Friday, June 21, 2013

SEGUNDA CARTA PASTORAL DE MONS. ROMERO



Durante su audiencia general del 19 de junio 2013, el Papa Francisco profundizó sobre la enseñanza del Concilio Vaticano II que la Iglesia es el Cuerpo místico de Cristo en la historia (Constitución dogmática «Lumen Gentium», n º 7).  El mismo mensaje fue el tema de la segunda carta pastoral de Mons. Óscar A. Romero, "La Iglesia, Cuerpo de Cristo en la Historia", publicada el 6 de agosto de 1977.  La Iglesia es un cuerpo vivo, dice el Papa Francisco: "La Iglesia no es una asociación benéfica, cultural o política, sino que es un cuerpo vivo, que camina y actúa en la historia".  Romero expresa el mismo sentimiento: "La función de la Iglesia no hay que entenderla de una manera legal y jurídica".  En cambio, "La Iglesia es … la carne en la que Cristo concreta, a lo largo de los siglos, su propia vida y su misión personal".  (Este es un análisis del Año de la Fe de la predicación y la orientación teológica del Siervo de Dios Óscar Romero.)
Tanto el Papa Francisco como Mons. Romero fundamentan la doctrina que la Iglesia es el cuerpo de Cristo, con una corroboración escritural.  Francisco señala que Jesús le aparece a San Pablo en el camino a Damasco, lo que provocó su famosa conversión, como prueba de la continua presencia de Jesús: "Esta experiencia de san Pablo nos dice cuán profunda es la unión entre nosotros los cristianos y el mismo Cristo. Cuando Jesús ascendió al cielo, no nos ha dejado huérfanos, sino con el don del Espíritu Santo, la unión con Él se ha vuelto aún más intensa".  Romero señala otra epifanía—la Transfiguración, que es la fiesta patronal nacional de El Salvador—para representar el acompañamiento de Cristo a su pueblo.  A partir de esta carta pastoral, Romero inicia una práctica de publicar sus cartas pastorales en la Fiesta de la Transfiguración.  "Hoy … el divino Salvador del mundo, titular de nuestra Iglesia particular", escribe Romero, "ilumina, como en una pascua salvadoreña, con el esplendor de su Transfiguración, el camino de nuestra historia eclesiástica y nacional".  (El nombre del país, "El Salvador", se refiere a esta fiesta litúrgica.)
La segunda carta pastoral de Mons. Romero incluye numerosas frases que suenan francamente Bergoglianas.  Por ejemplo, Romero escribe que, "la tradición que Cristo confió a su Iglesia no es como un museo de recuerdos que conservar".  (Compárese el Papa Francisco en su advertencia del 23 de mayo 2013 contra llegar a ser "un cristiano de museo", y su admonición del 28 de marzo 2013 a los clérigos de no convertirse en "coleccionistas de antigüedades o bien de novedades, en vez de ser pastores con olor a oveja".)  Mons. Romero también rechaza la ambición clerical, preguntando: "¿Cuál es la razón del cambio actual de la Iglesia frente al mundo y a la historia de los hombres? No es oportunismo", responde, "o infidelidad al Evangelio".  (Compárese Francisco, quien en repetidas veces critica al "carrerismo" en la Iglesia, incluyendo su condena del 6 de junio 2013 de que es una "lepra" entre los clérigos, quienes deberían mejor buscar "el bien superior de la causa del Evangelio".)  Mons. Romero dice que la Iglesia se convierte en el Cuerpo de Cristo usando "los medios de que la dotó el mismo Cristo; la predicación de la Palabra, los Sacramentos, sobre todo la celebración de la Eucaristía que le recuerda, en forma actualizada y viviente, que Ella sigue siendo el Cuerpo de Jesús".  (Compárese Francisco: "estemos unidos a Jesús … alimentémonos con la oración diaria, la escucha de la Palabra de Dios, la participación en los sacramentos".)
Según el estudioso de Romero James R. Brockman, el mensaje de monseñor en esta carta pastoral es que, siendo la Iglesia el cuerpo místico de Cristo en la historia, "debe por tanto actuar como Jesús, proclamar el reino de Dios a los pobres, especialmente, el cumplimiento de la profecía de Isaías de llevar la buena nueva a los pobres, y la libertad a los presos y a los oprimidos".  Brockman, "Enseñanza Pastoral del Arzobispo Oscar Romero", SPIRITUALITY TODAY, Verano 1988, Vol.40 N º 2—en inglés.) Por lo contrario, "Tiene que resistir y denunciar todo lo que se opone al reino de Dios, toda la injusticia y la crueldad integrada en la sociedad, al igual que Jesús denunció los pecados de sus contemporáneos y de su sociedad.  Y la Iglesia tiene que llamar a la conversión y a la reforma y para el servicio de la edificación del reino de Dios".  (Ibid.)  La Iglesia tiene el deber, dice monseñor, "de prestarle a Cristo en la historia, su voz para que Cristo hable, sus pies para que recorra el mundo actual, sus manos para trabajar la construcción del Reino en el mundo actual, y todos sus miembros para completar lo que falta de su pasión" (Col. 1, 24).  Un hilo similar recoge el Papa Francisco, predicando que, "este cuerpo tiene una cabeza, Jesús, que lo guía, lo alimenta y lo apoya. Este es un punto que quiero destacar: si la cabeza está separada del resto del cuerpo, la persona no puede sobrevivir. Así es en la Iglesia, debemos permanecer asidos cada vez más profundamente a Jesús".
Monseñor Romero también utiliza la imagen de la Iglesia como Cuerpo místico de Cristo para explicar el desarrollo del pensamiento social católico en el Concilio Vaticano II y las declaraciones de los obispos de América Latina durante la Conferencia de Medellín.  Si la Iglesia es el cuerpo vivo de Cristo en la historia, explica Mons. Romero, entonces la Iglesia debe responder e interactuar con la historia.  "La Iglesia actual tiene conciencia de ser Pueblo de Dios en el mundo; o sea, una organización de hombres que pertenece a Dios pero que está en este mundo", escribe: "Porque va avanzando en este mundo... que entra en la historia humana".  Lumen gentium», n º 9.)  Esto ha llevado a la Iglesia a reconocer la importancia de las estructuras sociales de pecado, escribe Mons. Romero.  "Propiamente la Iglesia ha denunciado durante siglos el pecado", explica: "ciertamente ha denunciado el pecado del individuo y también ha denunciado el pecado que pervierte las relaciones entre los hombres, sobre todos a nivel familiar", expone.  "Pero ha vuelto a recordar lo que, desde sus comienzos, ha sido algo fundamental: el pecado social".  Esto es "la cristalización de los egoísmos individuales en estructuras permanentes que mantienen ese pecado y dejan sentir su poder sobre las grandes mayorías".
Como el Papa Francisco, Mons. Romero cierra sus reflexiones con un llamado a la unidad.  Francisco: "San Pablo dice que a medida que los miembros del cuerpo humano, aunque diferentes y numerosos, forman un solo cuerpo, así todos nosotros fuimos bautizados en un solo Espíritu, en un solo cuerpo".  Todas las diferentes partes de la Iglesia, deben trabajar juntas, incluso si son diferentes: "no hay una uniformidad aburrida [sino que] está la comunión y la unidad: todos están en relación los unos con los otros y todo confluye para formar un solo cuerpo vital, profundamente conectado con Cristo".  En consecuencia, el Pontífice nos aconseja resistir "las tentaciones de la división, de la lucha entre nosotros, de los egoísmos, del chisme".   Mons. Romero también termina con un fuerte llamado a la unidad.  "Recordemos que lo que divide no es la actuación de la Iglesia, sino el pecado del mundo", insta: "cuando la Iglesia se introduce, con una intención salvadora y liberadora en el mundo del pecado, el pecado del mundo se introduce en la Iglesia y la divide”.  Tanto Francisco como Romero ofrecen la misma solución.  Ser parte del cuerpo de Cristo, dice Francisco, "significa permanecer unidos al papa y a los obispos que son instrumentos de unidad y de comunión".  Romero insta a una comunión similar con la jerarquía: "la unidad se debe lograr alrededor del Evangelio, a través de la palabra autorizada del Pastor", escribe.  "Deseo vivamente que todos los sacerdotes, diocesanos y religiosos, y todos los religiosos y religiosas unifiquemos nuestros esfuerzos alrededor de las directrices del Arzobispado", y a los laicos a hacer lo mismo.
En su segunda carta pastoral, Mons. Óscar A. Romero formula una concepción de la Iglesia como Cuerpo místico de Cristo en la historia que resuena en el magisterio del Papa Francisco.
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