Monday, April 27, 2015

'We Are Romero'—la tormenta sobre el jingle de la beatificación


Artistas del jingle de Romero 2015; de USA For Africa 1985.
 
Es cierto que el tema de este post no es lo más importante que sucede en torno a la próxima beatificación de Monseñor Óscar A. Romero el 23 de mayo. Esa distinción probablemente le pertenece a la noticia de que las maras salvadoreñas podrían renunciar a la delincuencia para la ocasión. Alternativamente, el hecho de que hasta 12 líderes latinoamericanos, entre ellos todos los presidentes centroamericanos (y tal vez Joe Biden) asistirán podría ser la noticia más importante. Otras noticias, como los 1.400 jóvenes que acudieron el domingo a una reunión de voluntarios para el evento, o el llamado del Nuncio Apostólico a que Ciudad Barrios sea declarada un lugar de peregrinación por la Conferencia Episcopal, pueden ser más interesantes para los peregrinos que vienen a la beatificación.
Ninguna de estas historias, sin embargo, ha sido el tema más comentado entre los seguidores de Romero esta semana. El tema más popular y polémico ha sido el nuevo jingle para la beatificación. El miércoles 15 de abril, 2015, un conjunto de artistas comerciales salvadoreños reveló el tema de sonido genérico, que recuerda a un tintineo comercial de los 80 (piense los de Coca Cola), con letra que busca ser, sobre todo, inofensiva y sin controversia. Una muestra:
Un solo El Salvador cantando a una voz,
No hay olvido ni rencor,
Del pobre fue la voz lo hizo con amor,
Un legado nos dejó,
Al hombre devolvió derecho y dignidad,
Amar la vida hasta el Final, ¡Romero mártir por Amor!
 
Las reacciones llegaron con velocidad y furia. Si bien se oyó un defensor ocasional, la mayoría de las opiniones fueron abrumadoramente negativas y algunas eran del todo mordaces. “Cinco jingles mejores que el de Monseñor”, decía un editorial, mientras que otro arremete contra un “Romero descafeinado”. Una usuaria de Twitter publicó que: “Hay un lugar en el infierno para el ‘talento’ que escribió letra y música” del jingle. Una de las críticas más creativas fue una variación del meme “Hitler se entera” (basado en una escena de la película alemana del 2004 Der Untergang en el que el dictador se enfurece cuando se da cuenta de que la contraofensiva final contra los soviéticos que había ordenado no se ha puesto en marcha) cuya premisa farsesca es que hasta Hitler objeta con vehemencia al jingle.
La críticas del jingle siguen tres líneas: (1) objeciones a los productores y elenco detrás de la canción; (2) objeciones al mensaje/la letra; y (3) objeciones a la calidad de la canción. Al fondo de todo, sin embargo, la controversia se reduce a quién tiene derecho a definir a Romero—y quién no. Los críticos más severos alegan que artistas comerciales que nunca dieron la cara cuando Romero necesitaba de su apoyo han sido galardonados con toda la atención en el proyecto del jingle, mientras que otros artistas menos conocidos que le cantaban a Romero de corazón antes de que estuviera de moda hacerlo han sido injustamente excluidos. Del mismo modo, hay acusaciones de que la Telecorporación Salvadoreña (TCS) ha obtenido un monopolio sobre la cobertura de la beatificación y que su sensibilidad excesivamente comercial ha dictado las opciones estilísticas y de producción que rodean el jingle. Todo, al contrario de Romero.
Las dos primeras críticas (sobre la producción y el contenido) parecen errar al blanco. Para los críticos, la campaña publicitaria pretende celebrar que Romero es un mártir ocultando por qué lo es (es decir, la campaña busca encubrir la discordia social). Pero la otra cara de la cuestión es que una beatificación no es, como el postulador de Romero ya lo ha señalado, para el bien de Romero (o de sus seguidores): sino que es para el bien de toda una sociedad. En consecuencia, es importante para la beatificación Romero evitar, como dice el viejo refrán, predicar al coro (en este caso, literalmente) y, en cambio, se debe tratar de ampliar y optimizar el atractivo de Romero para que su mensaje llegue a los que nunca les ha llegado anteriormente. El argumento sobre la injusta exclusión de los artistas fieles a Romero tiene su mérito, pero, en última instancia, una beatificación no es el festejo de una victoria.
En un editorial en el semanario de la arquidiócesis el domingo, Mons. Jesús Delgado trató filosóficamente sobre quién tiene derecho de hablar en nombre de Romero. Delgado señaló que incluso los fieles seguidores de Romero pueden proyectar, muchas veces sin buscar hacerlo, sus propios puntos de vista y agendas sobre Romero y lo comparó con los divergentes puntos de vista acerca de Jesús en los cuatro Evangelios, que a veces reflejan la tesis teológica de los escritores de los Evangelios. “Corremos el riesgo”, advierte Delgado, “de tener miles de retratos de Monseñor Romero que son muy diferentes y quizás hasta contradictorios, cuando no falsos”. A pesar de que Delgado no habla sobre la controversia de la canción, su afirmación de que los admiradores de Romero hallan pintado una imagen inexacta socava el argumento de que sólo ellos pueden cantar sus alabanzas.
Estas consideraciones también empañan el último punto de la cuestión: si, en el análisis final, la canción simplemente no está buena. Preguntas sobre un comercialismo excesivo pueden filtrarse en la consideración de los méritos. Cuando un grupo de 44 artistas estadounidenses se reunió en 1985 para grabar el single benéfico “We Are the World”, el periodista Greil Marcus se quejó de que la canción sonaba como un anuncio de refrescos de cola. “En el ámbito de contextualización”, escribió, “'We Are the World', dice menos sobre la Etiopía que sobre la Pepsi”. Señaló que la constante repetición de frases como “Estamos haciendo una opción”, junto con el hecho de que el conjunto incluía a artistas contratados por Pepsi, resultó mezclando valores caritativos con intereses comerciales.
En una “unión de artistas” —como “We Are the World” y el jingle Romero—en que los artistas provienen de varios conjuntos, tocando en géneros diversos, a públicos distintos, el estilo de esa colaboración es típicamente neutro y nada excepcional. En consecuencia, el problema más grande del jingle de Romero es que no tiene un alma. Es por eso que suena tibio y sin compromiso; incluso, carece de coincidencia temática con Romero, quien habló con claridad, incluso hasta de manera estridente a veces. Las inquietudes por el comercialismo y la exclusión, en la medida en que son válidas, empeoran las cosas pero el problema principal es que la canción es, por las razones expuestas, inferior.
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Posdata. Si la oficina de canonización anda buscando una sustitución de último momento, hay una canción que es comercialmente viable y tiene mucho corazón. Está disponible en inglés y español y hay una grabación de audio e incluso un video. “Romero” por The Project, no trae el bagaje de guerras culturales salvadoreñas y tiene decenas de miles de vistas en Internet; ha sido repasada favorablemente por numerosas revistas, cientos de blogs (incluido éste) y ha sido tocada por radio y podcasts, incluyendo RomeReports.com. Más recientemente, fue anotada y fue parte de las celebraciones Romero en Londres en que participó el cardenal Vincent Nichols. También ha sido tocada por radio y televisión en El Salvador.  Solo les digo.

 
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