Friday, July 29, 2016

“Así se ve un mártir” — Jacques Hamel y Óscar Romero



BEATIFICACIÓN DE MONSEÑOR ROMERO, 23 DE MAYO DEL 2015


Un análisis del New York Times sobre el asesinato barbárico del P. Jacques Hamel señaló que inmediatamente después del crimen algunos católicos importantes han comparado al P. Hamel con el Beato Óscar A. Romero, quien también fue asesinado en el altar.  El Rev. James Martin, SJ (‏@JamesMartinSJ) declaró en un tuit que “Así se ve un mártir. P. Jacques Hamel, asesinado celebrando la misa, como Tomás Becket y Óscar Romero”.  La comparación ha sido repetida por el Cardenal Sean O’Malley; por el Patriarca de Babilonia de los Caldeos ‎Luis Rafael I Sako; y también por el Arzobispo Vincenzo Paglia.
En verdad, el P. Hamel se ha integrado a un grupo reducido y selectivo de mártires que han muerto en la Iglesia.  Además del Beato Romero y Santo Tomás Becket, podemos nombrar a San Estanislao, Obispo de Cracovia.  Pero dentro de este núcleo, solo el P. Hamel y Mons. Romero han sido caídos durante la celebración de la misa.  En sus palabras sobre el asesinato, el Papa Francisco se ha referido al P. Hamel como “Este santo sacerdote, que ha muerto precisamente en el momento en el que ofrecía la oración por toda la Iglesia”.
El énfasis del Papa hace recordar las palabras de San Juan Pablo segundo días después del asesinato de Mons. Romero: “Llegó ayer la noticia de que este prelado había sido bárbaramente asesinado mientras celebraba la Santa Misa: le han matado precisamente en el momento más sagrado, durante el acto más alto y más divino ... ha sido asesinado un obispo de la Iglesia de Dios mientras ejercía su misión santificadora ofreciendo la Eucaristía. Es un hermano en el Episcopado el que han matado y, por ello, no es sólo su archidiócesis, sino toda la Iglesia la que sufre por tan inicua violencia, que se suma a todas las demás formas de terrorismo y venganza que degradan la dignidad del hombre hoy en el mundo —¡porque la vida de cada hombre es sagrada!—, conculcan la bondad, la justicia y el derecho y, lo que es más, ofenden el Evangelio y su mensaje de amor, de solidaridad y de hermandad en Cristo”. (Audiencia, 26 de marzo de 1980.)
En esa elocución, Juan Pablo recoge todo el significado de lo que es un martirio en el altar, una muerte durante la celebración de la Misa.  Pero hay, por desgracia, otras similitudes que vinculan la muerte del P. Hamel con la de Mons. Romero, y fue el Patriarca de Babilonia quien denunciara una de ellas—la instantánea instrumentalización del martirio del P. Hamel.  “Reducirlo todo a llamados e iniciativas para fomentar indignación es una blasfemia sacrílega en mi opinión, hacia el martirio del P. Jacques y la de todos los demás”, dijo el Patriarca en una entrevista.
Algunos han tratado de usar la muerte del P. Hamel para agudizar el conflicto y buscar la venganza contra el mundo musulmán.  Una nota publicada en Il Tempo que ha sido traducida y publicada por medios conservadores, arremete en contra de una “falsa misericordia” y advierte sobre la necesidad de una resistencia armada en contra del islam.  El comentario hace duras críticas al Santo Padre: “el silencio del Papa Bergoglio es paralelo al de los musulmanes de todo el mundo que no denuncian enérgicamente y de forma unánime y colectiva, los crímenes cometidos en nombre de Allah por sus correligionarios”.
La intención de yuxtaponer al mártir contra un papa para beneficiar las diferencias teológicas que mantienen con el papa hace recordar la tergiversación que se trató de hacer para tratar de meter en conflicto al Beato Romero con San Juan Pablo II por gente que buscaba hacer ver mal al pontífice polaco.  En ese sentido, se instrumentalizó la figura y el martirio de Romero al insinuar de que Juan Pablo lo había abandonado, no lo quería, era cercano a sus verdugos, etc.  Es lo mismo que ahora gente del bando opuesto está haciendo con este “sacerdote santo”.
En el análisis final, al P. Hamel y Mons. Romero los une el martirio, y el caso del P. Hamel nos ayuda a comprender mucho el significado del martirio en la modernidad.  Muchos se negaron a verlo en el caso Romero porque fueron católicos los que lo asesinaron.  Es posible imaginarse que una persona cínica sostenga que el P. Hamel no es mártir, quizá aprovechando de la declaración del papa de que su muerte no fue producto de “una guerra de religiones” (para concluir erróneamente que no fue “en odio a la fe”).  Se puede argumentar que el Estado Islámico ataca una revista satírica atea en Francia en una ocasión, un bar gay de Florida la próxima vez, y muchas más víctimas musulmanas que cristianas.
Sin embargo, el simbolismo de una muerte en el altar nos habla con mucha elocuencia para desprestigiar tales argumentos.  Como dice el P. James Martin: Así se ve un mártir”.


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