Thursday, August 29, 2013

Notas para la lectura de Siria


El padre Romero (izq.) durante una visita en Tierra Santa.
 
De cara a una intervención militar posiblemente a punto de llegar, por el presunto ataque de armas químicas contra la población siria, los cristianos sirios nos están enviando un mensaje muy claro. En caso de que no lo haya escuchado, este titular de «La Stampa» lo resume muy bien: “Todos los cristianos del Medio Oriente: No a la intervención en Siria”. Ya que este mensaje proviene desde los más altos rangos de la jerarquía de la iglesia local, haríamos bien en escuchar. Esta nota no quiere tomar una posición sobre lo que debería ser la respuesta del Occidente, sino proponer un instrumento para poder leer los mensajes de advertencia de los clérigos cristianos en la región.
Recientemente, he quedado impresionado por las similitudes entre las declaraciones de estos clérigos cristianos y las palabras de Monseñor Óscar A. Romero de El Salvador poco antes de ser martirizado en 1980. Ambos están reaccionando ante la perspectiva de una intervención de EE.UU. en su país, pidiendo a los EE.UU. no interferir. Cuando se plantean tales objeciones, ¿debemos escuchar? Mi primer instinto es decir: por supuesto que debemos escuchar, se trata de pastores cristianos y, a menudo, de hermanos católicos. Pienso en Mons. Romero, reclamando para la Iglesia la autoridad que Dios Padre le confiere a Jesús para recordarnos de nuestra obligación moral de escuchar (ver, Mateo 17,05—”Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; ¡escuchadle!”). Pienso en el Papa Pablo VI, quien le dijo a la Asamblea General de la ONU en octubre de 1965 que la Iglesia es “experta en humanidad”. Por supuesto, la Iglesia también tiene experiencia en la moralidad del uso de la fuerza, con su teoría de la “guerra justa” que sigue prevaleciendo en el discurso dentro del derecho internacional sobre la materia. Pero, en lugar de discutir esto en el plano filosófico, teórico o teológico, analicemos algunos puntos concretos.
Suena a política. En primer lugar, me llamó la atención el tono discordante de algunos de los discursos de los líderes cristianos en la región. El Patriarca Melquita católico Gregorio III Laham ha dicho que, El ataque planeado por los Estados Unidos es un acto criminal. Eso puede ser calificado de estridente, ya que todavía no se había producido tal ataque cuando hizo la declaración. El Patriarca caldeo Louis Sako Raphael en Bagdad comparó la posible intervención en Siria a la acción en Irak, la cual criticó: “Después de diez años de la intervención de la llamada ‘coalición de voluntarios’ que derrocó a Saddam, nuestro país sigue siendo golpeado por las bombas, los problemas de seguridad, la inestabilidad de la crisis económica”. Cuando Mons. Romero utilizó un lenguaje igualmente fuerte, el Departamento de Estado de EE.UU. redactó una carta al Papa criticando la supuesta parcialidad del arzobispo.
No es política. Por supuesto, sería ser simplista descartar las opiniones de religiosos que plantean objeciones a la intervención militar diciendo que son partidarios. Además, si analizamos los alineamientos políticos, tal crítica no tiene mucho sentido. Cuando Romero escribió una carta al presidente de EE.UU. advirtiendo en contra de la participación militar en El Salvador, el destinatario de esa carta era Jimmy Carter, un demócrata liberal con declarada afinidad por los derechos humanos. Y, por supuesto, cuando los cristianos sirios hablan en contra de la intervención de EE.UU. hoy en día, dirigen sus quejas a Barack Obama, otro hombre de izquierda, que hizo campaña para la presidencia criticando proyectos intervencionistas de su predecesor y que visitó la región prometiendo una nueva era de cooperación con el mundo musulmán. (En otras palabras, no se trata de un grupo de clérigos extranjeros izquierdistas contra un político conservador EE.UU.).
Cada situación es diferente. Una vez más, para que nadie confunda esta reflexión por activismo político, tengamos claro que el tema de esta nota no es, ‘Romero estaba en lo cierto, por lo tanto, los cristianos sirios están en lo cierto’. Normalmente soy el primero en protestar intentos de extraer a Mons. Romero de su momento histórico y usarlo como un estandarte a todo propósito, aplicable a situaciones que pueden ser radicalmente diferente del momento histórico que le tocó vivir. El mismo Romero nos da la advertencia, contra-intuitiva, que: “La historia no se repite aunque el dicho dice: ‘la historia se repite’.” Ciertos patrones y arquetipos pueden reaparecer, pero la historia es “variada”, insistió Romero. El único constante es Dios que “tiene como la complacencia de cambiar la historia, jugar con la historia; ‘hago nuevas las cosas’.” ( Cf. Isaías 43:19 , Apocalipsis 21:05 . ) Favoreciendo la intervención en Siria, lo más grande que me pesa en la mente, y debe pesar en los que tienen el poder para actuar, es la idea de que, durante la Segunda Guerra Mundial, se dice que los Aliados tenían algún conocimiento sobre las posibles ubicaciones de los campos de exterminio, pero no optaron por no hacer bombardeo. Sin duda, se llega el momento en que las violaciones de los derechos humanos surgen al nivel que el actuar, aún sin autorización, es una obligación cristiana. Cuando el pastor Bonhoeffer participó en el complot para asesinar a Hitler, su acción estaba moralmente empapada de esa obligación. Pero, afortunadamente, esto no es un artículo sobre cómo hacer frente a una crisis humanitaria, sino simplemente algunas indicaciones sobre cómo escuchar las voces cristianas involucradas en ella.
Hay ciertas similitudes innegables en la comparación Salvador - Siria. Vamos a echar un vistazo a cinco de ellas.
1. Muerte de los cristianos. Algo que los líderes cristianos nos están diciendo es que nuestra participación podría tener consecuencias trágicas para los religiosos cristianos. Como fue el caso de El Salvador , donde seis de los sacerdotes de Mons. Romero habían sido asesinados y veinte más (incluyendo a Romero) serían asesinados al fin de cuentas, en Siria, en particular, el clero cristiano está en el blanco. El obispo siriaco ortodoxo de Aleppo, Youhanna Ibrahim , y el metropolitano ortodoxo griego de Alepo y Iskenderun, Boulos al- Yaziji , fueron secuestrados y permanecen desaparecidos. Un padre jesuita italiano, Paolo Dall’Oglio, también fue secuestrado y se da por muerto. El p. François Murad fue asesinado en junio. “Todos deberían saber”, dijo el padre Halim Noujaim, ministro regional de los franciscanos para Siria y el Líbano “que el Occidente, en su apoyo a los revolucionarios, está apoyando a extremistas religiosos y está ayudando a matar a los cristianos”.
2. Enfrentamiento geopolítico. Como fue el caso con la crisis salvadoreña, el conflicto regional en Siria es una expresión de una confrontación global más amplia.  El Salvador fue un flash en el enfrentamiento de la Guerra Fría entre los EE.UU. y la Unión Soviética, que financiaban a los combatientes. “Todo lo que está sucediendo en Medio Oriente (tanto en Egipto como en Siria o en Irak) es una guerra que tiene dos dimensiones”, dice el patriarca maronita Bechara Rai, guerras en que se enfrentan moderados contra fundamentalistas y, en un sentido más amplio, se dan en el contexto de la Guerra contra el Terror liderada por Estados Unidos. “Siento deber decirlo, hay países, sobre todo occidentales”, dice el patriarca, “que están fomentando todos estos conflictos”. Conflictos geopolíticos son, por definición, mundanos, y la perspectiva eterna, trascendente de la Iglesia puede ayudarnos a tomar una visión a largo plazo sobre ellos.
3. Derecho a estar libre de intervenciones. El patriarca Copto católico Ibrahim Isaac Sedrak expresó claramente este principio al declarar que: “Somos egipcios, una parte integral del pueblo egipcio”, y que “la intervención extranjera en los asuntos internos de Egipto o de su soberanía, por cualquier pretexto—por ejemplo, bajo el pretexto de proteger cristianos—queda rechazada”.  Como lo dijo Mons. Romero, “la historia de la salvación la va haciendo Dios en la historia de cada pueblo y, por eso, un pueblo no se puede comparar con otro pueblo y ningún imperio tiene que venir a influir en el modo de ser de nuestro pueblo”.

4. Acción militar que carezca de la credibilidad moral no tendrá éxito. El Patriarca Melquita católico Gregorio III Laham, ha advertido que la intervención militar carecería de credibilidad en la región, porque nadie va a creer que los EE.UU. y la UE usarían la fuerza militar para defender a los débiles: “Nadie cree eso”.  A pesar de pueda hacer arder los oídos occidentales oír esa condena, es una evaluación contundente de cómo se nos percibe en ciertas partes del mundo. La Iglesia no está tratando de entrometerse en un debate para convertirse en una voz más de la discordia, dijo Mons. Romero. “La misión de la Iglesia, no es entrar en competencias proponiendo un proyecto más; sino, con la autonomía y la libertad de los hijos de Dios y del Evangelio, señalar lo bueno que puede haber en cada proyecto para animarlo y denunciar lo malo que pueda haber en cualquier proyecto para acabar con él”.
5. La falla de la inteligencia. El Patriarca Sako advirtió que la intervención militar liderada por Estados Unidos en Siria sería una “catástrofe”: “sería como provocar la erupción de un volcán con una explosión para arrasar Irak, el Líbano, [y] Palestina”. Como se señaló anteriormente, Sako se refirió a las dificultades en que sigue su país (Irak) y el Patriarca Laham se refirió a la inteligencia defectuosa que precipitó la invasión original, sobre la supuesta posesión de armas de destrucción masiva por parte del régimen iraquí (que nunca pudo ser confirmado). Tales advertencias desde el campo pueden ser útiles cuando las fuentes son fiables. En su carta a Jimmy Carter argumentando en contra de la intervención militar de EE.UU. en El Salvador, Mons. Romero advirtió contra los planes enviar asesores militares estadounidenses a entrenar a tres batallones salvadoreños. Esos batallones serían posteriormente desmantelados a causa de sus notorias violaciones de los derechos humanos, incluyendo su responsabilidad por la peor masacre de civiles en el continente americano.
 
Hay una gran de agitación en torno a este tema. Peor aún, hay mucha indiferencia. Tal vez con estos criterios, podemos escuchar lo que nuestros hermanos cristianos nos dicen y darles justa audiencia.
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