Monday, February 24, 2014

El Espíritu de la Pobreza








Después de explicar que la pobreza es una cualidad que define a Cristo, el Papa Francisco toma su mensaje de Cuaresma a su próxima consecuencia lógica, es decir, que la pobreza es un rasgo que todos los cristianos deberían imitar. Monseñor Óscar A. Romero de El Salvador declara explícitamente la llamada, explicando que “La pobreza es, pues, una espiritualidad, es una actitud del cristiano; es una disponibilidad de alma abierta a Dios”. Los poderosos “están de rodillas ante los falsos ídolos y confían en ellos”, los dioses del dinero, del poder y del placer, dice Romero. Pero, “Ustedes que no tienen esos ídolos, ustedes que no confían porque no tienen el dinero o el poder, ustedes desvalidos de todo, cuanto más pobres, más dueños del Reino de Dios, con tal que vivan de verdad esta espiritualidad” (homilía del 17 de febrero 1980). Los pobres no están distraídos por o subordinado a los ídolos terrenales y por lo tanto son más receptivos a la llamada a la santidad del Dios verdadero.

Aunque el llamado Papa Francisco por una “Iglesia pobre para los pobres”, ha sido vista por algunos a través de un lente político (como fue el ministerio de Monseñor Romero), la identificación con los pobres se remonta a los tiempos de la Iglesia primitiva. Monseñor Ricardo Urioste recuerda haber recibido una literatura radical de manos de Mons. Romero. “Un día le estaba visitando en sus habitaciones. Él tenía un libro en sus manos”, recordó Urioste. Bajo insistencia de mons. Romero, Urioste leyó el siguiente pasaje del tomo:


¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecies, pues, cuando lo encuentres desnudo en los pobres, ni lo honres aquí en el templo con lienzos de seda, si al salir lo abandonas en su frío y desnudez … ¿De qué serviría adornar la mesa de Cristo con vasos de oro, si el mismo Cristo muere de hambre? Da primero de comer al hambriento, y luego, con lo que te sobre, adornarás la mesa de Cristo.


Seguramente son las palabras de un enemigo de la liturgia tradicional en el Vaticano II, ¿no? Para no dejar a mons. Urioste con esa impresión, Romero explicó: “Es una cita de San Juan Crisóstomo, del siglo IV. Fue canonizado. Es un santo. La Iglesia necesita santos como él”. Al igual que Romero, San Juan Crisóstomo era un cristiano radical. Juan dijo cosas como: “No compartir la riqueza de uno con los pobres es robar de ellos” y “Los pobres existen para la salvación de los ricos”, y no lo dijo por efecto dramático o para dar énfasis. Más bien, lo dijo como una expresión necesaria de la fe cristiana. Romero también lo hizo. Esto se debe a que, “históricamente, Romero se encuentra sólidamente en la tradición patrística, episcopal de la Iglesia, junto a Basilio el Grande de Capadocia, San Ambrosio de Milán y san Juan Crisóstomo de Constantinopla”,  los grandes padres de la Iglesia, a quien Romero estudiado y admirado [Greenan]. Estos eran hombres que no eran tímidos para exponer las implicaciones radicales de la fe que van en contra de todas las preocupaciones mundanas.

Aunque se trata de enseñanzas que son, en cierto sentido, bastante notables e incluso sorprendentes, son absolutamente ortodoxas como doctrina de la Iglesia. De hecho, es un artículo de la ley canónica que ciertas comunidades religiosas de la Iglesia han de tomar un voto de pobreza, precisamente por el reconocimiento de las cualidades espirituales de la pobreza en el plan de salvación de Dios (véase el Código de Derecho Canónico § 600). A través de los siglos, estos votos han sido fervorosamente optados por los santos. Estos votos han sido especialmente eficaces para combatir el estancamiento y la corrupción espiritual dentro de la Iglesia. La reforma de San Francisco de Asís es un ejemplo. Tampoco es la idea de que la pobreza nos purifica y nos empuja a la perfección algo que la Iglesia se ha inventado. Más bien, es una enseñanza del mismo Cristo, que aconseja al joven que profesa tener ya una vida espiritual satisfactoria: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dadlo a los pobres... ” (Mateo 19:21). Es uno de los tres “consejos de la perfección” de Cristo.

Cada quien será un santo, predicaba Mons. Romero, “en la medida en que hace de su pobreza una conciencia, una espiritualidad, una entrega, una disponibilidad al Señor”.

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