es muy conocido el Anticristo”, anuncia monseñor.  El Anticristo es aquel que va delatando la labor pastoral de nuestra Iglesia, el Anticristo es aquel que va denunciando al hermano campesino para estar bien con los de arriba”, explica.  El Anticristo es todo aquel oreja de mis reuniones para irlas a mal intencionar”, dice.  No esperemos, pues, un personaje mitológico”.  (Hom. 16 sep. 1979.)

Todavía se pronuncian frente a los niños que se bautizan,” dice Mons. Romero cuando su arzobispado todavía era nuevo, “pero muchas veces sin darnos cuenta de lo serio que es decir: ¿Renuncias a Satanás, a sus pompas, a sus seducciones?  (Hom. 8 abr. 1977.)  Evidentemente, Mons. Romero tomaba estas palabras, las amenazas, y sus promesas, con toda seriedad.  Durante los tres años de su arzobispado, Mons. Romero intenta denunciar y desenmascarar la presencia diabólica en la historia, con palabras claras y prédicas urgentes sobre el tema.  Más claro, su mensaje no pudo estar: “Sí, al reino de Dios; no al reino del pecado y del diablo”.  (Hom. 8 jul. 1979.)
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