Wednesday, March 05, 2014

La pobreza en la Cuaresma



 


 


Después de exponer sobre los beneficios espirituales de la pobreza, el Papa Francisco utiliza su mensaje de Cuaresma para animarnos a asumir la solidaridad con los pobres en nuestras privaciones para la Cuaresma. “La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza”, escribe el Santo Padre. Monseñor Óscar A. Romero de El Salvador hizo un llamado similar al inicio de su última Cuaresma en 1980 en el mes anterior a su asesinato.

Romero inaugura la temporada de Cuaresma invitando a los fieles participar en la Cuaresma y utilizarla para lograr una auténtica renovación espiritual:

El próximo miércoles, Miércoles de Ceniza, tendremos la inauguración de la Cuaresma ... A los que puedan asistir les invito para que con esa ceremonia tan impresionante de la ceniza que marca nuestra mortalidad, pero al tiempo nuestra supernaturalidad, nos demos en serio a la reflexión. Y no hay tiempo más precioso, creo yo, para ayudar a la Patria que la Cuaresma, vivida como una gran campaña de oración y de penitencia.

[El ayuno es] un dominio de la voluntad, una significación a Dios de que te privan de algo por tus excesos, por tus abusos de libertad. Este es el sentido de la penitencia, pero más que estas cosas oficiales, legales, yo les invito a que vivamos una Cuaresma en que no hagamos consistir en comer tanto carne, otra cosa, sino en mortificarnos y en compartir con los que tienen menos lo poco que nosotros tenemos. Vivir ese sentimiento de participación, de amor, de caridad. Hacer sobre todo en nuestra Cuaresma un gran ejercicio de reconciliación con los enemigos. Saber perdonar, saber prepararnos para resucitar en el amor con Cristo en la Pascua próxima.

Monseñor Romero decía que “por eso nos invita la Iglesia en el sentido moderno de la penitencia, del ayuno, de la oración, prácticas eternas cristianas, a adaptarlas a las situaciones de los pueblos”. En otra homilía de aquella Cuaresma, monseñor explica cómo el ayuno penitencial debe adaptarse a las circunstancias de cada uno para mostrar solidaridad con los pobres.

A este propósito creo recordar como el Papa Pablo VI decía que hay dos maneras de celebrar la Cuaresma: en aquellos países económicamente desarrollados, y en estos Países pobres, donde la Cuaresma es perenne porque siempre se está ayunando. Allá debe de consistir en hacer prevalecer los valores de la austeridad, privarse de algo, mientras que aquí, entre nosotros, los que sufren perennemente el hambre, la privación, darle un sentido penitencial a su situación y no adormecerse en esa situación sino trabajar por una justicia social que impere en el país. Esta será nuestra mejor Cuaresma: trabajar por la justicia social y por el amor a los pobres como me recomendó el Papa Juan Pablo II en mi visita a Roma. Si no quieren escucharme a mi, oigan, por lo menos, la voz del Papa Juan Pablo II que precisamente esta semana, al comenzar la Cuaresma, ha exhortado a los católicos del mundo a privarse de las riquezas superfluas para ayudar a los necesitados como señal de penitencia cuaresmal.

Mons. Romero concluyó citando el mensaje cuaresmal del Beato Juan Pablo. Se trataba, en definitiva, de un mensaje que sonaba bastante similar a lo que el Papa Francisco dice en nuestros días.

El mismo pontífice señaló que esos bienes, que no son necesarios para unos, constituyen para centenares de millones de seres humanos un requisito esencial para su supervivencia. También recalcó algo esencial del mensaje cristiano. Dijo el Papa que: a la Iglesia no le importa que haya sólo una distribución más equitativa de las riquezas, le interesa que se dé esa distribución porque existe realmente en todos los hombres una actitud de querer compartir no sólo los bienes, sino la misma vida con aquellos que están en desventaja de nuestra sociedad. Esto es hermoso. La justicia social no es tanto una ley que ordene distribuir; vista cristianamente es una actitud interna como la de Cristo; de que siendo rico, se hace pobre para poder compartir con los pobres su amor.

SIGUE: cómo la pobreza nos conduce a Dios
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