Tuesday, January 05, 2016

Nuevo obispo para El Salvador



 
P. Iraheta en la Capilla donde el Beato Mons. Romero fue asesinado.

El Papa Francisco ha hecho su primer nombramiento episcopal en El Salvador, nombrando un sucesor para el Beato Óscar A. Romero—no como Arzobispo de San Salvador, pero como obispo de Santiago de María, donde Romero fue ordinario de 1974 a 1977. Al igual que en otros nombramientos, Francisco ha elegido un clérigo moderado y pastoral en el P. William Ernesto Iraheta Rivera, un sacerdote convencional de 53 años de edad, conocido por sus pronunciamientos sobre temas sociales.
El P. Iraheta substituirá a Mons. Rodrigo Orlando Cabrera Cuéllar, de 77 años, cuya renuncia canónicamente obligatoria por cumplir los 75 ha sido ahora aceptada por el Papa. Mons. Cabrera había ocupado el cargo desde 1984. Tanto el saliente Cabrera como el entrante Iraheta son clérigos de centro-izquierda y, por lo tanto, el nombramiento representa la continuidad en la Conferencia Episcopal de El Salvador.
La elevación del P. Iraheta tiene todas las características de una nominación bergogliana. Según el vaticanista John Allen Jr., en sus nombramientos episcopales, el Papa Francisco “ha insistido en que no tiene intención de alterar la doctrina católica tradicional, pero quiere una aplicación más compasiva y misericordiosa de esa enseñanza a nivel pastoral, es decir, en las parroquias y otros lugares a nivel local en la Iglesia”.
Iraheta encaja en el molde de Francisco, ya que vivió 13 de sus 17 años en el sacerdocio como párroco, y los otros cuatro años como vice-párroco (en el interés de la transparencia: el P. Iraheta pasó los primeros diez años de su carrera en la parroquia de mi infancia, San Roque en San Salvador). Iraheta también ha servido como moderador de la curia, y recientemente había sido nombrado rector del seminario, una oficina que tendrá que ser reasignada.
El P. Iraheta hace pensar de la designación de Matteo Maria Zuppi como arzobispo de Bolonia, en Italia. Como Zuppi, Iraheta ha demostrado una sensibilidad por temas sociales. En 2010, dijo que a pesar de que los salvadoreños técnicamente vivían en paz, “Queda pendiente que las instituciones funcionen para el pueblo”. En 2011, sonó una alerta temprana sobre la escalada de violencia de las pandillas y culpó factores económicos por generar el problema: “Haber quitado de la actividad propia de la sociedad a la persona humana como centro y haber puesto a la actividad económica, se dejó de cultivar a la persona y hemos cultivado a la producción”, advirtió—oyéndose un poco como el Papa Francisco.
El nombramiento Iraheta muestra otro toque Bergoglio en que el P. Iraheta ascendió directamente del sacerdocio al episcopado, sin pasar por un período de prueba en calidad de “obispo auxiliar”, como suplente de un prelado de mayor jerarquía. Por otra parte, nombrar a Iraheta también puede ser un pequeño homenaje al Beato Romero, ya que Iraheta fue un miembro de alto perfil de la comisión que planeó y ejecutó la ceremonia de beatificación de tanto éxito del año pasado.
Aunque el nombramiento de Iraheta no señala un cambio significativo, todavía tiene un sabor nostálgico de transición debido a noticias recientes no relacionadas desde El Salvador que destacan un cambio de guardia, sobre todo entre los seguidores de Romero. En primer lugar, un ex colaborador de Romero, Mons. Jesús Delgado, ha caído ante un escándalo de abuso sexual a finales del año pasado. Luego, en la víspera de año nuevo, otro hombre de confianza de Romero, Mons. Ricardo Urioste, quien cumplió 90 años en septiembre, sufrió una caida y se lesionó la cabeza y permanece en estado crítico. Además, el P. José María Tojeira, SJ, ex rector de la universidad jesuita, quedó herido en un accidente automobilístico.
Por tanto, lo que John Allen llama la “revolución pastoral” de Francisco puede parecer dramática al llegar a la tierra del Beato Óscar Romero.


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La ordenación episcopal del P. Iraheta será el sábado 12 de marzo, el 39 aniversario del martirio del P. Rutilio Grande, en Santiago de María.  El consagrante será Mons. Cabrera, con la participación del Nuncio Apostólico Leon Kalenga y el Arzobispo de San Salvador Mons. José Luis Escobar como co-consagrantes.

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