Tuesday, May 21, 2013

«EL ESPÍRITU SANTO EN LA IGLESIA»

 

Después de la fiesta de Pentecostés de este Año de la Fe, recordamos la primera carta pastoral de Monseñor Romero, sobre el tema de Pentecostés. La primera carta pastoral de Mons. Oscar Romero fue publicada durante el tiempo que fue obispo de Santiago de María, una diócesis rural de El Salvador. Titulada El Espíritu Santo en la Iglesia, la primera carta de Romero fue publicada en Pentecostés de 1975. 

Aunque no lleva el lenguaje fuerte de denuncia que Romero usaría media década después, la carta contiene una afirmación clara de que el Espíritu Santo obra a través de la Iglesia pos conciliar y que el Magisterio exige la denuncia profética de la injusticia social. La experiencia de Romero en Santiago le abrió los ojos a las duras desigualdades de la vida salvadoreña, especialmente para los campesinos, y lo puso en camino a su destino como un gran exponente de la doctrina social de la Iglesia. 

Nos preocupa seriamente”—escribe—“la injusta desigualdad social y económica y política en que viven nuestros hermanos”. 

Romero se lamenta de que esta desigualdad es un “obstáculo” a su misión espiritual y añade que, “No estaría completa mi palabra de pastor si no se refiriera a esta alarmante situación concreta en que tiene que vivir y moverse la Iglesia en esta región de la Patria, tan privilegiada de dones naturales, pero que gime, como diría S. pablo, ‘bajo la esclavitud de la corrupción y en espera de la liberación de la gloria de los hijos de Dios’ [Romanos 8,21]”. 

Romero también hace una expresión de la “opción preferencial por los pobres”: “por estar mejor dispuestos a la Virtud de la pobreza de espírituque no es siempre carencia de bienes materiales ni perezoso conformismo—[los pobres] merecieron la primera bienaventuranza del Divino Maestro”, escribe. Y añade que “su precaria situación siempre ha merecido las preferencias del amor de Cristo y de su Iglesia”. 

Escribe con ternura. “Aun en el necesario caso de la denuncia,” Romero escribe: “será el mío un lenguaje de amor de pastor que no tiene enemigos sino a aquellos que voluntariamente quieran serlo de la verdad de Cristo”. 

Critica a una liberación puramente temporal. “El paraíso que una falsa liberación espera construir en esta tierra, es pura ilusión”, advierte. Por el contrario, “la verdadera meta de la liberación cristiana y la verdadera competencia del quehacer de la Iglesia”, escribe en otro lugar, es “dignificar al hombre hasta hacerlo, por la conversión de corazón y la aceptación de la gracia, un verdadero hijo de Dios”. 

En la primera carta pastoral de Mons. Romero, vemos un obispo que recoge los mandatos del Concilio Vaticano II y con cautela comienza a ponerlos en práctica. Un obispo que camina hacia las periferias existenciales para encontrarse con los pobres ...
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