Monday, August 07, 2017

Una homilía Romeriana para el Divino Salvador



AÑO JUBILAR por el CENTENARIO del BEATO ROMERO, 2016 — 2017:
 


Mons. Urrutia predicando en la Basílica del Sagrado Corazón; Mons. Romero predicaba en el mismo templo.
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#BeatoRomero #Beatificación


El sábado 5 de agosto de 2017 se celebró la tradicional “Bajada”, o procesión litúrgica alusiva a la fiesta de la Transfiguración en San Salvador, El Salvador.  El nombre informal de la ceremonia, la “Bajada”, deriva de la trayectoria tradicional de la profesión, que desciende una inclinación en la geografía de la capital salvadoreña.  Este ano, la celebración fue dedicada a los centenarios de Fátima y del Beato Romero.  Mons. Rafael Urrutia , Vice-Postulador de la Causa de Canonización de Mons. Romero, predicó la homilía, que tituló “Sentir Con La Iglesia: Caminando con Nuestros Mártires en Pos de Cristo”.
En seguida el texto integral.

Era lunes 24 de marzo de 1980, el calendario litúrgico nos encaminaba en la semana de dolores hacia el inicio de la Semana Santa, a las 6:20 de aquella gloriosa tarde en la Capilla del Hospital Divina Providencia, Monseñor Óscar Romero derramó su sangre por confesar su fe en Jesucristo. "De ese modo la vida de Mons. Romero se transformó en una misa que se funde, a la hora del ofertorio, con el Sacrificio de Cristo; y Dios omnipotente y Bondad infinita, que sabe sacar cosas buenas hasta de las acciones más nefastas de los hombres, de ese horrible crimen que segó la vida de nuestro amado Pastor le proporcionó una inestimable fortuna: morir como testigo de la fe al pie del altar.” (cfr. Mons. Fernando Sáenz Lacalle: Homilía del XX Aniversario de la muerte martirial de Mons. Romero año 2000).  

San Juan Pablo II en su telegrama de condolencia por la muerte del Beato expresó, entonces: “Respetemos todos en este acontecimiento doloroso el testimonio particular, que Monseñor Romero se empeñó en dar durante toda su vida de Pastor, buscando a Cristo especialmente en aquellos a quienes él está más cercano. Así coronó con la sangre, su ministerio particularmente solícito con los más pobres y marginados. Fue un testimonio supremo que ha quedado como símbolo del tormento del pueblo, pero también como esperanza de un porvenir mejor.” (cfr. Mensaje de Condolencia del Papa Juan Pablo II). 

Es cuanto afirma en la Carta Apostólica de Beatificación el Papa Francisco cuando dice: “Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, obispo y mártir, pastor según el corazón de Cristo, evangelizador y padre de los pobres, testigo heroico del reino de Dios, reino de justicia, de fraternidad, de paz.” (cfr. Cardenal Angelo Amato: Homilía por la Beatificación del Mártir Monseñor Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, del 23 de mayo de 2015). 

A la mayoría de los cristianos, cuando evocamos la época del martirio y de los mártires, pronto vienen a nuestra mente imágenes de los mártires de la Iglesia primitiva sirviendo de diversión a la turba enardecida mientras eran devorados por grandes y feroces fieras en el Coliseo Romano, al mejor estilo de Hollywood. Imágenes éstas que parecen haber congelado el pensamiento cristiano sobre los mártires y el martirio, como indicando que nunca más podría volverse a vivir “la experiencia martirial” en la vida de la Iglesia.  

Al respecto San Juan Pablo II, el 30 de marzo de 1980, pocos días después de haberse perpetrado el asesinato de Monseñor Óscar Romero, expresaba estas palabras: “La Iglesia de nuestro tiempo sigue escribiendo su martirologio con capítulos siempre nuevos, actuales. No se pueden olvidar, no se pueden apartar los ojos de esta realidad que es dimensión fundamental de la Iglesia de nuestro tiempo. La Iglesia de hoy continúa escribiendo su martirologio y no podemos olvidar a quienes en el curso de nuestra época han sufrido la muerte por la fe y por el amor a Cristo; los que de diversas maneras han sido encarcelados, torturados, condenados a muerte y aún escarnecidos, despreciados, humillados y marginados socialmente. No se puede olvidar el martirologio de la Iglesia y de los cristianos de nuestra época. Este martirologio está escrito con caracteres distintos de los primitivos. Hay otros métodos de martirio y otro modo de dar testimonio. Pero todo emana de la misma Cruz de Cristo y completa la misma Cruz de nuestra Redención.” (Pronunciado en el Ángelus del Domingo de Ramos: Insegnamenti 3/1 (1980) 774). 

Monseñor José Luis Escobar Alas, en su II Carta Pastoral: “Ustedes también darán testimonio porque han estado conmigo desde el principio”, como si de revelar sus más íntimos sentimientos se tratara, escribe en la introducción: “Cuarenta años han transcurrido desde que el ignominioso asesinato del Padre Rutilio Grande García, S.J. fuera cometido. A su muerte injusta e injustificable, la persecución y represión contra la Iglesia arreció de forma inimaginable en un país que se enorgullece de tener por Patrono al Divino Salvador del mundo y se jacta de ser cristiano. Sin precedentes en la historia salvadoreña -aunque no en la historia de la Iglesia, acostumbrada y enviada por su Divino Maestro a dar la vida por los que ama (cfr. Jn 15, 13) sin que nadie se la quite, entregándola voluntariamente (cfr. Jn 10, 18)- la vida de cuatro religiosas; dieciséis sacerdotes; un seminarista; dos obispos e innumerables caquetistas, agentes de pastoral y ovejas del rebaño, fue brutalmente arrebatada, no sin antes haber sido destrozado su prestigio, por medio de la difamación e inculpación de crímenes jamás cometidos. En mi condición de Pastor de esta Iglesia debo reconocer con humildad, que hemos cometido muchos yerros. La sombra se agiganta al reconocer que dejamos de lado el tema de la muerte martirial de los hombres y mujeres arriba mencionados, a pesar del llamado Pontificio…, en la Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente n. 37 de 10 de noviembre de 1994.” (n.1).  

Y hacia el final del introito de esta sinfonía escrita sobre el pentagrama del martirio de nuestra Iglesia salvadoreña, va concluyendo: “Ha llegado el momento propicio -y propiciado con toda seguridad por el Santo Paráclito- para dirigirme, inmerecidamente, a ustedes y comentar, en aras de la justicia, la verdad y la caridad, el ideal por el cual murieron tantos cristianos y cristianas. Momento, del cual estuvo seguro de que ocurriría, nuestro amadísimo Beato Monseñor Óscar Arnulfo Romero el 23 de septiembre de 1979, cuando en su Homilía del Vigésimo Quinto Domingo del Tiempo Ordinario, al discurrir sobre la persecución que la Iglesia sufría por esos días, afirmó: “Pasará esta hora de prueba y quedará refulgente el ideal por el cual murieron tantos cristianos. Es una noche negra la que estamos viviendo, pero el cristiano vislumbra que, tras la noche, ya fulgura la aurora y ya se lleva en el corazón la esperanza que no falla.” (cfr. Monseñor Óscar A. Romero, “Homilía del Vigésimo Quinto Domingo del Tiempo Ordinario. 23 de septiembre de 1979) (n.4). 

Es justo, entonces, en la fiesta del Divino Salvador del mundo, en este año Jubilar 2017 celebrado con ocasión del Centenario del natalicio del Beato Óscar Romero, dirigir nuestra mirada a “esos que llegan al cielo procedentes de la gran tribulación; y son los que han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero; y por eso son los que hoy están delante del trono de Dios, dándole culto día y noche en su Santuario; y sobre ellos, el que está sentado en el trono extenderá su tienda.” (cfr. Ap. 7, 13-17). Sí, es justo “Sentir con la Iglesia” y, desde estas fiestas en adelante, poner nuestra mirada y el corazón en nuestros mártires, con la firme determinación de vivir “caminando con ellos en pos del Cristo”. 

¿Por qué tomar la determinación de “Sentir con la Iglesia” y vivir “caminando con nuestros mártires en pos de Cristo?”. La respuesta nos la proporciona el Papa Francisco: “Los mártires son aquellos que llevan adelante a la Iglesia, los que la han sostenido siempre y la sostienen hoy. Y hoy hay más mártires que en los primeros siglos. Los medios de comunicación no lo dicen porque no hacen noticia, pero hay tantos cristianos que hoy son bienaventurados porque son perseguidos, insultados, encarcelados…, ellos son la gloria de la Iglesia, nuestro apoyo y también nuestra humillación…, y todo por confesar su fe en Jesucristo. Esta es nuestra gloria y nuestra fuerza hoy; por eso una Iglesia sin mártires, es una Iglesia sin Jesús. La sangre de mártires es semilla de cristianos. Ellos con su martirio, con su testimonio, con su sufrimiento, incluso dando su vida, ofreciendo su vida, siembran cristianos para el futuro en la Iglesia. Por eso los invito a rezar por nuestros mártires”. (cfr. Papa Francisco. Homilía matutina del 30/01/2017 en la Capilla de la Casa Santa Marta). 

En todo tiempo y lugar los mártires han sido hombres y mujeres, cristianos como nosotros, que nos han dado un maravilloso ejemplo de caridad cristiana, porque el martirio es un acto perfecto de caridad, a la vez que es un don que precisa de una particular gracia de Dios. Mártir significa: testigo. Ellos son testigos de la fe porque mueren para dar testimonio de ella; testigos del amor porque dan la vida por otro, es el máximo testimonio de caridad. Ellos son un ejemplo clarísimo de cómo hay que llevar la caridad hasta el final. Todos nuestros mártires, de ayer y de hoy, derramaron su sangre por confesar su fe en Jesucristo y “no amaron tanto su vida que temieran la muerte” (Ap 12, 11). Con su vida y con su muerte nos han demostrado que se puede vivir el espíritu de las bienaventuranzas de Jesús.  

“Los mártires, hombres y mujeres frágiles y pecadores dan testimonio de su fe vigorosa y de su amor incondicional a Jesucristo. Fueron personas de todos los ámbitos sociales, que vivieron haciendo el bien y murieron renunciando a salvar su vida y perdonando a quienes los maltrataban. La sangre de estos mártires derramada como la de Cristo para confesar el nombre de Dios, manifiesta las maravillas del poder de Dios. En los mártires se demuestra que el Señor ha sacado fuerzas de lo débil, haciendo de la fragilidad su propio testimonio. Algo nos faltaría en la Iglesia si no tuviéramos mártires. El martirio es el control de calidad del cristianismo y un antídoto contra el relativismo de la cultural actual para la que nada es absoluto. Los mártires de todos los tiempos y también los de nuestros días, muestran la vitalidad de la Iglesia y constituyen la encarnación de la esperanza. Si Tertuliano decía que: “el martirio es la mejor medicina contra el peligro de la idolatría de este mundo”, nosotros podemos decir que la condición martirial de la vida cristiana es la mejor medicina contra la tibieza y la secularización de los cristianos.” (cfr. Mons. Manuel Sánchez Monge, Obispo de Santander, Homilía en la fiesta de los Santos Emeterio y Celedonio, 30/08/2016). 

Por eso este tiempo en el que nos proponemos caminar con ellos en pos del Cristo, es un tiempo de gracia y de reflexión, que nos lleva a considerar de dónde venimos y hacia dónde hemos de ir. La Iglesia desea que todos los fieles conozcamos y nos familiaricemos con nuestros santos mártires, que no haya nadie a quien no llegue el ejemplo y el mensaje admirable de fe, de amor y de esperanza de estos santos de nuestro tiempo. 

Ellos nos acercan a Jesús y a su Evangelio, que para los cristianos es la fuente donde debemos beber constantemente. Su ejemplo, sus palabras y su recuerdo, pueden ayudarnos hoy a una profunda conversión del corazón, porque solo un corazón convertido es capaz de entregarse verdaderamente a los demás; a todos, y particularmente a los más necesitados, a los enfermos, a los más pobres, a los marginados; porque solo un corazón convertido es capaz anunciar a Jesús con nuevo ardor.  

Su memoria, además, nos hace presente la profundidad de nuestras raíces cristianas: Jesús y la cruz; nos ayuda a valorar más el ministerio de los pastores que dieron la vida por sus ovejas y a pedir por las vocaciones sacerdotales; y también nos ayuda a dar testimonio de Cristo en nuestro mundo con alegría y fortaleza. 

El recuerdo de nuestros mártires, en el presente y en el futuro, nos debe servir para darnos cuenta de lo que significa ser cristiano, para luego dar a conocer nuestra fe, con nuestro ejemplo y nuestra palabra. Ahora somos nosotros los que tenemos en nuestras manos aquella gran tradición eclesial del martirio, que está viva y que es hoy una realidad comprometida.  

Caminar junto con nuestros mártires en pos de Cristo, nos da la oportunidad de un nuevo encuentro personal con Jesús vivo, que siempre pide una nueva conversión: un cambio de actitud, de criterios, de mentalidad; un cambio de vida. Ante nosotros tenemos la oportunidad de vivir este tiempo de gracia para revitalizar nuestra fe personal y la de nuestras comunidades; y, por nuestro testimonio, la de muchas otras personas que se han excluido de nuestra fe o que están viviendo en la periferia. Y todo esto no se puede conseguir sin escudriñar con asidua devoción las Escrituras y sin acudir frecuentemente al sacramento de la reconciliación y de la eucaristía. 

Que el Divino Salvador del mundo nos bendiga siempre y, por la intercesión del Beato Óscar Romero y todos los que han lavado sus vestiduras en la sangre del Cordero, nos conceda la gracia de vivir nuestra historia caminando con nuestros mártires, en pos de Cristo, según su corazón. Así sea.




Tuesday, August 01, 2017

Romero Comm’n proposes Assumption Day petitions


JUBILEE YEAR for the CENTENNIAL of BLESSED ROMERO, 2016 — 2017

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#BlessedRomero #Beatification

AUGUST 1, 2017 - The Archbishop Oscar Romero U.S. Centennial Commission has issued a statement [HERE] inviting churches “to honor Blessed Romero by including a petition or other remembrance during Assumption Day Masses on August 15th,” which coincides this year with what would have been the Salvadoran martyr’s 100th birthday. [Please share this post.]

Two major U.S. dioceses will commemorate the event.  Los Angeles and Dallas, both centers of Hispanic population, will observe Romero’s centennial with cathedral masses.  In L.A., there will be a commemorative Mass at the Cathedral of Our Lady of Angels at 12:30 PM on Sunday, August 13, 2017.  Meanwhile, in Dallas, there will be a commemorative Mass at 7 p.m. on Tuesday, August 15, the Feast of the Assumption, at the Cathedral Shrine of the Virgin of Guadalupe in Dallas, where Bishop Edward J. Burns has invited all pastors to commemorate the life of Blessed Romero in their parishes [More].
The Romero Centennial Commission is an independent panel of Romero activists and devotees, convened to promote the Centennial of the Birth of Blessed Oscar Romero and related activities in America, home to the largest Salvadoran communities outside El Salvador, and to many admirers of Romero among rank and file Catholics.
In honor of the Romero Centennial, the Romero Centennial Commission invites churches to:
1. Include a customized petition during the Mass for the Feast of the Assumption or mention the Romero centennial and use a Romero quote during the homily on the Feast of the Assumption (or the Sunday before, August 13, 2017).  Other remembrance actions are also encouraged. (See attachments to the release for suggested petitions, Romero quotes, and other remembrances, or visit the Commission’s website, Romero100.org).
2. Pray the Blessed Romero Novena created by the Archdiocese of San Salvador (suggested dates August 6-14th; translation included in the released materials).
3. Use the hashtag “#Romero100” to promote the Romero Centennial on social media.
The released materials include a quote from Romero’s 1977 Sermon on the Feast of the Assumption, whose 40th anniversary will also run this year.  In that Sermon, Romero called Mary “the first Christian” and “ideal of the Church.”  Mary - Romero said - “illuminates the dignity and the rights of the human person. For this reason, she is steadfast in defending the dignity, freedom and the rights of the human person, because she knows that men and women are not puppets, but are destined, like [her], for the kingdom of Heaven.”

Thursday, July 06, 2017

Progressive Renaissance in Central America


JUBILEE YEAR for the CENTENNIAL of BLESSED ROMERO, 2016 — 2017

EL FARO photo.

#BlessedRomero #Beatification
The return of the newly promoted Salvadoran Cardinal Gregorio Rosa Chavez to his native country on July 4, 2017 was accorded the welcome normally given to a war hero or champion of sport. Awaiting him at the Archbishop Romero Airport was the country’s episcopal conference and the President of the Republic. Along the road from the airport to the capital were groups of admirers; Rosa Chavez stopped his caravan to greet them, in one case, from the back of a pickup truck. The cardinal even became a “trending topic” on Twitter for his sensational return.
While Rosa Chavez’s appointment to the College of Cardinals implies “a personal element” (in the neo-cardinal’s words)—a reflection of his personal merits—his nomination is also a reflection of the continental rise of the progressive trend in the church, of which the new cardinal is an icon. That movement is partly a vindication, as we analyzed in an earlier post, not only of Rosa Chavez, but also of figures such as his mentor, Blessed Oscar Romero, the martyr bishop of the Americas. Rosa Chavez’s insistence that the honor belongs to Romero has been constant. In his first formal stop after his return, Rosa Chavez visited Romero’s Tomb in the Cathedral Crypt where he intoned an emotional tribute to his patron: “Archbishop Romero, before I was born you were here ... We come here joyfully, because you are the Cardinal of this country. We ask you to help me be a good Cardinal, Archbishop Romero, we need you.”

Yes—Archbishop Romero’s name has been restored in this process (which includes his beatification in May 2015), and Gregorio Rosa Chavez’s as well. But in reviewing the balance of cardinals in the region, it is easy to recognize a strong revitalizing impulse at the hand of the current pontiff which extends beyond these men. Four countries of the isthmus now have a cardinal; three of them have been appointed by Pope Francis (Rosa Chavez in El Salvador, Leopoldo Brenes in Nicaragua, and Jose Luis Lacunza in Panama). The fourth, Oscar Rodriguez Maradiaga, was named by St. John Paul II, but is the great architect of the progressive swing in the region under the current pontiff. In fact, Rodriguez Maradiaga, the president of the Council of Cardinals that advises the Pope, is a great friend of Rosa Chavez and has undoubtedly had a hand in his nomination. The natural deterrent to progressive power in the region is the weight of Mexican cardinals, who tend to be more conservative (especially their primate in the Aztec capital, Norberto Rivera Carrera).
This new movement favoring the liberal trend tracks the paradigm followed by the Continental Church. Although the Latin American bishops’ conference in Medellin Colombia in 1968 emphasized the spirit of reform, the next meeting in Puebla, Mexico (1979), led by John Paul, had an impulse of moderation. The next meeting in Santo Domingo (1992) had more to do with the Roman Curia than with the analysis of the Latin American reality found in the first two meetings. The analytical engagement with the problems of contemporary society, characteristic of CELAM in its original meetings, had to await for the conference in Aparecida, Brazil (2007), whose final document was drafted by Cardinal Jorge Mario Bergoglio—now, Pope Francis .
The restoration can also be traced through the history of the Church in San Salvador. During the 20th century, the archdiocese saw over fifty years of a progressive pastoral ministry under three successive archbishops (Luis Chavez y Gonzalez, Óscar Romero, and Arturo Rivera Damas) who were influenced by the currents of the Second Vatican Council and Medellin (which birthed the phrase "preferential option for the poor"). Following a 12-year Civil War that began in 1980, the Church returned to a more traditional line under the watch of the conservative Archbishop Fernando Saenz Lacalle, a former military chaplain and member of Opus Dei.
Pope John Paul II’s visits to the region (including El Salvador) in 1983 and 1996 were considered as attempts to moderate the inclination towards the left in the local church. The Polish Pope is famously remembered for admonishing Sandinista sympathizers “¡Silencio!” in Managua, and for publicly scolding Fr. Ernesto Cardenal for joining the Marxist government, waving his finger in front of his face while greeting him on the airport runway. However, the Polish pontiff also created Oscar Rodriguez Maradiaga as a cardinal in Honduras, and made Gregorio Rosa Chavez the youngest bishop in the continent in 1982 (he was 39 then). As such, Pope Wojtyla planted the seeds of the restoration that has followed the conservative interlude in the region.
The absence of a cardinal in the Salvadoran Church had become quite notable—so much so that former President Tony Saca openly asked Pope Benedict XVI during a visit to the Vatican in 2005 to grant the title to Archbishop Saenz. In Romero's time, the cardinal void in the Latin American continent was such that the title of monsignor (“monseñor”) received by Romero in 1967 came to acquire large cache—becoming practically a proper name for Romero, who is still so affectionately called among the faithful. Finally, the Italian cardinal Carlo Maria Martini, the Jesuit lion of Milan, went so far as to say that Romero was his favorite cardinal because the red of his martyrial blood had made him a de facto cardinal.
Rosa Chavez bishop (1982) and cardinal (2017); with Blessed Romero, Saint Teresa and Saint John Paul.
Cardinal Gregorio Rosa Chavez is a veteran of all these pitched battles inside and outside the Church. In spite of wanting to attribute his appointment to the merits of Romero, he recognizes that “there is a personal element” in his nomination. The cardinal recalls that “I have been a bishop for thirty-five years, a long road the Pope knows well.” Like the other Bergoglian neo-cardinals of the region, Rosa Chavez is not a young man (74 years old; the Panamanian Lacunza is 73; and the Mexican Suárez Inda is 78). All this is characteristic of a papal strategy that seeks vindication, and not necessarily permanence.
This strategy is also detectable in the words that the Pope said to Rosa Chavez in the intimacy of the moment that he shared with him while placing the biretta on his new cardinal: “Coraggio! Avanti!” (“Courage” and “onward”).


Renacimiento Progresista en Centroamérica


AÑO JUBILAR por el CENTENARIO del BEATO ROMERO, 2016 — 2017:

Foto EL FARO.

#BeatoRomero #Beatificación
El regreso del recién ascendido cardenal salvadoreño Gregorio Rosa Chávez a su país natal el 4 de julio de 2017 fue atendido con la bienvenida que normalmente se le da a un héroe de guerra o del deporte.  A la espera en el Aeropuerto Mons. Romero estaba la conferencia episcopal del país y el Presidente de la República.  Por toda la carretera que del aeropuerto lleva hacia la capital se encontraban congregaciones de admiradores; la caravana de Rosa Chávez se detuvo a saludarlos, en un caso, desde la parte trasera de un camión ‘pickup’.  El purpurado hasta se volvió “trending topic” en Twitter por su entrada sensacional.
Si bien el nombramiento de Rosa Chávez al colegio cardenalicio conlleva “un elemento personal” (en las palabras del neocardenal)—un reflejo de sus propios méritos—su nominación es también un reflejo del ascenso continental de la tendencia progresista en la iglesia de cual el nuevo purpurado es un ícono.  Ese movimiento es en parte una reivindicación, como analizábamos en una nota anterior, no solo de Rosa Chávez, sino también de personajes como su mentor, el Beato Óscar Romero, el obispo mártir del continente.  Asidua ha estado la insistencia de Rosa Chávez en que el honor le pertenece a Romero.  En su primera parada formal tras su ingreso, Rosa Chávez visitó la Tumba de Romero en la Cripta de Catedral donde dedicó emotivas palabras a su patrono: “Mons. Romero antes de haber nacido estabas aquí... Estamos aquí gozosos, porque tú eres el Cardenal de este país. Pedirte que me ayudes a ser un buen Cardenal, Mons. Romero te necesitamos”.

Sí—Mons. Romero ha sido restaurado en este trámite (que incluye su beatificación en mayo del 2015), y Gregorio Rosa Chávez también.  Pero al revisar el balance cardenalicio de la región, es fácil reconocer un fuerte impulso renovador a mano del actual pontífice que abarca más allá de estos dos hombres.  Cuatro países del istmo ahora tienen cardenal; tres de ellos han sido nombrados por el Papa Francisco (Rosa Chávez en El Salvador, Leopoldo Brenes en Nicaragua, y José Luis Lacunza en Panamá).  El cuarto, Óscar Rodríguez Maradiaga, fue nombrado por San Juan Pablo II, pero es el gran arquitecto del giro a favor del ala progresista en la región bajo el actual pontífice.  De hecho, Rodríguez Maradiaga, el presidente del Consejo de Cardenales que asesora al Papa, es un gran amigo de Rosa Chávez y sin duda ha tenido una incidencia en su nominación.  El freno natural a la potencia progresista en la región es el peso de los purpurados mexicanos, que tienden a ser más conservadores (especialmente, su primado en la capital azteca, Norberto Rivera Carrera).
Este nuevo flujo hacia el sentido liberador sigue el esquema trazado en la Iglesia continental.  Si bien la conferencia de los obispos latinoamericanos en Medellín Colombia en 1968 resaltó el espíritu reformador, la siguiente reunión en Puebla, México (1979), guiada por Juan Pablo, tuvo un impulso de moderación.  El próximo encuentro, en Santo Domingo (1992), contó más con la incidencia de la Curia Romana, que con el análisis de la realidad latinoamericana encontrado en los primeros dos encuentros.  Ese engranaje analítico con los problemas de la sociedad actual, propios de CELAM en sus reuniones originales, tuvo que esperar a la conferencia celebrada en Aparecida, Brazil (2007), donde la redacción del documento final estuvo a cargo del Cardenal Jorge Mario Bergoglio—el ahora Papa Francisco.
El movimiento restaurador también se puede trazar a través de la historia de la Iglesia en San Salvador.  Durante el siglo XX, la arquidiócesis vio cincuenta años de pastoral progresista bajo tres arzobispos sucesivos (Luis Chávez y González, Óscar Romero, y Arturo Rivera Damas), que comulgaban con las corrientes del Concilio Vaticano II y Medellín (que vio nacer la frase “opción preferencial por los pobres”).  Después de una guerra civil de 12 años que comenzó en 1980, la Iglesia volvió a tener una línea más tradicional bajo la mira del arzobispo conservador Fernando Sáenz Lacalle, un ex capellán militar y miembro del Opus Dei.
Las visitas del Papa Juan Pablo II a la región (incluyendo El Salvador) en 1983 y 1996 fueron consideradas como intentos de moderar la inclinación hacia la izquierda en la iglesia local. El Papa polaco es célebremente recordado por amonestar “¡Silencio!” a simpatizantes sandinistas en Managua, y por regañar públicamente al p. Ernesto Cardenal, agitando su dedo frente a su cara al saludarlo en la pista del aeropuerto, por integrarse al gobierno marxista. Sin embargo, el pontífice polaco también creó a Oscar Rodríguez Maradiaga como cardenal en Honduras, y convirtió a Gregorio Rosa Chávez en el obispo más joven del continente en 1982 (tenía entonces 39 años). En efecto, el Papa Wojtyla plantó las semillas de la restauración que ha venido después de un interludio conservador en la region.
La falta de un cardenal en la Iglesia Salvadoreña se había vuelto palpable—tanto así que el ex Presidente Tony Saca pidió abiertamente al Papa Benedicto XVI durante una visita al Vaticano otorgar el título a Mons. Sáenz en el 2005.  En tiempos de Romero, el vacío cardenalicio en el continente latinoamericano era tal que el título de “monseñor” recibido por Romero en 1967 llegó a cobrar mayor trascendencia—se volvió prácticamente el nombre propio de Romero, y sigue siendo así llamado con cariño entre los feligreses.  Finalmente, el purpurado italiano Carlo Maria Martini, el gran león jesuita de Milano, llegó a decir que Romero era su cardenal favorito ya que el rojo de su sangre martirial lo hacía como un cardenal “de facto”.
Rosa Chávez obispo (1982) y cardenal (2017); con el Beato Romero, Santa Teresa y San Juan Pablo.
El Cardenal Gregorio Rosa Chávez es un veterano de todas estas batallas campales adentro y afuera de la Iglesia.  A pesar de querer atribuir su nombramiento a los méritos de Romero, reconoce que “hay un elemento personal” en su nominación.  El purpurado recuerda de que “tengo treinta y cinco años de ser obispo, un camino largo que el Papa conoce”.  Como los demás neocardenales bergoglianos de la región, Rosa Chávez no es un joven (tiene 74 años; el panameño Lacunza, 73; y el mexicano Suárez Inda, 78).  Todo esto es una característica de una estrategia papal que busca la reivindicación, y no necesariamente la permanencia.
También se detecta esta estrategia en las palabras que dijo el Papa a Rosa Chávez en la intimidad del momento que compartió con él al colocarle la birreta cardenalicia: “Coraggio! Avanti!” (“ánimo” y “adelante”).


Wednesday, June 28, 2017

The cardinalature of Oscar Romero


JUBILEE YEAR for the CENTENNIAL of BLESSED ROMERO, 2016 — 2017


As seen from El Salvador.

#BlessedRomero #Beatification
The first time I met Bishop Gregorio Rosa Chavez several years ago, he gave me a book called “Day by Day with Archbishop Romero” and he highlighted a quote in it from the Salvadoran martyr in which he says, “The Word remains. This is the great consolation of one who preaches. My voice will disappear, but my word—which is Christ—will remain in the hearts of those who have wanted to receive it.” (12/17/78). Therefore I was not surprised to see that this is the quote Rosa Chavez chose to print on the souvenir cards issued for his inauguration as a cardinal.

Along with the Romero quote, the keepsake cards also bear the shield designed for the first Salvadoran cardinal. Contemplating these elements makes me reflect about the unprecedented appointment of Rosa Chavez as a cardinal, and offer these three insights: (1) how the appointment of Rosa Chavez is really a hat-tip to a cause; (2) the differences between Rosa Chavez and Archbishop Romero; and (3) how the cardinalate of Rosa Chavez might bring him closer to his patron saint.
The coat of arms of Rosa Chavez contains several elements of interest. The design consists of four panels with symbols of his ministry. The first panel is a star that represents the Virgin Mary, which is practically identical to the star in the shield of Pope Francis that carries the same meaning. The second panel contains a palm frond, which represents the martyrs of the Salvadoran Church, almost all whom were personally known to the prelate. The third panel shows a sprig of rosemary, an obvious symbol of Oscar Romero (“romero” means rosemary), which also appeared on the shield of the Fourth Archbishop of San Salvador. Finally, the fourth panel presents two hands that extend towards each other, which symbolizes the “preferential option for the poor” of Latin American ecclesiology embodied by Romero and other martyrs.
In effect, it is striking to see how Rosa Chavez’ shield seems to signal to us that this cardinalate appointment is for Romero (as Rosa Chavez himself has said), for the martyrs, for the Salvadoran Church. There is not a single sign that represents Gregorio Rosa Chavez: not his family arms, not the mountains of his native Morazan, nor the flag of his city is shown. Through his shield we see how Rosa Chavez empties himself, totally takes himself out of the picture, to yield to others that he considers to be the ones deserving the honor. This seems quite unusual. It is not normally seen in the appointments of other cardinals that the honorific is granted not to a man but to a disembodied cause. Not even in the cases where a follower of a larger figure in the Church has been elevated—as when Lois Capovilla, the secretary of St. John XXIII, or Stanisław Dziwisz, the secretary of St. John Paul II were named—did we see such total deference on the part of the honoree for his guarantor.
The second aspect to reflect upon is something that has not been developed in the comments that have accompanied the appointment of Rosa Chavez, which often emphasize the definition of the new cardinal as a follower of Romero; as his friend; as one inspired by him; as obviously very devoted to him and therefore it is presumed that there is a unity of identity between the two. In reality, we must admit that they are not the same person. There are differences between them. To honor the person of Rosa Chavez we must admit that he is not Romero, and we should not expect him to become Romero come Wednesday. So, what then are the differences between Blessed Romero and Cardinal Rosa? In the first place, Romero is unique: the product of his time, his environment, his personal trajectory, the historic hour he had to live and above all his glorious martyrdom. Rosa Chavez is actually more progressive than Romero, but he never made the same splash in Salvadoran society because of all of the aforementioned and because Rosa Chavez never had a bully pulpit like being Archbishop of San Salvador.
At this consistory, Rosa Chavez will be the belle of the ball. This is due to several factors, including the unusual circumstances of his appointment, such as his being the first auxiliary bishop to be appointed cardinal. It also helps to be inducted in an unusually small group—it means that each new cardinal will receive a lot of individual attention from the media, and we have already seen the dozens of interviews, the national and international press features, and constant attention in social media. It is possible to imagine that the cardinalate may become the bully pulpit that Rosa Chavez never previously had and which could now help to catapult him to a stature that approaches more closely that of his storied mentor.
They say that the famous medieval seer Nostradamus once met a group of young monks and knelt before one of them, calling him “Your Holiness.” The story asserts that the same youth decades later was elected Pope Sixtus V. When I first met Rosa Chavez years ago at his St. Francis parish in San Salvador, I bowed and kissed his episcopal ring as a gesture of reverence for all that he represented, especially his unrequited loyalty and his solidarity with the church of the poor. I never thought I was identifying a future “papabile.” However, if it turns out that my gesture was prophetic, let it be known that the pope I have predicted would be called “Oscar I”.

Blogger and future cardinal, 2008.

El cardenalado de Mons. Romero


AÑO JUBILAR por el CENTENARIO del BEATO ROMERO, 2016 — 2017:

Así lo ven en El Salvador.
#BeatoRomero #Beatificación
La primera vez que conocí a Mons. Gregorio Rosa Chávez hace varios años, me obsequió un libro llamado “Día a Día con Mons. Romero” y me subrayo una frase del mártir salvadoreño que dice, “La palabra queda.  Y éste es el gran consuelo del que predica.  Mi voz desaparecerá, pero mi palabra que es Cristo quedará en los corazones que lo hayan querido acoger” (17.12.78).  Por eso no me sorprende para nada ver que esa es la frase que Rosa Chávez escogió para imprimir en sus estampitas de recuerdo de la ceremonia de investidura como cardenal. 

A la par de la frase romeriana en las estampitas de recuerdo se aprecia el escudo diseñado para el primer cardenal salvadoreño.  Contemplar estos elementos me hace reflexionar sobre el hecho inédito que es el nombramiento cardenalicio de Rosa Chávez, y ofrezco tres profundizaciones: (1) cómo el nombramiento de Rosa Chávez es realmente una concesión a una causa; (2) las diferencias entre Rosa Chávez y Mons. Romero; y (3) cómo el cardenalado de Rosa Chávez puede aproximarlo aún más a su santo patron.
El escudo de Rosa Chávez contiene varios elementos que llaman la atención.  El diseño consiste de cuatro paneles con símbolos de su ministerio.  El primer panel es una estrella que representa la Virgen María, y es prácticamente igual a la estrella que figura en el escudo del Papa Francisco y que lleva el mismo significado.  El segundo panel lleva una palma, que representa los mártires de la Iglesia Salvadoreña, casi todos conocidos por el prelado.  El tercer panel lleva una ramita de romero, símbolo obvio de Óscar Romero, que también figuraba en el escudo episcopal del IV Arzobispo de San Salvador.  Finalmente, el cuarto panel presenta dos manos que se extienden una hacia la otra, que significa la “opción preferencial por los pobres” de la eclesiología latinoamericana encarnada por Romero y los mártires.
En fin, es impresionante ver como este estandarte de Rosa Chávez parece advertirnos que este nombramiento cardenalicio es para Romero (así lo ha dicho el mismo Rosa Chávez), es para los mártires, es para la Iglesia Salvadoreña.  No se ve un solo símbolo en representación de Gregorio Rosa: ni su escudo familiar, ni las montañas de su natal Morazán, ni la bandera de su ciudad.  A través de su escudo vemos como Rosa Chávez se vacía de si mismo, se hace totalmente a un lado, para ceder el paso a otros que considera los verdaderos merecedores de su nombramiento.  Esto me parece bastante inusual.  No se ve normalmente en los nombramientos de otros cardenales que se otorgue el honorifico no a un hombre sino que a toda una causa.  Ni en los casos en los que un seguidor de uno más grande en la Iglesia ha sido elevado—como cuando Lois Capovilla el secretario de San Juan XXIII, o Stanisław Dziwisz, el secretario de San Juan Pablo II fueron nombrados—se vio tal sumisión por parte del homenajeado por su fiador.
El segundo aspecto para reflexionar es algo que no se ha desarrollado en los comentarios que se han hecho sobre el nombramiento de Rosa Chávez, que suele enfatizar la definición del nuevo cardenal como seguidor de Romero, amigo de él, inspirado por él, evidentemente muy devoto de él, y por ende se presume que existe una unidad de identidad entre los dos.  Sin embargo, en realidad, hay que admitir que no son la misma persona.  Hay diferencias entre los dos.  Para honrar la persona de Rosa Chávez tenemos que admitir que él no es Romero, y no debemos esperar que se va a convertir en Romero después del miércoles.  ¿Cuáles son las diferencias entre el Beato Romero y el Cardenal Rosa?  En primer lugar, Romero es único: producto de su tiempo, su entorno, su trayectoria personal, la hora histórica que le toco vivir y sobre todo su glorioso martirio.  Rosa Chávez es en realidad más progresista que Romero, pero jamás logró el mismo impacto sobre la sociedad salvadoreña que tuvo Romero por todo lo antes mencionado y porque Rosa Chávez no ha tenido un púlpito imponente, como el Arzobispado de San Salvador.
En este consistorio, Rosa Chávez será el centro de la atención. Esto se debe a varios factores, incluyendo las circunstancias inusuales de su nombramiento, como el hecho de ser el primer obispo auxiliar en ser nombrado cardenal.  También ayuda el hecho de ser inducido entre un grupo inusualmente pequeño—significa que cada nuevo cardenal recibirá bastante atención por parte de los medios, y ya hemos visto las decenas de entrevistas, las notas en la prensa nacional e internacional, y constante atención en las redes sociales.  Es posible imaginar que el cardenalado se convierta en el púlpito imponente que Rosa Chávez jamás tuvo anteriormente y que podría ahora ayudarle a catapultarse a una estatura que se aproxime de manera más cercana a su leyendario mentor.
Dicen que el famoso vidente de la Edad Media Nostradamus se encontró una vez con un grupo de monjes jóvenes y se arrodillo ante uno de ellos, llamándolo “Su Santidad”.  Asegura el relato que ese mismo muchacho fue elegido décadas después como el Papa Sixto V.  Cuando yo conocí por primera vez a Rosa Chávez años atrás en su parroquia de San Francisco en San Salvador, me incliné y le besé el anillo episcopal como un gesto de reverencia por todo lo que representaba, especialmente su lealtad sin recompensa y su solidaridad con la iglesia de los pobres.  Jamás pensé que estaba señalando a un futuro “papable”.  Sin embargo, si resulta que mi gesto ha sido profético, que conste que el papa que ha predicho se llamaría “Oscar I”.
Bloguero y futuro cardenal, 2008.