Sunday, May 29, 2016

La Cruz de Romero



BEATIFICACIÓN DE MONSEÑOR ROMERO, 23 DE MAYO DEL 2015


En una carta al Papa Francisco escrita días antes de su muerte, el líder radical italiano Marco Pannella confesó al pontífice, “He tomado en mano la cruz que llevaba Mons. Romero y no logro despegarme de ella”.  Pannella, un no creyente, había pedido la cruz pectoral del Beato salvadoreño prestada a Mons. Vincenzo Paglia, postulador de la causa de Romero, y sintió una fuerte atracción a la reliquia que le dificultó devolverla.  Mons. Paglia confesó que se sintió mal en tener que insistir que se la devolviera, ya que la reliquia parecía despertar un ansia espiritual en su amigo ateo, que estaba muriendo de cáncer.

El episodio pone en manifiesto el atractivo que la figura de Romero presenta a los ateos comprometidos, ya que Mons. Romero se propuso el reto de atraer precisamente a tales personas a la fe.  “No basta decir: yo soy ateo; yo no creo en Dios; yo no lo ofendo”, el Beato Romero dijo en su famosa última homilía dominical.  “Si no es cuestión de que tú creas, es que objetivamente tú tienes rotas tus relaciones con el principio de toda vida. Mientras no lo descubras, y no lo sigas, y no lo ames, tú eres una pieza descoyuntada de su origen”, dijo Romero, previendo el anhelo de alguien como Pannella por lo Absoluto.  La cruz de Romero es un tótem de esa sed de trascendencia en los que trabajan por la justicia.
Mons. Paglia obtuvo la cruz de Mons. Ricardo Urioste, vicario de Romero, luego de ser nombrado postulador.  Le dijo el amigo del mártir, “Esta es la cruz de Mons. Romero.  Te la regalo para que te acompañe y te ayude en el trabajo de la Causa porque será una causa difícil y tendrás que superar muchos obstáculos”.  Se trata de una de varias cruces asociadas con el arzobispo mártir, la más preciosa de tres cruces pectorales utilizadas por Romero durante sus años de arzobispo.  Contrario a lo que algunos han escrito, no es la cruz que Romero llevaba puesta en el momento de su martirio; de hecho, es una cruz de Romero que casi no utilizó, quizá debido a su austeridad personal. 
Cruces pectorales del Beato Romero. La de la derecha, con un simple “IHS”, era la que usaba con más frecuencia.  Fue sepultada con él.
Es una cruz pontificia (para un obispo), conocida como una “Cruz de San Chad”, que combina elementos de la “Cruz de Jerusalén” (o “Cruz de los Cruzados”) y la Cruz Cuadrada.  Todo el simbolismo de dicha cruz apunta a la evangelización, a la urgencia de llevar el mensaje de Cristo a los cuatro ángulos de la tierra.
Según las oraciones al revestirse para la misa pontifical, la cruz pectoral también está ligada a la disposición al martirio.  «Munire digneris me, Domine Jesu Christe», rezaba la antigua plegaria: “Digna protegerme, Señor Jesucristo, de toda trampa de los enemigos, por la señal de Tu Santísima Cruz: y digna conceder a este siervo inmerecido, que mientras tenga sobre mi pecho esta Cruz ... tenga siempre en cuenta la memoria de la Pasión y las victorias de tus Santos Mártires”.
Ahora esta cruz de Romero se vuelve un símbolo potente del poder evangelizador de su propio martirio.


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