Thursday, September 08, 2016

Hacia una autentica “cultura romeriana”


AÑO JUBILAR por el CENTENARIO del BEATO ROMERO, 2016 — 2017


El Beato Romero en la fachada del Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI) de San Salvador, 2015.
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En anticipación del Centenario del Beato Romero, Mons. Ricardo Urioste (Q.D.D.G.) desarrolló una mini letanía para presentar al Beato, a quien llamó: Hombre de Dios, Hombre de la Iglesia, y Hombre de los Pobres.  Yo agregaría un cuarto título para nuestro mártir: Hombre de la Cultura.  De hecho, esto corresponde a las deficiencias primordiales de la sociedad salvadoreña a cuáles Romero se sintió interpelado a responder: “Hambre de Dios, hambre de cultura y hambre de pan—para llenar el vacío que dejan estas tres hambres, necesitamos la ayuda de todo el pueblo”.[1]
Sin lugar a dudas, Óscar Arnulfo Romero fue un hombre culto y culturado.  Desde pequeño era “el niño de la flauta”.  Hablaba latín e italiano. Practicó la fotografía. Fundó y/o lideró varios periódicos eclesiales.  Publicó columnas de opinión en los periódicos de mayor circulación.  Aprovechó la radio y los medios de comunicación social de su tiempo para divulgar su mensaje.  Fue admirador de la música clásica y aprendió a discernir en la música popular, encargando una misa folclórica y un himno al Divino Salvador del Mundo, entre otros.  Promovió el humanismo y el ecumenismo.  Dio lectura a la historia salvadoreña, y a su índole y sus tradiciones.  Impulsó el desarrollo de la sociedad civil, dándole ímpetus al Socorro Jurídico del Arzobispado y apoyando grupos de la defensa de los derechos humanos.  Forjó alianzas internacionales.  Más que todo, luchó con todas sus fuerzas contra una cultura de la muerte, de la vanidad, del materialismo, de la violencia y de la opresión.
El ministerio de Mons. Romero tuvo una cuerda cultural como componente importante.  “La Iglesia quiere aprender el lenguaje, la cultura de los pueblos del mundo para poder traducir en ese lenguaje, en ese modo de ser, su mensaje divino”, explicó el arzobispo mártir.[2]Sin competencias en política ni en sociología, porque no es su competencia, la Iglesia desde su ciencia humana, desde su revelación de Dios, quiere hacer presente la luz de Dios en el mundo; y ella está también, pues, en un diálogo íntimo con el mundo. Nada humano es extraño a ella”.  En un discurso en la Universidad de Lovaina, Bélgica, profundizó: “la Iglesia no es un reducto separado de la ciudad, sino seguidora de aquel Jesús que vivió, trabajó, luchó y murió en medio de la ciudad, en la ‘polis’.[3]  Y con razón, Romero, “desde antes de ser asesinado, ya había trascendido las fronteras nacionales, convirtiéndose en un personaje mundialmente conocido”, según Paulita Pike, fundadora de Cultura Romeriana, una asociación inspirada por Romero en El Salvador.  Romero ha sido interpretado en al menos cinco películas, es objeto de innumerables pinturas, estatuas, poemas, canciones y otras obras artísticas y culturales (incluyendo escuelas, clínicas, calles y hasta un aeropuerto).
Desde estas ligeras valoraciones podemos desprender diez características propias de una auténtica “cultura romeriana”: (1) “Sentir con la Iglesia”, (2) la solidaridad, (3) la no violencia, (4) el espíritu del martirio, (5) una teología “con los pies en la tierra”, (6) la opción preferencial por los pobres, (7) vivir como “micrófonos de Dios”, (8) capacitar la juventud, (9) conservar la memoria histórica, y, sobre todo esto, (10) hacer una “civilización del amor”.
1. Sentir Con La Iglesia.  Para Romero, la Iglesia es su referencia primordial, pero no es auto-referencia.  La iglesia que sale al encuentro del mundo estuvo en evidencia desde los primeros momentos del arzobispado de Mons. Romero, cuando para la “Misa Única” tras el asesinato del padre Grande, Mons. Romero literalmente “salió” a la “polis”, erigiendo un altar provisional en las gradas de su catedral para encontrar al pueblo.  Y se dirigió a ellos: “Sabemos de muchas personas que están aquí sin creer en la misa pero que buscan algo que la Iglesia está ofreciendo”.[4]  Romero buscó la unidad de los cristianos, el ecumenismo, y más allá de la religión, el humanismo.
2. “Hermanos, yo les traigo la palabra que Cristo me manda decirles: una palabra de solidaridad”, dice Romero en Aguilares.[5]  Pero la solidaridad no puede ser una expresión vacía y distante; es una cercanía concreta, que puede decir “hemos estado con ustedes”.  Romero explica que “nuestra palabra de solidaridad se fija en tantos queridos muertos asesinados ... Sufrimos con los que están perdidos, con los que no se sabe dónde están o por los que están huyendo y no saben qué pasa con su familia. Somos testigos de este dolor, de esta separación. Lo vivimos muy de cerca ... Estamos con los que sufren las torturas ...”.  La solidaridad se pone a la par de los que sufren, y de lado de ellos.
3. La no violencia.  “Jamás hemos predicado violencia, solamente la violencia del amor, la que dejó a Cristo clavado en una cruz, la que se hace cada uno para vencer sus egoísmos y para que no haya desigualdades tan crueles entre nosotros”.[6]  Como indicó el Papa Francisco, “Monseñor Romero nos invita a la cordura y a la reflexión, al respeto a la vida y a la concordia … La fe en Jesucristo, cuando se entiende bien y se asume hasta sus últimas consecuencias, genera comunidades artífices de paz y de solidaridad. A esto es a lo que está llamada hoy la Iglesia en El Salvador, en América y en el mundo entero: a ser rica en misericordia, a convertirse en levadura de reconciliación para la sociedad”.[7]
4. Todos debemos tener un espíritu del martirio, aunque no todos tengamos que morir por nuestros valores.  Porque “dar la vida no es sólo que lo maten a uno; dar la vida, tener espíritu de martirio, es dar en el deber, en el silencio, en la oración, en el cumplimiento honesto del deber; en ese silencio de la vida cotidiana, ir dando la vida, como la da la madre que sin aspavientos, con la sencillez del martirio maternal da a luz, da de mamar, hace crecer, cuida con cariño a su hijo. Es dar la vida”.[8]
5. “Me da gusto pensar que la Iglesia que yo predico no es una Iglesia abstracta, por las nubes, sino una Iglesia que peregrina con los pies en la tierra”, declara Mons. Romero.[9]  Es “la doctrina social de la Iglesia que les dice a los hombres que la religión cristiana no es un sentido solamente horizontal, espiritualista, olvidándose de la miseria que lo rodea. Es un mirar a Dios, y desde Dios mirar al prójimo como hermano y sentir que 'todo lo que hiciéreis a uno de éstos a mí lo hicísteis'.”[10]
6. El 24 de febrero de 1980, el Beato Romero recibió un telegrama de numerosos obispos americanos, incluyendo Dom Hélder Câmara, Mons. Pedro Casadáliga, y Mons. Samuel Ruiz, felicitándolo “que Ud. y su Iglesia estén realizando fielmente la opción preferencial por los pobres”.  Romero explicó que “sólo puede ser verdadera Iglesia la Iglesia que se convierte y se compromete con el pueblo sufrido y pobre”, ya que “una Iglesia que no se une a los pobres para denunciar desde los pobres las injusticias que con ellos se comenten, no es verdadera Iglesia de Jesucristo”.[11]
7. Mons. Romero predicó de que “de nada sirve la palabra que vibra y suena si no se encarna en la vida del cristiano”.[12]Que nuestras comunidades y nuestra vida individual sea el testimonio del evangelio que la Iglesia predica; aún cuando no tiene radios, ni aparatos técnicos, sus cristianos van predicando por todas parte el gran mensaje liberador del cristianismo ... ¡convertirnos en micrófonos de Dios! Que esta fe que llevo la pueda transmitir con mi buen ejemplo, con mi honradez, con mi palabra amable, con el consuelo que doy: y debo de ser un modelo de palabra de Dios que se ha hecho vida en la intimidad de mi ser. ¡Esa es la fe!”.
8. “Los pobres y los jóvenes constituyen la riqueza y la esperanza de la Iglesia en América Latina; y su evangelización es, por tanto, prioritaria”, declaró Mons. Romero.[13]  Por eso la Iglesia debe capacitar a los jóvenes para asumir el reto de protagonizar su propio destino y ofrecer un futuro mejor a la sociedad entera. “No desesperemos, porque si ésta es la esperanza de América Latina, en El Salvador hay mucha esperanza porque hay muchos pobres y muchos jóvenes”.
9. Memoria histórica.  El Creador quiere “dar su salvación ... precisamente en la historia de los pueblos ... de tal manera que podemos decir: Cristo salva a la República de El Salvador en su propia historia, y todas aquellas maravillas del Antiguo Testamento se hacen presentes en esta Pascua salvadoreña, nuestra”.[14]  Por eso es necesario estudiar la historia—tanto en su pasado como en su actualidad—para discernir los pasos de Dios por la historia y también para no olvidar nuestros mártires y nuestros procesos, nuestra historia de salvación.
10. En fin, para resumirlo todo, debemos construir una “civilización del amor”.[15]  Hacer esto “no es un sentimentalismo, es la justicia y la verdad ... Una civilización del amor, que no exigiera la justicia a los hombres, no sería verdadera civilización, no marcaría las verdaderas relaciones de los hombres. Por eso, es una caricatura de amor cuando se quiere apañar con limosnas lo que ya se debe por justicia. Apañar con apariencias de beneficencia cuando se está fallando en la justicia social. El verdadero amor comienza por exigir entre las relaciones de los que se aman, lo justo”.
Para sacar adelante estos valores, precisa tener una organización dedicada al ‘dialogo íntimo entre la Iglesia y el mundo’, como decía Romero.  Cultura Romeriana, la agrupación que ha surgido alrededor de Mons. Romero en El Salvador, reúne los requisitos necesarios para llevar a cabo esa misión.  Su interés en asuntos culturales se remonta a su fundación en el 2005 como una humilde página de Facebook.  La página, que se llamaba simplemente, “Monseñor Romero”, logró reunir a más de mil seguidores, a quienes difundía artículos, actividades, desarrollos en el proceso de la beatificación y testimonios gráficos de las celebraciones en las fechas emblemáticas del 24 de marzo (su asesinato), y el 15 de agosto (su natalicio).
El grupo encontró un nuevo ímpetu en torno a la defensa de pequeños artistas con cercanía histórica a la causa de Romero que estaban siendo marginados en la planificación de la ceremonia de beatificación cuando esta fue anunciada en el 2015.  “Cultura” es una voz “Romeriana” instalada en el mundo de la cultura, en sintonía con los artistas y fuerzas creativas del momento, y bien podrían convertirse en la innovación más importante en la salvaguardia del legado de Romero.  Una de las intervenciones más dinámicas del grupo ha sido en torno a la Cripta del Profeta y Mártir, donde Cultura Romeriana se ha instalado y ha desarrollado actividades para la difusión del pensamiento de Romero que se traduce en testimonios variados y muchas veces espontáneos en este sagrado recinto, que se vuelve, como las antiguas Catacumbas cristianas, un verdadero centro espiritual, artístico, comunitario.
Un pequeño relato sirve para ilustrar el uso “evangelizador” que Cultura Romeriana ha hecho en la Cripta, cuando los integrantes del grupo metálico Iron Maiden descendieron a la Cripta, y fueron entretenidos y captivados por la presentación informativa de Paulita Pike sobre el Beato Romero, atrayendo también la atención de los medios de comunicación social y la noticia dio vuelta al mundo.  En otra ocasión, para el aniversario de la beatificación de Romero, Cultura armó un homenaje cultural en la Cripta, con la actuación de artistas como Guillermo Cuellar (compositor de la Misa Popular Salvadoreña) y Paulino Espinoza (del grupo Exceso de Equipaje), en la presencia del Señor Arzobispo de San Salvador, Mons. José Luis Escobar Alas.
La verdadera “cultura romeriana” debe saber trasladar los antes mencionados valores al mundo del arte y de la cultura, tal y como Cultura Romeriana ha tratado de hacer al defender artistas auténticos y autóctonos, afines a la cultura popular, a la índole y el genio del pueblo; al recoger testimonios de la memoria histórica de ese pueblo; y al servir de puente entre la Iglesia y la Cultura.  Esto es tener los pies en la tierra, ser micrófonos de Dios, al encarnar los valores de la filosofía “romeriana” en el arte y la cultura.  Y es también un verdadero servicio a la Iglesia en apoyo a “la Nueva Evangelización”—un proyecto comparable al ‘Patio de los Gentiles’, para el diálogo con los no creyentes lanzado por el Vaticano durante el papado de Benedicto XVI, a cargo del influente cardenal italiano Gianfranco Ravasi.  Solo que Cultura Romeriana goza de la ventaja adicional de estar conformada por laicos, y por ende puede volverse un verdadero movimiento de laicos.
Pero para asegurar su éxito como un movimiento laico, habría que pensar en canalizarlo como un verdadero “movimiento”, similar a otros movimientos laicos tal como Focolares, Acción Católica, Cursillos de Cristiandad, el movimiento Carismático, San Egidio, Trabajador Católico, etc.  Es decir, se tendría que pensar en formalizar sus normas y estructuras de gobernanza, y su estado eclesial, incluyendo relación formal con la jerarquía, para que tenga sistemas de lidiar y mediar los diálogos internos que deberán surgir en su seno.  Por otro lado, también tiene sentido dejar que el fenómeno siga su trayectoria orgánica, sin interferencias forzadas, para que las cosas se desarrollen de forma natural, al menos por un plazo inicial para ver si alcanza la masa crítica bajo su propio impulso.
Una verdadera “cultura romeriana” puede transfigurar la Iglesia y transformar el mundo.


[13] Ver nota 11, supra.

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