Wednesday, December 26, 2012

FRASES de MONS. ROMERO

 
 
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Mons. Romero aseveró que “el gran consuelo” al enfrentar la probabilidad de que sería asesinado es que “la palabra queda” y su mensaje cristiano tocaría “los corazones que lo hayan querido recoger”.  (Homilía del 17 de diciembre de 1978.)  Las palabras de Mons. Romero verdaderamente han perdurado, y la evidencia de que la palabra de Mons. Romero «queda» entre nosotros surge a veces de sectores inesperados.  De vez en cuando examinaremos en este espacio, frases romerianas citadas por algún comentador para tratar de iluminar los diversos contextos.

En esta ocasión, revisamos la cita que hace el político y “experto” antidrogas salvadoreño, Carlos Avilés, en una entrevista reciente.  Avilés, el Presidente de la Fundación Educativa para la Prevención del Consumo de Droga (Prevee) y fundador del Partido de Centro Popular, hablaba de su propuesta de combatir el narcotráfico con acciones en contra de los fuertes y adinerados que están involucrados en esas actividades, y no siempre en contra de los de bajos rangos, y que se realicen operativos policiales tanto en vecindarios ricos como en las zonas marginales.  “Mi sueño es que en este país llegue un gobierno que aplique la justicia”, comentó Avilés, “no que la justicia muerda el pie del descalzo como dijo monseñor Romero, y que los delitos de cuello blanco ni siquiera se investiguen”.  (La Página.)

La expresión citada es una frase colorida que da a entender que el pobre no tiene protección, y anda “descalzo”, y por ende puede ser mordido, no igual que una persona rica que puede cubrir sus pies y evitar las picaduras.  Esa situación, fácil de entender, resume la situación de la justicia, la cual comprende más complejidad pero se puede discutir en términos de desigualdad de protección entre el pobre y el rico.  Pero, ¿eso dijo Mons. Romero?  La cita es certera.  La frase fue utilizada por Mons. Romero en dos homilías en el año 78.  La primera vez, cuando Mons. Romero introdujo la frase, él correctamente anticipó que se trataba de “una frase que no se les va a olvidar a ustedes”.  Pero esto no era una falta de la humildad que lo caracterizaba, ya que la frase no era de su autoría, sino que la formulación de un campesino que le había hecho el comentario.  El Socorro Jurídico del Arzobispado hacía un análisis de la Ley de Defensa y Garantía del Orden Público de ese año y, monseñor quería explicar la inquietud que sentía de que la ley no se aplicaría equitativamente, de la misma manera con los ricos y con los pobres.  “Porque me decía un pobrecito una frase que no se les va a olvidar a ustedes, como no se me olvida a mí”, dijo Mons. Romero, y externó lo que le dijo el campesino: “Es que la ley Monseñor, es como la culebra, sólo pica a los que andamos descalzados”.  (Hom. 20 agosto 1978.)

Tres meses después, Mons. Romero volvió a repetir la misma frase en un contexto bíblico.  Estaba explicando una de las admoniciones de Malaquías en contra de los sacerdotes judíos, y aprovechó de que la frase cabía en ese contexto para poder explicar aquel asunto teológico en términos más comprensibles en el ámbito salvadoreño.  De nuevo es la doble moralidad a lo que “se refiere la profecía tremenda de Malaquías”, explicó Mons. Romero, parafraseando la condena del profeta a los sacerdotes del Templo: “os fijáis en las personas al aplicar la ley, si es don fulano, si es doña fulana, con mucho gusto; si es un pobrecito, un despreciable, ni caso se le hace”.  Esto era una práctica muy condenable entre los sacerdotes hebreos, explicaba monseñor: “Qué bien lo decía el campesino: la ley es como la culebra, sólo muerde a los que andan descalzos”, repitió, haciendo memoria de la misma frase memorable que había presentado inicialmente para iluminar la realidad salvadoreña.  Ahora la usaba para iluminar una enseñanza de las Sagradas Escrituras.  (Hom. 5 nov. 1978.)

Ahora, sin dar ni restar respaldo alguno al comentarista Avilés, sí podemos constatar que hace un uso correcto de esta frase de Mons. Romero—es decir, le da su interpretación correcta y la aplica a una circunstancia en que parece apta para el argumento.  De hecho, la situación que describe Avilés sobre la aplicación de las leyes en contra del narcotráfico en barrios pobres encaja perfectamente con la situación original que examinaba Mons. Romero en agosto del 78, la primera vez que utilizó esa frase, en torno a la Ley del Orden Público y el ab/uso de esta para amedrantar a los pobres.  En sus demás comentarios, Avilés da a conocer que sus inquietudes son parecidas: “cuando veo esos operativos de la policía o la fiscalía botando una puerta de lámina en una zona marginal, una niña que le da miedo a las dos de la mañana, un abuelito que cae hasta con convulsiones al suelo cuando apresan a su familiar, una madre que grita, eso no puede ser, es ingrato” (LA PÁGINA, supra.)  Avilés cuestiona, “¿cuándo vamos a ver este tipo de operativos en una casa de una manzana, donde tengan que botar un portón de hierro, automático?”  (Id.) Lo único que le faltó a Avilés fue la comparación con una “culebra”, que le da aún más vigor a la expresión (especialmente teniendo en cuenta la simbología de la serpiente en la imaginería cristiana). 

Más importante aún, el uso de esa frase por parte de Mons. Romero revela algo de lo que la hace perdurar. Primero, su aplicabilidad a diversas situaciones.  Esta adaptabilidad se pone en evidencia desde el uso de Mons. Romero, que la hace aplicable tanto a la Ley del Orden Público en El Salvador en 1977 cuanto a las admoniciones de Malaquías en contra de los sacerdotes judíos en tiempos bíblicos.  Segundo, la frase celebra la sabiduría de los pobres, ya que cita las palabras de un campesino, y revela una verdad sencilla pero también por ende innegable.  Esto le habrá gustado a monseñor, ya que él creía que los pobres eran personas muy dignas con mucho que enseñar al resto de la sociedad.  Tercero, la sencillez y validez de la frase cuadra con la sencillez y la validez de las frases de las Sagradas Escrituras, incluyendo las parábolas que usaba Cristo para enseñar, ya que estas también fueron dirigidas a personas sencillas y pobres.  Por ende, suelen prevalecer entre las imágenes utilizadas, las de fieras del campo y víboras, tanto como referencias desde la agricultura.  Cuarto, la frase cuadra con la idea de Mons. Romero pronunciada en Lovaina, de que el Evangelio ilumina la situación de los pobres y de manera complementaria la vida de los pobres puede iluminar la verdad que del Evangelio.  En este caso, el arzobispado trataba de estudiar la aplicación de la Ley a los pobres desde el Evangelio, y después utilizaba una frase de esos pobres para tratar de entender las admoniciones de Malaquías.  Y quinto, la frase es urgente, haciendo un resumen eficaz de una situación apremiante y real; y desde ese fundamento en la realidad cobra su vigencia y actualidad.

En fin, la frase de que «la ley es como la culebra, sólo muerde a los que andan descalzos», es una palabra auténtica de Mons. Romero—algo que él dijo, y que refleja la denuncia profética, evangélica que él hacía de la realidad.

Ver también:

Frases de Mons. Romero, Parte II

Thursday, December 20, 2012

POPE PAUL ON ROAD TO SAINTHOOD

 
 
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Pope Paul VI, the spiritual mentor and strong supporter of Archbishop Romero, has been approved for beatification, according to reports.  The Prefect of the Congregation for the Causes of Saints, the Vatican agency charged with recognizing new saints, met with Pope Benedict XVI and reported that separate commissions, one composed of theologians and another made up of cardinals and bishops, had both reached the same conclusion—that Giovanni Battista Montini, who reigned as Pope Paul VI between 1963 and 1978—meets the requirements of “heroic virtue” to be recognized as a saint.  The process for ultimate recognition as a saint is a long one, with additional procedural hurdles to clear.  Pope Paul will be called “venerable” now, and he could be called “blessed” and “saint” in separate stages, each requiring the recognition of a miracle attributed to his intercession.

As noted in this blog in earlier posts, Pope Paul was a strong influence on Archbishop Romero’s public ministry.  Romero went as far as to say that Pope Paul was the man “who continually enlightens my thinking” on the social doctrine of the Church.  Romero was influenced by numerous encyclicals, or documents containing papal doctrine, issued by Paul and relating to social issues, from the time that Romero was a priest through his ordination as a bishop and he cited them often to justify his ministry.  Pope Paul raised Romero to the episcopate in 1970, made him a consultor on the Pope’s Pontifical Commission on Latin America in 1975, and appointed him Archbishop of San Salvador in 1977. When Pope Paul met Romero after appointing him as a bishop, he encouraged him to “Continue onward, follow your line, follow your style, don’t be afraid to profess and teach what you have learned in the magisterium of the Church.”  And when Romero came to Rome after a showdown with Salvadoran military dictators over prosecution of the Church, Pope Paul told him, “Courage! You are the one in charge!”

In fact, Pope Paul was a father figure to Romero, to Pope John Paul II, and to the current pope, as Paul was twenty years their senior, and he created John Paul and Benedict as cardinals, as well as sponsoring Romero in his various promotions.  In his own encyclical on social issues, «CARITAS IN VERITATE,» Pope Benedict says that Paul, “identified the heart of the Christian social message” and praises him as the most influential pontiff on social issues since the 19th Cent. Pope Leo XIII.

The advance of Pope Paul’s beatification must necessarily contribute to Romero’s own beatification process.

See Also:

Romero's relationship with Montini

Paul as father figure to Wojtyla, Ratzinger & Romero

Benedict's tribute to Paul VI

Wednesday, December 19, 2012

ROMERO PER GLI BAMBINI

 
 
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Questo post ha stato originariamente pubblicato nel blog di Olivia Amadon e, più recentemente, nel Tim's El Salvador Blog. Tim è il Presidente del Movimento per il Volontariato Missionario. Perché Romero ha stato associato con la Giornata dei Missionari Martiri, questo mostra come l'appello di Romero è in crescita, anche tra i bambini.
«VIVE NEI NOSTRI CUORI»

Señorita Reina regge un disegno in bianco e nero di un uomo con gli occhiali con il cappello di un vescovo rosso. «Chi sa chi è?»

«Monseñor ROMEEEEROOO!» grida un coro di bambini.

«E chi è Monsignor Romero?» chiede la folla in assemblea del mattino di Lunedi.
Uno dopo l'altro i ragazzi coraggiosi corsa verso il microfono, entusiasta di essere in grado di parlare (o urlare) in un attimo.

—Egli era un profeta!

—... Ih .. lui ... ehm ... lo hanno ucciso perché ha detto la verità!

—Un prete!

—Camminava con i poveri!

—Era un uomo che amava visitare le comunità!

—... Gli hanno sparato con un proiettile nel suo cuore ...

—E dove Monsignor Romero vive ora? Nel nostri ...

—... CUORI!!

La storia di Mons. Oscar Romero non è studiata nelle scuole pubbliche di El Salvador. Le scuole qui in realtà non insegna la storia recente del Salvador - perché è ancora troppo attuale, ancora troppo rilevante per la realtà nazionale. E questa non è una coincidenza. Coloro che sono stati al potere hanno volutamente tacere quella storia, ma continua a vivere nel popolo. Come in Centro Hogar. Non siamo una scuola pubblica, quindi facciamo praticamente lo che vogliamo. Questa settimana intera per celebrare il 31 ° anniversario del suo assassinio il 24 marzo, ogni mattina tutti i diversi settori delle classi hanno fatto le loro interpretazioni artistiche della sua storia. Nelle aule per tutta la settimana, gli insegnanti insegnato chi era, come parlava per i poveri, e perché è morto. E come vive ancora. (Nei nostri cuori ...?!)

Materno II: i ragazzi da circa 2 e mezzo a tre anni e mezzo, hanno una piccola drammatizzazione.Ora tenere a mente che si tratta di bambini, la maggior parte dei quali a malapena sono in grado di parlare udibile. Ma anche bambini di tre anni può capire cosa significa condividere con i poveri, per portare vestiti e medicine e cibo ai poveri, e dire la verità.

Edrian Ely, uno dei miei preferiti (non dire agli altri), non parla. Ha una disabilità fisica che ha ritardato il suo sviluppo del linguaggio, ma è estremamente luminoso, amorevole, ragazzo poco energico. ha svolto  il ruolo di Romero in la drammatizzazione di Mercoledì mattina nell Materno II. Portava un cesto gigante intorno al palco, pieno di vestiti, toy cibo, e medicine. Andò alle comunità. E come Señorita Lucy narrato («Monsignor Romero amava visitare le comunità ... amava condividere la Parola di Dio ... e ha sempre ascoltato quello che i poveri gli ha detto ...»), Ely agita le sue parole, visita i gruppi di bambini sul palco, dando loro ciò che ha portato nel suo cesto, seduta sul pavimento e sfogliando una Bibbia.

E qual era la parola di Dio che Romero ha predicato, secondo Materno II?

Dobbiamo sempre condividere ciò che abbiamo, anche se abbiamo solo un po ', e dovremmo sempre dire la verità, anche quando abbiamo paura.

E 'davvero così semplice.

Grazie, bambini.

Grazie, Romero.


Altre note in Italiano in questo blog:

Romero e i Papi: Giovanni Paolo I
Romero e i Papi: Benedetto XV
Perché beatificare lui
Nuovo concetto di Romero
Il padre Rutilio Grande
Obama visita tomba di Romero

Tuesday, December 18, 2012

DE «TRES CALLES» A «EL PAISNAL»

 
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La recientemente publicada nota sobre la masacre de Tres Calles en este blog expone la tesis de que la reacción de Mons. Romero a aquella masacre dada en 1975 no fue una “oportunidad perdida” para poner en acción la doctrina social de la Iglesia pos Medellín por parte de un prelado tímido y conservador, sino más bien un desarrollo decisivo por parte de Mons. Romero de su pensamiento que sentó un importante antecedente para su línea pastoral como arzobispo.  Esta ponencia busca robustecer esa tesis con algunos datos adicionales.

El P. Tomás Greenan hace un buen resumen de la reacción de Mons. Romero cuando era Obispo de Santiago de María a la masacre de seis campesinos en el cantón Tres Calles en su  diócesis. “Monseñor Romero se presentó en la escena de los hechos”, relata Greenan.  “Además de visitar a las familias enlutadas fue a pedir explicación al comandante departamental en dos ocasiones.” Sin embargo, “a pesar de su conmoción personal, monseñor Romero rehusó hacer una protesta pública y decidió escribir una carta privada de protesta respetuosa”, al Presidente de la República.  (GREENAN,“El Pensamiento Teológico-Pastoral en las homilías de monseñor Romero”,Universidad Pontificia Comillas Madrid 1992, págs. 22-23.)

Uno de los argumentos que avanzo en mi ponencia anterior es que al reaccionar a la masacre de Tres Calles, Mons. Romero estaba actuando en un dado momento histórico, y que no cabía en 1975 reaccionar con la misma contundencia que sería adecuada, digamos, en 1977, porque en 1975 la figura de «la masacre popular» todavía era novedosa.  Esa aseveración se justifica a base de los patrones de «protesta» en el ámbito social de ese tiempo.  El siguiente cuadro de Paul Almeida ilustra las manifestaciones en El Salvador entre 1972 y 1977, tanto en el número de manifestaciones (línea en trazos) cuanto en el número de manifestantes (línea sólida) que participaban en las manifestaciones entre esos años.  El gráfico demuestra que entre los fraudes electorales de1972 y 1977, respectivamente, hay una baja precipitosa en protestas, y la reacción de Mons. Romero en 1975 cuadra con este patrón.  No era una época de protestas.



No obstante la reacción reservada de Mons. Romero ante la masacre de Tres Calles, el futuro mártir de la denuncia evangélica de las masacres y la represión sienta antecedentes al filo de la masacre de Tres Calles que definen la postura que tomará la próxima vez que se presente un hecho de esta índole.  Justificando su accionar ante la Conferencia Episcopal de El Salvador (la CEDES), Mons. Romero establece tres criterios que un obispo debe tomar en cuenta al mesurar su reacción ante un atropello:

1)      El Prelado debe optar por la forma “más eficaz” de “deduci[r] responsabilidades y resarci[r] en lo posible el mal causado”;

2)      Debe considerar si o no se ha “implicado directamente en [el] asunto problemas de [la] Iglesia”;

3)      Debe considerar si o no el Prelado está “seguro de los verdaderos móviles del acontecimiento [y] de la conducta privada de los interesados”.

Carta de Mons. Romero a Sus Excelencias Mons. Luis Chávez y González, Mons. Benjamín Barrera y Reyes, Mons. Pedro Arnoldo Aparicio, Mons. J. Eduardo Álvarez, Mons. Arturo Rivera y Damas, y Mons. Marco René Revelo, publicado en Diez & Macho, “En Santiago de María me topé con la Miseria”, editorial Criterio, San Salvador, 1995, pág. 47.

Mons. Romero consideraba que estos tres elementos no habían sido rellenados por los hechos de Tres Calles, pero en 1977, un mes después de asumir como arzobispo, se le presenta un caso que sí satisface a la saciedad estos criterios—el asesinato del P. Rutilio Grande.  En el caso Grande, Mons. Romero ya no puede confiar que la forma “más eficaz” de “deducir responsabilidades y resarcir en lo posible el mal causado” es escribiendo una carta privada al Presidente, porque esa misma táctica no le dio resultado en el caso de Tres Calles.  Los otros dos puntos son rellenados de manera contundente: es un caso en el cual está “implicado directamente en el asunto problemas de la Iglesia”, ya que es un sacerdote el que ha sido asesinado; y Mons. Romero puede estar “seguro de los verdaderos móviles del acontecimiento y de la conducta privada de los interesados” ya que se trata de su gran amigo, y Mons. Romero conoce las amenazas en su contra, que el móvil detrás de las amenazas es la falsa sospecha de avocación comunista, y Mons. Romero conoce la conducta privada del P. Grande, ya que es su amigo, y sabe que las acusaciones son difamatorias.  Desde este análisis podemos ver que los elementos sentados en Tres Calles le sirven a Mons. Romero de plena justificación para definir su reacción en el caso del P. Grande.

En el caso Grande, Mons. Romero recurrió a ciertas de las mismas acciones que había tomado en el caso Tres Calles: llevó a cabo una investigación privada de los hechos para tener un balance de estos; escribió una carta privada al Presidente pidiéndole una explicación, y concelebró una misa con otros sacerdotes para encomendar las almas de los difuntos al Señor.  En el caso Tres Calles, Mons. Romero, como Obispo se hizo presente en la misa de sepelio de los difuntos, y concelebró con varios otros sacerdotes allí presentes.  “Alguien me sugirió que era mejor no ir por peligro de una manipulación política de mi presencia”, confiesa en su memorando a la CEDES, pero defiende su intervención y la de los otros sacerdotes (“sólo un gesto de solidaridad”).  Si tuvo alguna renuencia, “[ú]nicamente hubiera querido que los cantos no fueran los conocidos 'de protesta'”.  Diez.  Esa misma sensibilidad por no confundir lo sagrado con lo profano la tuvo hasta sus días de arzobispo, cuando se molestó que en el funeral del padre Ernesto Barrera se cantaran consignas políticas: “Entonces Romero agarra el micrófono y dice, visiblemente enfadado: por lo menos esperen a que yo termine de dar fin a esta santa misa; después, ahí en la calle, griten las porras que quieran, pero aquí adentro no”.  (EL FARO.)  Pero en el caso Grande, Mons. Romero también practicó otras tácticas que no había utilizado en el caso Tres Calles, por las diferencias ya notadas: rompió relaciones oficiales con el gobierno, hizo pública sus demandas en el caso, y presidió una «Misa Única» en Catedral.  Sin embargo, estos actos simbólicos resultaron los más comentados y significativos en su impacto.

ELEMENTO
TRES CALLES
RUTILIO GRANDE
Investigación por la Iglesia
Sí
Sí
Carta Privada al Presidente
Sí
Sí
Misa Concelebrada
Sí
Sí
Ruptura con Gobierno
(No)
Sí
Demanda Pública a Autoridades
(No)
Sí
Misa Única
(No)
Sí

Friday, December 14, 2012

TRES CALLES

Salvadoran National Guardsmen, stock photo.
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Less than two years before the assassination of Fr. Rutilio Grande, Óscar Romero had to react to an extrajudicial killing by the Salvadoran army.  Most historians view the killing of Romero’s friend, Grande, in March 1977 as the turning point in Romero’s “conversion” to a prophetic ministry of public denunciation of government atrocities, and they see his reaction to the June 1975 Tres Calles massacre in Romero’s previous diocese as a study in contrast—a timid, conservative, and inadequate response.  Tres Calles is presented as a missed opportunity to implement the teachings of the Medellín Bishops Conference, which Romero later took up with aplomb.  In actuality, Tres Calles was a decisive step by Romero on his prayerful but unstoppable march toward San Salvador.

Although Romero followers and Salvadoran history buffs have heard about the Tres Calles Massacre, at least in passing, this incident from Romero’s years as Bishop of Santiago de Maria (1974-1977) is overshadowed by events from Romero’s period as Archbishop of San Salvador (1977-1980).  In 1975, the ruling class of El Salvador was trying to make the country a showcase for all the world.  The Miss Universe pageant was held in San Salvador in August of that year.  Behind the scenes, security forces loyal to the oligarchy tried to squash all hint of rebellion or discord, brutally repressing a student protest in July, and, in June, after activists blocked the coastal highway to protest the high prices of basic staples, the National Guard hit back by going into the neighborhood (“Tres Calles”) where the organizers lived and killing six peasants—none of them involved in the protests, but related to the demonstrators. 

Bishop Romero went to the scene of the crime the morning after finding out about it, late at night.  What Romero found shocked him to his core.  After consoling the families, he interviewed numerous witnesses and wrote up a report.  In fact, what we know about the incident comes from his report.  Romero’s write-up is drafted with an objectivity that recalls the U.N. Truth Commission’s summary of the El Mozote massacre, written nearly two decades later.  “On Saturday June 21, 1975, at one o'clock in the morning,” Romero wrote, “approximately 40 National Guard officers accompanied by two unidentified civilians riding in several vehicles blasted into the Tres Calles hamlet of San Agustín (Usulután Province) and violently entered the dwelling of José Alberto Ostorga, 58, while the remaining officers surrounded the house.”  (Diez & Macho, “En Santiago de María me topé con la Miseria,” Criterio Press, San Salvador, 1995—Compare the U.N.’s similar matter-of-fact intro to El Mozote: “On 10 December 1981, in the village of El Mozote in the Department of Morazán, units of the Atlacatl Battalion detained, without resistance, all the men, women and children who were in the place.”)  Romero described the atrocity with a cold, forensic precision that gives credence to his description of the events: “They bound Mr. Ostorga and his 28 year-old son who shares his name, and they took them outside of the house together with Santos Morales, 38, to his house, located about 20 meters from the Ostorga house. Soon thereafter, the three were killed by machine gun fire about 200 meters from the house, and afterward they were hacked by machete throughout their bodies and heads.”  (Diez & Macho, Id.)  He also described two other killings and other abuses.

After documenting the incident, Romero went down to the local National Guard barracks to demand an explanation from the official in charge, and he sought to speak to the Governor of Usulután.  Receiving no satisfactory response (the local commander told Romero the victims were “bad seeds”), Romero sent a letter to the President of El Salvador, whom Romero knew socially.  But this was not a friendly dispatch.  Romero’s six page letter transcribed his report of the incident, followed by several discrete demands.  “I am fulfilling my duty as the Bishop of the Diocese to lodge with you a respectful but firm protest of the way a ‘security force’ assumes for itself the right to kill and abuse without cause,” Romero wrote.  “My perspective is only and sincerely that of a Shepherd of the Church who laments before the President of the Republic the way in which dignity and life—to which every man is entitled—even if he is a criminal—have been trampled here,” he wrote. “I would have liked to not have had to use the voice of protest and grievance in my correspondence with you,” he wrote, “but my friendship with you would not be sincere if, in order to preserve it, I did not obey my conscience, which imposes this pastoral duty.”  Romero told the President he was speaking “in the name of the voiceless Poor,” and he pointed out that when he interviewed the survivors, “[a]mong the men, one notes, in addition to fear—indignation.”  Romero requested a full investigation and indemnification of the victims’ families.  (Diez & Macho, Id.)

When Father Grande was killed two years later, Archbishop Romero also sent a private letter to the President asking for redress.  This letter was more emphatic and, although the letter itself was not published, it had very public repercussions.  Romero’s tone was markedly different now.  “A number of commentaries are being made regarding this incident,” he wrote the President, “many of them unfavorable to your government.”  Romero added that, “The Church is not willing to participate in any official act of government while it does not make every effort to make justice shine over this outrageous sacrilege that has shocked the entire Church.”  (EL FARO.)  Romero kept his promise.  Romero’s different reaction to Tres Calles and events such as the Grande assassination are explained by differences between the cases, as Romero explained in a memo to fellow bishops at the time of the Tres Calles incident.

First, it must be noted that massacres were a new development in El Salvador in 1975.  See, Almeida, Waves of Protest: Popular Struggle in El Salvador, 1925-2005, University of Minnesota Press 2008, p. 124 (“[F]rom 1962 to 1971, it is difficult to document a case of government agents killing more than three persons at a time,” but such killings spiked in 1975).  As such, it is not valid to compare Romero’s reaction to Tres Calles, which was a case of first impression, to his reaction much later when distinct patterns of violence had emerged.  Romero saw Tres Calles as a sui generis event for which the most efficient recourse was a private complaint, geared toward obtaining concrete results for the affected families.  Second, Romero tells the bishops, he did not make a public statement because the incident did not involve the Church directly.  As Romero later said to explain his more public stances (paraphrasing Pope Pius XI), “The Church is not involved in politics, but when politics touches the altar, the Church defends the altar.”  (May 8, 1977 Homily.)  He similarly justified his very public reaction to the Grande assassination: “one who attacks one of my priests, attacks me.”  (March 20, 1977 Hom.)  Third, Romero felt constrained in reacting to Tres Calles by his lack of background knowledge.  “I am still not sure about the real motives of the event or the private conduct of the victims,” Romero stated.  (Diez & Macho, Id.)  By contrast, when Romero denounced atrocities as archbishop, he assembled a legal team to investigate and verify the underlying facts and he liked to boast that no one ever proved an error on his part.

Most importantly, Tres Calles was a shock to Romero’s system, which reshaped his views of oligarchic military rule in El Salvador and propelled him toward his prophetic ministry in San Salvador.  “It tore my soul apart,” Romero wrote the President, “to hear the bitter weeping of widowed mothers and orphans, who narrated the cruel blow … between incontrollable sobs and bewailed the state of orphanage in which they had been left.”  (Id.) He had been “no less struck,” Romero said, “by the semblance of terror and indignation reflected in the numerous faces” of the peasants he met with.  (Id.) That October, Romero issued a statement saying that, “Before the ambition for power and money, let us cultivate a sense of service and solidarity, to empathize with the needy and effectively assist them to gain full realization in a peaceful society ordered in justice.”  (Collected in “Praxis del Martirio,” CEPLA Bogotá 1977, p. 109.) It was now sixteen months until the assassination of Rutilio Grande.

~Afterword~

Romero had unfortunate occasion to update Tres Calles after he became Archbishop, when, in April 1979, he narrated a sad prologue to the massacre.  “I have been informed that in Tres Calles, a village in the Diocese of Santiago de María,” Romero said, “a new military operation was undertaken.”  He explained why it was ‘new:’ “This operation was similar to the one that took place on June 21st, 1975 when I lived there,” Romero said.  Then he told the faithful that soldiers had returned to the Ostorga home, the focus of the 1975 massacre, and dragged out the surviving Ostorga boy to torture and make him one of the Disappeared.  “Juan Francisco was a child when, four years ago, soldiers arrived at his house and killed his father and his three brothers,” Romero recounted.  Romero would have met the young boy when he visited the house after the massacre.  He lamented that the compensation he requested for the family had never come and, instead, the security forces had piled on more oppression, “as if some kind of family sin had to be eradicated.”  (Apr. 1, 1979 Hom.)

+ In Memoriam, Sandy Hook

Monday, December 10, 2012

MONS. ROMERO y la VIRGEN de GUADALUPE

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La Virgen de Guadalupe nos está diciendo que la Iglesia en América Latina debe ofrecer al continente un cristianismo con “la fisonomía propia de nuestra idiosincrasia”, predicó Mons. Romero en su Homilía Guadalupana al final de su primer año arzobispal.  (Este es una ponencia en la serie sobre los grandes sermones de Mons. Romero. Leer el texto de la homilía en español aquí, y en inglés aquí.)  “María acudió a la montaña del Tepeyac para presentarnos una presencia de la Iglesia, con fisonomía muy propia”, explicó monseñor.  “No era una mujer europea, ni una india de nuestro continente recién descubierto [sino que] la expresión del mestizaje, la raza nueva que en aquel momento surgía en la historia” y por ende, la Madre de Dios estaba mostrando que la Iglesia debe identificarse y encarnarse con los pobres, debe insertarse en la historia, y debe impulsar su evangelización junto a la promoción integral, apuntó.

La advocación mariana de la Iglesia Católica que afirma la aparición de la Virgen María sobre el cerro del Tepeyac en el siglo XVII sostiene que la Madre de Dios se le presentó al indio Juan Diego envuelta en luz, pero luciendo piel morena, rasgos mestizos y hablando en Nahuat, el idioma indígena de la región.  Esta apariencia de la Virgen, adaptada a la realidad local, es una muestra de opción preferencial de la Madre de Dios, quien “cuando viene a América, su diálogo de íntimo sentido maternal hacia un hijo lo tiene con un indito, con un marginado, con un pobrecito”.  Señala monseñor: “Así comienza el diálogo de María en América, en un gesto de pobreza” y recuerda el significado teológico del estar desprendido de las riquezas y las cosas materiales. “Pobreza que es hambre de Dios, pobreza que es alegría de desprendimiento”, dice monseñor. “Pobreza es libertad, pobreza es necesitar al otro, al hermano y apoyarse mutuamente para socorrerse mutuamente. Esto es María y esto es la Iglesia en el continente”.

Mons. Romero resalta el hecho de que la Virgen expresa esta afinidad desde el principio de la Evangelización de las Américas, “apenas ingresado nuestro continente a la civilización”.  Esta opción preferencial por los pobres tomada al inicio de la historia de la Iglesia en el continente es importante para Romero porque equivale con la identificación del mismo Jesucristo y su encarnación entre los pobres de Israel.  “Le damos gracias a María por haber marcado, desde el inicio de nuestra civilización cristiana en el continente, con esa marca bendita de la pobreza evangélica, a la cual nos está invitando esta noche para ser felices con la felicidad del Evangelio”, predica monseñor.  La pobreza evangélica de la Virgen es un signo de apertura hacia la voluntad de Dios, confirma el Papa Benedicto XIV.  “Como modelo de disponibilidad a la gracia divina y de total solicitud por los demás, resplandece en ese Continente la figura de María Santísima, Estrella de la nueva evangelización, y a quien se invoca en toda América bajo el glorioso título de Nuestra Señora de Guadalupe”, dijo el Pontífice en un reciente discurso.   (Discurso del Papa del 9 de diciembre de 2012.)

Para Mons. Romero la Virgen representa “el connubio inseparable entre la evangelización y la promoción”.  El ejemplo que la Virgen está dando, predica monseñor, obliga a la Iglesia a promover la dignidad de la persona al hacer su Evangelización.  “Una evangelización sin el amor al hombre para promoverlo sería una evangelización falsa, mutilada”, asevera monseñor, y “una religión que no se preocupa de promover a nuestro pueblo, de enseñar a leer a nuestros analfabetos, de incorporar a la civilización tantas marginaciones de nuestra sociedad, no sería la verdadera Iglesia redentora.”  Estuvo de acuerdo en este sentido el Beato Papa Juan Pablo II, quien en su exhortación apostólica «ECCLESIA IN AMERICA» advirtió que “convertirse al Evangelio para el Pueblo cristiano que vive en América, significa revisar … todo lo que pertenece al orden social y a la obtención del bien común”.  El papa polaco también añadió que, “Esta conversión exige especialmente de nosotros Obispos una auténtica identificación con el estilo personal de Jesucristo, que nos lleva a la sencillez, a la pobreza … permaneciendo primariamente abiertos a aquellos que están sumamente lejanos y excluidos”.  (Id.)  Mons. Romero experimentó un episodio de cercanía mística con Juan Pablo el Grande precisamente en torno a la Basílica de Guadalupe, durante la conferencia episcopal de Puebla en 1979, cuando Juan Pablo visitó a América por primera vez.  “El punto culminante ha sido la peregrinación que, en buses hicimos desde Puebla hasta la basílica de Guadalupe”, reflexiona Romero, “para concelebrar con el Santo Padre”.  (Su Diario, 27 de enero de 1979.)  “La llegada a la basílica, después de un recorrido piadoso, rezando el rosario y cantando a la Virgen”, recuerda monseñor, y después, “Regresando a Puebla, en el bus en que yo viajaba, los diversos obispos y sacerdotes de otros países dimos testimonio de la devoción a la Virgen, típica de nuestros países”.  (Id.)

Haciendo recuerdo de la «ECCLESIA IN AMERICA», el Papa Benedicto XVI también ha reconocido la necesidad de examinar la realidad cotidiana a la luz de la fe: “¿Cómo no preocuparse por las dolorosas situaciones de emigración, desarraigo o violencia, especialmente las causadas por la delincuencia organizada, el narcotráfico, la corrupción o el comercio de armamentos?”, cuestiona el Pontífice: “¿Y qué decir de las lacerantes desigualdades y las bolsas de pobreza provocadas por cuestionables medidas económicas, políticas y sociales?”  (Discurso 9 dic. 2012, id.)  Y en ese sentido, nos predica Mons. Romero, la Virgen de Guadalupe “es la imagen también, un reclamo, de una Iglesia que está presente con la luz del evangelio como Dios la quiere, en la civilización de los pueblos, en las transformaciones sociales, económicas, políticas”, ya que “no se puede prescindir de un Evangelio que nos amamantó, no podemos traicionar una Iglesia, un Dios que nos ha dado los secretos de los verdaderos caminos por donde los hombres se hacen felices”.

Finalmente, todos deben acoger esta enseñanza de la Virgen porque todos en América Latina la aman, confía monseñor.  “Nadie se ha metido tan hondo en el corazón de nuestro pueblo como María”, asegura el Obispo Mártir.  “Bendito sea Dios, hermanos, que la Virgen de Guadalupe es todo un signo de nuestra religión”, se regocija Mons. Romero.  “Tratemos de imitarla, que nuestra presencia aquí no sea solamente una procesión folclórica sino que sea una reflexión profunda para vivir como Ella, insertos en la sociedad, pero llevando a ella la sal de nuestra fe, y promoviendo esos cambios profundos que nuestra sociedad exige para no vivir en un ambiente de pecado sino para convertirnos a la verdadera redención”.

Al final de cuentas, “Una Iglesia al margen de la historia no sería la Iglesia redentora de los hombres” y no estaría en sintonía con la Virgen de Guadalupe.  “Una Iglesia que quiere estar presente, como María, en el corazón de cada hombre y en el corazón de cada pueblo es la verdadera y auténtica Iglesia de Cristo”. 

Mons. Romero nos invita a que “unidos con María, la gran devota, la gran cristiana, la gran latinoamericana, la Virgen de Guadalupe presente en el alma de cada uno de nosotros” nos unamos a la vida sacramental y evangélica de su Iglesia.



* * *

Este post está dedicado a Duane y Janet Arnold. Duane es uno de los protagonistas del conjunto The Project, y Janet es una «lupita».


Sunday, November 25, 2012

MSGR. ROMERO BOULEVARD

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Salvadoran President Mauricio Funes inaugurated the largest public works project of his administration, a long-awaited highway construction, which he has christened the Monsignor Romero Boulevard (“Bulevar Monseñor Romero,” in Spanish), at a cost of $100M and seven years of labor—most of it, marred by delays, lawsuits, and corruption allegations.  Funes boasted that his government did what previous, rightwing governments could not do—which was to institute transparency and accountability to bring the massive project to a close.  On Sun. Nov. 25, 2012, Pres. Funes was joined by Gaspar Romero, the Archbishop’s younger brother, in a classic red convertible, as they cruised down the open road to inaugurate the main artery connecting the Salvadoran capital city to points northwest, along the outskirts of the San Salvador volcano.
The name was leaked by El Salvador’s Ministry of Public Works earlier in the week—perhaps, as a way to gauge public reaction to the choice.  Opposition has been largely muted, and seems to center on process rather than the actual name.  Grumblings by the ARENA mayor of San Salvador (ARENA is the rightist party founded by the man accused of ordering the Romero assassination) that Funes should have let the mayors of the towns linked by the highway make the decision, were typical of the criticism.  Funes apparently picked the name by executive decision, drawing upon—but not relying strictly on—input drawn from suggestion boxes in supermarkets, an Internet poll, and a formal survey conducted by a university polling outfit.  In the final phase, the top ten contenders were presented to the public who had an option to write-in a suggestion, and Romero’s name apparently led the write-in nominations.  Funes selected Romero’s name because it embodies the highest values of the country, including service and transparency, said Public Works Minister Gerson Martínez.

Palace intrigue aside, the naming of the new highway after Archbishop Romero marks a stunning reversal in official recognition for Romero in El Salvador.  Before this tribute, there was a “Calle Monseñor Romero,” but it was in the crowded, gritty urban area abutting the Cathedral downtown.  The new Boulevard is a six-lane expressway that was originally envisioned as a part of a ring road or loop highway encircling San Salvador.  It is the first freeway in El Salvador and in Central America, and links San Salvador to Santa Tecla and Antiguo Cuscatlán.  Although short in span (just about 9 km or six miles), it is expected to generate thousands jobs, provide a boost to economic development, and ease traffic congestion in Greater San Salvador.

Photos, top: Oscar Romero driving (stock footage).  Below: Gaspar Romero takes a maiden voyage down Romero highway with Pres. Funes, courtesy El Diario de Hoy.  The late archbishop is literally on the map—Google maps screenshot, courtesy Diario El Mundo. Bottom, Bulevar Monseñor Romero, before the official opening, when it was known as the RN-21 or Bulevar Diego de Holguín.




Wednesday, November 21, 2012

EL ESCAPULARIO DE MONS. ROMERO

 
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Mons. Romero murió vistiendo un escapulario de la Virgen del Carmen, en una capilla de un hospital operado por monjas carmelitas, del cual había sido capellán y benefactor por varios años, y tras su martirio ha sido asumido a las entrañas de la “familia carmelita”, que conserva su retrato en la sala de conferencias de su Curia General, y el Superior General de la Orden alaba su memoria.  (Sitio web de la Orden.)  La orden también ha interiorizado el mensaje que el obispo mártir les dirigió en una visita pastoral a la Iglesia del Carmen de Santa Tecla en 1977 (Foto).  (Este es una ponencia en la serie sobre los grandes sermones de Mons. Romero. Leer el texto de la homilía en español aquí, en inglés aquí, y oír la grabación de la homilía aquí.)

El contexto de aquel sermón del sábado 16 de julio de 1977, como el de tantas homilías de Mons. Romero, fue dramático.   Era todavía el arzobispo nuevo, pero su trayectoria había sido tumultuosa.  En marzo había sido asesinado el P. Grande; en abril había estrenado su primera carta pastoral «La Iglesia de la Pascua», en mayo había rezado misas fúnebres para un canciller asesinado y otro sacerdote (el P. Navarro).  Ahora, Mons. Romero procuraba regresar a lo espiritual.  El domingo anterior, por ejemplo, había predicado una homilía titulada «LaInterioridad», y el siguiente día su homilía dominical llevaría el titulo «LaOración».  Es decir, Mons. Romero intentaba pivotar hacia una línea tradicional.  En este empeño, nos dice su biógrafo, Mons. Romero era “como el dueño de casa de la parábola evangélica, que saca cosas nuevas y viejas de su tesoro”.  Mons. Romero pretendió sintetizar la tradición con la renovación del Concilio Vaticano II: “Romero combina lo nuevo y lo viejo, tomando la piedad sencilla de la gente devota como un punto de partida y los lleva a una comprensión más profunda y más culta de la Escritura y las enseñanzas de la iglesia”.  (BROCKMAN, Romero: A Life [Romero, una vida]. Nueva York: Orbis Books, 1999, pág. 75.)  Este era el objetivo de la homilía carmelita.

Mons. Romero abre su homilía con un punto de urgencia—las homilías de Mons. Romero, no por ser espirituales se volvían teóricas o abstractas.  Recuenta la historia de San Simón, a quien la Virgen le presenta el Escapulario del Carmen según la leyenda, y nos recuerda que ante una persecución de los carmelitas, San Simón le pidió a la virgen un signo de protección y Ella le dio el Escapulario.  “Por eso les digo, hermanos”, dice monseñor, “en esta hora de 1977, que todos conocemos como una hora de persecución a la Iglesia; con sus sacerdotes asesinados, expulsados, torturados”, la Iglesia salvadoreña también “levanta los ojos a la Virgen y le pide una señal de protección”.  Mons. Romero alza una plegaria en especial por los jesuitas, cuyos miembros habían estado en el blanco del “parte de guerra no. 6” de la célula terrorista de ultra derecha Unión Guerrera Blanca.  (Cabe mentar que después de esta “oración de súplica” por Mons. Romero por una “una señal de protección” a su Iglesia, no hubo otro asesinato de sacerdote por el resto del año ni por la mayor parte del año siguiente.)

En el resto de su homilía, Mons. Romero nos habla del Escapulario como un signo de protección en esta vida y en la próxima, pero también como un signo de compromiso espiritual.  “Si el santo Escapulario es un mensaje de la eternidad, un mensaje de lo escatológico, del más allá”, declaró el profeta salvadoreño,  “el Escapulario también es un mensaje del más acá”.  Esas palabras como que resumen todo el argumento con una elocuencia devastadora: “el escapulario es también un reclamo de esta tierra, del cumplimiento de los deberes en este mundo”, dice monseñor.  “Y cuando la Iglesia reclama una sociedad más justa, unas riquezas mejor distribuidas, una política más respetuosa de los derechos humanos, la Iglesia no se está metiendo en política, ni se está haciendo marxista-comunista”, insiste.  “La Iglesia está diciéndoles a los hombres lo mismo que el Escapulario: sólo se salvará aquel que sepa manejar las cosas de la tierra con el corazón de Dios”.

Otra forma de entender el poder del Escapulario es desde del punto de vista de lo que significa la salvación, explica monseñor.  Desde esta óptica, no debemos malentender la promesa de protección del Escapulario.  No está ofreciendo meramente la salvación del alma, desprendida de la salvación integral que quiere Dios.  “No vas a salvar tu alma sola; es que el Concilio dice: no basta salvar el alma. Es [necesario] salvar al hombre; alma y cuerpo, corazón, inteligencia, voluntad”.  La salvación integral también busca no solo salvar al hombre en el sentido individual pero también salvar a toda su humanidad: “Es todo un mundo, decía Pío XII, el que hay que salvar de lo salvaje para hacerlo humano, y de humano, divino”.  Tampoco es el Escapulario un talismán que se puede poner un feligrés para evadir sus obligaciones como cristiano.  “Un carmelita que llevara el Escapulario” presumiendo que tiene una garantía de salvación que lo libera de la obligación de hacer el bien, advierte Romero, “no se salvará”.  El que quiera apartarse de la obligación y del compromiso que el Escapulario implica se lo está arrancando: “Cuántos pecadores que se confiaron así temerariamente a la hora de morir se arrancaron el Escapulario y murieron sin el Santo Escapulario”. 

En su Mensaje a los Carmelitas, el Beato Papa Juan Pablo II confirmó el mensaje de Mons. Romero en su humilde homilía.  “Quien se reviste del escapulario”, dijo el papa, experimenta el “compromiso diario de revestirse interiormente de Jesucristo y de manifestarlo vivo en sí para el bien de la Iglesia y de toda la humanidad”, como la Virgen.  “Así pues, son dos las verdades evocadas en el signo del escapulario”, explicó el santo padre.  “Por una parte, la protección continua de la Virgen santísima”,  y por otra parte “la certeza de que la devoción a ella no puede limitarse a oraciones y homenajes en su honor en algunas circunstancias, sino que debe constituir un ‘hábito’, es decir, una orientación permanente de la conducta cristiana, impregnada de oración y de vida interior, mediante la práctica frecuente de los sacramentos y la práctica concreta de las obras de misericordia espirituales y corporales”.

Las palabras del pontífice hacen eco del mensaje de Mons. Romero: “El Escapulario de la Virgen, pues, no puede apartarse del Evangelio de Cristo, y la Virgen no puede decir una cosa distinta de la que dice la doctrina de la Iglesia, porque la Virgen es un miembro de la Iglesia, Madre de la Iglesia, y no tolerará nada que se predique o se haga contra la Iglesia”.

Este es el contenido que los carmelitas han recogido de la prédica de Mons. Romero.  Es un mensaje que les asegura que su Escapulario no es un amuleto de la superstición, sino una pieza de devoción que le recuerda a la orden carmelita y a todos los fieles la vigencia y actualidad de la misión de servicio que la Iglesia lleva al mundo actual.  Los carmelitas, como otras órdenes, se han esmerado por hacer actual su misión espiritual.  El sacerdote carmelita John Welch, en sus apuntes espirituales, profundiza sobre la línea pastoral, la espiritualidad y el martirio de Mons. Romero como un reflejo de la espiritualidad carmelita en el sentido del servicio que requiere el mundo actual.  «Seasons of the Heart» (“Estaciones del Corazón”), WELCH, O.Carm.

“Si la Virgen hablara a un Simón Stock de 1977 al darle el Escapulario”, subrayó Mons. Romero, “le diría: Todo aquel que lleva el escapulario tiene que ser un hombre que ya vive su salvación en esta tierra … desarrolla[ndo] sus capacidades humanas para el bien de los demás”.

Thursday, November 15, 2012

THE MARTYRS PROJECT

 
 
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The first single from The Project’s album “Martyrs Prayers” is a heartfelt tribute to Archbishop Óscar Romero called simply, “Romero.”  The unique and inspired album pays tribute to martyrs ancient and new from various Christian denominations.  In addition to Romero, whose tribute song also appears in Spanish and Portuguese (the only martyr so honored among those selected), the album features songs about Saints Thomas Becket, Ignatius of Antioch, the martyred Pope Clement, Carpus of Pergamum, Quirinus of Neuss, Sadoth of Seleucia, the orthodox Maria Skobtsova and the Lutheran Dietrich Bonhoeffer. 
The selections reflect the diversity of the contributing artists who include Roman Catholics and Evangelicals, Methodists and Anglicans as well as varying political persuasions.  The result is an honest, earnest and authentic vision that strikes a fitting balance between celebrating the inspiration that martyrs give to us, while sounding an appropriately wistful, melancholy note, acknowledging the inevitable lamentation for what humans can do to the best among us.   The album’s promotional materials focus on the provocative question, “What would you die for?”—a question the album’s music seeks to address.  The special edition CD that debuted this month includes a wealth of information in liner notes, biographies and resource materials.  The Rev. Taylor Burton-Edwards, Director of Worship Resources for the United Methodist Church, has said that the artists’ work presents “the challenge and the opportunity... to dwell in all the riches of prayer, music, art and the drama of liturgy and ritual itself of the entire church in every place, riches all ours to learn from and to share.”

The video for the Romero tribute piece features Michael Glen Bell playing acoustic guitar and singing the lyrics adapted by Bell and Duane W.H. Arnold from Romero’s own words.  The lyrics are taken from remarks attributed to Romero by the Guatemalan journalist José Calderón Salazar, who interviewed him on March 11, 1980 for the Mexican newspaper Excelsior, just two weeks before his death.  By this time, Romero had come to terms with the fact that he would likely be killed because of his role denouncing atrocities and a pastoral line that some saw as provocative or partisan—accusations that Romero energetically rejected, insisting that he was only following the Gospel to its necessary end.  Some of that tension is captured in the song and its music video—directed and edited by Owen Thomas.  The video cuts back and forth between the peaceful footage of Bell playing the soulful but strident ballad in a bare chapel, reminiscent of the Divine Providence Chapel where Romero was killed, and stock footage of the Salvadoran upheaval (rendered in black and white), including images of Romero and Romero’s funeral.  The tension mounts as the song’s intensity quietly rises over its repetitive refrain:
Let my blood be a seed of freedom/Let my blood be a seed.
Mr. Arnold, who may be seen as the driving force behind the tribute, is familiar with the Romero story and the Salvadoran war, and authored a book called “Prayers of the Martyrs,” which nourishes the spirit, if not the actual content of the album.  “My wife, Janet, for a number of years was VP of a Jesuit institution,” Arnold told Super Martyrio.  “She made trips to El Salvador and UCA and, for several years, took part in the vigils/protests at SOA at Ft. Benning.”  This grounding in the real world only seems to heighten the song’s credibility in its spiritual aspirations: there is nothing manipulative or partisan about its message or tone.  “We hope by this CD to give greater exposure to Romero and the martyrs within that wider audience of evangelicals, Anglicans and Roman Catholics—especially those who are younger and have no living memory of the events of 1980,” Mr. Arnold said.

He has made a splendid foray for a noble cause.

See also:
Other Romero inspired art
Controversial mural in San Salvador