Wednesday, August 01, 2018

Peregrinación Romero: apuntes para El Camino


AÑO JUBILAR por el CENTENARIO del BEATO ROMERO, 2016 — 2017:
 


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#BeatoRomero #Beatificación

Esta semana—en vísperas de la canonización de Mons. Romero—el jueves 2, viernes 3 y sábado 4 de agosto, se llevará a cabo la peregrinación sobre “el Camino de Romero” que este año lleva por nombre “Caminando con San Romero para construir la paz”.  Como un aporte a la espiritualidad de este acontecimiento, quisiera ofrecer algunas reflexiones basadas en la Coronilla del Beato Romero, que también es un camino.  La Coronilla es un camino, porque a través de ella nos trasladamos, de donde estamos, hacia otro lugar.  Es un recorrido espiritual.  Es un acercamiento a través de cual buscamos aproximarnos en la santidad y situarnos en la compañía de nuestro santo.  En fin, la Coronilla y la peregrinación a Ciudad Barrios que se hace anualmente, tienen mucho que decirse, y aquí quisiera comenzar esa conversación tras las dos vías, los dos caminos ...
SU CAMINO DE VIDA
1era Maravilla Eucarística: El P. Óscar Romero ofrece su primera misa solemne en Ciudad Barrios después de regresar de Roma donde fue ordenado sacerdote y realizar su viaje de regreso, durante el cual estuvo internado en un campo de detención en Cuba. (Ciudad Barrios, El Salvador, 11 de enero de 1944).
Reflexión: En la Coronilla, comenzamos la trayectoria en Ciudad Barrios.  La peregrinación traza la ruta al revés—termina en Ciudad Barrios.  Pero no importa en qué dirección nos dirigimos, lo que vamos a reconocer es que en la vida de Romero, existen estos dos polos: el oriente y la capital, el campo y la gran ciudad, Ciudad Barrios que lo ve nacer, y San Salvador donde entrega su vida por Cristo.
Los dos lugares se vuelven emblemáticos en la vida de Romero.  El oriente simboliza la humildad de su origen.  En “Piezas Para Un Retrato”, hay un relato en que Romero habla de donde viene.  Es que uno tiene raíces”, explica. “Yo nací en una familia muy pobre.  Yo he aguantado hambre, sé que es trabajar desde cipote.  Cuando me voy al seminario y le entro a mis estudios, y me mandan a terminarlos aquí en Roma, paso años y años metido entre libros y me voy olvidando de mis orígenes”.  Romero habla de su conversión como un retorno a la sencillez de esos orígenes: “Cambié, sí, pero también es que volví de regreso”.
Por otro lado, San Salvador representa el lugar de su gran entrega.  En una entrevista a Gloria Silvia Orellana en el 2010, su hermano Don Gaspar Romero, recuerda que al ser nombrado arzobispo, el futuro mártir entendió que “Es un alto honor, pero, también, un alto sacrificio”.  San Salvador es su Jerusalén: “Caminar hacia Jerusalén significa para Cristo y para todos sus seguidores los cristianos, ir buscando la voluntad de Dios, camino que él mismo lo anuncia, no lo desconoce: de sufrimiento, de calvario, de humillaciones, de cruz; pero que después termina en una meta de triunfo, de victoria, de resurrección” (Homilía del 9 de marzo de 1980).
Y este es el recorrido que Romero hace repetidamente en su vida.  De San Miguel, va a San Salvador de seminarista.  Luego, regresa a San Miguel hecho sacerdote.  De allí lo mandan a San Salvador a ser secretario de los obispos y luego obispo, pero en San Salvador encuentra conflictos y problemas.  Después es enviado de nuevo a oriente a ser Obispo de Santiago de María, donde según Don Gaspar, vive los días más felices de su carrera eclesial porque le gusta la vida entre la gente sencilla, pero también es donde “se topa con la miseria”.  Y de allí es enviado finalmente a San Salvador.  Estos son los dos polos de la ruta Romero: la humildad y el sacrificio, la metrópolis y el campo.
SU “CONVERSIÓN”
2nda Maravilla Eucarística: Tras el asesinato del P. Rutilio Grande, Monseñor Romero llamó al pueblo a una ‘Misa Única’ frente a Catedral, donde predicó ante una multitud de más de 100.000 (San Salvador, 20 de marzo de 1977).
Reflexión: Otra manera de meditar la vida de Mons. Romero, quizá la más acostumbrada, es en torno a su conversión después del asesinato del P. Grande.  Él iba por un camino seguro y de comodidad: el camino de los ascensos, de los éxitos; hasta se dice que iba camino a ser cardenal.  Pero por su propia voluntad él elige un desvío que cambia del todo su destino.  Es una tremenda lección de vida, porque nos dicen que estando ya viejo es casi imposible cambiar de esquemas con tanta radicalidad.  Se ha vuelto uno de los grandes misterios de Romero comprender cómo se da ese cambio, y qué es lo que lo lleva a dar ese giro monumental.
La conversión de Romero sigue el modelo de la conversión de San Pablo, una conversión que ocurre textualmente en el camino, durante un proceso de peregrinar.  El giro radical de Saulo/Pablo le da una credibilidad especial a su testimonio, nos explica el mismo Mons. Romero: “San Pablo es un testigo maravilloso de la resurrección porque si había un hombre que no hubiera querido creer en Jesús ni en la resurrección, era el perseguidor Saulo. Creía que los cristianos estaban engañando a sus compañeros judíos y por eso los perseguía. Y a este Pablo, convencido de que Cristo no vive, se le aparece Cristo viviente; y [se vuelve] capaz de dar su vida por esa gran verdad”.  (Hom. 17 feb. 1980.)
Pero el detalle consiste en no analizar esta conversión solo como un hecho histórico, algo que vemos por el espejo retrovisor.  Mons. Romero nos enseña que en el camino de la vida, la conversión ve para adelante, no para atrás.  En su última homilía, Romero expone una visión intima de la espiritualidad de la conversión de San Pablo, en la que supone que “San Pablo dice: ‘no es que ya haya conseguido el premio sino que corro hacia adelante, olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante; corro hacia la meta para ganar el premio al que Dios desde arriba, llama en Cristo Jesús’.” (Hom. 23 mar. 1980.)
La ruta de vida de Romero nos interpela a ver nuestro futuro desde la óptica de la conversión.

SU ACOMPAÑAMIENTO AL PUEBLO
3era Maravilla Eucarística: Monseñor Romero regresa a Aguilares para retomar la iglesia del P. Grande después de estar sitiada por el ejército: "Hoy, me toca venir a recoger esta Iglesia y este convento profanado, un Sagrario destruido y sobre todo un pueblo humillado, sacrificado" (Aguilares, 19 de junio de 1977).
Reflexión: En su cuarta carta pastoral, Mons. Romero proclama que “Sin apartarse de su propia identidad, al contrario, siendo ella misma, la Iglesia ofrece al país el servicio de acompañarlo y orientarlo en sus anhelos de ser un pueblo libre y liberador. Para esto, ella debe realizar el mandato de Jesús: ser luz, fermento de la sociedad, encarnándose, cada vez más, en la propia historia del pueblo, en sus angustias y esperanzas”. (Misión de la iglesia en medio de la crisis del país, 61.)
En la misma carta, Romero habla de un proceso que implica estar en marcha, caminar con el pueblo y así acompañarlo en su recorrido: “recordemos que la Iglesia es histórica, que está en camino”, advierte.  La Iglesia es peregrina”, y por ende “en su forma de presentar el mensaje único del Evangelio, va evolucionando de conformidad al momento histórico que vive”.  (Op. Cit., 86.)  Pues, “nuestro pueblo salvadoreño, junto con todo el pueblo latinoamericano va caminando entre angustias y esperanzas, entre frustraciones y expectativas”.  (Ibid., 85.)
No es solamente un lenguaje florido, sino que se refiere a un paso necesario que se debe tomar para orientar la Iglesia adecuadamente para proveer el servicio que la humanidad de hoy requiere.  Es lo mismo que predica el Papa Francisco, cuando insiste que el primer paso de la evangelización es “levántate y marcha”.  Advierte el Papa: “La Iglesia para ser siempre fiel al Señor debe estar de pie y en camino: ‘levántate y marcha’. Una Iglesia que no se levanta, que no está en camino, se enferma”.
El acompañamiento es parte del ministerio episcopal de Romero, pero todos podemos acompañar.  En lo personal, yo he descubierto cómo, en mi ejercicio de abogado, también cabe un sentido de acompañamiento.  Mi bufete representó a familias migrantes separadas por las políticas de Donald Trump.  Por supuesto, mi papel principal era de salvaguardar los derechos legales de mis clientes.  Pero, me he dado cuenta cuanto valor tuvo para ellos que yo los visitara en los centros de detención, visitara a sus familiares detenidos, platicara con ellos, les ayudara con asuntos cotidianos no legales, como conseguir tarjetas telefónicas para que pudieran llamar a sus familiares.  Todo esto no necesariamente les resuelve su problema legal, pero hace algo de igual importancia: les regresa la dignidad robada por políticas inhumanas.
Eso es el acompañamiento: la solidaridad que restaura la condición de hijos de Dios, de hermanos, a las víctimas de cualquier injusticia.
SU PASO A LOS ALTARES

4rta Maravilla Eucarística: Monseñor Romero celebraba habitualmente una Hora Santa de Adoración Eucarística en la capilla del hospital para cancerosos donde él vivió y convocó a los fieles a participar. "Junto a los enfermos, podemos al mismo tiempo que hacer un acto de fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía y ejercitar nuestra oración por las grandes necesidades de la Patria, de la Iglesia, de las familias, al mismo tiempo hacer un acto de caridad—que nos manda el Catecismo entre las obras de misericordia—visitar a los enfermos".
Reflexión: Contemplando el Santísimo Sacramento del altar podemos pensar sobre el camino de Monseñor en su ascenso a los altares, que también se trata de un movimiento, un desarrollo que se ha dado a lo largo de los años y que ha superado obstáculos que en su momento parecían desalentadores.  El postulador de la causa, Mons. Vincenzo Paglia, cuenta que en ciertos momentos, él pensó que tenía cerrado el camino.  El camino a la canonización de Romero es el camino obstaculizo, el callejón sin salida que finalmente se puede vencer si tenemos fe y creemos en la justicia del Señor y de su Reino.
El 23 de marzo del 2012, justo un año antes de la elección del Papa Francisco, el periódico Vatican Insider declaróÓscar Arnulfo Romero: la causa perdida”.  El rotativo consideraba (con veracidad) que “los teólogos y los historiadores de la Congregación nunca han iniciado a trabajar en el material recogido durante la fase diocesana” y por ende, “la fase romana del proceso de beatificación se encuentra todavía en una vía muerta”.  La conclusión era inevitable: que “el proceso de beatificación del arzobispo salvadoreño parece haber llegado a un callejón sin salida”.  Ese año se dio el tristísimo suceso de que el Papa estuvo en América Latina el 24 de marzo sin mención alguna del significado de dicha fecha para el continente.
Sin embargo, el próximo año entró el Papa Francisco y aconsejó que “el pueblo salvadoreño debe de tener fe en que la canonización de Monseñor Romero avanza al ritmo adecuado”.  Y así ha sido: nueve meses después de la declaratoria de “causa perdida”,  el Papa Benedicto desblocó el proceso, hecho ratificado cuatro meses después por Francisco; y, a menos de tres años de dicha declaración de fracaso, el 3 de febrero del 2015, Mons. Romero fue reconocido como un mártir, y ese mismo año fue beatificado.
Esta trayectoria es una alegoría para cualquier prueba de la fe.  El camino de las trabas siempre implica obstáculos, corazones cerrados, gente que se nos enfrenta con la pretensión de impedirnos el paso, pero trabajando con amor, firmeza y fe, todo se puede superar.  El intento de bloquear y aislar a Romero comenzó ya en su vida, pero él jamás se quebrantó en su fe y supo decir con serenidad, “si me matan resucitaré en el pueblo salvadoreño”.
NUESTRO SEGUIMIENTO DETRÁS DE SUS PASOS

5nta Maravilla Eucarística: Monseñor Romero es asesinado "mientras celebraba el Sacrificio del perdón y reconciliación" (San Salvador, 24 de marzo de 1980; Juan Pablo II, Palabras en la Catedral de San Salvador, 6 de marzo de 1983). "Por tanto, una muerte verdaderamente ‘creíble’, de testimonio de la fe." (Benedicto XVI, Entrevista a los Periodistas, 9 de mayo del 2007.)
Reflexión: Finalmente, el martirio de Mons. Romero nos hace preguntar si nosotros estaríamos dispuestos a seguir en sus pasos, a seguir su ejemplo, a acompañarlo y acuerparlo no solo a él sino también a todos los pastores de la Iglesia profética y perseguida de todos los tiempos y del mundo actual.  En su último retiro espiritual a un par de semanas antes de su muerte, Romero puso su confianza en nosotros, meditando que en su ausencia, “otros proseguirán con más sabiduría y santidad los trabajos de la Iglesia y de la Patria”.
El obispo norteamericano Ricardo Ramírez nos da la imagen de una Misa comenzada por Romero pero que a nosotros nos toca terminar.  En un artículo titulado “La Eucaristía Inconclusa: El legado espiritual de Monseñor Romero”, publicado en el Canadian Catholic Review en enero de 1991, el obispo Ramírez concluye,
Muchos ven la “Eucaristía Inconclusa” de Romero como un símbolo de lo que queda por hacer en El Salvador, en la América Central y Sudamérica, y en todo lugar que la gente sufre por su liberación. 
¿Quién va a terminar la Eucaristía? La Eucaristía es la recreación del drama de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Lo que Romero hacía cuando fue asesinado es vivir el Misterio Pascual.  Lo hacía a través de un rito que había realizado toda su vida: ofrecerse a sí mismo con Cristo como ofertorio de paz, para que la tierra se reconciliara con su creador, y los pecados quedaran perdonados.
Ahora nosotros debemos alzarnos a caminar en procesión, y dar continuación a esa Misa. Podemos hacerlo a través de la caridad, o la promoción de la justicia social, o haciendo obras de misericordia, o acercándonos a Romero, leyendo sus homilías, su diario, o tomando parte de una peregrinación como la caminata a Ciudad Barrios que parte en estos días.
Una gran manera de caminar con Romero es yendo a la Cripta a meditar la Coronilla con otros devotos de él (todos los domingos a las tres treinta de la tarde).  Después de la caminata a Ciudad Barrios sería una buena forma de reflexionar sobre la peregrinación.

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